EL SÁBADO

Sábado 12 de Junio de 2010

140SCL
El Twitter set chileno

Desde rostros de TV a ilustres desconocidos, ministros, intelectuales y faranduleros. La nueva fauna de los 140 caracteres no siempre tiene dinero, pero sí el poder de la palabra. En un evento reciente quedó claro quién es quién en esta nueva escala social donde los más seguidos no necesariamente son los más influyentes. Sepa por qué.  
Por Werne Núñez Treinta y un pisos abajo, la gélida e imperfecta ciudad con millones de humanos chilenos poco influyentes en la red social y microblogging de mayor crecimiento en el planeta, comienza a encenderse rápidamente. Las luces en la mitad sicológica de Chile no dejan ver el asqueroso río chocolate que la cruza, por ejemplo. Desde aquí, todo es perfecto. Mi chapita es verde y dice: @elwerne. En 140SCL hay modelos rubias, lozanas y sonrientes, y una barra llena de amistad embotellada.

La azotea de la torre de Telefónica es ahora un cálido espacio en el que cientos de avatares humanos cerrarán el ciclo de la comunicación impersonal y abrirán otro, carnal y sanguíneo, en el instante en que sus manos se toquen. Este es el primer cara a cara de twitteros influyentes.

Los elegidos para cruzar este umbral metafísico son 140, ya saben, como el límite de caracteres para expresarte en Twitter. La juguetona idea de Betazeta -la red de comunidades más grande de Chile- de juntar en un carrete con discursos de un par de CEO's criollos y transnacionales y ministros nuevos, transmisión online, noteros de farándula, diyéis, champaña cara y canapés de centolla, encendió la hoguera de las pasiones en el submundo de la red: discriminatorio, cuico, excluyente, egocéntrico, elitista, estúpido, apitutado, vanidoso, ombliguista, facho, qué carajo se creen, funemos todo en la entrada y por qué ellos y nosotros no, fueron algunos de los conceptos que inundaron de odio el hashtag #140SCL días antes del evento. Pero ya sabemos que el amor no es lo contrario al odio: lo contrario es la indiferencia.

Algunos de los invitados superestrellas, como el periodista @fernandopaulsen, anunciaron su desprecio con argumentos como: "Es una oportunidad comercial disfrazada de encuentro chori. Followers valen per se, no por cómo favorecen a quien siguen". O: "Toda la invitación a los 140SCL  hiede a discriminación: ¿influencia medida en followers? Twitter vale por lo q dices". Una más: "RT @Carolita71: almuerzo en La Moneda es como junta de los 140scl //140 es peor: usa al follower como útil para crear elite q no lo incluye". Paulsen tiene más de 79 mil seguidores y sigue a 143 personas. Un día antes de 140SCL, recibió respuesta de @andresazocar, columnista y director de la carrera de Periodismo en la UDP: "...pero si Twitter ES excluyente, tú sigues a menos del 0,5% de los q te sigue. Ahora para qué juntarse? Marketing + ego". Azócar tiene 4.840 seguidores, sigue a 315 y a las 8.05 PM de hoy, tuiteó vía mobile_web: "El twitter-set es + entretenido online".

Chile cambió, dicen. Un botón 2.0 es que en poco más de tres décadas pasamos del lejano jet-set al red-set y ahora, a esto: el flamante e influyente twitter-set. Una esquina supuestamente poderosa, pero sin dinero, necesariamente. Tan solo el poder de la palabra bien usada en una red social expansiva. Esta noche, oraremos y brindaremos con los obispos, sacerdotes y fieles de esta nueva religión en una ceremonia que terminará en un bar con onda.

La termografía lo demuestra: 106 millones de cuentas en el planeta, 55 millones de mensajes por día, 640 por segundo. Chile figura en el lugar 21 de la lista de países con mayor volumen de publicaciones en Twitter, es quinto en el continente americano y tercero entre las naciones hispanoparlantes, detrás de México y España. En mayo de 2009, Twitter contaba con 1.860 usuarios chilenos. Hoy, se calcula que son 600 mil, aproximadamente.

Según Twittercounter.com, al día 11 de mayo de 2010, la periodista @soledadonetto encabeza el ranking de twitteros chilenos con más seguidores, con 108.842 entonces. Hoy, tiene más de 123 mil followers. Le siguen @tvn_mauricio (Mauricio Bustamante); @sebastianpinera, el Presidente; @halconmatinal (Felipe Camiroaga, el animador de "Buenos días a todos"); @fernandopaulsen; @tele13online, el noticiero; @copano (Nicolás, el hermano mayor); los conductores de noticieros @IvanValenzuela y @matiasdelrio; el programa @polloenconserva (administrado por Juan Carlos Valdivia y Claudia Conserva); @biobio, la radio; @marcoporchile (Marco Enríquez-Ominami, el diputado y ex candidato presidencial); y @cnnchile, el canal de noticias del cable. En el ranking mundial, el actor Ashton Kutcher es el número uno, con más de cinco millones de seguidores. Nuestros compatriotas top se ubican entre el puesto 1.200 y 3.200. Todos ellos, esta noche, son invitados de honor. Son twitteros influyentes.    

La pregunta que se hacen todos, aquí y afuera, es una sola: ¿la influencia de un twittero está determinada por la cantidad de seguidores que tiene? Y la respuesta es un no, casi absoluto. Casi. Como dice el CEO de Telefónica en Chile, Oliver Flögel (@oaflogel: 1.310 seguidores, sigue a 231): "La influencia de un twittero está determinada por el número de seguidores, pero no es el único factor a considerar. Quienes lo siguen y las reacciones que sus opiniones provocan, puede pesar más que la cantidad de personas que las leen".

O como dice Leo Prieto (@leoprieto: 13.724 seguidores, sigue a 1.878), socio fundador de Betazeta, gurú espiritual de todo esto: "El factor más relevante para ser considerado más influyente, o menos, no es la cantidad de tuiteos o seguidores que tienes, sino de qué forma movilizas a los otros con tus tuits, es lo que realmente nos interesa reconocer. Hay herramientas para medir eso". Es cierto. Hay cómo hacerlo.

Mamá, soy influyente

En 2009, Edelman, firma gringa líder en relaciones públicas, desarrolló junto a Twitter Inc. una herramienta para calcular, mediante un algoritmo, el nivel de influencia de cada uno de los usuarios en el mundo, llamado Tweet Level. La metodología combina once variables en una ecuación que determina, en un rango de 0 a 100, la importancia personal de un twittero en la red social. Si bien la herramienta está en fase beta y no resuelve completamente el problema de la influencia, Tweet Level es una confiable forma de cuantificar el asunto que provoca migrañas, sobre todo a los que no fueron invitados a esta fiesta.

Los números miden. Uno: Influencia, o cuán interesante es lo que dices y cuánta gente lo lee, en una métrica de clasificación primaria que suma el número de seguidores más la cantidad de retuiteos o repeticiones de tus tweets hechas por otros. Dos: Popularidad, o la combinación entre tu número de seguidores y de personas a las que sigues, las latitudes donde viven éstos, la cantidad de entradas en hora punta (entre 10 y 11 de la noche) y la cantidad de hashtags creados, o etiquetas que agrupan temas de interés, anteponiendo un #. Ojo, que ser más popular no es lo mismo que ser más influyente. Tres: Compromiso, o la participación activa en la comunidad que demuestra el número de conversaciones y respuestas con y a otros usuarios, y los hashtags creados. Y cuatro: Confianza, o cuántas y qué personas creen en lo que dices, a través del número de retuiteos de tus entradas.  

El cálculo del nivel de influencia no es tan interesante como el análisis de las variables del algoritmo. Más allá de cuántos te siguen y a cuántos sigas, de los updates registrados, las menciones a tu nombre y retuiteos de tus entradas por horas y días, de esta juguera sale un cóctel sorprendente: tu influencia relativa o la relación entre el ruido ambiental que haces y lo generoso y veloz que eres para pasar información contenida en páginas web, hashtags, menciones a otros y retuiteos. O sea, ser influyente es algo más que tuitear anécdotas y pensamientos. Este índice evalúa la calidad de tus contenidos, la relevancia que tienen para la comunidad, y tu capacidad para debatir, comentar y enlazar permanentemente. Cuánto pesas en Twitter es el resultado de la ecuación de todas estas variables. Es un software justiciero y democrático.

Ser un rostro de la televisión no te hace más influyente que un cabro chico nerd y cesante que vive encerrado en su pieza, por ejemplo. Un tipo con diez mil seguidores puede pesar menos que uno con cien: si al primero lo siguen solo bots (robot en corto, o programas que realizan tareas como seguir a gente en Twitter, por ejemplo), y al segundo lo siguen importantes líderes de opinión. 

Así las cosas, y al día 7 de junio de 2010, Soledad Onetto (índice 62), la más seguida en este país, pesa menos que Patricio Navia (64), Fernando Paulsen (69), Vivi Kreutzberger (63), Nelson Ávila (65), el periodista deportivo Rodrigo Sepúlveda (67), Matías del Río (66), Mónica Rincón (67), el coordinador nacional de Educación 2020 Mario Waissbluth (65), Juan Manuel Astorga (66), el senador Ricardo Lagos Weber (64), Davor Gjuranovic (63), Carola Urrejola (67), el diputado Felipe Harboe (65), Marco Enríquez-Ominami (64), y el ex conductor de "Lunáticos" Daniel Fuenzalida (@exhuevo, 64). Algunos ilustres desconocidos masivamente en el mundo real, pero rockstars del timeline, como @stark (65), @elquenoaporta (72), @hermeselsabio (64), @reporteropop (64) y @elpulento (71), también pesan más en esta atmósfera que la número uno de Chile.  José González (@twiterillo), Nicolás Copano y Mauricio Bustamante, todos con índice 73, son las súper estrellas chilenas más influyentes en Twitter, según esta herramienta.   

En la polaroid de este nuevo twitter-set figuran varios artistas invitados: el publicista y bloguero Roberto Arancibia, el animador Eduardo Fuentes, María Gracia Subercaseaux, Eugenio Tironi, Roberto Méndez y Cristóbal Bellolio, el crítico de cine Gonzalo Maza, la diputada Marcela Sabat, el filósofo Pablo Matamoros, los ministros Felipe Morandé y Felipe Kast; el comediante Fabrizio Copano; Paloma Baytelman, autodefinida red social humana; los arquitectos Jorge Belmar y David Assael; la escritora Francisca Solar, Leo Prieto, el publicista Javier Sanfeliú, Juan Francisco Diez de Betazeta; el Presidente Sebastián Piñera y sus hijos Cristóbal y Magdalena; y los periodistas Daniel Matamala, Carlos Zárate, Marcelo Comparini, Iván Guerrero, Juan Cristóbal Guarello, Miguel Paz, Felipe Bianchi, Andrea Palet, Iván Valenzuela, Julio Osses, Rodrigo Guendelman, Francisco Aravena, Alejandro Alaluf y, por supuesto, su servidor, Werne Núñez. 

Todos amigos

Oliver Flögel dio el discurso inicial y en un clásico de los eventos hi-tech 2.0, el proyector no funcionó. El CEO de Telefónica el primero de seis. El micrófono pasó de mano en mano entre Ena Von Baer, Felipe Morandé, Felipe Kast, Leo Prieto y Nicolás Brancoli, gerente general de Sony Ericsson, quien premió con un celular a Daniel Corvalán, estudiante de college en la UC, el primer chileno en abrir una cuenta de Twiter, en 2006. Nadie escucha. Nadie quiere hacerlo. Nadie puede. El twitter-set es conversador y bullicioso. La mitad tiene un celular en una mano y una copa en la otra. Tuitear ebrio es un acto tácitamente prohibido en este mundo. Como el autobombo y las rogativas con mayúscula para que te lean. 

Vanessa Miller, la primera celebridad en llegar, figura en un rincón, apartada, tuiteando algo. En dos horas, se han reunido casi 170 invitados, entre twitteros influyentes y no tanto, clientes y rostros de las marcas que auspician, como Jeremías Israel, algunos que ganaron sus entradas en un sorteo y los infaltables colados. "Tengo 11 seguidores, y diez son bots. Me colé con René Naranjo y quiero ser influyente", dice una chica llamada Carmen. 

Vivi Kreutzberger, Soledad Onetto, Ena Von Baer, Mónica Rincón, Felipe Harboe y  Matías del Río posan para los fotógrafos sobre una alfombra roja imaginaria.  Luego, posan reconocidos blogueros como Paloma Baytelman, Roberto Arancibia y José Ignacio Stark, pero el rating baja.

A las 10 de la noche, los influyentes twiteros son todos como amigos.  Mario Waissbluth conversa con Véliz-Mesa. La cultura entretenida. Algunos miran fijamente a la periodista de CNN Chile Marlen Eguiguren. Otro objeto de deseo de la noche es Paola Berlin y una belleza chilena tentadora llamada @Tainitoon. El twittero, normalmente, es fogoso en silencio. Son años de represión que explotan con los grados alcohólicos. Nicolás Copano se pasea con su novia. Es linda.  De pronto, entra Marcela Sabat, la diputada. Nadie la saluda. Todos la miran. Algunos se alejan. El tipo de "C.Q.C." la mira con deseo profesional: ya salvó la noche. La diputada es abordada por algunos tuiteros. Ella les pregunta a cada uno: "¿Tú me odiai?", y casi nadie la odia, excepto un par. Son de provincia. Varios han viajado horas para estar aquí. 

Los desconocidos más esperados de la noche son @elquenoaporta y @elpulento. El primero no dice su nombre real. El segundo, famoso en la red social por sus chistes desde el personaje de Dios, resulta ser un estudiante de publicidad de la UDD, rubio, callado y abeceuno, de 21 años, llamado Camilo Bravo.

Cada vez hay menos mujeres. El twittero medio ebrio es revoltoso y pegote. Algunos se encaran tuiteos mala onda del pasado. "A ver, dímelo en la cara", se dicen. Otros preguntan: "¿Por qué me bloqueaste?". Un par de chicas se arañan el rostro, pocos se enteran.

Se producen emotivos encuentros. Gente que sólo se había visto en avatares, hoy puede abrazarse, como Eugenio Tironi con los ministros de Piñera presentes, o Carlos Zárate con casi todos. Daniel Fuenzalida, llamado coloquialmente "Huevo", hoy, @exhuevo, rehabilitado y delgado, se abraza frente a las cámaras con el menor de los Copano. Nos enteramos que tenían un asunto pendiente. Un chiste duro, eso fue.

Es medianoche y los garzones cierran el bar y guardan las botellas. La señal indica que la fiesta, aquí, terminó. A los que no actuaron hoy ya los hemos olvidado. La noche de los twitteros influyentes termina en un bar con onda de Bellavista, bailando cueca-rock y brindando con champaña. No sabemos muy bien por qué. El twitter-set ya habla del próximo y exclusivo encuentro cercano. Mañana, las caritas en el timeline tendrán alma.      

La pregunta que se hacen casi todos es una sola: ¿la influencia de un twittero está determinada por la cantidad de seguidores que tiene? La respuesta es un no casi absoluto.

En tres décadas pasamos del jet-set al twitter-set: supuestamente poderoso pero sin dinero. Tan solo el poder de la palabra bien usada.

Ser un rostro de la televisión no te hace más influyente que un cabro chico nerd y cesante que vive encerrado en su pieza, por ejemplo.

 


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