ARTES Y LETRAS

Domingo 24 de Abril de 2011

Publicación Libro reúne las joyas patrimoniales de la Casa de Bello:
Salen a la luz los tesoros de la Universidad de Chile

El pasado del país y la historia de la casa de estudios más antigua que existe hoy en Chile son casi indisolubles, y las huellas de la importancia de esta institución están, en parte, en el patrimonio que albergan sus facultades, museos y organismos. Las académicas Sonia Montecino y Alejandra Araya se propusieron desempolvar las reliquias de la universidad y ponerlas en valor en el libro "Materia y memoria" .  
Evelyn Erlij La historia de la Universidad de Chile ha sido escrita por hombres, no sólo porque fue fundada y construida por ellos, sino también porque las plumas que han escrito los libros sobre su pasado han sido casi siempre empuñadas por manos masculinas. La doctora en Antropología Sonia Montecino y la doctora en Historia Alejandra Araya quisieron cambiar esa tradición, añadiendo a la historiografía de esa casa de estudios la investigación "Materia y memoria. Tesoros patrimoniales de la Universidad de Chile", un libro que rescata con un gran despliegue gráfico el pasado de esta institución a partir de sus huellas materiales y de su legado intangible. El texto no pretende ser un catálogo de las valiosas colecciones de sus bibliotecas, sino una revisión de su material más destacado.

"Lo que pesquisamos fueron esas cosas que nos parecían tesoros no reconocidos o no vistos y que tenían que ver con la historia de la universidad en sus disciplinas más diversas", cuenta Montecino sobre el texto, el que reúne en escritos y fotografías las joyas de cada uno de los espacios que conforman la Casa de Bello, desde la Casa Central, pasando por todas sus facultades e institutos, hasta sus museos, la cineteca, la piscina universitaria y el Observatorio Astronómico Nacional del Cerro Calán.

"Hicimos un catastro con criterios más clásicos, en el sentido de que fueran copias únicas, de grandes autores y artistas, pero nos dimos cuenta de que las otras dimensiones de la universidad, como los aspectos científicos y tecnológicos que están en instrumentos o aparatos, también eran importantes de mostrar. La selección muestra todos los materiales que tienen un peso patrimonial indiscutible en términos artísticos, culturales y bibliográficos; pero también se incluyen historias asociadas a los lugares, arquitectura, inmobiliarios y espacios de memoria vinculados a las huellas de la dictadura en la universidad. También hicimos una sección llamada 'fantasmas', es decir, las cosas de las que casi no quedan rastros materiales, pero que son muy importantes en el relato que las personas hacen de los espacios universitarios", explica Alejandra Araya, actual directora del Archivo Central Andrés Bello.

Según las directoras de esta investigación, el objetivo no fue solamente resguardar la memoria institucional, sino además buscar que el país vuelva a mirar a esta casa de estudios con el peso real que tiene en la sociedad chilena. "La universidad fue durante la primera mitad del siglo XX y hasta los años 70 la gran institución cultural del país. Que el mismo Estado y la sociedad la hubiesen visto como su espacio de resguardo de la memoria es lo que pretendimos relevar, y al mismo tiempo quisimos hacer un recordatorio sobre la importancia de la universidad", afirma Araya.

Un incunable de Petrarca, la colección más grande de caracolas de Neruda, la tesis de Arturo Prat, el cráneo con el que empezó el estudio de la criminología en Chile, libros con anotaciones del propio Víctor Hugo, el mobiliario de Andrés Bello, una valiosa pipa de plata mapuche, el único telescopio francés Gautier que funciona en el mundo y la Sala Chile del Archivo Central Andrés Bello -el núcleo patrimonial de la institución- son algunos de los tesoros que aparecen en las páginas de "Materia y memoria", una investigación que duró alrededor de dos años y que implicó una intensa exploración y trabajo en terreno.

Una sola universidad

La Casa de Bello, además de ser la pionera en la creación y desarrollo de las distintas disciplinas académicas, también resguarda en museos el patrimonio y la memoria asociados a esas áreas, como es el caso del Museo de Medicina Dr. Enrique Laval, los museos de Anatomía Normal, Anatomía Comparada y Teratológico, los de Química y Farmacia y de Odontología; el Museo de Arte Contemporáneo y el Museo de Arte Popular Americano.

"Al evaluar el recorrido del libro uno se da cuenta de que podríamos constituir una especie de Dibam si quisiéramos, porque tenemos museos de carácter nacional y hay colecciones que son monumentos históricos. Los objetos y las historias de las personas recogidas en el texto demuestran que la Universidad de Chile se trata de una institución esencial para la memoria del país", afirma Araya, en referencia a la complejidad y densidad de una institución con redes tan amplias como ésta, y cuyo espesor cultural, de acuerdo a Montecino, puede verse claramente a lo largo de esta investigación.

Además de poner en valor el patrimonio universitario, "Materia y memoria" le devuelve de cierta forma el sentido de unidad a esta casa de estudios, dispersa a lo largo y ancho de todo Santiago. "Tras la dictadura hay una historia que fragmenta a la Universidad de Chile, hay un quiebre, un trauma. Este texto recupera ese tejido, el vínculo, la unidad. Cuando empezamos a hacer el recorrido durante la investigación nos dimos cuenta del poder espacial de la universidad, que está presente en todo Santiago. Eso quisimos hacerlo visible", comenta la antropóloga, hoy a cargo de la Vicerrectoría de Extensión.

Esto explica que en cada campus, museo o instituto haya alguna joya, desde la arquitectura de la Casa Central y el costurero personal de Andrés Bello, guardado en el gabinete del rector; hasta los herbarios de Agronomía, en Antumapu, y la única copia existente en una biblioteca pública en Chile de una edición de Cicerón, de 1588 (guardado en la Facultad de Filosofía y Humanidades). "Así como nosotros nos sorprendimos con mucho de lo que encontramos, tanto la gente de afuera como la de adentro se asombrará con lo que hay en estos espacios que comúnmente no visitan", comenta Araya.

Montecino acota que no se trata de una mirada nostálgica al pasado de la universidad. "Se habla mucho de lo que fue la universidad y no de lo que es. Justamente ese nuevo mirar es lo que queremos mostrar, sin nostalgia, sin melancolía", explica la académica, quien afirma que si todo este patrimonio ha sobrevivido al paso del tiempo, ha sido por la topofilia, es decir, por el afecto que las personas han desarrollado por el espacio y sus objetos. Sin ese sentimiento de pertenencia e identidad, la Casa de Bello no habría sido posible, opina Montecino.

Más allá de mostrar lo que la institución fue a través de sus objetos y reliquias del pasado, lo que las autoras quisieron dar a entender con el libro fue -en palabras de Montecino- que la Universidad de Chile sigue viva, incluso a través de su patrimonio más antiguo.

 


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Foto:JORGE CASTRO


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