REVISTA YA

Martes 23 de Agosto de 2011

 
Elisa Zulueta la dramaturga imprescindible

Elisa Zulueta está en cine, en teleseries, en radio, en twitter. Pero donde más tiene peso esta joven actriz es en teatro. Es la gran promesa de las tablas chilenas con sólo 29 años. Dice que le asustan las expectativas que genera. Pero que quiere hacerlas todas y acumular experiencia. Luego del éxito de "Gladys", prepara dos nuevas piezas.  
Por Natalia Núñez.  Elisa Zulueta (29 años, actriz, soltera) está sentada en su living. Con un chaleco ancho, de lana gruesa, que le abriga las piernas. Se muerde el labio inferior mientras juega con su pelo. Se lo amarra, lo deshace, se arma un moño. Le molesta. Es por el look de su nuevo personaje de la teleserie "Soltera otra vez" de Canal 13. Marjorie, una promotora. O le ponían extensiones o se lo dejaba largo. Prefirió lo segundo.

Lleva puestas las botas de agua, polera negra, jeans pitillo, las uñas pintadas de rojo. La Toyotomi está prendida sobre el piso de parquet, y Elisa que se acerca de tanto en tanto para temperarse. Revisa su iPad, responde mails, muestra fotos. De su pololo, de ella, de su obra "Gladys".

"Gladys", la pieza teatral que la ha encumbrado como la gran promesa teatral de la dramaturgia chilena. Fueron sólo quince funciones. Todas se llenaron. Y la crítica resultó más que generosa.

-La primera función para mí fue como lo más cercano a la úlcera que voy a tener en mi vida. Bajé como dos kilos esa pura semana.

"Gladys" ha sido la revelación teatral del año. Es la historia de una mujer (Catalina Saavedra) que tiene síndrome de Asperger, que vive en Estados Unidos y que vuelve a reunirse con su familia de ascendencia vasca asentada en Chile justo para Navidad.

El día del estreno Elisa despertó temprano. Fue al teatro El Puente a revisar que todo estuviera en orden: los vidrios limpios, el escenario con toda la utilería, y luego partió a comprar unos toy toy, algo así como "regalo-cábala" que le entrega al elenco para que todo resulte bien y sea un éxito. Esta vez, los toy toy fueron animalitos de gelatina que los actores pegaron en los espejos del camarín. Elisa estaba nerviosa. En la sala hizo el montaje, cortó boletos y se fue tras bambalinas.

-Llega un momento en que tú no sabes qué hacer, quieres salir corriendo, tirarte, tú sobras. Es el momento de ellos, los actores.

La obra fue un éxito desde el principio:

-Cuando veía el público en la obra me daba gusto que los actores tuvieran harta gente a quien actuarle. Decía: "Éste es un capricho nuestro con la Antonia (Santa María, su mejor amiga) de hacer una obra de teatro. Todo el trabajo que significaba convocar a actores con demasiada experiencia para que no hubiera nadie en el público hubiera sido un fracaso. Un éxito es tener ese teatro lleno, a esos actores talentosísimos solidarizando con un proyecto. Pero el éxito es una palabra delicada, porque, por ejemplo, hacer las cosas con el objetivo del éxito es situar equivocadamente la meta.

Para terminar de escribir "Gladys" Elisa se fue a Valparaíso durante una semana. Nunca escribe en su casa. Le cuesta concentrarse ahí. Normalmente se va a un café. Se pone los audífonos, música clásica y arroja los dedos sobre el teclado.

Ya tiene dos obras exitosas a su haber: "Pérez" -sobre un papá disfuncional y protagonizada por Luis Gnecco- y "Gladys". Para ambas consiguió un Fondart. Y ya tiene dos proyectos nuevos: una historia de amor en un contexto extremo y el próximo año le gustaría realizar una obra de época, histórica, para la cual ya empezó a investigar.

-A mí me gusta el teatro chico, que el público sienta que está adentro, me gusta lo intimista, no el espectador en la última fila. Y en salas grandes si estás sentado atrás, no ves.-¿Qué espera de su carrera?

-Nada. La veo a súper corto plazo. Poder hacer que "Gladys" la vean muchísimas más personas de las que la vieron. Y que los proyectos que tengo en la cabeza funcionen.

-¿Le asusta el talento?

-No, me asustan más las expectativas. Me asusta lo fácil que uno opina sobre las cosas del resto, me incluyo. Si es que hablamos de susto, cuando estrené "Gladys" tenía pavor de las expectativas que habían quedado de "Pérez", y ahora ya tengo más pavor con lo siguiente que haga. Siento que tengo que estar cuatro veces más preparada que lo que estuve. Para "Gladys" hice una investigación grande sobre todos los temas que yo abordaba en la obra. El tema de los vascos, del Asperger, la familia. Ahora siento que para hacer otra obra tengo que estudiar dramaturgia, estructura. Pero no voy por la vida como una persona talentosa, creo que soy una persona súper aterrizada, y estoy consciente de las cosas en que fallo. 

El padre, un viejo hippie En segundo básico, cuando Elisa tenía siete años -cuando sus papás Laura Yáñez (arquitecta) y Ramón Zulueta (profesor) se separaron- tomó la decisión de que le iba a sacar el jugo al colegio. Se puso estudiosa, se enamoró de la historia, pasaba metida en la biblioteca sacando libros. Entendió que la educación era lo único que tenía. Que la salvación estaba en el conocimiento. Con esa claridad realizó un documental con sus compañeros, se anotó para los talleres de teatro y asumió el hecho de que su mamá no la dejara ver televisión. A cambio, su mamá le entregaba a ella y a su hermana Florencia, fideos para que hiciera artes manuales y ocupara su mente en cosas más creativas.

-Yo no tenía la misma realidad socioeconómica de mis compañeros. Cuando mis papás se separaron, el colegio apoyó mucho a mi mamá y le dio una especie de beca, lo que para mi mamá fue muy tranquilizador. Entonces nos quedamos ahí y, claro, en esa etapa cambiante de los 12 a los 16 años, me sentí rara, incómoda. Tuve momentos en que no lo pasé muy bien, pero también tiene que ver con la edad que estaba viviendo. Cuando uno es niña quiere tener todo medio perfecto, te importa mucho lo que piense el resto. Entonces no sé, si tu papá es más hippie y vives en una casa chiquitita, o si no te vas de vacaciones donde se va de vacaciones el resto, una se afecta. Pero tiene que ver más con la incomodidad de no saber quién es uno.

En el departamento de Elisa hay una foto ochentera. Un cuadro donde aparece su papá, su mamá y ella -guagua- al medio. Está en un muro junto a su clóset. Al lado, otra foto pequeña donde su papá aparece con peluca de payaso. En su página de Facebook hay fotos de él jugando a las cartas con ella o tomándola en brazos. Su padre era profesor. Murió hace cuatro años luego de un cáncer al páncreas. Ella está convencida de que la muerte es parte de la vida. Y que así como le tocó a ella asumir este dolor, también le ha tocado vivir lo mismo a miles de personas.

Después de la separación, su papá se fue a vivir a una casa pequeña en Concón. Con un jardín con terrazas, una quebrada donde él cultivaba todo tipo de flores y plantas con sus propias manos. Un lugar lleno de muebles antiguos heredados de sus abuelos. Con la cocina siempre hecha un desastre. Y libros, muchísimos libros. Como en una de las tantas casas donde Elisa pasó su infancia en La Reina, donde su papá tenía una biblioteca, una pieza alfombrada en la que ella jugaba a deslizarse junto a su hermana Florencia con patines hechos de papel.

-Mi papá era un gozador, un sibarita de las cosas, le encantaba la cocina, usaba boina, a veces tenía el pelo largo y se dejaba una colita. Si lo miras así, dices: "Sí, era un viejo hippie". Un espíritu libre.

En esa casa de Concón, Elisa y su hermana invitaban a sus amigos y compañeros. La casa solía estar llena de gente que se instalaba en el suelo a dormir después de hacer fiesta. Su papá cocinaba para todos, especialmente pescado fresco comprado el mismo día en la caleta. O tortas, con mucho manjar y mucho chocolate. Más de una vez su papá celebraba los cumpleaños de Elisa cocinando a todos los invitados en la casa de su hija. Pero como dejaba todo sucio, Elisa decidió que sería mejor suspender esa tradición. Se cansó de lavar tantos platos.

En tres semanas más Elisa cumplirá 30 años.

-Me encantaría tener cuarenta. Me encanta vivir. Vivo súper en el presente y todo, pero me gusta la adultez, me gustan los carretes de adultos, la vida de los adultos. No tengo ni un rollo con cumplir treinta. Lo estoy esperando. Mi sueño es decir "tengo 30". De hecho a veces me preguntan cuántos años tengo y ya digo que treinta. Me gusta la gente que llega a viejo sabiendo mucho por haber vivido mucho. Me gusta sentarme a conversar con gente que ha vivido cosas, que viene de vuelta y tiene una mirada distinta por el solo hecho de haber vivido más años que uno. Y no tengo miedo a la muerte. De lo único que nos sirve a los humanos que se nos muera la gente es para entender que la vida es para vivirla y para tratar de ser lo más parecido a lo que uno sueña de uno mismo.

-¿Hay un antes y un después de la muerte de su papá?

-Sí, es un antes y un después. Creo que soy otra persona, estoy más bien parada, más grande y tiene que ver también con que he crecido, con que soy cada vez más independiente. Este tipo de cosas te dejan sensible a todo. Es simple, entiendes cosas que no entendías antes por el hecho de que una persona ya no está físicamente. Perdonas cosas tuyas, te asumes y puede sonar súper hippie, pero de verdad aprendes a querer a los otros como son. Yo creo que ahora somos más unidos que antes con mi familia.

-¿Su mamá es muy presente en su vida?

-Es súper presente pero también súper respetuosa, me da mis espacios. Ella entiende que yo voy a mil y ella también. Es súper pendiente de todo lo que hacemos, lo que le pasa a mi pololo, está súper pendiente de Vicente, el hijo de Felipe.

Felipe es la pareja de Elisa desde hace dos años y medio. Es ingeniero civil industrial. Ella se ríe de eso ahora. Porque se acuerda de que cuando estudiaba teatro, caminaba por el patio de Campus Oriente de la Universidad Católica jurándose a sí misma que jamás pololearía con un ingeniero. Ella saldría sólo con artistas. Pero desde que lo conoció, le dio la calma que necesitaba en otra etapa en su vida.

-Él se siente orgulloso de mí como yo de él. No tiene ningún rollo con la fama, ni siquiera pesca demasiado y tampoco yo soy conocida, o sea, yo soy súper piolita, de bajo perfil, entonces no estoy ni metida en los círculos de nada, ni voy a los eventos de moda, ni tengo los personajes protagónicos.Siempre soy secundaria.ya

"No voy por la vida como una persona talentosa, creo que soy una persona súper aterrizada,y estoy súper consciente de las cosas en que fallo".

"Me encantaría tener cuarenta. Me encanta vivir... Me gusta sentarme a conversar con gente que ha vivido cosas, que viene de vuelta y tiene una mirada distinta por el solo hecho de haber vivido más añosque uno".

 


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