EL SÁBADO

Viernes 12 de Julio de 2002


Chile tuday

El Ojo Pródigo

Le metieron cuchillo al programa. Lo abrieron, le sacaron las vísceras y lo convirtieron en otra cosa. Y no sólo porque se fue Nicolás Larraín, dejando a Felipe Izquierdo y a su hermano Fernando a cargo del buque. Mantener al aire el Chile tuday por otro año era (es) una tarea compleja. Al final de la temporada anterior, dio la impresión de que se plagiaban a sí mismos, que las ideas se agotaban o no eran tan buenas como en un comienzo. Se necesitaba de una reingeniería mayúscula. Y la hicieron.

Habrá que evaluar en las siguientes ediciones si la apuesta ­más caótica en su estructura­ es exitosa. Por el momento, la baja de uno de los Larraín se siente. Es como si a los Tres Chiflados le hubieran quitado a Moe. Uno también podría asemejar la situación de los dos animadores con la partida de Willy Sabor, quien pensó que lejos del alero de Kike Morandé podía irle tan bien como al lado suyo. Aunque quizá esta relación sea demasiado injusta para Fernando Larraín y Felipe Izquierdo. Lo que sí es claro es que han sacado el pie del acelerador. Que se han morigerado. Que ya no se mojan el potito como antes. Y eso tiene un costo.

La gran novedad del programa ­y el gran acierto, sin duda­ es la incorporación de un espacio llamado "El gran público". Una mezcla del Gran Hermano y del programa español Quién dijo miedo, en donde diez participantes deben hacer pruebas que demuestran su arrojo ­desde pasearse en bikini por La Moneda hasta comerse unos fetuccini en salsa de escarabajos­, para luego ser votados a través de la línea telefónica.

Un espacio bien logrado, más allá del acento morboso que algunos criticarán y otros aplaudirán. Entrenido, dinámico, por momentos amenazó con comerse al resto del programa. De hecho, "El gran público" podría sostenerse por sí mismo, como un concurso autónomo, más todavía si se considera que el primer bloque del Chile tuday fue soporífero. Los gags de La Nana y los que aparecieron durante el Noticiero ­una parodia de las entregas noticiosas que llegan por el cable desde Miami­ obligaban al bostezo más que a la risa. Además, la copia flagrante siempre tiene sus bemoles. No huele bien. Y no hay que ser muy tevito para darse cuenta de que los "hiphoperos", dos tipos que a través del hip-hop entregan una mirada irónica y dura del acontecer nacional, son idénticos a los "raporteros" del programa argentino Video match, que hacen lo mismo pero a ritmo de rap.

La esencia del programa sigue viva cuando Larraín e Izquierdo se sientan a conversar con sus invitados. Es allí, y en la crítica de medios, en donde aflora la ironía y la agudeza de ambos. Donde hacen reír de forma no premeditada, espontánea, con la irreverencia de turno. O cuando los dos consiguen confrontar sus personajes ­como ocurrió respecto de Tunick­, uno, más liberal y abierto; el otro, algo cartucho, pudoroso y medio fascistoide, pese a apellidarse Izquierdo.


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