VIDA Y SALUD

Jueves 13 de Julio de 2000


Alabadas Las Piedras de María...

Con ese verso Pablo Neruda celebró el trabajo en murales de María Martner con guijarros, ágatas y toda la variedad de piedras que la naturaleza entrega en minas, suelos y deja al descubierto en la arena cuando el mar se recoge. Hoy, es la artista quien homenajea al poeta, en recuerdo de su cumpleaños. Lo hace a través de una exposición que resume su obra plástica, "De la Piedra al Vitral", y que se exhibe en el Centro Cultural La Sebastiana de Valparaíso, la casa que ambos compartieron.
MARIA Martner pasó en La Sebastiana muchos 12 de julio celebrando cumpleaños de Neruda; tal como a él le gustaba, rodeado de gente cercana, en su mayoría poetas y artistas. Generalmente fueron festejos en que Matilde Urrutia, con días de trabajo, preparaba platos especiales (como bourguignon) para su paladar de reconocido gourmand, que prefería las comidas elaboradas más que una torta.

Hoy, María no recuerda ningún regalo específico que ella y su marido, el médico Francisco Velasco, le llevaron para esas ocasiones a su amigo, pero en cada una de las tres casas que construyó el vate quedaron, con la permanencia inalterable de la piedra, los murales que la artista desarrolló con el talento de sus manos y de su imaginación, y que regaló al poeta : "Los Peces del Frío", en La Chascona (1958); "Mapa Mural Antiguo de la Antártica", en La Sebastiana (1963), y "Mural Biblioteca", en Isla Negra (1966).

El escritor, asombrado con el arte de la Martner, fue quien le sugirió difundir la obra que producía sistemáticamente en un taller invadido de piedras, y él mismo gestionó la primera exposición de la artista, realizada en Santiago, en una sala del Ministerio de Educación. Entonces, Neruda le regaló el poema "Piedras para María", que imprimió en el catálogo : "Ella, como una araña de piedra transparente,/ tejerá su bordado,/ hará de piedra pura su bandera,/ fabricará con piedras plateadas/ la estructura del día,/ con piedras azufradas, la raíz de un relámpago perdido,/ y una por una subirá a su muro,/ al sistema, al decoro, al movimiento,/ la piedra fugitiva"...

Por eso, tal vez, aunque el afecto que los unió fue grande e intensa la convivencia, cuando recuerda a Neruda, reconoce que para ella "el valor más grande que tenía como amigo, era que a toda la gente la estimulaba para que siguiera en lo suyo, le daba consejos y realmente ayudaba a los que se estaban formando".

"De la Piedra al Vitral" es la quinta exhibición de la artista, hace 50 años dedicada a murales y vitrales. Constituye una verdadera retrospectiva de su obra, que se resume desde ayer en el espacio de La Sebastiana a través de 14 fotografías y seis estudios de sus trabajos, muchos instalados en lugares públicos y dispersos a lo largo del país, hasta Punta Arenas.

Incluye también dos piezas creadas en el 2000: la imagen de un vitral realizado en Viña y el estudio a escala para un futuro mural del minero, que María quisiera instalar en el norte, cercano a Chuquicamata, "si no fuera por ellos, no habría tenido material de trabajo".

"No es posible hacer más exposiciones, los minerales son tan pesados, tan difíciles de trasladar...", señala, refiriéndose a su arte.

Es autora de murales como - por mencionar algunos- los del Balneario Tupahue en el Cerro San Cristóbal; de la Universidad Austral de Valdivia; de la Cía. Interoceánica de Vapores, en Valparaíso; de la Estación de Biología Marina de la Universidad de Chile, en Viña del Mar, y el de "La Independencia de Chile", en el Parque Monumental Bernardo O'Higgins de Chillán, obra gigantesca que le significó un año y medio de trabajo.

Vigente, con la energía que impulsó sus brazos para elevar los pesados materiales de su trabajo, María Martner distingue entre sus murales el realizado en 1989 en Industrias Haarman y Reimer (grupo Bayer) de Santiago, especialmente, porque la actual arquitectura industrial se ha preocupado de embellecerse e incorporar el arte en ese proceso.

Atraída por la transparencia de las piedras, detrás de la luz que se apagaba por el cemento del mural, en 1977 pasó a incorporar los vitrales a su creación y tarea; hoy la lista de su obra vitral también es larga, un gran número ha sido para residencias particulares (en Chile y Estados Unidos), pero destacan - entre otros- los cuatro que realizó para la iglesia Matriz de Valparaíso y en el Colegio Nido de Aguilas de Santiago.

Medio Siglo de Mar y Piedras

Hace 55 años que María se trasladó a la V Región; su esposo, médico gastroenterólogo, recién recibido partió a trabajar a Valparaíso. Nunca ha sentido que influyera en su labor artística esa separación de Santiago, su ciudad natal y donde estudió el colegio, Liceo N 1 de Niñas, y la universidad, en la Escuela de Bellas Artes, a la que entró en 1940.

Alumna de maestros como Lily Garafulic, Leopoldo Vásquez, Tótila Albert y Leopoldo de la Fuente (en dibujo y murales), la artista ha trabajado fundamentalmente en su taller, hoy en Recreo Alto y a tres cuadras de su departamento. Largo tiempo tuvo uno en la propia Sebastiana, la casa que su familia compartió con Neruda y su esposa Matilde.

María Martner conoció al vate a la llegada de su exilio (1952) acontecido en el gobierno de González Videla; entonces ella ya trabajaba sus murales. Neruda a menudo se hospedaba en su hogar. El quería comprar una casa empinada en un cerro, con vista al mar y cercana al centro de Valparaíso, condiciones que coincidieron con la proposición de Maria Antonieta Collados cuando les presentó en obra gruesa la casa en la calle Ferrari, que más tarde se convertiría en La Sebastiana.

Muy grande para la pareja de Pablo y Matilde, decidieron comprarla entre ambas familias y repartirla; los dos primeros pisos para los Velasco Martner y sus tres hijos, y el tercero para el poeta, quien la inauguró el 18 de septiembre de 1961, y terminó llenándola de rincones, escaleras y ventanas hacia el mar. En 1991 la adquirió la Fundación Neruda para convertirla en casa-museo, y los Velasco Martner la dejaron, después de habitarla durante 30 años.

Había una puerta que comunicaba ambas viviendas... y "pasaba abierta"; se compartían muchos almuerzos y reuniones, y los hijos del matrimonio llamaban tío al escritor. "Pablo quería mucho a los niños", recuerda la artista.

María también compartía con el poeta su personal gusto por las piedras: jaspes, ágatas, lapislázuli...
o cualquier ejemplar sencillo que le saliera al camino y atrapara su atención.

La artista las escoge en canteras o las recoge a orillas de la playa. Y las trabaja tratando de respetar su textura y color naturales y su forma original; en ocasiones el diseño la obliga a pulirlas y cortarlas.

En el taller va creando en bloques de piedras y concreto cada mural, que luego el cemento incorpora a una arquitectura. Parte por conocer el proyecto antes de la construcción, y asimilarse a él. Le gusta hacer todo por sí misma y pide asistencia de maestros solamente en las piezas muy pesadas: "Nadie entiende la textura y movimiento que uno quiere dar", precisa. Así, a sus 78 años, no escatima en trepar andamios, ni manipular trozos de roca.

En Movimiento

María Camila Martner García es hija del ministro de Hacienda de Arturo Alessandri, Daniel Martner, figura que dio nombre a una calle en Pedro de Valdivia con Bilbao - donde estuvo la quinta familiar- y donde nació María y jugó con sus cinco hermanos.

Descendiente de ingenieros y pequeños empresarios mineros de Copiapó, por parte de su madre, desde niña se acostumbró a tocar minerales con sus manos y asombrarse con los brillos y sombras de las piedras que traían los tíos maternos desde el norte, para impresionar a los sobrinos.

Esos recuerdos la impulsaron a estudiar química por un tiempo, atraída por el ramo de mineralogía. Su madre tocaba el piano con virtuosismo, pero el arte llevó a María a otro camino. Luego de estudiar en la Escuela de Bellas Artes y perfeccionar conocimientos técnicos sobre mosaicos en Venecia, la inquietud por incorporar la transparencia la condujo al cristal y de allí al vidrio, entonces aprendió sobre vitrales en California.

Ella los hizo en su estilo peculiar, con el recurso básico de la soldadura, la inclusión de piedras semipreciosas laminadas y metal de cobre. Las imágenes - en una dinámica que fascinó a Neruda- reúnen los elementos que las forman, de modo que están siempre atrayéndose, desplazándose o produciendo explosiones.

Entre 1966 y 1972 se desempeñó como profesora de la Facultad de Arte y Tecnología de la Universidad de Chile de Valparaíso (hoy de Playa de Ancha). En la década del 90, junto a Eduardo Escalante, creó una escuela taller para formar a un grupo de jóvenes del Cerro Cordillera en las técnicas del vitral, y con ellos participó de la restauración de los vitrales de la iglesia Matriz del puerto.

A veces ha hecho pavimentos, como en el Museo Cielo Abierto de Valparaíso; le gusta, porque piensa que todos "miramos mucho el suelo...".

Aunque ella también acostumbra a mirar siempre hacia lo alto, y tal vez por eso le decía a Neruda que "las estrellas son piedras que andan volando".

Aura Barrenechea D.




Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
EL MURAL
EL MURAL "MAPA Antiguo de la Antártica" (1963) fue creado por la artista para la escalera de la parte en que habitaba su familia en La Sebastiana, donde está en exhibición permanente desde que la casa es centro culural.
Foto:El Mercurio


[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales