ARTES Y LETRAS

Domingo 20 de Mayo de 2012

"Paisajes" 1992-2012 Antología de esculturas, instalaciones y obra bidimensional
Zinnia Ramírez: el amor a lo más simple de la naturaleza

Más de 20 años de trabajo se traducen en una de las más originales exposiciones de arte contemporáneo inaugurada este año en el Museo de Bellas Artes. El trabajo de Zinnia Ramírez nace íntimamente relacionado con la naturaleza, con las culturas originarias y la espiritualidad. La artista cuenta sus luchas, encuentros y descubrimientos en una arriesgada propuesta, que conlleva un nuevo lenguaje.  
CECILIA VALDÉS URRUTIA "Me interno en la naturaleza y en la geometría sagrada, en el kultrún mapuche, en los círculos arados. Me interesa rescatar el respeto por las tradiciones ancestrales, por nuestra vegetación y el valor de lo espiritual", cuenta Zinnia Ramírez. Mientras las salas del ala norte del Museo de Bellas Artes, montadas en semipenumbras, van invitando al espectador hacia un viaje a mundos mágicos de pequeños árboles, troncos, ramas, piedras, semillas, libros sagrados, figuras y símbolos femeninos, recreados con una original factura y estética.

Las esculturas e instalaciones de Zinnia Ramírez Taylor ( 1955 ), que cruza con el grabado, la fotografía y la pintura, dan curso a lo que es ya reconocido como un nuevo lenguaje, en lo que constituye una de las contadas propuestas originales que pueden encontrarse en nuestra escena, lamentablemente ignorada por alguna crítica (ver recuadro).

La artista lleva más de 20 años inmersa en ello: con sus jeans, atuendos orgánicos y su largo pelo rubio recorre las tierras mapuches, se traslada a una quebrada cordillerana o parte hacia los bosques chilotes. Ese es su gran taller. Reconoce formar parte de un grupo de artista, "que aprendimos a afirmar nuestra propia originalidad y no tanto a seguir tendencias".

Viaja, además, a comunidades aisladas a enseñar y sensibilizar con el arte, con la sensualidad de diversos materiales. Una labor que se exhibe en el mural de cajas de luz en el piso del museo.

"Zinnia, flor, no cortar"

Su relación con la naturaleza es innata. "Viví desde chica en la playa, al lado de un cerro. Disfrutaba los colores de los luches, recogía pedacitos de losa, piedras, ramitas. Es un imaginario que llevo dentro de mí".

Hoy reparte su tiempo entre Santiago y una parcela familiar camino a Farellones. "Con mi marido y mis dos hijos cultivamos una huerta, árboles frutales. Los trabajos de gran formato, con árboles, los hago allí. Tengo también los hornos de cerámica. Aquí me dedico más al estudio y mis arrancadas son por lo general a Conguillío y Chiloé, donde encuentro árboles, troncos y piedras especiales para mi trabajo".

"¡Y Zinnia es el nombre de una flor!", agrega. Mi padre se llamaba Héctor Ramírez, había cientos de ellos y no me iba a poner Loreto o Verónica. Hace poco hice una obra titulada "Zinnia, flor, no cortar", inspirada en una frase mapuche. La pieza era una vaina de palmera a la que le puse cerámicas incrustadas, y con pirograbado hice la frase: "al cortar una flor se muere una estrella, que forma parte de la mitología mapuche de cómo se crea el mundo".

Confiesa la necesidad de que el público ingrese a este mundo, también, a través de sonidos y olores. Las salas conducen a un gran libro antiguo, que cita los archivos akáshicos, que montó arriba de un suelo tapizado de cuarzo. "A ese libro que permite observar en sus rendijas 'los archivos de luz', le echo lavanda todos los días". Entretanto, la instalación de un monumental mandala con que finaliza la muestra, se ilumina gradualmente al ritmo de la respiración humana, acompañada por el sonido de monjes tibetanos.

La mágica confección

-Su lenguaje se une a los ciclos de la naturaleza....

"Todo lo que hago es en contacto con la naturaleza y se complementa con una investigación de años. Siempre he ido detrás de los lenguajes originarios -conociendo cómo se conformaban-, y de las lenguas muertas. Y llegué al más perfecto de ellos: el Mapudungún. Empecé a estudiarlo a principios de los años 90 y me abrió un mundo que llevo a mi arte"

-Y se traslada a los lugares

"Acabo de llegar del Cusco y fui hace poco a Isla de Pascua. He estado en México y Costa Rica, no quiero dejar esos lugares y tengo mucha gente mapuche a mi lado. En esas interrelaciones se aprende de los colores y de los materiales que usan, de sus verdaderos significados, cuya simbología es riquísima".

-¿ Cómo parte una de sus obras, donde una pequeña piedra o un tronco dan pie a una instalación?

"La naturaleza me sugiere: una rama o una piedra me dice por dónde debo ir. Pero hay veces en que parto de una idea y debo encontrar determinado elemento para darle curso".

-Y cruza elementos de la naturaleza con el grabado, la fotografía y la pintura.

"Sí. Para "Manos excepcionales de la Cordillera", por ejemplo, tenía impresiones de manos, pies y vegetales precolombinos; tengo un banco de información. Lo trabajé en grabado: fotocopié y traspasé imágenes a papel por piroxilina (un tipo de pegamento). Había una manito con seis dedos y armé un pequeño mundo alrededor de ella, con la raíz de una copa de árbol, con semillas; hice costuras con un hongo del té, le puse pintura. Esa manito habla de una mano excepcional, que es como llaman en otras culturas a las cosas que tienen deficiencia y es lo que deberíamos hacer".

- "El silencio de las piedras" nació de una pequeña piedra con huellas .

"Encontré esa piedrecita que tenía en su superficie unas marcas de amarre. Poseía una forma muy hermosa semitriangular. Ello y las marcas me sugirieron la obra, unido a la información ancestral de que las piedras tienen que abrirse. Partí la estructura por la piedrecita que amarré con alambres y la instalé sobre un bosquecito de pequeños troncos. Así partió esa historia".

-Varias de sus cajas tienen un carácter religioso, como "Vestigios del Grial ".

"Hemos sido formados cristianamente y aquí se amplía hacia lo ancestral. Se relaciona con toda la búsqueda mística. Incorporo también mi propia investigación y sensibilidad".

-El Mandala es una forma constante en sus propuestas.

"Es muy usada en el arte. Es una palabra del sánscrito que significa círculo y que es en sí misma una fuente de energía. Es como una forma sagrada, porque uno vive en un mundo circular. Tengo muchas obras con esa forma, como "Mandala en homenaje a Tamayo", donde traspasé una imagen del artista a cerámica. El mandala se relaciona con Tamayo, porque trabajaba una obra más espiritual, en momentos en que los muralistas estaban en un pie de lucha social en el arte".

"Armo estructuras"

-Su composición es muy refinada y sutil . ¿La prepara?

"Es una mirada visual. Uno ve perfectamente cuando algo sobra. Se trata de lograr un equilibrio. Pero se aprende, creo, con la experiencia".

-¿Qué significa la belleza en su trabajo estético?

"Veo la belleza en lo más simple, en un detalle de la naturaleza. Se va dando también en los contextos, en el armado de las piezas, en cómo las voy acompañando; en las bases donde pongo piedras o creo una alfombra de tierra. Se encuentra belleza en cosas distintas que realzan la simplicidad, en cómo se mezclan los objetos, algo que tiene también que ver con los colores y matices de las tierras, que he estudiado mucho. La belleza se encuentra también en cómo rescatar y contrarrestar los matices de los colores."

-¿Cuál es su principal desafío?

"Al ser instaladora, trabajo en cada obra las dimensiones de altura y las relaciono con los colores, los olores, las distancias, las formas y la comunicación con el espectador. Para las más pequeñas, hago lo mismo, que nada sobre o falte".

-¿El armado de elementos es lo más arduo?

"Sí. Pero mi formación de escultora me ayuda. Mi marido es otro eslabón fundamental, Francisco Capponi. Es traumatólogo y doctor en biomecánica y siempre me está asesorando en los armados de las obras, afirmando las estructuras".

-Y dedica mucho tiempo a la confección de otros materiales, como el papel.

"Cuando llegué a estudiar arte a Santiago, partí directamente a las salas de los profesores que quería que me hicieran clases: estuve en la de Lea Kleiner, quien enseña el papel, y seguí con Iván Pérez, quien estudió lo oriental. Aprendí a hacerlos y para la instalación del Mandala estuve efectivamente dos años haciendo papel con moreras del mimbre. Siempre lo confecciono".

-Otros materiales los simula, como el bronce, que lo hace aparecer como semilla y lo incrusta en troncos.

"Es increíble cómo el bronce se puede llevar a la mínima expresión y habla en la máxima expresión. Sucede con esos coquitos de eucaliptos que instalo y toman una dimensión monumental".

Beuys y Colvin

-¿Qué artistas han sido decisivos para usted?

"La mayoría estamos marcados por Joseph Beuys. Él hizo un cambio de cabeza, cambió el concepto del arte en el sentido de que todos somos artistas. Los que tuvimos acceso a conocerlo, aprendimos a afirmar nuestra propia originalidad".

-Del arte contemporáneo, ¿quiénes le interesan?

"Ana Mendieta: me interesa cómo trabaja y hace rituales. Rebeca Horn. Marina Abaramovic y otras. Son personas que no separan el arte del cuerpo y hablan de un arte sensualizando la materia..."

- ¿Marta Colvin?

"Ella veía en las rocas y en los árboles la forma de sus esculturas. Yo también veo la obra en la naturaleza. Las araucarias tienen unos pastelones, unos rectángulos que van como un mosaico, en su corteza. Necesito que ese fenómeno de la naturaleza sea admirado. Me importa traspasarle a la gente esa visión, y ese amor a aprender a mirar en lo más simple, en una raíz, en una piedrecita, en lo cotidiano. Es necesario crear conciencia. Poner una fuerza de cambio, que al estar en contacto con la naturaleza, con las culturas propias, permita ampliar la mirada tan soberbia" 

 "No existimos para ciertos teóricos"-¿Cómo se explica que siendo reconocida por su nuevo lenguaje y habiendo expuesto en Nueva York, Canadá y Latinoamérica, nunca había exhibido antes en el museo ni en otras individuales? ¿Segregación?

"No puedo decir eso. Pero sí hay teóricos y curadores como Gerardo Mosquera y su libro "Copiar el Edén", sobre arte contemporáneo en Chile, donde ni siquiera nos mencionó a mí, a Hugo Marín, Tatiana Alamos y tantos otros. Uno dice 'plop'. ¿En qué están algunos de la escena teórica? ¿Miran en menos a quienes estamos trabajando con las culturas y con lo espiritual? Claro que esa es la visión de un extranjero, un cubano, porque qué sabe realmente alguien de afuera que venga a escribir de nosotros. También está el hecho de que para las bienales, aquí no nos toman en cuenta, teniendo un arte propio enraizado en nuestro entorno y cultura".



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<b> (1998)." >
"Vestigios del Grial" (1998).
Foto:CRISTIAN SOTO QUIROZ


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