ACTIVIDAD CULTURAL

Lunes 13 de Abril de 2009

Antonia Cruz:
Mi obra es una especie de Frankenstein

Su computador atesora miles de bocas, narices y ojos que eligió con pinzas para soltar su imaginación y mano... Los objetos de la cirugía fueron mujeres chilenas del siglo XIX y el resultado sorprende.

Daniela Silva Astorga

Valenzuela Puelma nunca lo imaginó. Hoy, su inocente "Niña con vestido amarillo" sólo conserva la ropa. Irreconocible, tiene la piel madura y los ojos cerrados por el cansancio, gracias a Antonia Cruz (25), una artista dedicada a intervenir obras chilenas del 1800.

Todo partió con su obsesión por el retrato. Mientras participaba en el taller de Eugenio Dittborn (2007) tuvo la idea de alterar archivos pictóricos, construyendo en photoshop capas y fragmentos para armar una obra nueva. Primero usó fotografías archivadas en libros. Después advirtió que así se perdía la esencia de la pintura y con cámara en mano fue a tomar sus propias imágenes. Pidió autorizaciones y recopiló, como materia prima, retratos del Museo Nacional de Bellas Artes, y de los anticuarios Jorge Carroza, José Barros y Raúl Peña. Para transformarlos, aplanó Santiago inmortalizando rasgos de niños, ancianos, maniquíes craquelados y, también, cuerpos del Departamento de Anatomía de la Universidad de Chile.

Todos ellos formaron el banco de imágenes con que creó "Catalepsia", una colección de fotomontajes digitales que mostrará desde el 15 de abril en la Sala Cero de Galería Animal.

Son diez trabajos que reviven rostros de antaño y, de paso, cuestionan la teoría. Aquí, lo armónico quedó al margen. La boca, el pelo o los ojos del retratado están detrás de los trozos de cuerpos vivos que Antonia rescató por ahí, en fotos. Como una tela de cebolla, cada uno de esos rasgos más contemporáneos va formando -definitivamente- a otra persona. O a la misma en otra época. Finalmente nadie lo sabe. Y, para ella, ahí se encuentra el comienzo de su obra: "Está la identidad del retrato original con el que parto. Pero lo más interesante es la transición de tiempo, de lo que se oculta y se revela tomando una pintura y llevándola a otros cuerpos. Es una especie de Frankenstein".

Quizás los más puristas se espanten y la juzguen. Y eso, ella lo tiene claro: "Mi arte es difícil. No resulta muy comercial porque su descalce produce extrañeza. No sé si será convivible para algunos". Aprovecha de simplificarlo -o de teorizar un poco- contando que, por su formación de grabadora, los layers del photoshop equivalen a las matrices del grabado.


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Detrás de sus capas nuevas,
Detrás de sus capas nuevas, "Ana Josefa" esconde los trazos de José Gil de Castro.
Foto:ANTONIA CRUZ


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