ZONA DE CONTACTO

Viernes 16 de Noviembre de 2001


Z! true chilean story: cómo echaron a Enrique Symns de The Clinic

Enrique Symns acusa. Pablo Azócar lo apoya. Y "The Clinic" se defiende. Alguien podrá decir que esto es puro cahuín de vieja gorda. Puede ser. Pero también, claramente, aquí alguien está mintiendo. Que nadie se enoje. Disfruten.

Argentino. Viejo. Autor de la biografía de Fito Paez. Fundador de la revista contracultural por excelencia, "Cerdos & Peces". Prócer del Liguria. Enrique Symns apareció en "The Clinic" hasta julio de este año. Lo echaron silenciosamente. Silenciosamente, hasta ahora.

La bronca:

"Una de las cuestiones que quedaron más brumosas en mi despedida de The Clinic es que no me dejaron despedirme de mis lectores. Yo tengo una gran cantidad de lectores que me siguen, y muchos siguen creyendo que todavía estoy allí. Cuando pasó todo, el único incorruptible de esa revista que se alineó conmigo fue (el escritor) Pablo Azócar. Él perdió todo por mí. No solo el Pato Fernández me traicionó. Me traicionaron todos los que fueron mis compañeros. Me dejaron ir, bajando la cabeza. Yo no pretendo conseguir nada con esto, sólo quiero que quede la verdad. Quiero que todos se enteren por qué no estoy en ese medio. Ya no quiero dinero, solo quiero que no sigan usando las ideas y secciones que son mías. Que me indemnicen, claro que me gustaría, pero no tengo ninguna prueba. Trabajé en 50 números y no valió de nada. Los odio y siento dolor, es lo peor que me puede haber pasado."

Las razones:

"Jamás se reconoció legalmente mi (parte de la) sociedad en la revista. Y jamás se reconoció porque era una sociedad de facto. Nunca firmé ni siquiera una servilleta. Fernández me dijo que no era necesario. Me dijo: 'Esto no es una empresa, nosotros somos de palabra', y bueno, yo creo en las sociedades de palabra. Él hizo un fraude muy difícil de demostrar, porque no hay papeles. Nunca firmé nada, pero tengo testigos como Roberto Brodsky y Pablo Azócar de que yo fui socio de la revista."

Los comienzos:

"Yo conocí al Pato Fernández en una fiesta en 1999. Me contó que estaba sacando una revista: me la mostró y me pareció una pavada. Me dijo que la estaba repartiendo por internet y que quería venderla en los kioskos. Como yo soy periodista y él no (no hay ningún periodista en esa redacción, excepto Guillermo Hidalgo), lo que hice fue llegar e idear el proyecto. Él y yo nos reuníamos en su casa, recibíamos a los periodistas y los aceptábamos o no. Éramos él y yo, nadie más. Yo me consideraba un co-director, no un empleado. Yo inventé la revista, inventé todos los suplementos, lo que además me dejó sin trabajo en casi todos los medios, porque acá (en Chile) no hay humor. Yo jamás quise luchar contra los medios."

Los problemas

"Pero me fueron acorralando con el tiempo hasta que finalmente decidieron que (mi trabajo lo) continuara Pablo Azócar. Él siguió (mi línea periodística), pero también lo forzaron y finalmente quedó en manos de los alumnos en práctica. Y ése era el plan que tenían desde el comienzo. Que nosotros generáramos el esquema, producirlo y después echarnos. El Pato de entrada no quiso jugar conmigo."

Las platas:

"¿Vos sabés cuánto cobraba? Empecé cobrando $150.000 por mes. 250 mil fue lo más que llegué a ganar. El primer número (Fernández) me pagó con un sombrero, para que veas cómo era. Cuando yo me siento echado, pido tres millones para irme. Fernández aprovecha ese momento y se ríe. Cuando dejo la revista, llego a un grado de pobreza absoluta, no tengo ni para comer, me echan de mi departamento. El que me compra comida es Azócar y Fernández sabe todo esto y me da la patada. Finalmente me da un millón de pesos que tengo que aceptar, lamentablemente, para que no me aparezca más en la redacción y diga que renuncio a todo. En diciembre del año pasado le entrego todo el material que publica hasta marzo. Me hace firmar un papel y desde esa fecha no me da más trabajo."

Las mentiras:

"Debo confesar que como no había dinero al principio, tuve que hacer algunos trucos literarios de ficción e inventarlo todo con el consentimiento de Patricio Fernández. Si querés te puedo dar un ejemplo de cómo se hace esa revista. Para un dossier sobre los militares no había material. Entonces le dije a Pato que si quería yo podía inventar todo, y lo hice. Inventé una entrevista a un personaje muy famoso, internacional, Jones, no sé. Este experto que escribe solo en Le Monde Diplomatique. Siempre, cada una de las veces que mentí, Pato Fernández sabía y las puedo enumerar todas. Hay entrevistas falsas a grandes personajes: para el dossier del rock, Lou Reed, David Bowie, al Rumpy, a Timothy Leary y al cantante de los Bersuit Vergarabat, al que le avisé porque somos amigos. Entrevisté a Jean-Claude Frankl, una feminista que decía unas cosas maravillosas, y a Alberto Levín, un experto en artículos de tortura. Casi todo desde el número 5 en adelante es mentira. Se suponía que investigaba, pero no me daban plata ni para ir a La Legua con un grabador. Entrevisté a un famoso sicoanalista que se llamaba Raúl Pirozzi sobre la teoría del miedo. Inventé entrevistas a Walter Benjamin, Noam Chomsky, todo lo inventé. Todas las citas de Nietszche y Freud son inventos míos. Hasta frases de Pinochet he inventado. Y así puedo seguir. Los personajes de La Jungla también los inventé. Tengo una manera de inventar que es imposible que se descubra. Yo acepto ser acusado de inventar las entrevistas, pero el editor siempre estuvo en conocimiento de todo, y si Pato dice que no tenía idea que todo era mentira, nos enfrentaremos con testigos."

Los dueños:

"El día que entré en crisis, les pedí $3 millones y les dije que si no me los daban haría una huelga de hambre y me encadenaría a la redacción. Ahí se juntaron los socios y recién entonces me enteré de quiénes eran: Pato Fernández, Pablo Dittborn (editor de Ediciones B), el señor Mario Lobo, un millonario, y el señor ministro del Trabajo, Ricardo Solari, que tiene un 30 por ciento. (N. de la R: Solari desmintió esta información en La Segunda el 5 de octubre pasado). Al final, aparezca lo que aparezca en la prensa, tendrán que aceptar que la verdad es que el ministro es dueño de The Clinic. Yo no lo sabía. Fue un fraude ideológico, porque nunca hubiera trabajado para el gobierno. Me engañaron, y lo confirmé todo cuando vi la entrevista que le hicieron a Ricardo Lagos, que es la más servil que he leído últimamente."

El ataque final

"Yo creo que a Pato, al darse cuenta de que es un fracaso como escritor, se le acentuaron más sus ganas de ganar dinero. Pero más que eso, de ganar poder. Te puedo asegurar que él tiene un proyecto político. No te digo que no sigan leyendo The Clinic, lo que quiero que la gente sepa es que es un fraude y que los que lo hacen actúan igual que si fueran dueños de Disney, solo que disfrazados de otra cosa. No hay libertad de opinión, excepto con los que estén de acuerdo con el editor."


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir



[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales