REVISTA YA

Martes 1 de Octubre de 2013

Melissa Aldana
La mujer del saxofón

A los seis años tocó una nota por primera vez. A los siete ya interpretaba temas en un grupo. Una década después, gracias a las enseñanzas de su padre, el músico Marcos Aldana, fue la primera latina becada para estudiar en la mejor escuela de música del mundo. Hoy a los 24 años, viviendo en Manhattan, acaba de convertirse en la única mujer que ha ganado la competencia mundial de jazz más importante para menores de treinta años. Así es como Melissa hace historia.  
Por Muriel Alarcón Luco  Esto parece un viejo club de jazz neoyorquino y ella, la mujer que toca un saxofón tenor Selmer dorado en medio del quinteto, parece como despegar del escenario en cada soplido. Son las once de la noche y ella, Melissa Aldana, acompañada de trompeta, guitarra, bajo y batería, cierra la celebración. Se cumplen diez años desde que este bar, el Thelonious, abrió sus puertas y se convirtió, desde la oscura calle Bombero Núñez, en el templo del jazz santiaguino. Su dueño, el poeta Erwin Díaz, dice que la fiesta de esta noche "es Nueva York". Melissa es una de las razones.Todos callados. El silencio es solo interrumpido por toses, el choque del cristal de las copas y el murmullo de la gradería. Entonces Melissa da un paso adelante. Su solo se extiende por un minuto treinta y ocho, los mismos segundos en los que ella se apoya en la boquilla, cierra los ojos y se eleva como en un trance hacia otro lugar. Cuando termina todos aplauden con entusiasmo y eso, en el código del jazz, significa que lo hizo muy bien. Que se lució. Su grupo se llama La Resistencia, pero ella lo integra solo por esta noche, su penúltima en Santiago. Mañana tomará un avión y regresará a Manhattan, donde vive desde 2010, y desde donde se proyecta como una de las saxofonistas más prometedoras de su generación. No lo dice ella, lo dice el primer lugar que obtuvo en el Thelonious Monk International Jazz Competition, la competencia de jazz mundial más importante para menores de treinta años y que, el pasado 18 de septiembre, ella conquistó convirtiéndose en la primera mujer de la historia en ganar el certamen especializado en saxo.Después de haber estudiado en Berklee College of Music, la escuela de música contemporánea más grande del mundo, con dos discos en el cuerpo y uno en proceso, Melissa triunfa en Estados Unidos. Pero la historia de Melissa no partió allá. Partió acá, en Chile, en escenarios santiaguinos, cuando ella tocaba ese mismo saxofón y era una escolar. Por las noches, cuando terminaba su presentación en Thelonious, se devolvía a su casa en Independencia en un taxi que le pagaba Erwin Díaz. *** Melissa es hija de Marcos Aldana -chileno, saxofonista- y Nathalie Proulx -canadiense, profesora de educación física-, quienes hoy están separados. Creció en una casa antigua, en la calle Recabarren, en Independencia, escuchando a Charlie Parker y John Coltrane. Ahí Marcos montaba su academia musical. No solo su padre era reconocido por tocar el saxo, también lo era su abuelo, Kiko Aldana, director de la banda de música tropical Huamalí. Pero Melissa poco se acuerda de él, más se acuerda de su saxo, con el que se inició. Tenía seis años y su papá le pidió que tocara un par de notas para una clase. Ella asomó su boca al instrumento y las notas no solo sonaron -lo que es extraño la primera vez- sino que sonaron bien. Desde ese momento, se convirtió en una alumna más de la academia de su padre. Si no tocaba con él, lo hacía sola, en su pieza, hasta cinco horas de corrido, a puerta cerrada. -Marcos no la tomaba muy en serio al principio, pero después se dio cuenta de que quería aprender y que tenía mucho talento. Lo que sus alumnos, que superaban los veinte, no habían logrado en años, la Melissa lo sacaba altiro, ligerito -recuerda su madre Nathalie.A los ocho años intentó entrar al conservatorio, pero le dijeron que tenía los pulmones muy chicos. Entonces, su padre admite haberle mentido: le dijo que si quería aprender de verdad, tenía que saberse las escalas, las trías y al menos cuatro temas de Charlie Parker. Melissa aceptó el desafío. -Yo me valí de su inocencia para hacerla estudiar y ella, como es tan terca, lo hizo. Se sacó la mugre y se lo aprendió todo -dice Marcos. Su papá le enseñó con juegos. Melissa aprendió a tocar a Parker cruzando el patio de baldosas de su casa, donde solo podía avanzar a la siguiente baldosa si no se equivocaba en la interpretación. Y Melissa empezó a despegar. De presentarse en actos del colegio, pasó a integrar su primer cuarteto, "Melissa y sus tíos", con amigos de su padre, tocando para eventos en el Hyatt y en el antiguo Club de Jazz de Santiago, en vez de ir a fiestas y juntarse con gente de su porte. Sus amigos la duplicaban y triplicaban en edad. Cuando quiso estudiar música en la universidad su padre recuerda que un profesor le dijo "si tú quieres solo calentar el saxo, no hagas tanto alboroto", y eso fue suficiente para sacarla de ahí. Sintió que no apreciaban su talento ni lo que él le había enseñado. Entonces Marcos se convirtió en su único profesor.-Mi papá me enseñó de disciplina, de creer en uno mismo, del trabajo duro, de ser ordenado, de ponerse metas -dice Melissa.Un día, aún niña, Melissa les dijo a todos que ella quería ser músico de verdad, que su vida era su saxo, que quería tocar con otros músicos y que viviría en Estados Unidos. Tenía 11 años.Su mamá ya lo sabía. Cuando su hija tenía apenas cinco, una tarotista le había dicho "esta niñita va a llegar más lejos que el papá, es increíble lo lejos que va a llegar". Cuando Melissa, a los nueve, participó en el Bravo Bravissimo, la mamá volvió a consultar por ella. Esta vez otro tarotista le dijo que su hija no ganaría la competencia, pero que no debía rendirse. -Él me dijo: "Tu hija más que tú viajará; maravillas van a hablar de ella fuera del hogar"-recuerda Nathalie. *** Melissa aún era adolescente cuando fue a ver al pianista panameño Danilo Pérez que se presentaba junto a Wayne Shorter en el Teatro Teletón. Una vez acabado el show, se acercó a Pérez y le habló. Le dijo que lo admiraba; que quería mostrarle su trabajo; le pidió que fuera a verla tocar esa noche al Thelonious. Danilo aceptó. Y partió a Bombero Núñez. No solo la escuchó, terminaron juntos en el escenario. Danilo invitó a Melissa a ser parte del Festival de Jazz de Panamá y luego a postular a Berklee College of Music, en Boston, la escuela de música de la que han egresado cien músicos que se han repartido 231 Grammy, como Aimee Mann y Aldi Meola.No solo quedó aceptada. Se convirtió en la primera latinoamericana en ganar la beca Berklee Presidential Scholarship. Cuando partió tenía 17 años. En el aeropuerto estaba nerviosa. No dudaba de su decisión, pero sabía que esa ida era sin retorno. Estaba segura de que Estados Unidos era el lugar para crecer. -Yo fui quien la preparó para que ella se fuera para allá a estudiar, solamente tocando lo que yo le había enseñado. Si yo no me hubiese dedicado al jazz, ella no hubiese sido músico -dice Marcos.Pero Melissa sentía que necesitaba independencia.-Mi papá me enseñó todo lo que me tenía que enseñar, pero yo tenía que irme porque necesitaba vivir otras cosas, que mi papá no me podía entregar no porque no pudiera, sino que porque eran vivencias que yo tenía que vivir sola -dice. Los primeros meses fueron difíciles. Melissa se fue sin hablar inglés y tenía que comunicarse a través de gestos. -Una vez estaba allá en una clase, se conectó a Skype, y me dijo: "No entiendo nada, no entiendo ni la mitad". Y yo decía pero ¿cómo puede estar en una clase sin poder entender? -dice Nathalie. Cuando Melissa cumplió un mes allá, su madre le mandó su cubrecama y su almohada para que así "ella armara su camita y sintiera el olor de su casa". -Yo le decía "estás ahí porque tú quieres eso, es lo que siempre has soñado", y ella me decía "sí, tienes razón" y se le quitaba la pena -dice Nathalie.La carrera duraba cuatro años, pero Melissa la sacó en tres. Adelantó en los veranos. En el tiempo que estuvo en Berklee tuvo entre sus mentores musicales a David Santoro, Joe Lovano y Greg Osby. El mismo Osby, años después, editó los dos primeros discos de Melissa: Free fall, en 2010, y Second Cycle, de 2012. En esos años, la joven saxofonista conoció escenarios del mundo. Ahorró todo lo que ganó tocando, y apenas egresó de Berklee, voló a Manhattan. Se puso de nuevo a prueba. *** Melissa es chilena -dice "sí po", "cachái", "heavy"- y cree que sería ridículo "agringarse". Pero dejó Chile hace siete años y no volverá. El primer año fue muy difícil, dice, porque no era conocida en el circuito y porque el arriendo de casi un millón de pesos que paga por su departamento de dos ambientes en el barrio Washington Heights -donde vive con su pareja, también músico- no podía pagarlo con su música. Durante ese tiempo, trabajó como cajera de supermercado, vendiendo ropa vintage en Brooklyn, tocando música cristiana en iglesias y bossa nova en restoranes.-Nunca me desesperé, pero sí ha sido difícil. Al principio, no te conoce nadie, tienes que mantener la motivación por seguir creciendo como músico y tratar de estar bien. En Nueva York todo es plata. Mi primer año me encerré a estudiar, salía solo a presentarme para pagar mis cosas. No me daba ningún lujo. Aunque yo siempre supe que todo sería así. Vivía el día a día. Si te pones a pensar, es fácil desesperarse porque la pega no es estable -dice. Pese a ese contexto adverso, se hizo una tarjeta de presentación. Empezó a asistir a las jam sessions neoyorquinas. Conoció a George Coleman, uno de los saxofonistas más reconocidos, que la apadrinó y se convirtió en su "segundo abuelo". Coleman la encontró talentosa, y la invitó a sus presentaciones, le presentó gente. De tocar en restoranes y clubes desconocidos, pasó a compartir escenario en festivales internacionales con grandes como Jeff "Tain" Watts y Peter Bernstein. Solo en 2012 tocó en Italia, España, Dinamarca, México y Chile, donde ganó un Altazor por su primer disco. -Nada de lo que me ha pasado ha sido gratis. Todo es fruto de mi esfuerzo, de salir cada noche a presentarme, a conocer gente, de buscar oportunidades, de promocionarme, de estudiar, de componer, de trabajar con músicos. Ha sido puro trabajo mío. Nadie me ha descubierto en un bar y ha sido algo así como mágico. No es que me ayudó alguien y me llevó al estrellato -dice. Melissa ha logrado visibilidad y hoy es representada por Anders Chan-Tidemann, quien partió trabajando con Joe Henderson -uno de los saxofonistas tenor más importantes-, quien también es mánager del guitarrista Kurt Rosenwinkel. Sabe que aunque le falta por aprender, en la Gran Manzana hay un espacio para ella. El único que no ha asistido a sus conciertos en Nueva York ha sido Marcos, su padre, quien solo ha podido ver las presentaciones de su hija por YouTube. No pudo acompañarla cuando se graduó de Berklee ni tampoco estuvo para la final del Thelonious Monk. Solo pudo verla triunfar a través de la cámara del celular del novio de Melissa, quien compartió la escena ganadora con la familia en Santiago, en tiempo real, por Skype. Ver partir a su hija ha sido el costo del triunfo. Pero Marcos no se queja. Si la músico se hubiese quedado, cree que todo sería distinto. -A Melissa la llamarían de un canal para que tocara en un late-show peinada y con una minifalda. Es la cruda realidad de este país -dice.  ***Hoy Melissa le dedica, al menos, cuatro horas al día al estudio. Pero también va al gimnasio, anda en bicicleta, compra pan amasado y toma once con su pololo. Si no toca, transcribe, escucha, compone, aprende. -Para mí lo más importante es crecer. Cuando no quiera seguir creciendo comenzará mi decadencia como artista -dice. Para costearse la vida ya no necesita trabajar en actividades ajenas a su especialización: ahorra lo que gana en sus giras y toca en lugares como el Jazz Standard, el Lincoln Center y el Smalls, "su Thelonious neoyorquino". Pero Melissa no brilla sola. Hace un año empezó a tocar con el chileno Pablo Menares, en el contrabajo, y con el cubano Francisco Mela, en la batería, donde lidera la banda "Melissa Aldana & The Crash trío". Con ellos ganó un Fondart y prepara giras al festival de Jalapa, en México, y al de Barcelona. Es su proyecto personal. Mela dice que Melissa nunca pasa inadvertida. -Es hoy la chica que todo el mundo quiere escuchar. Es la saxofonista con la que se quiere tocar. Este estilo es muy complicado y competitivo en esta ciudad, pero ella está cumpliendo con todos los requisitos para ser aceptada en el medio del jazz -dice.El año pasado, su segundo disco, "Second cycle", fue criticado en The New York Times por Ben Ratliff. De él se escribió: "Suena como un momento de síntesis y desafío, como cuando un jazzista quiere exprimir la música y probarse a sí mismo en niveles más profundos".  ***Melissa ha pisado varios escenarios pero el Thelonious, en Bombero Núñez, sigue siendo su favorito. Ahí revive sus comienzos, cuando se sembraban expectativas sobre su talento y se decía que era una "niña genio". Ya no se pone nerviosa como antes, cuando parecía esconderse detrás del instrumento y todos se extrañaban de que una chica tan menuda pudiera dominar con tanta fuerza el saxofón. Son las once de la noche y el público ve despegar a Melissa lo que dura su solo. Ella después admitirá que algo muy parecido le sucede desde el otro lado cuando toca el saxo. -Para mí el tiempo se detiene. Yo me salgo de lo que es el mundo. Todo tiene sentido por esas horas que estoy tocando. Es como un trance. A veces ese trance es mejor, como que estoy más conectada en lo que estoy haciendo. Soy yo, los músicos y lo que estoy sintiendo en ese momento -dice. Entonces, reflexiona y continúa: -Yo no toco por las expectativas que se tengan de mí. No me imagino haciendo otra cosa. Siempre me he sentido normal, tal como un científico que se pasa la vida estudiando. Hago lo que más amo y sé que soy buena. El show de esta noche termina y su padre la mira fijo desde una de las esquinas del local. Del cuello de Melissa cuelga el mismo modelo selmer dorado que heredó de su abuelo. Marcos la sigue mirando desde lejos. En esta estadía de su hija en Chile, no ha tenido otra oportunidad de verla."Nada de lo que me ha pasado ha sido gratis. Todo es fruto de mi esfuerzo. Ha sido puro trabajo mío. Nadie me ha descubierto en un bar y ha sido algo así como mágico"."Lo más difícil ha sido aprender a estar estable, empezar a ganar plata y a poder pagar mi departamento en nueva york. Poder estar tranquila desde que me levanto, para así estudiar". "Es hoy la chica que todo el mundo quiere escuchar. Es la saxofonista con la que se quiere tocar", se dice de Melissa.

 


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El bar Thelonious es su escenario favorito. Aquí con los miembros del grupo La Resistencia que ella integra en Chile.<br/><br/>
El bar Thelonious es su escenario favorito. Aquí con los miembros del grupo La Resistencia que ella integra en Chile.


Foto:JORGE SEPÚLVEDA


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