ARTES Y LETRAS

Domingo 9 de Noviembre de 2003

ENTREVISTA. Juan Subercaseaux:
Atmósferas mágicas

Misterio y oficio caracterizan estas pinturas, expuestas en galería Isabel Aninat.

CECILIA VALDÉS URRUTIA

Una mujer que flota en las nubes mientras un barco se pierde en el mar, un avión que parece detenerse en el cielo; un pequeño bote semiiluminado en medio del océano o una vieja casona en la que se encienden sólo algunas piezas, que esconde toda una enigmática vida, constituyen algunas de las misteriosas y sugerentes atmósferas del pintor Juan Subercaseaux.

El exitoso ex publicista (nacido en 1943), uno de los dueños de la prestigiada agencia BBDO, dejó ese mundo por el arte. "¡Vendí todo. Quemé las naves!.. Lo había pensado bastante tiempo antes, pero como tenía muchos niños, por entonces viudo me era difícil...", nos cuenta. El resultado de su valiente opción, de sus últimas pinturas - que incluso lo llevó al extranjero a perfeccionar la técnica- lo exhibe en galería Isabel Aninat.

Una singular magia inunda esas obras. Su abuela, la legendaria espiritista Ximena Morla lo marcó en ello. Desde niño vivía en un mundo extraño, mágico, en el que pasaban y se veían cosas inusuales. Sus primeras pinturas tenían que ver con cuentos de campo y leyendas: "dibujaba a personas arriba del techo. Ese aspecto hoy lo veo y siento en todas partes. En ese asunto medio poético, espiritual, en aquello que está detrás de lo que uno ve".

Esa abuela - la misma cuyos diarios de vida le sirvieron de inspiración a Isabel Allende para la "Casa de los Espíritus", según reconoce- lo condujo también definitivamente a la pintura. Ximena Morla fue artista y autora de uno de los Vía Crucis más lindos pintados en Chile, según se sabe, en el fundo familiar de Maule. "Como me interesaba lo que ella hacía, me regaló muchos cuadros - agrega el artista- . Algunas pinturas mías como aquella del Padre Hurtado la veo como pintada por ella, con esas aureolas, con ese niño junto al padre, en una actitud semiescondida".

Pintor de luces

Subercaseaux se pasea por su trabajo de impecable y riguroso hacer, que nace de sus bocetos realizados a la manera renacentista y que también expone en galería Isabel Aninat, dando cuenta de su talento como dibujante. Surgen otras pinturas como una de sus preferidas: el onírico y aún metafísico "Aviador presintiendo la muerte en el mar". Está ese edificio monócromo y "magrittiano" de la calle Mosqueto o el "Balcón roto" frente al mar. Abundan los atardeceres y paisajes sombreados. En estos y otros recurre al uso de la luz artificial, sea en habitaciones o en las luces que se vislumbran dentro de un barco o un bote... "Me gusta trabajar con luz artificial - señala- . También en otras obras (como en una de sus numerosas marinas, que le seducen "por lo incierto que representa la presencia de un barco, sea la partida, la muerte o la vida) juego con la luz fría que viene de luna, y con luz cálida".

Pero en sus paisajes, sean urbanos o a campo abierto, recurre a la invención. "Aunque puedo tomar ciertas realidades que recreo, como el Santiago antiguo, algunos aspectos del puerto de Valparaíso, y en pinturas que podrían corresponder al extranjero incorporo el campo chileno, como Pichidangui".

Técnica renacentista

Juan Subercaseaux trabaja con extrema minuciosidad cada pintura, con la técnica renacentista que le enseñó en Austria el gran maestro Ernst Fuchs, "cuya gracia es que uno pinta primero las luces, entonces, las primeras sensaciones cuando aún las obras están en proceso son las manchas de color... Lo que uno ve es lo que la luz hace con las formas". Puede dedicarle seis años a un cuadro, aunque hace varios a la vez. "Pero me interesa el oficio para lograr una atmósfera unida que transmita mis ideas y emociones. Y para ello hay que pintar veladuras. Trabajar capa por capa. Hago varias capas de pintura". El logro estético y la belleza le interesa sólo "en cuanto a producir una cierta paz en lo que uno ve y transmite", dentro de su surrealismo figurativo.

Subercaseaux busca detener la emoción de sus personajes y los captura en la atmósfera como de un viaje suspendido. "La soledad y el silencio los veo como un misterio", añade. Lo metafísico, el desgarro caracterizan, asimismo, su propuesta. Está influido por Magritte. "Por él empecé a pintar, pero después uno empieza a fijarse en pintores más pintores, como Rembrandt y Vermeer. Y dentro de los surrealistas aparece el belga Paul Delvaux. Hoy me siento más cercano de Pierre le Roy. Él trabaja la desproporción como yo, con mis figuras enormes, botes o cisnes en el paisaje. Pero alguien clave es Daskam. És muy agudo y tiene un oficio y una inteligencia en la pintura difícil de encontrar. Me dio a conocer detalles técnicos que han sido esenciales".



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El tratamiento de la luz y su singular técnica renacentista caracterizan sus obras. Óleo y témpera sobre panel. El artista busca lograr una atmósfera que transmita sus ideas, emociones y mundo mágico.
El tratamiento de la luz y su singular técnica renacentista caracterizan sus obras. Óleo y témpera sobre panel. El artista busca lograr una atmósfera que transmita sus ideas, emociones y mundo mágico.


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