WIKÉN

Jueves 8 de Noviembre de 2001


Mirando a El Mirador

El programa de TVN conducido por Patricio Bañados nunca había obtenido tanto rating como en esta temporada. Las posibles razones de su éxito, en este seguimiento al trabajo detrás de las cámaras.
Ernesto Garratt V.

A pocos kilómetros de Pelequén, una iglesia de campo espera visitas. Es mediodía y el sol quema. Pero dentro del recinto religioso reina la humedad, la sombra y el deterioro. "Debe tener unos doscientos años", calcula al ojo el padre José Miguel Ortiz, párroco de Pelequén, mientras una cámara de "El Mirador" lo comienza a seguir dentro de la iglesia.

En fila india, detrás del camarógrafo va un técnico, el periodista responsable del tema, Vicente Parrini, y otros miembros del equipo, todos reporteando las festividades de Santa Rosa de Pelequén y la religiosidad en esta zona rural. Los pasos del párroco son rápidos. Sin embargo, a cada sorpresivo cambio de posición (que son varios) que lleva a cabo, la cola detrás la cámara, una verdadera cuncuna humana, sabe moverse apropiadamente para no salir en el cuadro.

"Ni Tarkosvky se hace este plano secuencia", dice satisfecho el camarógrafo Alejandro Mancilla al terminar la toma sin ni un corte. Vicente Parrini recoge el guante: "Sí, nadie se lo hace".

El ánimo es bueno. Es uno de los primeros días con sol desde que comenzaron a realizar este reportaje-documental y atrás quedan las interminables lluvias que "aguaron" las festividades de Santa Rosa, por lo menos para la cámara, y es mejor recordar cómo dos beatas prohibieron al camarógrafo grabar la imagen de la santa porque la estaban vistiendo.

El trabajo de campo

"Ahora parece que la santa finalmente dejó de penarnos", dicen los integrantes de esta comitiva, en rigor, el último equipo de "El Mirador" grabando en terreno en esta temporada: la más exitosa - en términos de rating- en sus once ciclos al aire, con capítulos que han llegado a los 39 puntos.

"Son los propios periodistas quienes editan sus temas. Además dirigen y por eso acá les llamamos realizadores... y a los reportajes, derechamente, documentales", explica Alberto Gesswein respecto de un esquema único en la TV local: un periodismo con un claro punto de vista autoral y hasta artístico.

Gesswein, periodista... o, más bien, realizador, es también la cabeza del nuevo equipo de investigadores que debutó este año en el organigrama de "El Mirador": seis reporteros dedicados exclusivamente a la labor de recabar información.

Sobre esta nueva área el editor del espacio, el también realizador Ricardo Astorga, indica que "la fuerza de la investigación se ve en la TV de afuera. Y más que investigación yo hablaría del trabajo de campo; es decir, salir y encontrar qué emociones es posible extraer, por ejemplo, de (la calle) Franklin y en los blocks", ambos documentales ya emitidos esta temporada.

Astorga es reacio a la hora de señalar una única causa que explique el alto rating de este ciclo. "Estoy preocupado. Es demasiado", ironiza. "Pero hay razones externas, como que la teleserie está con 50 puntos. Sin embargo, espero que también se deba a una madurez, a este trabajo de campo y a la incorporación de nueva gente".

Este año los investigadores del programa han visto, en distintas etapas de desarrollo, unos 40 temas. "Pero la gran mayoría no ve la luz". Un tema puede agrupar doscientas páginas de entrevistas, que hay que reducir a un guión de 25. "Se trabaja sobre un preguión, pero yo dejo siempre que la realidad se imponga", subraya Parrini.

El corte final

Alejandra Toro, colorina periodista de "El Mirador", maneja una moderna editora Avid en TVN para dejar listo su último documental: un viaje al Tíbet que hizo junto a un grupo de chilenos a inicios de año.

"Cada realizador tiene su propio estilo, pero yo siempre trato de romper el mío, de no aplicar una fórmula". Si en el documental de los blocks, que dirigió con anterioridad, no fue para nada la protagonista y "dejó que la cámara hablara por sí misma", ahora Alejandra pretende salir en pantalla y relatar mediante la voz en off lo que vivió en el Tíbet. "Para que no quede una cosa muy exótica, muy lejana".

Sea como fuere, la cercanía y la identificación parecen conducir los pasos de los documentales de "El Mirador". "Nos interesa mostrar la diversidad y el Chile oculto, a las personas verdaderas, pero sin una mirada paternalista, sino que más bien súper horizontal", sigue Toro.

Desde Pelequén, Vicente Parrini aporta: "Antes de ingresar al programa, y como simple espectador, creía que se trataba de pitucos haciendo turismo aventura en el mundo popular". Pero esta percepción cambió luego de su fichaje hace cerca de nueve temporadas. "Si uno quisiera, la cebolla se podría picar finito. Pero eso es jugar para el rating y no es la idea".

Esta apuesta por un punto de vista "personal" ha traído inconvenientes con TVN: el año pasado, un tema sobre los detenidos desaparecidos de Alejandra Toro causó molestias y su fecha de emisión fue cambiada.

"Las negociaciones con el canal son mucho menos de lo que se piensa desde afuera", informa Astorga. "Pero siempre existe un ellos y un nosotros. El trabajo es tratar de hacer que las mesas sean redondas, no cuadradas y de que lleguemos siempre a un acuerdo... pero sin censurar".

Después de más de una década en el aire, los nuevos aires son requisito para seguir. ""El Mirador" es un programa que hay que amasarlo todos los años. Tiene que sorprenderte. Cambiar. Y profundizar", dice el editor.

"Si este año Vicente (Parrini) investigó a Santa Rosa, el próximo podría mostrarme a San Sebastián. En primera persona y él mismo sintiendo los flechazos".

Qué onda

El 31 de octubre "El Mirador" obtuvo el reputado Premio Ondas: galardón español otorgado por el grupo Prisa, por el "conflictivo" capítulo de los detenidos desaparecidos del año pasado: "Quiero llorar a mares", dirigido por la periodista Alejandra Toro. Los premios Ondas reconocen a las mejores producciones españolas y extranjeras en TV y radio y "El mirador" fue el único espacio latinoamericano laureado en esta edición.




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METROTREN AL SUR  El camarógrafo Alejandro Mancilla y el realizador Vicente Parrini graban el metrotren llegando a Pelequén, y luego entran a la iglesia del pueblo.
METROTREN AL SUR El camarógrafo Alejandro Mancilla y el realizador Vicente Parrini graban el metrotren llegando a Pelequén, y luego entran a la iglesia del pueblo.
Foto:Orlando Barría


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