VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 23 de Noviembre de 2013

 
Clásico con criterio joven

El romanticismo de un antiguo parque se unió a nuevas tendencias de paisajismo que destacan el valor ornamental de huertos productivos y a la vez protegen especies en riesgo, como abejas y ranas. Este trabajo de los paisajistas Claudia Garcés y Cristóbal Elgueta revitalizó un entorno clásico con dinamismo y color.  
Texto, Paula Donoso Barros. Fotografías, Carla Pinilla Grandé.  Es un jardín que se disfruta, lleno de posibilidades para estar y pasear en torno a la antigua casona de un campo en María Pinto. Con un hot tub instalado bajo la sombra de pimientos y un liquidámbar, en un rincón, y en mitad del césped una piscina de aguas grises que ayuda a refrescar la tarde en este lugar rodeado de cerros. Bordeando la casa, las terrazas ofrecen buena sombra y se acompañan de macizos en tonos morados y rosa, los mismos que siguen repitiéndose en sectores más alejados donde el paisajismo se confunde con las zonas productivas. Muchos recovecos para descubrir en un paseo por el parque, que se riega con la generosidad del agua tendida bajo árboles viejos y cuya sensación es la de un espacio sin tiempo. El propósito de los paisajistas Claudia Garcés y Cristóbal Elgueta fue recuperar el espíritu inicial del diseño que realizó en 1955 el alemán Von Bohlem, y sumarle elementos actuales, "con dinámicas de flor y follaje en zonas específicas", según precisan. Sus intervenciones ocurrieron en diversos sectores. En algunas áreas redefinieron el trazado para generar una perspectiva que uniera el jardín con los campos de alfalfa y los cultivos cercanos, buscando lograr mayor profundidad y traer los cerros que rodean la propiedad a la vista general del jardín. En otras, por ejemplo, al costado de la terraza, y contra las ventanas del living, comedor y del dormitorio principal, en el sector más familiar del jardín, quitaron césped y enriquecieron los macizos, que conservan todavía aromáticas rosas del parque original en tonos fucsias, con plantas de floraciones moradas y azules, como Salvia superba, trachelium curaleum, además de pitosporum tobira enano, "para generar una estructura que mantuviera el jardín atractivo durante todo el año", explican. -Usando algunas gramíneas como el Miscanthus sinensis "Gracillimus" y Deschampsia cespitosa, pudimos capturar la sensación del viento con el movimiento de sus follajes, y también imprimirle un aire moderno al jardín. Además incorporamos el otoño, con follajes que se tornan rojos y dorados con la llegada del frío -comenta Elgueta.Parte de estos remozamientos a lo existente fue la limpieza que hicieron al bosque de olmos y álamos que cortaba la visión hacia los cultivos desde el jardín principal. "Estaba muy tupido, desordenado. Casi cerrado. Lo despejamos, dejamos entrar la luz y creamos circulaciones", dice Claudia.El trabajo incluyó también la creación de dos nuevas zonas de jardines. Una en el sector de un acceso secundario que lleva a la cocina, que se organizó a través de un gran macizo de pitosporum tobira arbustivo y enano, setarera plamifolia y lonicera nitida, acompañadas con prunella grandiflora morada y grandes paños de Polyonum aumplexicaule "fire tail" de intenso color fucsia. Ahí también armaron un huerto dividido en zonas de frutales y en nueve platabandas de donde sale todo el consumo familiar.-Están diseñadas según principios ecosistémicos, en que los cultivos crecen entre hierbas aromáticas y plantas que atraen insectos benéficos, con lo que se eliminan los pesticidas. Además, tuvimos cuidado especial en la iluminación, ya que muchas especies comestibles como alcachofas, hinojos, maíz, ajíes y pimentones tienen siluetas que en la noche, vale la pena destacar -dice Claudia.La intervención en este sector del jardín se completó con la creación de una zona de pradera alrededor de una construcción de doce caballerizas construidas el año pasado, la que se diseñó incluyendo nepetas, solidagos, alcachofas, stipas, ecchinaceas, salvias de varias variedades y echinops.-Elegimos algunas plantas nativas como boldo, escalonias, colliguay y eryngium paniculatum para estructurar el jardín y ayudar en la conservación de aves e insectos- cuenta Claudia al tiempo que hace notar el zumbido incesante de las abejas que sale del macizo morado.El protagonista absoluto es el color. Y a lo largo del año, explican sus creadores, "las flores y frutos se suceden unos tras otros, pasando por tonos lilas y rosados para terminar en amarillos y dorados que contrastan con los morados de la Salvia laucantha", dice Claudia.Además, instalaron dos estanques ornamentales con nenúfares, que "dan agua fresca a los pájaros y tienen en su interior algunas ranas chilenas, las que incorporamos por su canto en primavera y como una forma de colaborar con la conservación de anfibios en peligro de extinción, una cruzada que emprendimos hace algunos años", señala Elgueta.El entusiasmo continúa. Para el próximo invierno tienen programada la construcción de un gran estanque ornamental que unirá las zonas de cultivo y el parque de la casa, donde los paisajistas quieren ver reflejándose las aves que sobrevuelan el lugar. LA FAMILIA Y LOS ANIMALES GOZAN EL PASO DE LAS ESTACIONES, LAS VISTAS Y EL PERFUME DE LA PRIMAVERA.EL JARDÍN MEZCLA LA PLACIDEZ DEL CAMPO CON LOS CRITERIOS DE SUSTENTABILIDAD QUE APLICARON LOS PAISAJISTAS.   

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<b>FRENTE</b> a las pesebreras, un macizo de nepetas, solidagos y salvias.
FRENTE a las pesebreras, un macizo de nepetas, solidagos y salvias.


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