ARTES Y LETRAS

Domingo 9 de Septiembre de 2001


El Circo a Escena

El reestreno de "Las siete vidas del tony Caluga" en este mes de septiembre confirma una cierta tendencia del teatro contemporáneo en muchas partes del mundo: las sostenidas presentaciones del llamado teatro-circo, que recoge técnicas expresivas de un arte popular y las utiliza en los tradicionales espacios dramatúrgicos.
Por Juan Andrés Piña

Cada vez se ha vuelto más fuerte la presencia del circo en el panorama teatral del mundo del espectáculo. Aunque la relación entre ambas disciplinas es antigua, en las últimas décadas una serie de fenómenos ha convertido a la modalidad circense en cierta moda. Para muchos estudiosos del tema, esta inclusión de códigos y prácticas escénicas que en el pasado no se consideraban parte del "teatro convencional" tendría relación con los aires de posmodernidad que han invadido también el escenario.

Su estética nada tiene que ver con algunas obras que han tomado al circo y sus protagonistas como temas dramatúrgicos ("El tony chico", de Luis Alberto Heiremans", o "Los payasos de esperanza", del TIT, en Chile, por ejemplo). El asunto es otro, y esta irrupción y legitimación del circo ha operado básicamente por dos vías. La primera es que una serie de compañías de todo el mundo ha asumido las características propias del espectáculo circense en sus puestas en escena, integrándolas como expresiones propias que potencian la expresividad de lo que ese montaje quiere narrar: vestuario, acrobacias, música en escena, historias que ocurren en espacios aéreos, pistas circulares, utilería desbordada...

Precursores franceses

Uno de los casos más característicos de ello ha sido el Thétre du Soleil en Francia, dirigido por Ariane Mnouchkine. En sus espectáculos de los últimos 35 años ha utilizado en escena variados elementos circenses que han potenciado textos antiguos: maquillaje altamente descriptivo y expresionista; música protagónica de la acción; virtuosismo corporal de los actores; amplio despliegue coreográfico, y concepto épico del escenario. Aunque sus fuentes son variadas y no existe en sus puestas en escena una sola técnica (hay también estilos del teatro japonés, balinés e hindú), ha sido el circo una de las modalidades expresivas más características de su quehacer: ya en 1970, por ejemplo, la compañía estrenó la obra "1789", utilizando tradiciones francesas de actuación, actualmente obsoletas, como las habilidades propias de los payasos y acróbatas que daban vida a los teatros de feria del siglo XVIII.

Discípulo del Thétre du Soleil, el director chileno Andrés Pérez aprendió de sus enseñanzas, y a finales de los 80 fundó en Santiago su Gran Circo Teatro, cuyo solo nombre ya indica las pretensiones estéticas de la compañía. Las modalidades circenses fueron eficazmente utilizadas en montajes como "La negra Ester", "La consagración de la pobreza" y "Nemesio, Pelao, ¿qué es lo que te ha pasao?".

El segundo tipo de esta figuración del circo en el teatro es el montaje de espectáculos al interior de una carpa, con sus personajes y estilos más característicos, pero que superan la representación tradicional, básicamente ligada al mundo infantil. Prescindiendo de los animales en escena, una serie de grupos circenses de varias partes del mundo se ha volcado hacia la narración de una historia, incluyendo parlamentos dramáticos, construyendo personajes y reflexionando respecto de ciertos temas contemporáneos. Así, su virtuosismo corporal y el vistoso despliegue coreográfico y musical está inserto en un contexto mayor - el de un relato- , que adquiere una forma expresiva nueva, de alta emotividad y gran cercanía con el espectador. En el reciente Festival de Teatro de Avignon, por ejemplo, uno de los montajes más celebrados fue "La tribu Iota", producida por el Centre National des Arts du Cirque de Francia. Bajo una amplia carpa con capacidad para dos mil personas, el espectáculo de hora y media retrataba ciertos momentos claves en la historia de la humanidad, un recorrido que echaba mano a una multitud de expresiones teatrales y circenses, musicales y coreográficas, corporales y plásticas, sin despreciar ciertos textos claves que sostenían su tema central.

El Tony Caluga

Una mezcla de ambas tendencias - elementos circenses en el teatro y circo que pasa a ser espectáculo dramático- lo constituyó en 1994 la obra "Las siete vidas del tony Caluga", del director Andrés del Bosque, y cuyo reestreno está anunciado para los próximos días en la Estación Mapocho. Para ello, la compañía continúa utilizando su nombre original: Teatro Circo Imaginario.

Mezcla de farándula y obra teatral, la representación no tiene antecedentes en la historia del teatro chileno, porque está pensada y organizada en torno a la historia de ciertos artistas del circo nacional. El espectáculo, al interior de una carpa de circo tradicional, narra el nacimiento y desarrollo profesional del tony Caluga (personaje cuyo nombre real era Abraham Lillo Machuca), seguramente el payaso más popular que ha tenido Chile. La biografía aquí escenificada es auténtica: desde su huida de la casa paterna para enrolarse con una compañía en provincia, hasta su progresiva consolidación en los circos más famosos - el Aguilas Humanas, por ejemplo- , su éxito en elpaís y el extranjero, la adquisición de su propia carpa, el triunfo y el dolor, el arrasamiento de que fue objeto muchas veces.

Se trata de un relato fracturado, para nada lineal ni tampoco contado de manera pedagógica. Priman aquí los gags, los grandes momentos del crecimiento personal, el entorno humano y familiar que arropó su profesionalización y, especialmente, la atmósfera circense que todo el tiempo domina la escena. Es decir, lo distinto de "Las siete vidas del tony Caluga" es que no narra al estilo o "a la manera" como lo haría un circo, sino que es una historia desde la propia concepción circense. El espectáculo está organizado con una forma narrativa y técnica sobre el circo, y por lo tanto es colorida, algo absurda, dinámica, juguetona, dramática, humorística y sorpresiva, tan sorpresiva como la vida de su protagonista. En esta atmósfera, una música estridente y pegajosa acompaña a los tonies, a las mujeres enanas, a los equilibristas y a los empresarios, cuyo espacio está poblado de objetos y materiales usados en la representación.

Parte significativa de la obra está dedicada a los momentos personales en la vida del protagonista: relación con la madre, enamoramiento, casamiento, primer hijo, locura de la esposa... Ello también obedece a las estructuras básicas del funcionamiento de los circos en Chile: se trata de empresas familiares donde la tradición oral va siendo recuperada por los hijos y los nietos. Este es otro aspecto destacable en "Las siete vidas del tony Caluga": haber recuperado una oralidad perdida y colectiva, un material cultural del país que prácticamente no tiene registros. Con esta reaparición, Andrés del Bosque entrega quizá el principal antecedente de su búsqueda en los estilos del clown que posteriormente ha madurado: "En el limbo" y "El día del juicio".


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Escena de
Escena de "Las siete vidas del tony Caluga", en su temporada 1994-1995.
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