REVISTA YA

Martes 12 de Febrero de 2002


Ignacio Walker: el abandono familiar en la vida política es tremendo

No tiene motivos para estar contento. Ha sufrido grandes pérdidas políticas y también humanas. Sin embargo, los genes, su fe y una personalidad luchadora lo llevan a estar tranquilo, a sentirse feliz por recuperar tiempo con su familia. "Siempre trato de mirarle el lado bueno a las cosas. No sé de dónde, pero saco fuerzas de la adversidad. Veo las luces, no las sombras".
Texto María Paz Lagos V. Fotografías Patricio Valenzuela

Dos derrotas políticas en los últimos meses no son lo que más preocupa a Ignacio Walker. Su balance del año 2001 es bastante negro, y más bien tiene que ver con pérdidas humanas que electorales.

"El golpe más duro no fue la derrota electoral el 16 de diciembre, sino la muerte de mi padre el 17 agosto. Fue una partida muy sorpresiva, era un principio de leucemia, le vino una neumonía y falleció muy repentinamente. Fue un golpe tremendo del cual todavía no me recupero. Por si fuera poco, en noviembre vino la muerte de mi cuñado, Marcos Echeñique, hermano de Cecilia y casado con mi hermana, padre de siete hijos. Éramos como hermanos. Fue una enfermedad muy dolorosa, un cáncer de 4 o 5 años".

- ¿Le apena haber estado en campaña mientras su papá vivía sus últimos días?

"Es, sobre todo, no haber podido sobrellevar un duelo. Nunca había sentido esa necesidad vital, fundamental. Recién pude ir a la tumba de mi papá después de la elección. Fui con mi hija Elisa y con Ignacio. Después estuvimos en Curicó, en un campo que a él le encantaba".

Describe a su padre como un hombre vital, de personalidad fuerte. "Era la rectitud moral, el hombre emprendedor, el empresario, el abogado, el quijote, porque armó empresas en Aysén, Curicó, su vida fue una vorágine".

- Vinieron todos estos golpes, no se detuvo y, al contrario, se presentó como candidato a la presidencia de la DC. ¿Por qué ?

"Estaba mentalizado ya en un sentido distinto. Entendí que había perdido, que no seguía en el Parlamento, que tenía que buscar trabajo, estaba recuperando a mi familia. El abandono familiar en la vida política y parlamentaria es tremendo. Era como mi único sentimiento de culpa. Entonces, lo único que estaba haciendo en política era una instancia de reflexión a la que nos autoconvocamos personas tan diversas como Andrés Palma, Gabriel Ascensio, Eduardo Saffirio, Jorge Burgos, Zarko Luksic, Patricio Walker, Sergio Micco, Felipe Sandoval, Claudio Orrego, Cecilia Valdés, en fin. Son realmente las cuatro mejores conversaciones políticas que he tenido en diez años. De repente se nos iluminó la mente y decidimos armar esta alternativa".

- ¿Qué va a hacer ahora tras esta nueva derrota?

"No tengo idea y me preocupa. Estoy un poquito asustado. De repente me desvelo en las noches, yo necesito pega el 11 de marzo y no la tengo. Tengo claro que me quedo en Chile, a pesar de que tuve tres ofertas para irme a trabajar a Estados Unidos en universidades, en organismos multilaterales. Segundo, quiero dedicar tres años a la reflexión, siempre con miras a influir en política, pero desde la sociedad civil. En tercer lugar, creo que mi vida va a ir por el lado de consultorías con organismos internacionales y docencia. Ya acepté volver a hacer clases en el magíster de Ciencias Políticas de la Católica".

- En estos últimos años, ¿cómo vivió los costos familiares que implica la carrera parlamentaria?

"En la ausencia prolongada. Yo representaba a la Quinta Región interior, trabajaba en Valparaíso los martes, miércoles y jueves. Dormía en Santiago algunos días. Es ver a los niños que están creciendo y a lo mejor uno no los ha acompañado como hubiese querido. Soy de familión, el mayor de nueve hermanos, y sentir que uno no ha estado en lo que más quiere, que es la familia, lo he sentido como un remordimiento. Ellos me han acompañado siempre, sin ninguna queja, pero la culpa está. A mí me han hecho falta tremendamente y siento que les he hecho falta a ellos".

- ¿De qué manera han logrado mantener la estabilidad, siendo la carrera de Cecilia también bastante pública?

"Primero, con mucho amor. Si no hay mucho amor, la familia se rompe, no resiste ese training de vida. Ha sido con mucha generosidad y apoyo mutuo. Los tres niños aprendieron a ser independientes muy tempranamente. He apoyado a la Cecilia con toda su carrera artística y ella me apoya con todo. Nos queremos, los niños también apoyan, y la Isabel (nana), que es como la segunda mamá, lleva 13 años con nosotros y ahora le acabamos de regalar un pasaje a Nueva York para celebrarlos".

- Siendo tan aclanado, ¿por qué se convirtió en uno de los impulsores de la ley de divorcio?

"No soy divorcista, no ando promoviendo el divorcio. No soy del partido del divorcio, soy del partido de la familia, pero como cristiano y en su momento como legislador, tuve que hacerme cargo de las familias que han experimentado el dolor y a veces el drama de una ruptura matrimonial".

- ¿No entró en contradicciones vitales siendo católico practicante?

"No, nunca. Hicimos un discernimiento comunitario y un discernimiento personal como laicos, en conciencia. Y frente al cuadro de mentira y fraude en que vivimos hace 50 años, vino una rebelión ética fundamental y llegamos a la conclusión de que había que dictar una nueva ley de matrimonio civil, que incluyese el divorcio vincular como un régimen de excepción con los debidos resguardos. Es un mal menor, porque el divorcio es un mal y en ese sentido discrepamos de las posiciones más liberales, que ven en esto una especie de derecho individual en busca de la felicidad".

- ¿Qué significó para usted el proceso de separación de sus padres?

"Eso fue una etapa de sus vidas y después se volvieron a reunir. En algún momento hubo un conflicto y una separación temporal que nosotros mismos recomendamos. Fue un proceso muy bonito, nos hizo crecer tremendamente, obviamente nos afectó, pero tuvo un final feliz. Esa fue una experiencia que demuestra que hay que luchar por la familia, por el matrimonio y lo tenemos absolutamente asimilado".

- Siempre aparece sonriente, como que no le entraran balas. ¿Hay algo que lo haya deprimido realmente?

"A veces me bajoneo. De hecho, cuando perdí la elección de diciembre, la Cecilia me decía: Oiga, llore, no sé, quiébrese y la verdad es que estaba muy tranquilo. Sabía que habíamos hecho todo. Creí que ganábamos, me bajoneé un poco, pero soy irremisiblemente optimista y a mí me anima la esperanza cristiana. Según muchos, soy muy ingenuo, pero ingenuo significa noble, generoso, lo que no es tan terrible. Siempre trato de mirarle el lado bueno a las cosas. No sé de dónde, pero saco fuerzas de la adversidad. Veo las luces, no las sombras".

- ¿Y le importó que no le dieran un ministerio?

"Me habría encantado estar en el gabinete político del presidente Lagos, para influir desde dentro. Faltan definiciones económicas, sociales, políticas, culturales, en muchos órdenes de cosas. No estoy de acuerdo con Guido Girardi en que hemos tenido dos malos años. Hay estabilidad política, hay paz social, hay crecimiento económico, aunque podríamos haberlo hecho mucho mejor si hubiera habido medidas concretas en el campo de la reactivación, de la generación de empleo, de destrabar lo que impide a los empresarios iniciar actividades económicas".

- Ahora que estará más alejado de la política ¿le gustaría que alguno de sus hijos continuara la tradición?

"Sí, pero no haría ninguna insinuación al respecto".

- ¿Qué pensaba cuando su hija Elisa era modelo?

"Mira, nosotros somos súper respetuosos de las opciones de cada uno. A los 14 años, la Elisa quiso probar eso. Le atraía esta cosa de aflorar su personalidad, de saber cómo usar su cuerpo. En fin, estuvo dos años en eso y sin ninguna presión, decepcionada, lo dejó".

- ¿Y si hubiera hecho del modelaje una carrera?

"Eso era más complicado, pero nosotros conocíamos a la Elisa. Yo sabía que no iba a ser para siempre. Después tuvo un giro total a lo social, a lo político en el mejor sentido. Entró a Derecho en la Chile, donde yo también estudié, le fue súper bien el primer año, está pololeando y feliz. Además, fue Best Georgian y ahí lloré todo lo que no había llorado. Para mí, ser Best Georgian en Chile es más que ser Presidente de la República".

- En el caso de su mujer ¿le gusta la faceta sensual que ha explotado?

"Sí, me encanta. Me encanta, porque le nació naturalmente. No fue para decir cómo vendo más. Yo sé que le nació muy desde adentro. Claro, escucharla cantar canciones acerca de la dulzura de tu sexo y la sal de tu sudor, verla moverse y bailar en el escenario al son de estas letras, me encanta".

- ¿Qué le provoca?

"Más amor, más cariño. Me fascina cuando a la Cecilia le va bien, porque es un camino tremendamente difícil. Ser artista en Chile en un cierto medio social, cantante popular, no es fácil, no es aceptado así no más".

- ¿Cree que ser "niñitos lindos" y de buena familia influye en contra muchas veces?

"A cada rato lo vemos en nuestras vidas".

- ¿En qué sentido?

"Hay mucho resentimiento, mucho complejo, mucha ironía en alguna gente, tácita o explícita, eso está ahí, en el medio artístico y en el político. Esto del Walker y la Echeñique, la pareja linda entre comillas, porque no somos ninguna pareja especial, nos queremos mucho y ésa es la clave de nuestra vida, lo proclamamos a los cuatro vientos, pero Chile es un país complicado en ese sentido".

- Dicen que cuando era estudiante trataba de mantener un bajo perfil.

"Puede ser que entre los 16 y los 19 años, por ahí, haya habido en mí una especie de cierto complejo o cierto esconder el medio del que uno viene. Después descubrí que lo podía pasar muy mal. Uno tiene que ser auténtico y debe sentir libertad interior. Yo soy lo que soy. Nací en la clínica Santa María, me casé en Zapallar con la Cecilia Echeñique, estudié en el Saint George, y qué le vamos a hacer, en buena hora no más y si no le gusta a alguien, peor para él".

quién es:

Capricorniano, nació el 7 de enero de 1956. Estuvo doce años en el colegio Saint George y en 1974 entró a estudiar Derecho a la Universidad de Chile. Se casó el 22 de marzo de 1980 con la cantante Cecilia Echeñique y tienen tres hijos: Elisa, Ignacio y Benjamín.

Recién titulado en 1978 y hasta 1982 trabajó en la Vicaría de la Solidaridad como abogado de derechos humanos. Es de familia política; su abuelo Horacio Walker fue senador y su madre, Sally Prieto, regidora.

Doctorado en Ciencias Políticas de la Universidad de Princeton fue profesor de magíster en la Universidad. En 1990 se convirtió en asesor político del presidente Patricio Aylwin y desde 1994 a la fecha es diputado por la Quinta Región Interior. El 16 de diciembre de 2001 perdió su opción de ser senador y el 26 de enero de 2002 tampoco fue elegido como nuevo presidente de la Democracia Cristiana. Para los próximos años planea influir en política desde la sociedad civil.

Cecilia Echeñique:

"no le temo a las derrotas"

Siempre al lado de Ignacio, su esposa cantante siente que la clave de su matrimonio ha sido respetar el camino propio y compartirlo.

"Ignacio está muy presente en mi vida, se mete, opina, como yo también estoy presente en la vida de él. Somos una pareja de amigos, más que de matrimonio. Asumo mi apoyo hacia él con felicidad. Indudablemente que ha habido costos, la vida de un político es ingrata, porque se le reconoce poco en sus logros y se le critica mucho, pero los volvería a pagar".

- ¿Cómo ha vivido las recientes derrotas políticas de su marido?

"Indudablemente que duele cuando has visto un esfuerzo tremendo detrás. Creo que siempre los momentos duros ayudan a unir o desunir. En nuestro caso, yo creo que a unirnos más. Soy de la filosofía de que si uno hace la tarea bien y así y todo la cosa no da el resultado que uno espera, es porque el camino va por otro lado. No le temo a las derrotas".


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"Escuchar a la Cecilia cantar canciones acerca de la dulzura de tu sexo y la sal de tu sudor, verla moverse y bailar al son de estas letras, me encanta".
Foto:Patricio Valenzuela


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