REVISTA YA

Viernes 5 de Marzo de 2010

Las pautas de la psicóloga Neva Milicic:
Cómo evitar ser un padre colegiocéntrico

Desilusionarse si sus niños no son los primeros del curso o enfocarse en sus fracasos más que en sus virtudes son los errores más comunes de los padres "colegiocéntricos", que hacen de la vida escolar el centro de toda la relación con sus hijos. ¿El resultado? Niños que se bloquean y que, en el futuro, corren el riesgo de buscar afecto en las fuentes equivocadas. Aquí, la sicóloga Neva Milicic entrega pautas para cambiar esta conducta.  
Por Magdalena Andrade N. Ilustración francisco javier olea. La escena es así: usted llega a su casa después del trabajo, y entre organizar la comida y atender a los niños, encuentra sobre la mesa del comedor la última prueba de matemáticas de uno de sus hijos. La nota: un tres, bien grande, marcado por la profesora con un lápiz rojo furioso. Entonces, usted, que probablemente está cansada, que probablemente hoy -además- tuvo un problema en la oficina, le muestra a su hijo su descontento por el mal rendimiento. Le dice que se esfuerza muchísimo trabajando, que cómo le puede responder así. Que lo va a castigar sin ver televisión por una semana.

Y en la noche, cuando llama por teléfono a algún familiar o a alguna amiga, usted se desahoga del "bochorno" parental:

-Más encima, el flojo de mi hijo llegó a la casa con un tres.

El colegio, las notas, las pruebas, las tareas y trabajos escolares son tan cotidianos, pero a la vez tan invasores de la relación entre padres e hijos, que muchos niños han sentido más de una vez que, si se sacan buenas notas, sus padres lo quieren. Y que cuando sufren algún fracaso escolar, sus padres ya no les tienen el mismo cariño que cuando son exitosos.

Por eso mismo, muchos padres caen en el error de volverse "colegiocéntricos": incapaces de acotar la relación escolar a un espacio y un tiempo determinados, lo que termina contaminando el vínculo entre ambos. Así los define asegura la sicóloga y columnista de Revista Ya Neva Milicic.

Es entendible que a todo padre le importe que a su hijo le vaya en el colegio lo mejor posible, afirma la especialista. Pero ese mismo padre, ¿ha revisado alguna vez a conciencia qué y cuánto hace para que su hijo logre ese buen rendimiento?

Probablemente no. Probablemente ha creído desde siempre que, si su hijo tiene una inteligencia normal, con que estudie una determinada cantidad de horas al día, haga las tareas, vaya al colegio y tenga todos los útiles escolares que necesita, debería irle bien, sin considerar que detrás de una buena nota influyen muchas más variables. Y cuando su hijo rinde mal, lo castiga, creyendo que la sanción ayudará a revertir los malos resultados.

El problema es que cuánto esperan los padres de sus hijos, cuánto estímulo y reconocimiento reciben los niños de sus mayores, y cuánto han cultivado en ellos el valor del esfuerzo como algo tan importante como la inteligencia, son factores tan fundamentales como descuidados en la relación padre-hijo-colegio, afirma Neva Milicic.

-La invitación que hay que hacer a los padres es a ponerse en los zapatos de los niños. A entender que los vínculos con los hijos son lo más importante. No hay que dejar que el colegio se meta de tal manera que se produzca un distanciamiento. Pueden haber algunos roces en torno al tema: eso es inevitable. Pero si el colegio se convierte en una piedra de tope muy grande, preocúpese, porque las consecuencias no serán en relación al rendimiento escolar, sino a algo más relevante: la conducta del niño. 

Expectativas: No poner la vara más alta Todo padre "colegiocéntrico" tiene en torno a sus hijos una expectativa central tan extenuante como frustrante: que sean los primeros del curso.

-Pero el problema es que el primero del curso es uno. En el camino quedan 29 padres competitivos y frustrados -ejemplifica la sicóloga. Y esta frustración se descarga sobre los niños, con frases como: "Pero cómo no puedes esforzarte más". "No eres esforzado". "Tú eres inteligente, pero eres un flojo".

Esta expectativa es tan alta, y tan inalcanzable para algunos niños, que sienten que sus padres nunca están suficientemente contentos, y que nunca llenarán sus expectativas. Se frustran, le tienen miedo al fracaso, y muchos de ellos se paralizan y estresan ante una mala nota, en vez de concentrarse en superarla.

La primera tarea de una madre o un padre "colegiocéntrico" será, entonces, corregir sus expectativas. Que lo que esperen de su hijo se adecue a sus intereses y capacidades. Pero, ¿cómo saber qué es adecuado para cada hijo?  Primero, como ejemplifica la sicóloga: no pedirles que suban el Everest sin antes haber subido el San Cristóbal. Es decir, no ponerles la vara más alta, sino ir dosificando las exigencias a la altura de su desarrollo próximo.

-Esto es lo que el niño puede aprender inmediatamente después y con ayuda. El problema es que de repente los padres producen saltos muy grandes, y esos saltos, al producir fracasos, bloquean en el niño su interés por aprender.

Lo segundo es ponerse la mano en el corazón y preguntarse: ¿qué esfuerzo estoy haciendo yo como padre para que a mi hijo le vaya bien? ¿Le presto apoyo cuando tiene problemas con alguna materia? ¿Lo tengo en un colegio apropiado para su completo desarrollo? Aquí, explica Neva Milicic, los papás cometen dos errores: uno, tratar de explicarles la materia a sus hijos cuando no tienen el potencial pedagógico para hacerlo.

-Cuando tú pellizcas y gritas como loco mientras el niño está aprendiendo, vas a lograr que el niño asocie aprendizaje con angustia. Si un niño está bloqueado con una materia, es preferible tomarle un profesor. Pero, eso sí, hay que acompañar a los niños, tenerles su pieza ordenada, un escritorio para que puedan estudiar.

Otro error es ponerlos en un colegio inadecuado: por ejemplo, un establecimiento bilingüe para un niño que no tiene facilidades con los idiomas.

-Si el niño tiene trastornos de aprendizaje tú no puedes pretender que vaya a un colegio bilingüe y que esté sobreexigido, porque le va a ir mal. Uno tiene que crear contextos en los que el niño pueda rendir según sus capacidades.

Ser generosos en el reconocimientoUn segundo mal de los padres "colegiocéntricos" es que son mezquinos, tacaños a la hora de alabar los logros de sus hijos. A lo más dedican un "muy bien" ante una buena nota, sin reparar en el proceso que llevó al niño a lograr ese buen rendimiento.

-Los padres refuerzan, pero no hacen reconocimientos. El refuerzo es decir: muy bien, está estupendo. Pero eso no es suficiente. El reconocimiento es cuando el niño hace un dibujo y tú dices: qué lindo. Realmente eres muy talentoso para dibujar, y además te esfuerzas tanto que eso ayuda a que te quede tan bien. Cuando haces un reconocimiento estás entregando un adjetivo y un concepto del niño y de sí mismo basado en sus fortalezas y no en sus déficit- apunta Neva Milicic.

Los profesores, agrega, tienen el mismo problema que los padres: dicen sólo lo malo, cuando el estímulo positivo es, según los estudios, el principal mecanismo para que un niño progrese.

Al reconocer los logros también hay que cambiar el paradigma. Esto, advierte la psicóloga, es clave: no hay que esperar a que el niño llegue sólo con sietes para merecer un reconocimiento.

-Como los niños están aprendiendo, para reconocerlos hay que felicitarlos por sus progresos. Si tenía un 4,5 y se sacó un 5 está estupendo. Decirle: mejoraste cinco décimas. No decirle: pucha, podría haber sido un 6.

Además, los padres deben aprender a reconocer los talentos de sus hijos, que serán distintos en cada uno de ellos, y a su vez, de los demás niños. El peor error es creer que el niño debe ser bueno en las doce asignaturas. La mejor decisión, reforzar los talentos, generar oportunidades para que se destaquen en ellos, y ayudar a dar el mejor esfuerzo en las materias que más cuestan, en vez de decirle al niño: qué pena, te equivocaste, porque eso hace que los niños sientan que no son capaces de hacer nada bien.

 Aunque hay que ser generosos en los reconocimientos -dice la especialista- tampoco hay que sobrerreaccionar:-Si a un niño lo refuerzas demasiado también le puedes provocar mucha angustia a equivocarse, a hacerlo mal.

Pueden convertirse en niños autoexigidos que tampoco lo pasan bien. Y la idea es que les vaya bien, pero también que disfruten aprendiendo.

Enseñarles el valor del esfuerzoUna actitud muy propia de los papás "colegiocéntricos" es achacar el rendimiento escolar a la inteligencia, cuando el punto principal es cuánto esfuerzo hacen los hijos porque les vaya bien en el colegio.

 -Los padres deben hacer un hincapié especial en el esfuerzo, porque, en general, los niños tienen asociado el esfuerzo a la falta de talento: si necesitas mucho esfuerzo, entonces quiere decir que no eres tan inteligente. Hay que tener la inteligencia para saber que el esfuerzo es fundamental para lograr cualquier cosa, pero hoy está desvalorizado. Y cuando los papás les digan que les importa mucho más el esfuerzo que los niños han hecho que la nota que se sacaron, eso tienen que sentirlo de verdad.

Que los padres cultiven en los niños desde chicos el valor del esfuerzo es una inversión para el futuro, acota Neva Milicic. El esfuerzo, dice, templa el ánimo para sobrellevar las dificultades:-Si se sacan una mala nota dicen: Ok, me saqué un rojo, pero no me la va a ganar, desarrollan más sus habilidades emocionales.

¿Cómo enseñarles a los hijos a ser esforzados?Hay que estar muy presentes en la formación de sus hábitos de estudio, responde la psicóloga. Pero, así como los niños son muy distintos unos de otros, también lo es su forma de aprender, explica. Por eso, hay que fijar una política de hábitos de estudio donde tengan un espacio respetado dentro de la vida familiar, pero no invadan toda esa vida familiar. Y una vez que esas políticas están impuestas, hay que enseñarles a los niños a respetarlas casi autoritariamente.

-Es importante llegar a acuerdos con los niños, tratando de que ellos sean los que definan cómo quieren estudiar.

Que tengan sus proposiciones. Ésta es una conversación que debe tenerse cada semestre, desde segundo básico hasta cuarto medio. Ellos, por lo general, son mucho más exigentes que uno. Dicen: tengo que estudiar 42 horas al día y una serie de cosas que no han hecho nunca. Entonces uno debe decirles: no, basta con esto. Porque hay normas que son para todos: la mente se fatiga después de 20 a 30 minutos. Verbalizando lo aprendido se aprende más que sólo memorizándolo.

También hay que enseñarles a prestar atención en clases, a establecer contacto visual con los profesores, a preguntarles cuando tengan dudas y a que ellos mismos puedan darse cuenta de cuándo sólo han comprendido -entienden lo que les han enseñado- y cuando de verdad han aprendido -cuando son capaces de explicarles a otros lo que han entendido-.

Una vez que se les han dado las pautas, los padres también deben advertir si los resultados son acordes al esfuerzo invertido y las habilidades del niño. Porque sólo el buen resultado de esa ecuación será sinónimo de un buen rendimiento escolar.

-Si los resultados no concuerdan con los esfuerzos y no concuerdan con los talentos de los niños, estamos mal. Hay que ver cuánto estudia el niño y cuánto logra asimilar y rendir bien, o ver si tiene dificultades de atención, o problemas sicológicos internos. Si los tiene, hay que pedir ayuda. 

Poner freno a la críticaLos factores emocionales, explica la psicóloga, son tan importantes para el éxito escolar como la inteligencia y el esfuerzo. Por eso, un papá o mamá "colegiocéntrico" debe evitar juzgar al niño exclusivamente en torno a sus éxitos o fracasos escolares.

-Un niño que fracasa es un niño que va poniendo muchas piedras en su mochila. Por eso, los padres deben tener la sabiduría para poner al rendimiento escolar en su correcta dimensión, porque un niño que se sienta fracasado y rechazado en el colegio puede buscar aceptación en otras variables que lo dan gratis: el alcohol, las drogas o las malas juntas. Ese niño terminará odiando el colegio porque le va mal, y porque altera mucho la relación con la familia.

La crítica, según la especialista, no modifica la conducta de los niños. Todo lo contrario: daña la imagen personal y le hace al niño creer que no podrá cambiar nunca.

-Si las cosas están mal, hay que centrarse en el aquí y ahora: Esta nota no está buena, ¿qué vamos a hacer para mejorarla, cómo crees tú que podemos subirla? Eso es mejor que darle al niño una sanción. Es mucho mejor que alguien que no sabe sumar tenga una clase y haga cincuenta sumas, a que no vea tele.

Con los niños con trastornos de aprendizaje el tema es algo más complicado, ya que, a pesar de tener una inteligencia normal, les cuesta aprender, generando resentimiento en los padres. Son ellos quienes más cuidado deben tener en tratar a sus hijos, porque de lo contrario, pueden conseguir que los niños terminen odiando aprender.

 Rendimiento escolar: factores clave»Junto con el clima que los padres propician para que a un niño le vaya bien en el colegio, hay otros factores que inciden en el rendimiento escolar, observa la psicóloga Neva Milicic.

»En primer lugar están los factores sicológicos. Dentro de ellos, la actitud positiva o negativa con que el niño enfrenta el colegio tiene directa relación con sus resultados. Actitud positiva = resultados positivos dice la especialista. Después está la inteligencia, que no es una sola. Los padres deben aprender a reconocer cuáles son las inteligencias de sus hijos y potenciarlas. La motivación también juega un papel importante. Cómo se logra? Haciendo que el niño le encuentre un sentido y una utilidad a lo que aprende.

»Dentro de los factores ambientales, el clima familiar juega un papel fundamental. Los niños se afectan por lo que pasa en la casa, y eso repercute en las calificaciones, observa Neva Milicic. Además, influye cuánto la familia estimule a los niños. También importa el clima social escolar: hay niños para colegios y colegios para niños. Un tercer punto es el entorno ambiental. Lo que pasa en el mundo, afecta la tranquilidad de los escolares y los padres deben tenerlo en cuenta. 

»En los factores pedagógicos, la historia escolar previa es vital para el desarrollo posterior del niño: en los seis primeros años de vida es cuando el niño alcanza su mayor plasticidad neuronal. También juegan a favor o en contra los métodos de enseñanza. Los colegios deben preocuparse por tener mucho material didáctico para concentrar la atención de los niños, y los padres, deben potenciar la lectura en sus hijos. También hay que estimular el juego, ya que ayuda mucho al aprendizaje. Lo que los niños aprenden a través del juego no se les olvida nunca.



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