ARTES Y LETRAS

Domingo 22 de Abril de 2012

CRÍTICA DE ARTE | Santa Rosa de Apoquindo, Galería Afa y MNBA:
Sobre generosidad artística y formatos

WALDEMAR SOMMER Santa Rosa de Apoquindo es el flamante nuevo museo santiaguino que todo chileno debiera conocer. Y él se debe entero a la generosidad de una familia -las hermanas Gandarillas Guzmán- y de un coleccionista excepcional. Es que en Ricardo Mac Kellar prevaleció la magnanimidad por sobre el apego a su único bien terreno, su espléndido conjunto de pintura chilena de los siglos XIX y XX. Además escogido con amor, cuadro por cuadro, durante toda una vida. La sagacidad de sus elecciones está hoy a la vista, luciendo como nunca antes sobre los muros refinados de esa mansión histórica. Hasta encontramos ahí obras que pareciera que vemos por primera vez. Baste destacar unos pocos ejemplos de ello. En una misma muralla de uno de los albos salones, obligan a detenerse un Pablo Burchard de una gracia intimista y floral, y tres Juan Francisco González. De éstos, el protagonizado por árboles constituye una síntesis de una audacia visual incomparable: unas cuantas pinceladas de castaños, tierras y ocres amarillos son suficientes para provocarnos la más intensa sensación otoñal. Escasos pasos más allá, vibra la elegancia de un José Tomás Errázuriz. ¿Y qué decir de la caseta onírica o de los tres rincones urbanos de Macul, de Óscar Trepte, y de los Enriqueta Petit, numerosos y enjundiosos?

Galería Afa

Ahora en Galería Afa, dentro de la exhibición de Basco Vazko, que abarca los años 2010-2012, las pinturas en mayor formato resultan lo substantivo. De esa manera, el pintor todavía veinteañero manifiesta su verba más atractiva y original a través de las grandes dimensiones. Sobre todo en ellas desarma, deconstruye la realidad en pedazos evocadores de lo reconocible. Y reconstruye éstos, componiendo una visión fantástica y, hasta cierto punto, agresiva del mundo. Tampoco falta, allí, la referencia adecuada al volumen y, por momentos, al espacio atmosférico. Sin duda, atributos semejantes se cumplen mejor en el lienzo expuesto de gran tamaño, lo que no quita que también participen las pinturas de menor extensión. Bien compuestos y provistos de un cromatismo administrado satisfactoriamente, esa clase de trabajos deja ver influjos venidos desde el cubismo, el surrealismo y recoge cierta expresividad propia del Pop Art. En los dibujos sin color y en los collages, las influencias antes anotadas se intensifican, provocando productos menos personales. Estas realizaciones, de un modo general, mientras más figurativas aparecen, menos genuinas y atractivas emergen. Incluso, su tratamiento del cuerpo de la mujer en buena parte de sus papeles pegados y de sus dibujos podría molestar a más de alguna organización feminista.

En el Bellas Artes

El Museo Nacional de Bellas Artes propone diversas exposiciones. Así, en su Sala Chile hallamos a cuatro grabadoras del Taller 99. Al igual que al pintor de Afa, las dimensiones del soporte produce resultados contradictorios en dos de ellas que prescinden del color. De esa manera, los muebles cotidianos de Antonia Téllez emergen más llenos de sugerencia cuando asoman en papel, pudorosos, entre bien desplegados muros o espacios, que desarrollados sobre una inmensa y algo desvergonzada plancha de acero intervenida. Todo lo contrario ocurre con los paisajes genuinos de Isabel Cauas: la intensidad visual, el vigor de sus figuras logran su plenitud muchísimo antes sobre metal que en los portes menores; además aprovechan con acierto la verticalidad del acero. Junto a ambas y mediante similares dimensiones exhiben Magdalena Ludwig -paisajes con color- y Carmen Valbuena, cuyos personajes mimetizan arquitectura y figura humana elementales.

La Sala Matta del mismo museo es invadida por Paz Lira con una instalación de grandes bloques de poliuretano. Los acompañan colgantes filas paralelas de contenedores de fieltro en desuso. Todo el material en juego proviene de su larga permanencia dentro del mar, donde sufrió la corrosión natural de un hábitat contrario. En especial los primeros elementos, afectados en su textura y coloración, crean no sólo un efecto monumental dentro de la amplitud del local actual, sino que se convierten en una especie de hermoso muro, propicio para una escenografía teatral.

SANTA ROSA DE APOQUINDOLa magnífica Colección Mac Kellar en el más adecuado de los escenarios

Lugar: Colón esquina de Padre Hurtado

Fecha: exhibición permanente

NO TENEMOS DÓNDE IR

Destacan las pinturas de un joven artista, sobre todo las de mayor dimensión

Lugar: Galería Afa

Fecha: hasta el 12 de mayo

A PLIEGO COMPLETO

Grabados en amplio formato de Téllez, Cauas, Ludwig y Valbuena, del Taller 99

Trastocado silencio

Ante todo, bloques de Pilar Lira, erosionados por el mar y que conforman una especie de escenografía teatral

Lugar: Museo Nacional de Bellas Artes

Fecha: hasta el 20 de mayo

 


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<b>Sala restaurada</b> de Casona Santa Rosa de Apoquindo.
Sala restaurada de Casona Santa Rosa de Apoquindo.
Foto:HECTOR ARAVENA


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