REVISTA DEL DOMINGO

Domingo 10 de Febrero de 2013

Tim Jarvis:
La odisea del nuevo Shackleton

En exclusiva, el británico Tim Jarvis habla desde la isla Georgia del Sur, a donde acaba de llegar luego de completar la travesía que recrea la histórica navegación que hace casi un siglo realizó el explorador Ernest Shackleton para rescatar a sus hombres, atrapados en la Antártica. Aquí cuenta cómo navegó por uno de los mares más peligrosos del mundo en un bote salvavidas de madera, con ropa de lana y sin instrumentos. Y también, por qué lo hizo.  
Por Olga Mallo. Si la imagen de estos expedicionarios no fuera a color, parecería otra fotografía del legendario explorador antártico sir Ernest Shackleton y sus cinco compañeros, luego de atravesar esas míticas 800 millas náuticas en un pequeño bote de madera desde la isla Elefante hasta Georgia del Sur. En esta misma isla recalaron hace unas horas el inglés Tim Jarvis y los cinco miembros de su propia expedición. Y el parecido es intencional.

Este equipo de cuatro británicos y dos australianos ha completado la primera etapa de una aventura que el explorador Tim Jarvis planificó durante cuatro años: recrear la desesperada hazaña que realizó Shackleton en 1916 cuando, luego de fracasar su aventura antártica, atravesó unos 1.480 kilómetros de océano hacia Georgia del Sur a bordo del bote salvavidas James Caird, para luego cruzar a pie las escarpadas y frías montañas de esta isla hasta alcanzar una base ballenera, desde donde emprendería su verdadero objetivo: buscar ayuda para rescatar a los 21 hombres de su expedición que habían quedado atrás, guarecidos en una isla antártica, y cuya única esperanza era el éxito de su líder.

Cuando Alexandra Shackleton, nieta del explorador anglo-irlandés, le propuso llevar a cabo la reconstrucción del viaje de su abuelo, para conmemorar la proximidad del centenario de esa odisea, Tim Jarvis se entusiasmó. "Yo también siento atracción por los glaciares, la llamada del mar tempestuoso, y una tentación irresistible por la aventura", dijo desde Australia, donde vive, poco antes de comenzar la misión que lleva el nombre de Shackleton Epic Expedition (http://shackletonepic.com).

Para Jarvis -que también es escritor y científico ambiental-, ésta no sería la primera vez que reproduciría una aventura de sobrevivencia trágica relacionada con el continente blanco. El año 2006 emuló la odisea del explorador australiano Douglas Mawson, quien logró completar solo su travesía antártica luego de perder a sus dos compañeros de viaje. En esa misión, Jarvis también reprodujo la expedición usando la ropa de la época (comienzos del siglo 20), y llevando la exacta cantidad de provisiones con que contaba Mawson. Un punto especialmente importante porque Jarvis intentaba probar que el australiano había podido completar el viaje sin necesidad de recurrir al canibalismo, como algunos acusaban.

Obsesionado por la aventura, la supervivencia y el medio ambiente, la lista de empresas que Jarvis ha encabezado en todo tipo de hábitats es interminable. Ha pasado unos veinte años haciendo travesías por el Ártico, desiertos y ríos en Australia, y por supuesto en la Antártica, donde el año 2000 logró el récord por el viaje más rápido esquiando al Polo Sur (46 días) y la mayor distancia cubierta sin apoyo en un viaje en solitario al punto más austral del planeta.

La Shackleton Epic Expedition requirió tantos preparativos que, dice Jarvis, esa etapa previa fue una aventura en sí misma. Aparte del financiamiento, la búsqueda de materiales para recrear ropa que fuera idéntica a la usada por Shackleton y sus hombres fue un problema mayor. "Hubo momentos en que esta etapa parecía una ruta más empinada e infranqueable que la que estamos por emprender en Georgia del Sur", dice Jarvis ahora vía teléfono satelital, a pocas horas de haber alcanzado su primera meta y mientras se refugia en una cueva en King Haakon Bay, donde espera a que el clima permita emprender la marcha hasta el otro extremo de la isla Georgia del Sur, la segunda parte de su misión.

El viaje

A principios de enero los seis expedicionarios que reemplazarían a Worsley, Crean, Mc Carthy, Vincent, Mc Nish y al propio Shackleton zarparon desde Ushuaia en el Australis, el barco de apoyo que acompañaría a la réplica del James Caird durante toda el trayecto por el océano del Sur. Tras una parada en la isla Rey Jorge para remolcar al bote Alexandra Shackleton, llegaron a Elefante, aquella ínfima isla que más bien es un roquerío, donde los hombres de Shackleton esperaron largos meses para ser rescatados, y donde comenzaría la travesía para Jarvis y los miembros de su tripulación.

Luego de unos días esperando el clima adecuado, el 24 de enero zarparon. Vestían solamente abrigos de gabardina y ropa de lana. Navegaban con sextante, brújula y guiados por las estrellas. Y contra todos los cálculos, la salida fue mansa, con inesperados vientos de una suavidad poco común en estas latitudes. No superaban los diez kilómetros por hora. Prácticamente una brisa que los hacía avanzar a un promedio de dos kilómetros por hora. Algo bastante frustrante, dice Jarvis, cuando se tienen 800 millas náuticas por recorrer.

Al segundo día, las cosas cambiaron y empezaron a experimentar la inclemencia de los mares de esas latitudes, cuando una violenta tormenta empezó a azotarlos.

"No había nada en el barco que no estuviera mojado, incluidos nosotros -dice Jarvis-. Era imposible mantenerse seco en esta ropa que no absorbe la transpiración, así que el cuerpo está constantemente cubierto con una mezcla de sudor y agua salada".

No era el único problema que tendrían con su ropa y equipos inspirados en las tecnologías de los exploradores de fines del siglo 19 y comienzos del 20. Tal como les sucedió a los tripulantes del James Caird, los pelos de reno de los sacos de dormir lo invadieran todo. "Estaban por todos lados, en la comida, en los equipos", dice Jarvis. Pero el verdadero gran problema durante la navegación fue la ausencia de sol que vivieron durante varios días. "Como usamos navegación astronómica necesitábamos una visión del sol cada día -dice Jarvis-, y eso prácticamente no ocurrió en casi toda la segunda mitad del viaje por mar". Esto significó que extraviaran parcialmente el rumbo, una situación que podría resolverse de manera dramática en estos mares. Sólo pudieron corregirlo a medida que se acercaban a Georgia del Sur.

-En su libro South, Ernest Shackleton hablaba de que llegaron a enfrentar una gran ola de 20 metros. ¿Vieron algo parecido?

-Al principio del viaje tuvimos una tormenta muy severa con ráfagas de viento de más de 100 kilómetros por hora, y olas de 7 u 8 metros. Algunas eran realmente gigantescas. No sé si serían tan grandes como las que golpearon al James Caird, pero se sentían así. El bote entero se estremecía y el sonido era ensordecedor.

Aunque fueron días duros, y Jarvis reconoce que a veces llegaron a sentir algo de temor, jamás pensaron que el viaje terminaría mal o que podían hundirse. El bote, construido en Dorset, Inglaterra, resistía bien los embates. Y a cada golpe de las enormes olas, los tripulantes respondían como lo habían hecho los aventureros originales: se esforzaban para bombear toda el agua que fuera posible. No había más que hacer.

A los problemas exteriores -el clima, la falta de sol para guiarse- se sumaban los internos. La falta de espacio era difícil de manejar. Seis hombres en un bote salvavidas de apenas 6,9 metros obligaba a ser cuidadosos en cada maniobra. "Estábamos simplemente hacinados en un estrecho espacio bajo cubierta. Cualquier movimiento era difícil y era imposible estirarse. Nunca había hecho una expedición confinado a un espacio tan reducido. Y además estábamos húmedos todo el tiempo", dice Jarvis, ahora ya en tierra firme. "Lo que nos ha salvado es el sentido del humor", y agrega que también ayudaba el ocasional sorbo de MacKinlay's, el whisky favorito de Shackleton, que llevaban especialmente para entrar en calor.

"Todo esto ha sido una prueba de fuerza mental y determinación", dice el inglés, y explica que cada faena a bordo del Alexandra Shackleton era un potencial problema. Incluyendo las comidas. Debido en parte al mareo inicial que sintieron algunos de los expedicionarios, solamente comían una vez al día. El menú no tenía mayor variación: consistía en una mezcla de manteca de cerdo, tiras de carne de vaca, seguido de turrón, un poco de chocolate, té y leche en polvo. Para descansar, se acomodaban como podían. Casi no había momentos de pausa. El mar no lo permitía. Había que estar atentos a cada momento. "Siempre he tenido un profundo respeto por sir Ernest y su tripulación. Lo que fueron capaces de soportar fue notable. Su liderazgo fue capaz de salvar las vidas de cada miembro de su tripulación con todas las probabilidades en su contra y en condiciones diabólicas".

Con todas las dificultades, Tim Jarvis y sus cinco hombres hicieron buen tiempo. Completaron la ruta entre las islas Elefante y Georgia del Sur en 11 días. Tres menos que en el viaje original de Shackleton.

"Pararme en Georgia del Sur fue algo surrealista. Estoy mojado, con una comezón agobiante. Han sido cuatro años de preparación y luego de navegar 800 millas náuticas, llegar aquí y completar esta parte del viaje me hace sentir una satisfacción enorme. Eso es suficiente para seguir adelante", dice Jarvis desde King Haakon Bay, donde hasta el cierre de esta edición seguía esperando a que el tiempo amainara para poder partir.

Los fuertes viento de la zona han impedido que emprendan la segunda fase de su aventura, que implica atravesar la isla sobre sus congeladas y escarpadas montañas, para llegar a la estación ballenera de Stromness, en el lado norte. "Ahora que he completado la parte marítima de la odisea entiendo un poco más las dificultades que vivieron y mi respeto por Shackleton va en aumento. Fue verdaderamente un gran hombre".

Tim Jarvis, junto a Barry Grey (guía de montaña) y Ed Wardle (camarógrafo), continúan usando sus empapados trajes de gabardina y lana, con los que seguirán hasta el final de la expedición en el otro extremo de la isla, para seguir recreando la experiencia de Shackleton. Los otros integrantes de este viaje, Nick Bubb (capitán), Seb Coulthard (contramaestre) y Paul Larsen (navegante), usarán ropa técnica moderna para servir como equipo de apoyo durante esta etapa.

Cuando Shackleton llegó a Stromness, aún tenía otro gran objetivo a conquistar: debía conseguir transporte hasta Punta Arenas, y desde allá organizar el rescate de sus hombres en isla Elefante. Según sus biógrafos, esa fue la etapa emocionalmente más difícil para el británico. "Poniéndome en esa situación, no podría descansar -dice Jarvis-. Tener la vida de esos hombres en sus manos debe haber sido una inmensa carga. Sabiendo el tipo de persona que era, no los iba a defraudar". Aunque Jarvis no tiene la responsabilidad sobre su propio equipo, cree que la marcha permitirá sentir parte de lo que pudo sentir el propio Shackleton. "Hubo un elemento de desesperación en su viaje; a pesar del agotamiento se las arregló para cruzar esta isla, una verdadera proeza de fuerza y resistencia".

A la espera del momento adecuado, Jarvis dice que quiso hacer esta expedición para honrar precisamente al legendario explorador, uno de sus héroes (de hecho, una vez que lleguen a Stromness, los seis miembros de esta travesía todavía harán una última caminata para llegar hasta Grytviken, en la misma isla, adonde se encuentra la tumba de Shackleton), pero además quería llamar la atención sobre el impacto del cambio climático en la costa de la Antártica. "Soy un científico ambientalista y éste es el tema más importante con que la comunidad global deberá lidiar en el futuro", dice Jarvis.

"He estado en la Antártica antes, pero ha sido en este viaje que me he dado cuenta de que no puedo vivir ni con ni sin ella. Cuando estoy aquí, la comodidad del hogar parece muy atractiva. Sin embargo, cuando estoy en casa extraño el instinto primario que hace lidiar con éste, el ambiente más hostil del planeta", dice Jarvis. "Shackleton jamás se curó de esta enfermedad. Se consagró a la Antártica hasta el final. Yo también estoy eternamente unido a esta parte del mundo. Ha tomado mucho de mí, pero también me ha dado tanto".

Éste es el primer intento de repetir auténticamente la ruta de ernest shacketon.Este viaje replica desde la ropa de Shackleton a su bote (que lleva el nombre de su nieta).

 

 La conexión chilenaPara Tim Jarvis, el rol del Piloto Luis Pardo Villalón -oficial chileno que acompañó a Shackleton en el regreso en busca de sus hombres- es fundamental en esta historia, aunque muchos desconocen su figura. "Los chilenos han sido siempre hombres de mar y siempre han estado dispuestos a ayudar", dice Jarvis, quien cuenta que antes de emprender su viaje, pasaron por Puerto Williams para visitar la nave Yelcho, el escampavía que finalmente trajo de vuelta a los hombres de Shackleton.



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<p>2. Jarvis y Paul Larsen, navegante.</p>

2. Jarvis y Paul Larsen, navegante.




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