VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 12 de Mayo de 2007

Mónica Bengoa en Venecia:
Murales chilenos para la Bienal

Mónica Bengoa creía que para aspirar a exposiciones internacionales de la talla de la Bienal de Venecia, debía tener por lo menos 60 años.
Texto, Mireya Díaz Soto Retrato, José Luis Rissetti

Fotografías, gentileza Mónica Bengoa ©Creaimagen

En menos de un año la artista visual Mónica Bengoa estará exponiendo en cuatro ciudades del planeta. La autora formada en la aulas de la Universidad Católica y que encontró las primeras herramientas de su labor en los talleres de título de Eduardo Vilches está viviendo un despegue internacional –con muestras en Venecia, Toulouse, Los Ángeles y Nueva York– que si bien no figuraba dentro de sus aspiraciones más inmediatas, daba una que otra vuelta por la periferia de su mente.

Claro que ella ha estado concentrada en trabajar y continuar sorprendiéndose tanto como sus espectadores con cada uno de los monumentales murales que realiza. Su línea ha girado en torno a la investigación de la fotografía como medio de creación, desde retratos hasta imágenes cotidianas que luego son intervenidas o traspasadas a variados formatos y soportes, generalmente comunes, nada sofisticados y reconocibles por todo el mundo. Óleos y pinceles no han sido capaces de seducirla como sí lo han hecho los lápices de colores con que todos hemos dibujado alguna vez; los cardos que todos hemos visto en más de una corona fúnebre, o las servilletas con que todos nos hemos limpiado la boca en alguna fuente de soda.

En Nueva York participará en la muestra "Daniel López Show", junto a otros 15 chilenos, donde presentará retratos reunidos bajo el nombre "Rodrigos y yo". En julio viajará a Toulouse, Francia, y allá expondrá bordados que se relacionan con un trabajo que el año 2002 hizo durante una residencia para artistas al norte de Nueva York. En esa ocasión fotografió objetos del taller como enchufes y pestillos de la ventana que después bordó buscando la más alta fidelidad a la imagen.

Por estos días y hasta agosto exhibe en el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, Estados Unidos, un mural de 4,48 m de alto por 9,24 de largo, compuesto por 2.112 servilletas pintadas a mano con lápices.

Todo esto en paralelo a la 52ª Bienal de Venecia, que se extenderá entre el 10 junio y el 21 noviembre, donde se exhibirá su proyecto, el cual fue seleccionado por el Comité Asesor en Artes Visuales de la DIRAC (Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores), entidad que produce, gestiona y auspicia la presencia de Chile en el certamen.

¿Por qué elegiste el gran formato?

- Me interesa el lejos-cerca, y la relación física que estableces cuando el mural excede tantas veces tu tamaño, y que luego, al acercarte, te encuentres con una servilleta de papel o con una flor. Creo que este fenómeno y el trabajo modular es lo que más me llama la atención.

Mónica reconoce a la fotografía como parte del contenido de su obra. "Su utilización pasa a ser contenido desde que te sitúas en un punto específico para mirar. Esa distancia me parece que permite que el espectador vea las cosas de una manera nueva. La imagen ofrece esta capacidad de dar cuenta de una cierta verdad, a pesar de todas las manipulaciones digitales que sabemos que son posibles gracias al Photoshop".

¿Y los cardos o las servilletas también tienen que ver con el contenido?

- Mis temáticas han estado históricamente ligadas al ámbito de lo cotidiano, por lo tanto, las técnicas tenían que ser consecuentes con eso. Hacer un óleo sobre lino dista mucho de lo que me interesa, pues de alguna manera aleja al espectador, éste termina asombrado por eso que tal vez nunca será capaz de hacer. Siempre he pensado que mis trabajos los podría realizar cualquier persona con la paciencia suficiente; no pasa por un talento manual. El espectador llega y ve una imagen enorme donde el color o la textura le llaman la atención. Se acerca y reconoce al cardo que ha visto en las coronas funerarias, por ejemplo. Lo mismo ocurre con las servilletas; ves un mural, tremendamente pictórico, pero luego descubres un objeto que está en las fuentes de soda, que por lo demás es de pésima calidad, no limpia nada, y donde uno termina anotando cositas... Nunca lo considerarías como soporte. A mi juicio los trabajos deben tener muchas puertas de entrada.

Así la comunicación con el espectador también es más fluida.

- Lo entretenido y sorprendente para mí es que estos trabajos –en su mayoría– no los he visto antes de montarlos. En ese sentido comparto la sensación de asombro, voy viendo cómo después de un proceso que toma meses, sólo en un par de días se extiende en el muro. Más allá de todo lo que pueda imaginar o proyectar en el computador.

En Venecia, Mónica Bengoa instalará cuatro paneles –dos de 4,5 x 5,85 m y dos de 4,5 x 6,50 m– y cada uno de ellos mostrará la fotografía macro de un insecto. Para componerlas ha empleado unos 28 mil cardos teñidos con distintos tipos de anilinas, algunas vegetales, y con ellos rellena por zonas marcadas a escala las diferentes tonalidades. Dos cuadros irán en la gama del rojo y los otros dos en la del gris, con una paleta bastante reducida. "No es como el pintor que mezcla colores dependiendo de lo que quiere. Estos trabajos sufren de una restricción cromática ya que no tengo 50 rojos, es imposible, a lo más once".

- Por el tamaño y el motivo, esta obra debe impactar rápidamente en la sala. No puede ser críptica, porque lo que yo hago nunca lo ha sido. Podrá haber lecturas complejas, pero parten de algo muy simple.

¿Qué elementos de tu espacio privado se perciben en tus temáticas? ¿En qué se descubre a Mónica Bengoa?

- He recurrido a retratos míos, en mi casa, donde yo he estado de espaldas, por ejemplo, tratando de ser cualquier persona que lava la ropa en la tina, en mi baño. No estoy frente a la cámara siendo Mónica Bengoa, la artista con su autorretrato. Mi obra nunca ha tenido un afán autobiográfico. Cuando he fotografiado a mis hijos, tampoco miran al lente. Lo curioso es que con el tiempo este tema empezó a primar por sobre otros detalles en la opinión de los demás. Los mismos proyectos han tenido recepciones diversas acá y en el extranjero. Afuera nadie me preguntó si la casa era mía. Y acá hay una insistencia enorme con el tema de los hijos y la maternidad... Eso me agotó, por esta razón he ampliado las temáticas a cosas que no produzcan extrañeza.

¿Has evitado entonces exponer en tus creaciones preocupaciones más íntimas?

- Algo que siempre insisto a mis alumnos es que los trabajos tienen que ser tan personales como para que les interese desarrollarlos; pero lo suficientemente amplios como para dar una puerta de entrada al espectador. Si trabajo con la muerte de mi abuelo cuando yo era pequeña... ¡a nadie le importa, ni le interesa! Es absolutamente irrelevante y arbitrario. Para mí los temas están al servicio de una investigación que une lo plástico, los materiales, con el aquí y el ahora, y lo que me pasa frente a un proyecto, cuando lo ejecuto.


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
Mónica Bengoa junto a dos detalles de las imágenes de insectos que exhibirá en Venecia. Allá estarán en una sala del Palacio Zenobio, un inmueble del siglo XVI acondicionado para el evento por el ILA (Instituto Latinoamericano).
Mónica Bengoa junto a dos detalles de las imágenes de insectos que exhibirá en Venecia. Allá estarán en una sala del Palacio Zenobio, un inmueble del siglo XVI acondicionado para el evento por el ILA (Instituto Latinoamericano).
Foto:Mónica Bengoa ©Creaimagen


[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales