VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 22 de Julio de 2000


Ambientes actuales en una construcción de la edad media

La vieja ciudad de Tours, a 57 minutos de París en el tren TGV, fue el sitio que el chileno Andrés Alsina escogió para vivir. Allí, con su particular estilo, ambientó una vivienda medieval, que fue sede del Palacio Episcopal en el siglo XV, y en cuyo interior se aprecian gruesos muros de piedra, rústicas vigas y antiguos adoquines.
Un golpe de amor fue lo que el chileno Andrés Alsina sintió apenas entró a esta casa en la ciudad de Tours, Francia, construida en el siglo XV y entonces sede del Palacio Episcopal. Buscaba un lugar donde vivir, que estuviera relativamente cerca de París, donde en la actualidad, junto a su socio Francisco Camiroaga, está montando un restorán.

- Me sentí dice transportado a la Edad Media. Pero además de este encanto especial, reunía una serie de condiciones para mí fundamentales: estaba en un lugar tranquilo, sin ruido de autos, y su construcción contemplaba mucha piedra y gruesas vigas de madera.

Primero, durante tres meses, la arrendó, pero con el compromiso de compra en un futuro. Así, en marzo de este año esa promesa la hizo efectiva y la adquirió.

La ciudad de Tours, a 57 minutos de París en el tren TGV, está ubicada en el valle del Loira. En ella residen alrededor de 300 mil habitantes y contempla un sector medieval, conformado por diez calles, con edificaciones del siglo XV, protegido y declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Durante la Segunda Guerra Mundial, Tours escapó milagrosamente a los bombardeos de los años 40 y 45.

Es en esta antigua área donde se encuentra la casa de Alsina, de 95 m2, dividida en dos pisos. Sus muros son de una tosca piedra llamada tuffeau, que sólo se encuentra en la región del Loira y en el sur de Italia, y que emblanquece y endurece con el paso del tiempo, además de tener cualidades térmicas, pues guarda el calor en el invierno y está fresca durante el verano.

- Esta piedra la comenzó a usar el rey Luis XI y con ella se construyeron todos los castillos del Loira.

En los cielos, la casa tiene gruesas vigas de madera y en el piso, adoquines de piedra, originales de la época de su construcción.

- La recibí impecable, tanto por dentro como por fuera. El único arreglo que le hice fue dividir el espacio del baño para ganar un sector de vestir.

Al ambientarla, Alsina trató de lucir al máximo los materiales de la casa, al tiempo de no perder de vista que se trataba de una vivienda en provincia y, por tanto, de que su decoración debía ser algo rústica. Así, el espacio total lo dividió en dos grandes livings, uno de ellos con chimenea, y un enorme dormitorio.

- Varios muebles, lámparas de fierro y todas las coronaciones de las ventanas son diseños del Taller Brasil 830, y los llevé desde aquí. El resto, lo compré en Francia, en ferias de anticuarios, remates y algunas tiendas.

En general, en la decoración de los espacios Alsina tendió a hacer uso de todo aquello que está de moda, como por ejemplo, telas con transparencia, tanto para cortinas como para el dosel de la cama; los tonos blanco y chocolate; los tostados para las pátinas al albayalde en los fierros y los muebles de estilo pintados de colores. A esto agregó, además de su sello personal, su especial gusto para mezclar tonalidades, estilos y piezas antiguas con otras contemporáneas.

En el living principal, con gran chimenea, destaca un sofá Meridian, tipo cama, con fundas blancas, y un mueble repostero normando que lo pintó amarillo limón. A esto se agrega una mesa café chocolate de la firma Habitat y un sillón Luis XV que pintó blanco. Sobre la chimenea, Alsina dispuso un antiguo espejo de fines del siglo XIX que adquirió a un anticuario en una feria de domingo.

En el segundo living su audacia llegó más lejos, al colocar un sofá contra una de las ventanas góticas, a la que le colocó una coronación en fierro, desde la cual dejó caer las cortinas al modo de un baldaquín. Frente a este arreglo ubicó una mesa de fierro, sobre la que destaca un par de candelabros de cristal, de cinco velas, con lágrimas color ámbar.

En ambos estares se aprecian enormes óleos de su hemana, la pintora Soledad Alsina, y una serie de grabados y láminas con diversos motivos clásicos.

El dormitorio, también con chimenea, tiene alrededor de 35 m2 y en él además del sector para dormir ubicó un pequeño estar con una mesa redonda, un par de sillas y un escritorio. Esta última área la dispuso frente a la ventana y para ella cubrió una mesa con un tapiz de flor de lis, sobre la que se aprecia una escultura en bronce de Napoleón victorioso en la batalla de Wagran, del escultor del siglo XIX, Domenech. Para continuar con el estilo Imperio colocó un par de obeliscos hechos con paja y hojas secas de alcachofas, y una caja con soldados napoléonicos realizados por una artesana del lugar.

- A través de estas mezclas logro un ambiente suelto y liviano a la vez, a pesar de la presencia de piezas pesadas y algo barrocas.

La sala de baño la dividió en dos sectores. Uno de ellos lo destinó al baño, con artefactos muy modernos, y el otro a cuarto de vestir. Para ello lo engeneró en una tela toile de jouy del diseñador francés Manuel Canovas, al tiempo que colocó un enorme ropero con importantes tallas, que compró en la tradicional feria de antigüedades de la ciudad de Blois, y una bañera de campaña del siglo XIX.

- En general, logré aquí un ambiente muy exquisito, en un lugar tranquilo, pero a la vez muy cerca de París. La verdad es que no quería vivir en una ciudad grande, porque resulta demasiado estresante.

En Chile, Alsina está de paso y vino precisamente para inaugurar el 31 de este mes un nuevo restorán: En el Nombre de la Rosa.

Por Beatriz Montero Ward

Fotografías, Soledad Camiroaga


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Vista del living principal, en la que se aprecia un interesante panel compuesto por un óleo de Soledad Alsina y cuatro láminas de un libro del diseñador Isey Miyake. El blanco predomina en los muebles.
Vista del living principal, en la que se aprecia un interesante panel compuesto por un óleo de Soledad Alsina y cuatro láminas de un libro del diseñador Isey Miyake. El blanco predomina en los muebles.
Foto:Soledad Camiroaga


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