ARTES Y LETRAS

Domingo 5 de Febrero de 2012

Pensamiento Ganador del concurso de ensayo:
Hugo Herrera advierte sobre los peligros del cientificismo

"Naturaleza y religión" fue el tema de la quinta versión del premio que otorgan el Goethe Institut, la Universidad Diego Portales y "El Mercurio". Se publica el libro ganador, "Más allá del cientificismo", donde Herrera escudriña en los riesgos que implica, para nuestra cultura, entronar a la ciencia en desmedro de otras formas de comprensión.  
Daniel Swinburn "El género del ensayo, sostiene Hugo Herrera, puede servir a los filósofos, como yo, como una advertencia, en el sentido de que no debemos perder de vista que la fecundidad de nuestra investigación depende también del significado e importancia de las preguntas que dirigen nuestra vida académica. Pues el género ensayístico nos obliga a preguntarnos: todo ese conjunto de problemas eruditos que investigamos, ¿tiene alguna relevancia existencial? Sólo si la tiene puede, de ahí, emerger un ensayo".

El ganador del concurso de ensayo contemporáneo expresa así su amistad con el género y su vigencia para establecer una conversación con la cultura contemporánea. Hugo Herrera Arellano (38) es filósofo, abogado e investigador, doctor en Filosofía por la Universidad de Würzburg, Alemania, y Licenciado en Ciencias Jurídicas de la Universidad de Valparaíso. Entre sus múltiples publicaciones destacan los libros "¿De qué hablamos cuando hablamos de Estado? Ensayo filosófico de justificación de la praxis política" (2009); "Verdad y práctica. Cinco ensayos sobre la fundamentación de la praxis" (2000). Es profesor de Filosofía Moderna de la Universidad de los Andes y de Teoría Política en la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso.

-En la introducción a "Más allá del cientificismo" usted se refiere con nostalgia a la pérdida de un mundo, aquel que quedaba fuera del mundo objetivo y medible: el de lo trascendente e indeterminado. ¿Qué importancia tiene esta primera experiencia de su niñez en la motivación de su pensar filosófico?

"Casi completa. Todos mis intentos de elucidar problemas filosóficos emanan de mis preocupaciones infantiles. Decir 'todos somos filósofos' no es un mero cliché para cautivar a la audiencia, siempre que se haga una importante precisión: 'Todos, de niños, somos filósofos'.

"Los niños saben filosofía, pues la filosofía es un preguntar que surge del asombro. Ella muere, en cambio, con la jactancia de las supuestas seguridades de los adultos. Quienes más se asombran y desde su asombro preguntan son los niños. Al menos eso es lo que me pasaba de niño: preguntaba desde el asombro.

"Recuerdo aún el vértigo que me producía pensar en los límites del universo. Si lo limitaba, ¿qué había entonces afuera del universo? Si lo dejaba infinito, ¿cómo concebir, cómo abarcar en conceptos esa idea? Hay un momento en la vida en el que la mayoría de las personas dejan de hacerse preguntas como esas y así el mundo pierde una parte esencial suya: su misterio e intensidad".

-Tambián afirma que dirige este ensayo a debilitar en algo la hegemonía que la comprensión del mundo objetivo de la ciencia, que nos viene marcando desde la infancia en todos los aspectos de la vida. ¿Dónde pone usted la debilidad esencial del discurso científico o de la ciencia?

"La ciencia es un gran invento de la modernidad. Quien quiera desconocerlo, debiera ser capaz de esgrimir muy buenos argumentos. Yo prefiero ir al médico a que me trate con ciencia cuando estoy enfermo. El problema comienza, por decirlo sencillamente, cuando el científico moderno o quienes lo rodean, motivados quizás por el éxito de sus investigaciones, pretenden erigir a la ciencia natural en criterio de conocimiento, excluyendo o soslayando otras formas de comprensión humana. Porque la ciencia natural avanza al precio de excluir aspectos del mundo, como su sentido o su estética, que son precisamente constitutivos de la experiencia humana más originaria. En consecuencia, si se sostiene que la ciencia es el único modo de conocer o el principal, entonces tendremos que estar dispuestos a dejar a un lado esos aspectos de sentido. No es la ciencia natural como forma de praxis, entonces, lo que critico, sino el cientificismo; o sea, el intento de elevar su método, que es reductivo, a criterio universal del conocimiento".

-A pesar de la crítica filosófica hecha por importantes pensadores en los últimos 200 años, el discurso científico sigue ganando espacio y prestigio en nuestra cultura, o por lo menos no retrocede.

"La fortaleza de la ciencia emana de su eficacia. Podríamos decir enfatizando, que la ciencia moderna no es sino una técnica de organización de las actividades del investigador, destinada a lograr su mayor efectividad posible. Para conseguir esa eficacia, esa técnica deja a un lado todos los aspectos de la vida que no se dejen comprender como objetos corporales. Sin embargo, yerra quien vea en la ciencia un mero aparataje inerte. Pues ella es movida por un interés, vitalizada por un 'espíritu': el afán profundo por volver calculable, previsible y controlable el mundo que nos rodea. Ya Nietzsche se dio cuenta de que el motor de la fe en la ciencia es el temor a lo indeterminado, al misterio de la existencia, que se busca dominar, o al menos soslayar o evadir.

"O sea, habría que distinguir la fortaleza fáctica del proyecto científico-natural, respecto de su fortaleza teórica. Si en la práctica se ha impuesto, ello no lo hace ni un ápice más fuerte en la teoría, y, al contrario, cabría decir -aunque esto es un poco malicioso- que su fortaleza fáctica es la expresión elocuente de su debilidad: del temor que en definitiva la mueve".

-Lo que lo motiva a escribir este ensayo es la constatación del silencio de Dios y la pérdida de sentido en el mundo actual. Por favor, exponga en una breve reseña la tesis de su ensayo ganador.

"En la medida en que la comprensión científico-natural del mundo se ha vuelto dominante, se nos ha dificultado el paso hacia la trascendencia desde la cual descubrimos y donde se hallaría la condición del sentido de nuestra existencia. La ciencia segrega aspectos constitutivos de nuestra experiencia originaria, tales como su sentido, su estética, su misterio, su trascendencia. Toda nuestra comprensión del mundo supone, por ejemplo, un cierto "lugar" desde el cual comprendemos. Para comprender algo -a una cosa, a una persona, a una actividad- debemos emplazarnos en cierto modo más allá de ellas. Para que pueda estar, por un lado, lo comprendido y, por otro, el sujeto que comprende y su actividad comprensiva, debe haber un "más allá" desde el que la actividad tiene lugar. A ese "más allá" lo llamo trascendencia. Esa trascendencia existe, pues sin ella no habría comprensión alguna. Seríamos como las cosas, que son, pero que no logran la distancia necesaria para comprender. Pues bien, la ciencia natural no es capaz de estudiar esa trascendencia, porque aquella sólo estudia cuerpos perceptibles sensiblemente y la trascendencia claramente no es uno de esos cuerpos. En consecuencia, si se eleva a la ciencia natural, que es un modo parcial de conocer, a criterio de conocimiento, perdemos la capacidad de alcanzar, precisamente, esa trascendencia. Algo similar pasa con el sentido, la estética o el misterio de nuestras existencias: no cabe en la ciencia y se lo soslaya al asumir que sólo en la ciencia conocemos.

"La paradoja consiste, empero, en que la ciencia natural, no obstante que prescinde del sentido de la existencia y de la trascendencia, los supone: pues la ciencia es también, como actividad, una búsqueda práctica. Y como comprensión, se realiza desde la trascendencia comprensiva. El cientificismo, elevar la ciencia a criterio único de conocimiento, es así contradictorio: deja en un cierto no-ser, a la vez que supone trascendencia y sentido".

-¿Sirve el género del ensayo para exponer su pensamiento filosófico?

"Depende de cómo se lo emplee. Un investigador en filosofía que exponga todos sus resultados por la vía de ensayos, probablemente, no podrá dar cuenta adecuadamente de problemas muy específicos. Y, salvo que se trate de un Montaigne o alguien así, sus obras terminarán siendo estériles. Porque la comprensión rigurosa, no digo de las grandes respuestas, sino al menos de las grandes preguntas, exige también un conocimiento de los detalles y especificidades que sólo pueden abordarse en formatos de alta especialización, como los llamados artículos en revistas de corriente principal. Pero, una vez hecha cierta investigación más erudita, y justamente para tratar cuestiones amplias y fundamentales, el ensayo es un formato inigualable de exposición del pensamiento filosófico, pues permite adentrarse con soltura, y con la seguridad de que esa soltura será bien recibida o incluso agradecida por el lector, en materias de registro más amplio".

"La ciencia natural avanza al precio de excluir aspectos del mundo, como su sentido o su estética".

 


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Hugo Herrera se doctoró en filosofía en Alemania.
Hugo Herrera se doctoró en filosofía en Alemania.
Foto:ANDREA ROBLES


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