DEPORTES

Domingo 3 de Octubre de 2004

Corrieron con colores propios

Constituyen una raza especial en el fútbol: fueron - o son- auténticos camaleones. Todos pasaron por más de 10 clubes y unos hasta se ganaron el mote despectivo de mercenarios. La lista incluye a Luis González, Juan Candonga Carreño y al vigente Richard Zambrano.
JUAN CARREÑO: EX DELANTERO

"Vendí mi pase una vez"

Todo un récord el de Candonga. El sanfernandino paseó su fútbol y guapeza por 16 clubes.

Javier Piñeiro Dávila

S on las 10 de la noche y Juan Enrique Carreño atiende su pub de Concepción. El local se llama Club Candonga y está en calle Colo Colo. Las menciones no son antojadizas: el nombre del recinto recuerda el apodo que heredó de su padre, mientras que la dirección coincide con la popular institución que lo formó.

Casi todo huele a fútbol aún para el sanfernandino (35 años), aunque se halla definitivamente retirado de la actividad. Asume que ha sido difícil, pero de inmediato advierte que posee dos manos y harto carácter para seguir luchando en lo que sea.

Carreño da en el clavo al mencionar sus dotes, las mismas que le valieron convertirse en uno de los seres más singulares del ambiente balompédico criollo. Ya fuese por haber derribado con sus puños a quien se le pusiera por delante una tarde de 1998 en el Parque Schott; o por dar la cara cuando otro hubiese agachado la cabeza.

Una vez me dijeron que en los 90 fui como el símbolo del rebelde sin causa, como el Marcelo Ríos del fútbol. No lo veo tan así, pero sí sé que fui muy distinto. Tuve mucha personalidad y reconocí mis errores. Nunca me sentí orgulloso de mis cagadas, pero me gané el respeto por mi sinceridad, evalúa.

Luego de abandonar Pedreros (sólo actuó en la Copa Chile del '87), el ariete inició un peregrinar como cedido. Hasta que en 1990 fue dueño de su destino. A uno lo mandaban a préstamo para foguearse. En ese tiempo, jugar en un club grande era más complicado que ahora. Cuando quedé con el pase, comencé con la fórmula de arrendarlo por un año. Sólo vendí mi pase una vez en mi vida. Fue a Unión, que luego se lo vendió a Pumas de México, revela.

Con el conjunto hispano, justamente, disfrutó de sus días más felices. De hecho, ubica al gol contra Cruzeiro por la Copa Libertadores de 1994 como su tanto imborrable. Y ojo, que lo sitúa por encima del que le marcó a Bolivia por las eliminatorias para Francia 1998.

Se quedó con ganas de haber ido a aquella cita planetaria. Nelson Acosta, por razones nunca aclaradas, le bajó el pulgar.

Es una herida que nunca se me va a olvidar. Tenía 29 años y había mostrado argumentos para ir como una alternativa. Me voy a morir con ese dolor, confiesa.

También le hubiese gustado obtener un título importante o probarse en otro mercado foráneo. Cuando me fui a México, también había tenido posibilidades de Vélez, un equipo chico de Italia y Brasil. Elegí Pumas por la plata. Podría decir que me arrepiento de no haberme ido a Argentina. Hubiese sido interesante. Pero mi carrera fue linda y creo que los jugadores somos privilegiados y bendecidos por hacer lo que más nos gusta.

LUIS GONZÁLEZ: EX DELANTERO

"Me gustaba partir de cero"

15 años y 14 clubes registra uno de los ejemplos más variopintos entre los futbolistas itinerantes.

L uis González constituye un caso particularísimo. No hizo series menores, debutó profesionalmente recién a los 23 años, actuó en tres divisiones, pasó por la selección y jugó hasta los 39.

Soy de la población Clara Estrella. Había un torneo que se llamaba Juventud Atacama. Jugaban equipos de barrio y profesionales. A casi todos les hice goles y se me acercaron los entrenadores José Santos Arias y el Chita Cruz para invitarme a Santiago Morning. Así empecé. Para mí, jugar en la José María Caro era lo mismo que hacerlo en el estadio Azteca, aunque suene jocoso, recuerda.

Hoy ayudante de Sergio Nichiporuk en O'Higgins, admite que uno de los errores en mi trayectoria fue que nunca me quise identificar con un club. Me gustaba partir de cero. Terminaba mis contratos y me iba.

Reconoce González (49 años) que toda su vida fue hincha de Colo Colo. En el verano de 1986 estuvo a punto de recalar en los albos, pero apareció Cobreloa con una mejor propuesta.

González se abrió paso en una era de punteros a los que no les ahogaba la raya. De los cuadros en que actuó, atesora a Rangers 1983 y a Unión Española 1985.

¿Títulos? Del ascenso con la V negra y de la Copa Chile con Cobreloa (1986, con dos tantos suyos). ¿Descensos? Uno, con el propio Chaguito.

Y hubo más goles, como uno a la UC en 1988. Jugando por La Serena, batió a Marco Cornez para el 1-0 sobre los cruzados en San Carlos.

Fue el primer partido de la Católica por la competencia local en su estadio. En la inauguración, en un amistoso, había perdido con un gol de Claudio Borghi (1-0 con River) y el fin de semana tuve el honor de ser yo su verdugo, se solaza.

También hubo penas

Más allá de las bromas de sus compañeros, su carácter nómade le aparejó conflictos. Me costó dos matrimonios. Pero no puedo culpar al fútbol. Me siento orgulloso de mis hijos maravillosos y de mi carrera. Creo que llegué más lejos de lo pensado, valora.

Otro sinsabor fue la falsificación de su firma durante el último año de su trayectoria (1993). El escándalo derivó en el castigo de varios directivos de Magallanes.

Tantos clubes le dieron a González propiedad para referirse a los dirigentes, aunque ya en 1981 había padecido un episodio que incidiría en su visión del tema.

Un dirigente de Santiago Morning dijo que los jugadores teníamos dos neuronas: una para escupir y otra para defecar. Me quedó grabado. Más encima, me quedaron debiendo seis meses de sueldo y para irme a Rangers tuve que pagar por mi pase. Salí de la sede de Concha y Toro y me dije que nunca más me humillarían cuenta González quien, luego de retirarse, trabajó durante 11 años en una empresa de cecinas.

RICHARD ZAMBRANO: DELANTERO DE F. VIAL

"Siempre fui derecho"

El lajino extiende su carrera a punta de goles. Catorce clubes han confiado en su poder ofensivo.

En México le llamaron Comandante. René Orozco lo tildó de mercenario. En Fernández Vial porta la jineta de capitán. Y de goleador.

Casi dos décadas de actividad ha cumplido Richard Zambrano (37 años), uno de los grandes camaleones que está vigente.

Jugaré hasta cuando me dé el cuerpo. Con lo que viví en otros clubes, a veces digo para qué sigo. Y la respuesta es sencilla: el amor por el deporte. Me había retirado, pero apenas aguanté tres meses, confiesa.

Zambrano no viste de corto por necesidad económica. De hecho, entre otras propiedades, es dueño de un complejo deportivo en Los Ángeles, en el que posee courts de tenis, piscina temperada, centro de eventos, gimnasio y canchas de fútbol. La empresa da cuenta de la fe religiosa del delantero: la bautizó Zebul, que significa hecho por Dios en hebreo. Y piensa en grande: organiza el primer maratón de la ciudad de la Octava Región, que se corre hoy.

Nací en una familia súper humilde. Me sirvió tener hambre por salir adelante. Comencé en clubes pequeños y logré muchas cosas hermosas. La principal fue haber defendido a mi país y vivir jornadas como la de los dos goles a Brasil en la Copa América de 1993, resume.

El vialino cree que su itinerancia obedece a dos factores: su capacidad futbolística y una vida acorde a la profesión.

Lo principal es el cuidado personal. No soy bohemio, no fumo ni tomo. Aparte, siempre fui derecho y eso la gente lo reconoce, asegura.

A estas alturas, que el doctor Orozco lo haya motejado de mercenario en 1993 no pasa de la anécdota.

Me dio risa porque la U es el equipo de mis sueños. El empresario Vinicius Fioranelli era dueño de mi pase y me prestó sólo por seis meses. ¿Por qué vine desde Suiza si me iba a México? Porque hubo manos negras que se metieron para tratar de ganar dinero en esa operación al América, explica.

Por los azules, Zambrano marcó un recordado gol a Colo Colo por la Copa Chile de 1993. Nunca los albos habían caído ante los estudiantiles en Macul.

Su rendimiento lo llevó hasta Colombia y México, en donde obtuvo dos vicecampeonatos. Primero con Santos (sin haber perdido ninguno de los dos partidos) y luego con Celaya (cuadro en el que fue compañero de Emilio Butragueño y Michel). Casualmente, el gusto por el título recién lo sació gracias al cuadro albo en 1997.

He tenido una buena carrera. Sin desmerecer, antes era más difícil llegar a un equipo grande. Quiero mucho al fútbol, pero veo que está mal. Lo que es la Primera B, es triste. Hay muchos jugadores que ahora estarán cesantes durante cuatro meses, apunta Zambrano.

El fenómeno Schaffer

Todas las referencias históricas indican que el hombre que militó en una mayor cantidad de clubes en el mundo proviene de Hungría. Su nombre era Alfred Schaffer y actuaba como delantero. Le apodaban Spezi. Nacido en Budapest el 13 de febrero de 1893, falleció el 30 de agosto de 1945.

Se le atribuye haber jugado en 21 clubes, entre ellos, Typographia, FTC, Budapest, Fovarosi y MTK, en Hungría; Nurenberg, Wacker Munich, Hamburgo y Bayern Munich (Alemania); Sparta (Checoslovaquia); FC Viena y Amateur Viena (Austria); New York (Estados Unidos); y Basel (Suiza). No faltó la ocasión en que cumplió el doble rol de futbolista y adiestrador.

Por el combinado magyar, Schaffer disputó 15 partidos y marcó 17 goles.

En 1942, dirigiendo a Roma, ganó el Scudetto. Pero la Segunda Guerra Mundial pulverizó su ánimo. Un bombazo cercano cuando viajaba con el equipo le hizo presa del pavor. No fue todo: su esposa administraba una cervecería en Munich, la que fue destruida por las fuerzas aliadas. Para aplacar la soledad, el DT comenzó a beber y a deteriorar su organismo.

Aparte de Schaffer, la bitácora registra otros casos relevantes: el argentino Oscar Mas (17 clubes), el brasileño Dirceu (16), el norirlandés George Best (14), el austríaco Walter Schachner (14), el mexicano Hugo Sánchez, el boliviano Marco Etcheverry y el italiano Christian Vieri, todos con 10 cuadros.


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JUAN CARREÑO y algunas de sus camisetas. Candonga no juega fútbol ni siquiera para recrearse. No falta el que te agarra a patadas, observa.
JUAN CARREÑO y algunas de sus camisetas. Candonga no juega fútbol ni siquiera para recrearse. No falta el que te agarra a patadas, observa.
Foto:VÍCTOR SALAZAR


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