EL SÁBADO

Sábado 24 de Marzo de 2007

La historia de una de las familias más influyentes de la DC
El clan Tomic

Radomiro Tomic no sólo instaló en la DC una pasión revolucionaria que encendió a muchos e incomodó a otros, sino que formó a sus nueve hijos en un compromiso con lo público. desde esteban, ex embajador ante la OEA, hasta Blas –presidente del Metro– y Francisco, Vicepresidente Corporativo de Codelco, Todos se empaparon de la visión del mundo de este hijo de croata que llegó a ser candidato a la presidencia en 1970. y aunque peleaban con él, el sello Tomic los marcó para siempre.

Por Margarita Serrano

A Blas no le gusta la idea de que se escriba sobre su familia. Le parece narcisista. Además, no tiene ni un minuto para hablar de su infancia porque toda la energía está concentrada en detener el colapso del Metro. Nada menos.

Sin embargo, cuando su hermana Olaya los cita a todos por mail a la casa de su madre, ninguno patalea. Ni siquiera Blas, que nos recibe sonriendo a pesar de sus ojeras. (Se nota que estos días casi no está durmiendo). Pero tampoco está abrumado. Aunque hizo declaraciones muy drásticas, como que el Metro está colapsado.

"Hablo con la verdad, es lo más sano. Los usuarios del Metro merecen que se les digan las cosas como son. Sólo así podremos contar con su colaboración para superar esta prueba que es el Transantiago. La gente que usa Metro y buses tiene un conjunto importante de insatisfacciones. Y quienes somos responsables de proveerles el servicio, si no nos damos por aludidos, vamos a generar indignación. El proceso está avanzando en la dirección proyectada. El Transantiago va a superar sus dificultades", dice.

–¿Le compensa la adrenalina que deben generar estos sobresaltos?

–Además de adrenalina hay que tener sangre fría, energía y serenidad. Hay que estar bien parado en dos pies. No soy masoquista, lo que me compensa es avanzar en dirección a la solución, y esa tremenda satisfacción la tengo.

"Ya", agrega Blas, "comencemos con lo otro para distraerme unos minutos".

Así son estos hermanos Tomic Errázuriz: si alguno accede, ahí están todos. Aclanados –nacieron ocho hermanos en 10 años–, es curioso ir indagando en el fondo de este equipo hoy, casi 40 años después de la campaña electoral en la que perdió Radomiro Tomic y ganó Salvador Allende. Porque se atreven a discrepar, a botar mitos, a confesar la lucha por la identidad propia.

Es cierto que lograron ser distintos, pero hay coincidencias que no los dejan escapar del sello familiar. Cuando se juntan en el departamento de Olaya Errázuriz de Tomic, que ya tiene 90 años y circula en silla de ruedas, hay cosas que saltan como chispas en todos ellos: tienen sentido del humor; hablan muy bien inglés; son flacos y deportistas; cariñosos entre ellos. No pueden disimular lo bien que lo pasan juntos.

LA primera NIñA

Radomiro Tomic nació en Calama, en 1914, hijo de un inmigrante croata y campesino. Era un tipo grande y fuerte, que leía mucho y que conversaba bien. Ahí aprendió a contar historias en forma muy atrayente y a pensar bajo el sol del desierto.

Su pasión por el cobre fue una de las grandes banderas de lucha de este fundador de la Falange y luego de la Democracia Cristiana. Fue el gran instigador de su chilenización y, luego, de su nacionalización. Por eso no es raro que todos sus hijos hombres hayan tenido relación con la minería o con el cobre, ya sea desde Codelco o de empresas mineras privadas.

Tras el terremoto de Chillán, en 1939, Radomiro quedó a cargo de una oficina de auxilio que abrió la Falange. Apareció como voluntaria Olaya Errázuriz. Fue amor a primera vista. La siguió hasta Suecia, donde el padre de la joven era cónsul, y se casaron allá, en 1940. Tuvieron nueve hijos. Siete hombres y dos mujeres.

Amaya (64) era una niña bonita y además, buena. Fue educada para ser perfecta, como se estilaba entonces.

–Yo era la mayor y después nacieron cuatro hombres, lo que era un terremoto. Así es que mis papás me sacaban mucho con ellos. Si tenían que ir a dar un discurso a Talca, me llevaban. O a Osorno, o a congresos de la DC en Buenos Aires o Sao Paulo.

Fue ella quien le dijo "Tate" en vez de papá a don Radomiro y así quedó hasta el día de hoy.

La mayor tenía una relación muy cercana con su padre, y dicen que no sólo era exigente sino que, además, muy emotivo.

–Recuerdo haberme sacado un 2.5 en una prueba de geometría. Le escribí una carta a mi papá –estaban comiendo fuera– explicándole lo que me había pasado. Me dormí. Y a la mañana siguiente, encontré una carta suya en mi velador: "Mi niña linda, cuando el Tate era joven había un tango que decía, un tropezón cualquiera lo da en la vida...". Me sentí muy acogida.

–¿Alguna vez discrepó con sus ideas?

–Jamás. Mira, yo tuve dos maridos (Eduardo Cambiaso y Patricio Grove). Los dos alguna vez se declararon demócratacristianos, pero se fueron acercando a la derecha. Había roce cuando yo explicaba mi discrepancia política con ellos. Cada uno en su momento me hizo ver que mi papá nos había lavado el cerebro. A mí me daba mucha rabia. Efectivamente, yo nací oyéndolo a él y compartí sus valores, pero a una cierta edad revisé mis postulados y me quedé con los principios de mi padre.

–Usted fue una de las impulsoras de ir a ver a Bachelet candidata cuando su hermano Gabriel anunció que votaría por Piñera.

–A mí me pareció muy bien que Gabriel tomara esa postura, pero me molestó el uso que le dio la derecha al tema. Y la prensa, cómo se usó el apellido. Entonces, me pareció justo que si todo el resto éramos de Bachelet, lo hiciéramos público.

CRITICAS AL VIEJO ESTILO

Esteban –63 años, de los cuales los últimos seis los pasó como embajador de Chile ante la OEA–, fue el primer hombre de la familia, por lo que debe haber cargado con una presión paterna grande.

–Era una niñez muy mágica, pero marcada por la ausencia del papá, que estaba siempre en el norte. Era diputado. Como a los 13 años, cambió mi relación con él. La posibilidad de irme a la Escuela Militar me abrió un mundo. Era la única posibilidad que tenía de irme de la casa. Estuve tres años de interno. Y fue mi liberación.

Sacó la primera antigüedad, pero no optó por seguir la carrera militar. Se fue a estudiar Derecho a la Católica, donde también obtuvo el Premio Tocornal. La política la llevaba en la sangre. Fue siempre democratacristiano activo. Así también el hermano que lo seguía, Carlos (62). Ambos iban a las campañas de su padre.

–Tomic era muy revolucionario para esos tiempos. ¿Se daban cuenta ustedes?

–Sí. Lo que él decía era muy fuerte para el Chile de esos tiempos. Y yo no iba tan lejos como él en el sentido de llevar las transformaciones a un punto muy extremo –dice Esteban.

–Y ¿cómo lo ve ahora?

–Cuarenta años después, tengo la absoluta convicción de que no habría habido Concertación sin la candidatura democratacristiana de 1970. El hecho de unir actores como eran la DC y el PS, sólo se podía conseguir en forma eficiente con algún referente del pasado. Y ese referente fue la campaña del 70.

–Después fue concejal por Las Condes, con Lavín alcalde. ¿Otro mundo distinto a las epopeyas de entonces?

–Prefiero las campañas de ahora. Las de antes eran excesivas, o estabas conmigo o contra mí. La política la hacían los grandes personajes que iban a cambiar el mundo. Prefiero una política más diseminada, determinada por las encuestas, más a escala humana. Hay que ver los resultados de aquello.

LOS DEL MEDIO

Para Gabriel (60) y Felipe (59), el sello paterno estaba perfectamente combinado con la preocupación, el cariño y la dedicación a ellos que tenía Radomiro.

–A medida que pasan los años se fue agrandando el político. La imagen que yo tenía suya era la de una flecha en llamas: apasionado, siempre con un objetivo de largo plazo. Yo fui y soy democratacristiano porque siempre me sentí muy cómodo detrás de esa flecha. Y nunca he tenido el problema de no ser ni tan talentoso ni tan brillante como él–dice Felipe.

–Fue el primero de sus hermanos que se separó. ¿Cómo reaccionaron sus padres?

–Me sentí muy apoyado. Sufrí ese fracaso, sin embargo nadie me lo hizo sentir. Cuando llegué a la casa de mis padres a contarles, estaban en su dormitorio. Mi papá se estaba poniendo la corbata. Les conté y él siguió dándole vueltas a la corbata hasta que directamente se la sacó y se sentó. Ahí empezamos a conversar de forma muy acogedora. Mi mamá no dijo nada. En los temas complicados y de fondo, no decía ni una palabra.

Gabriel era el más sociable. El que tenía siempre fiestas y llevaba a Felipe. A los 21 años se fue a vivir a Calama, a una mina familiar. A los 30 integró una empresa privada, Ecomet, y se dedicó al diseño y construcción de campamentos para la minería. Siempre ha estado en la empresa privada, pero bajo el sol del mismo desierto de sus abuelos.

–¿Le costó apoyar a Piñera?

–Apoyé con entusiasmo a Soledad Alvear. Pero al tener que cederle esa candidatura a una militante socialista que no la superaba en capacidades, me convencí de que había llegado la hora de la alternancia en el poder. Ahí decidí apoyar a Piñera.

Sin embargo, sigue siendo democratacristiano activo.

Hace cuatro años se le descubrió un cáncer que lo obligó a vender su empresa y a controlarse hasta el día de hoy. Pero la crisis ya está superada.

Por su parte, Felipe, ingeniero civil metalúrgico de la Chile, hizo un posgrado en Londres y conoció en un viaje a Dinamarca a Tobe Lindholm, con quien ya tiene más de 30 años de matrimonio y dos hijos.

Después de Felipe viene Olaya de los Cielos (58), a quien le dicen "Cielo". Ella también fue a Las Ursulinas, fue tan buena alumna como todos, y estudió Pedagogía en Inglés. Se casó con el dirigende DC que luego se iría a la Izquierda Cristiana, Pedro Felipe Ramírez, y tuvo tres niñas. Pero la vida le salió más difícil, a él lo tomaron preso, lo torturaron, luego vino el exilio en Venezuela y su separación. Luego se casó con Eduardo Díaz, del Partido del Sur, con quien vive principalmente en Temuco.

BLAS, EL REBELDE

Blas (57) es el único que se llama Radomiro Blas. Supone que a su mamá no le gustaba el nombre de su padre, por eso hizo hincapié en que todos le dijeran Blas. Pero él reconoce que cuando entró a estudiar Ingeniería Civil Industrial en la Chile y comenzó su carrera política en el centro de alumnos, usó su primer nombre y agarró muchos más votos. Hoy se ríe.

Dicen que fue siempre el más rebelde de los Tomic. El que dijo que no se iba a Estados Unidos cuando nombraron a su padre embajador, el que luego fundó el Partido Izquierda Cristiana y abandonó la DC, junto a su hermano menor, Juan Cristóbal.

Aunque todas estas cosas son ciertas, la rebeldía era muy respetuosa.

–Yo era el séptimo hijo. Éramos un lote muy grande, y allí era muy difícil tener identidad. Yo pertenecía a los "chicos", esa era toda mi identidad.

–¿Cómo fue la ruptura con la DC para formar la Izquierda Cristiana?

–Yo era tercerista dentro de la DC. Cuando él perdió la elección, esa corriente perdió apoyo y nos fuimos. Mi papá estaba en China. Lo fui a esperar al aeropuerto para contarle que me había ido a la Izquierda Cristiana, para que no lo supiera por los diarios. No hubo ningún reproche, ni entonces ni nunca.

–Casi todos los Tomic se han casado más de una vez. ¿Por qué, si sólo vieron ese modelo de padres tan unidos?

–Es curioso. Ese matrimonio era perfecto para ellos, aunque no es replicable hoy día para nadie. Pero lo admiramos y agradecimos durante todo el tiempo que vivimos ahí. Paradójicamente, esa formación no nos sirvió de modelo a nosotros.

El gran dolor

A toda la familia le cambió la vida el 11 de septiembre de 1973. Pero lo más fuerte que les ocurrió fue la muerte de Juan Cristóbal, el número ocho, a quien le decían "el ocho". Hasta Gabriela Mistral, amiga cercana a la familia, le escribió un poema cuando nació, llamado Ocho perritos, y se lo regaló a Esteban, por ser el mayor.

Juan Cristóbal sólo llegó a tener 22 años. Ya se había ido de la DC con Blas, y después del golpe ayudaba a asilar gente en las embajadas. Una noche, mientras una pareja trepaba el muro de la embajada de Colombia y el "Ocho" les daba instrucciones, aparecieron un par de tipos con metralleta. Dispararon, pero nadie resultó muerto. El Ocho logró escapar. Pero un amigo de la familia llamó para advertir que la Dina lo había fichado y que tenía que dejar el país.

Se asiló en la embajada de Francia y luego viajó a Londres. Su madre lo vio por última vez cuando despegó ese avión. Ya había logrado matricularse para estudiar ingeniería cuando en Picadilly Circus le vino un vaído y se cayó. Tenía un aneurisma. Se supone que había estado bajo mucho estrés. Había que esperar tres días antes de operar. Si no le daba fiebre, se salvaba. Pero le dio. Habló con Felipe –que estaba allá– y les mandó un recado a cada hermano y a sus padres.

El 10 de diciembre murió.

Cuando ya se había cerrado el ciclo, siete años después, nació Francisco. Es un tipo optimista y relajado. Sin complejo alguno. Además de haber sido buen alumno del San Ignacio, luego de un colegio en Ginebra, de la Universidad de Sussex, y de haber hecho un doctorado en economía en Stanford, de ser karateca y de estar profundamente enamorado de su mujer, Dominique Pascal, es vicepresidente corporativo de Codelco.

–Me enamoré del cobre por mi papá. Él me contaba de cómo había crecido en medio de toda esta riqueza gigantesca de Calama. A mí me tocó ir, y se me produjo la fascinación mágica que tiene el desierto, la vida de un inmigrante, yo había vivido la vida santiaguina más de mi mamá, y después todo el tema del aporte a Chile, el cobre, la riqueza que se podía desarrollar.

Cuenta que le costó 13 años llegar a Codelco. Era su sueño y ahora está ahí. Al principio estaba a cargo de las finanzas y recorría el mundo colocando bonos internacionales de 500 millones. En varias ocasiones alguno preguntaba si era dueño de la división Radomiro Tomic o qué tenía que ver. Eso lo llenaba de orgullo.

–¿Cómo fue la muerte de su papá, en enero de 1992?

–Mi papá estaba convaleciente, en casa de su hermana Hilda. Ya casi no hablaba. Le habían decretado un problema hepático grave. Sabía que se iba a morir. Una tarde llegó el Presidente Aylwin a verlo. Y don Patricio le dice: "Radomiro, vengo a contarte una estupenda noticia, que el yacimiento Pampa Norte ahora lo vamos a llamar Radomiro Tomic". Mi papá hizo un gesto con las manos en alto, típico suyo, en una mezcla de sorpresa y de algo inmerecido. Don Patricio le dice" es tan merecido, todo lo que has hecho tú por el cobre..." Y mi papá sin responder. Cuando ya se iba, se escucha el vozarrón de mi padre que le dice "Patricio, lo has hecho estupendo...". Quedamos todos descolocados. Don Patricio se puso a llorar. Era un cierre del círculo cariñoso entre los dos, él estaba ahora liderando la Concertación, un proyecto que había sido de mi padre. Fue lo último que dijo, murió a los pocos días.


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