VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 25 de Abril de 2015

 
Le Marais cuenta su historia

En noviembre el Museo Carnavalet inaugurará una completa exposición sobre Le Marais, un barrio que salvó de la modernidad gracias a la Ley Malraux, que desde 1962 protege a los barrios históricos. En la actualidad, el antiguo centro real y punto de reunión de la aristocracia, marca tendencia y acoge distintos mundos, sin perder su carácter.  
 El Museo Carnavalet, el gran palacio renacentista que relata la historia de París, inaugurará noviembre con la exposición "La Herencia del Marais", una celebración a los cincuenta años de promulgada la Ley Malraux que originó la preservación de los barrios históricos.

 Casi veinte años después de la Segunda Guerra Mundial, el 4 de agosto de 1962, la ley que promovió el escritor André Malraux, entonces ministro de Cultura de Charles de Gaulle, estableció que el patrimonio debía ser renovado, restaurado y revalorizado.

Las 126 hectáreas que conforman Le Marais fueron de las primeras en beneficiarse con el Plan de Salvaguarda y Mejora.

Fue un segundo golpe de suerte para un barrio excepcional que estuvo entre los pocos que salvó de ser atravesado por alguna de las grandes avenidas con que el barón Haussmann, a fines de 1800, bajo el gobierno de Napoleón III, alteró gran parte de la ciudad medieval para dar mayor conectividad a París.

La Ley Malraux reaccionaba frente al acondicionamiento que estaban empezando a sufrir los centros urbanos con el fin de facilitar la circulación de vehículos y de aumentar las superficies disponibles para oficinas, comercios y servicios. Malraux, un visionario -como plantea la muestra de Carnavalet- vio el riesgo que tanta vitalidad urbana significaba para la integridad de los barrios históricos de las ciudades y, en la práctica, buscó estimular la conservación del patrimonio entregando a los propietarios incentivos económicos para que fueran utilizados en una reconversión respetuosa, acorde a las líneas patrimoniales. Una medida que no se limitó a proteger edificios, sino también barrios enteros junto con el paisaje que los rodea.

Así sobrevivió Le Marais. Uno de los sectores que más historia ha visto pasar por sus calles desde que la orden de los templarios se instaló en la Edad Media en sus terrenos pantanosos y logró convertirlos en la gran huerta que proveyó de verduras a París. Le Marais fue centro real a mediados del siglo XIV, cuando Enrique IV se trasladó allí con su corte. Años en que los grandes palacetes -llamados hôtels particulieres- de la nobleza y de funcionarios del gobierno rivalizaban por sus arquitecturas y la riqueza de su decoración interior.

Fue el barrio de la socialité y del esplendor hasta la partida hacia Versalles del rey Sol, Luis XIV, con su corte. Esto hizo que también emigrara buena parte de la aristocracia. Las increíbles construcciones de Le Marais fueron cayendo en manos del mundo industrial, y talleres de todo tipo se instalaron durante años en jardines y patios de los antiguos palacios.

En la actualidad, en pocas cuadras, es un barrio histórico que acoge distintos estilos de vida y recoge el aporte de nuevas épocas sin perder su carácter. Situado entre los distritos 3 y 4, en la ribera derecha del Sena, en sus límites vibra una de las zonas gay más reconocidas de París, donde las bandas del momento tocan en sus pubs; están las oficinas del Ayuntamiento de París en el Hotel de Ville; el viejo Mercado de comidas Les Enfants Rouges. Le Marais recibió a la primera colonia judía en París, y hoy tiene los mejores lugares donde comer y comprar comida kosher, y también esconde entre sus construcciones a la primera plaza que se hizo en la ciudad: la Place des Vosges, que levantó Enrique IV en 1612, donde están las casas de Victor Hugo y del cardenal Richelieu en sus costados.

A Le Marais no le falta nada. Venden flores en las esquinas, cafés espumosos, cous cous y falafel. Tiene un recorrido de museos imprescindibles como el Picasso en el antiguo Hotel Salé, una mansión del siglo XVII propiedad de un recaudador de impuestos de sal, y por eso su nombre, donde está la segunda mayor colección del pintor español en el mundo, luego de Barcelona. Y, también, aunque para muchos disonante en ese enclave, tiene el Centro Pompidou y su oferta de arte contemporáneo.

En las calles adoquinadas de Le Marais todo se mezcla. Y pese a la agitación conserva cierto aire de pueblo. Gentes de distintos mundos circulan a toda hora; y los niños juegan en la plaza después del colegio. Los fines de semana sus locales no cierran, y la música se toca en las veredas. Las tiendas mayoristas, cada vez menos, por el incremento permanente en el precio de sus arriendos, venden bisutería china, junto a los anticuarios y sus objetos de colección. Y así como la moda vintage tiene su espacio, también la alta costura, los restaurantes, los bares, las plazas, los bistrós. Mezcla perfecta de vitalidad e historia, el objetivo de Malraux.



EN LAS CALLES DE LE MARAIS NADA SE MUEVE A VELOCIDADES VERTIGINOSAS; ES COMO UNA PAUSA PARA DISFRUTAR CON TIEMPO

 


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<p><b>CADA DÍA</b> aumentan las galerías de arte, los restaurantes y las tiendas chic. Es el barrio del estilo.</p>

CADA DÍA aumentan las galerías de arte, los restaurantes y las tiendas chic. Es el barrio del estilo.


Foto:PAULA DONOSO B.


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