REVISTA DE LIBROS

Domingo 27 de Diciembre de 2015

Entrevista Cómo llegamos a ser lo que somos
Paulina Flores: Mentirse también puede ser muy genuino

En Qué vergüenza , el primer libro de esta narradora santiaguina, hay fracasos familiares, cesantía, clasismo, inocencia, desengaño. Son historias de niños y adultos tironeados por lo que son y lo que pudieron ser, que le han valido a la autora ser reconocida entre lo mejor del año literario que se va.  
Juan Rodríguez M. Los nueve relatos reunidos en Qué vergüenza , el primer libro de Paulina Flores (Santiago, 1988), muestran un mundo en el que los seres humanos estamos condenados a la derrota o a engañarnos. Y, por qué no, a luchar contra nosotros mismos, a vencernos. Y seguir. "Es lo que me ha estado pasando en el último tiempo -se lee en uno-, a mis veintiocho años. Las revelaciones. El desengaño. Me sentí como alguien que recién comienza a entender cómo funciona el mundo, como alguien crédulo, limpio, una víctima". Y sin embargo: "No se trata de que uno sea ingenuo, lo que haces es engañarte. Engañarte muy bien, tan bien que terminas por olvidarlo".

El libro, que agotó su primera edición de mil cien ejemplares y le ha valido a Flores ser reconocida por la crítica, lo conforman "Qué vergüenza", "Teresa", "Talcahuano", "Olvidar a Freddy", "Tía Nana", "Espíritu americano", "Laika", "Últimas vacaciones" y "Afortunada de mí". Hay sueños de independencia que chocan con las necesidades del bolsillo, una joven solitaria que busca vida espiando a una pareja, una niña que le enrostra a su amiga ser hija de la empleada de la casa, dos ex compañeras de trabajo que se reencuentran para hablar de su antiguo y odiado trabajo, o un grupo de niños que juegan a ser ninjas en un Talcahuano hundido en la cesantía.

Ser o no ser

Paulina Flores cada vez está menos abrumada por los buenos comentarios y varias entrevistas que le ha traído Qué vergüenza . En estas ha contado que creció en Conchalí, que fue al colegio en Recoleta, que estudió literatura en la Universidad de Chile, que ha hecho talleres literarios con Luis López-Aliaga y Alejandro Zambra, y que dedica medio día a hacer clases y así tener tiempo libre para escribir. Ahora cuenta que le gusta la narrativa de Alice Munro -"los dilemas morales que presenta"-, que en Chile se identifica con sus coetáneos (Romina Reyes y Francisco Ovando, entre otros) y que le llama la atención la lectura que algunos críticos han hecho de su libro: "Hacen competir a los cuentos, dicen 'este es mucho mejor que este otro', y a mí me parece mucho más interesante hacer una crítica más general sobre el estilo, la pluma, los temas, la estética, la visión de mundo que hay en él. Yo habría podido publicar todos estos cuentos por separado, porque existen libros de treinta páginas, pero que lo haya hecho en un libro tiene un sentido".

En algún momento el volumen se iba a llamar "Crisis": "Me gustaba mucho la idea de que en todos los cuentos había una crisis económica detrás, la crisis asiática". Sin embargo, fueron muchos "los votos en contra", y quedó como título el del relato que abre el volumen: "Después me fui dando cuenta de que calza, porque la expresión 'qué vergüenza' está relacionada con algo muy íntimo, con las vergüenzas de cada uno que nadie comenta, con lo no dicho; y creo que eso tiene que ver con el libro".

Los personajes de Flores reflexionan, piensan en sí mismos y sentencian, o quizás se sentencian. Ya sea en el extremo conformista o en el aspiracional, quieren creer que uno decide lo que llegó a ser, que uno es dueño incluso de sus fracasos: "Desaprovecharme, conformarme, fue para mí la única manera de ser honesto", dice uno de ellos. Mientras que otro habla de estudiar en un colegio emblemático, en el Lastarria o el Instituto Nacional, "... y de ahí derechito a la universidad", porque es posible, ahí están "todas las oportunidades" y "depende de usted llevar una buena vida".

Los personajes, dice la autora, "tienen un doble matiz, de ingenuidad y sabiduría. Supongo que eso es lo que los lleva a ser tan conscientes de sí mismos llegado cierto punto". Y por eso -piensa-, hay una tercera alternativa entre la inocencia del niño y la mentira del adulto: "Quizás Freud podría decir que en todos los casos uno se miente, pero no es tan cínico el asunto, hay cosas genuinas detrás de esa inocencia o de ese mentirse. Mentirse también puede ser muy genuino, muy sincero".

-¿Por qué le interesa la tensión entre lo que se es y lo que se pudo ser?

-Es una expresión fuerte, pero soy hija de una generación muy frustrada en muchos ámbitos, de gente que no hace lo que ama. La generación de mis papás trabajó en lo que pudo, en lo que le tocó. Cuando vi "Breaking Bad" quedé súper choqueada: más allá de que sea verosímil que alguien de cincuenta años, con cáncer, se transforme en un dealer de metanfetamina, lo cierto es que todos los hombres o mujeres a los cincuenta años van a hacer una cosa loca, porque se dan cuenta de que su vida fue la vida de otros, de sus hijos, o de lo que sea. Pero no lo veo con ojos malos, porque frustrarse siempre tiene que ver con cosas circunstanciales. Mi generación es muy egocéntrica, por eso no está frustrada, porque piensa en sí misma todo el tiempo y se da lujos y caprichos, mientras que las generaciones anteriores no lo hacían, y también hay belleza en eso: hay belleza en relegarse, en no elegir por ti, sino que elegir por otro.

-También le da voz al arribismo.

-Hay una doble lectura. Por un lado, obvio que encuentro muy criticable este constante aspirar a ser algo porque el sistema te dice que es mejor, pues lo que pasa en Chile es que la gente rompe los lazos con su origen, con su familia. Uno puede aspirar a mejorar, en todos los sentidos, pero eso no tiene por qué significar romper con lo que fuiste. Pero, por otro lado, tampoco lo critico, porque no es que yo vea este fenómeno desde afuera, lo conozco, y sé que en las poblaciones, en la clase media, y sobre todo en la clase media baja, en la marginalidad, hay mucho sufrimiento también: familias disfuncionales a niveles heavy , problemas de alcoholismo, de drogadicción, abandono. Entonces de verdad que a veces uno quiere romper con un pasado como ese; el problema es que va a volver, que va a pesar de todas formas. Pero entiendo porque la gente lo hace... se ve hasta en lo superficial: todo Santiago trabaja en Las Condes, parten buses llenos, e imagino que si todo fuera un poco mejor y no tuvieras que pegarte como dos horas de pique a tu trabajo, quizás no tendrías que abandonar tu población... El sistema es injusto, no es que de repente alguien se levante y diga "ya, voy a dejar mi clase atrás". De verdad hay mucho dolor ahí.

Sujeto a su linaje

A propósito de herencias, otra derivada de esta lucha consigo mismo presente en las narraciones de Flores es la relación entre padres e hijos: "Ahí yo creo que tengo algo medio pegado. Todo mi discurso está enfocado a que uno hereda cosas de los padres", dice, y se ríe. "Esas herencias pueden ser muy buenas, pero también pueden ser la maldición que te dieron los dioses de acostarte con tu madre y matar a tu padre. Yo creo que no hay nada que hacer, uno es eso no más, y tampoco lo digo en sentido de queja".

En "Últimas vacaciones", precisamente, el protagonista elige entre su mamá y el mundo que le abren su tía y sus primos. "Siento que ahí se están diciendo muchas cosas, porque, claro, para él es una decisión muy simple, pues es su mamá. Pero a la vez, ese 'su mamá' significa no dejar la población, no dejar lo que es él, significa no traicionarse. Sin embargo, nunca hay que confiar tanto en los personajes, porque, por ejemplo, yo te podría explicar todos mis problemas, pero en realidad no tengo idea, es una narración que te armas. De cierta manera él lo dice, y eso para mí es lo más heavy , 'en realidad qué decisión podía tomar un cabro chico de diez años'. ¿Cuál es la verdad?... Que lo abandonaron no más".

 


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Paulina Flores está proyectando una novela distópica protagonizada por tipógrafos. " >
Paulina Flores está proyectando una novela distópica protagonizada por tipógrafos. "También quiero escribir una novela negra".

Foto:Jorge Espinoza E.


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