REVISTA DE LIBROS

Domingo 4 de Enero de 2009

Ucronía Chile, primer Estado cibernético:
Synco: El juego del revés

Interesante el ejercicio que Jorge Baradit lleva adelante en Synco, explorando la historia que no fue, articulando escenarios, diálogos, hechos imaginarios, mezclando personajes ficticios y reales.

JAVIER EDWARDS RENARD

En su tercera novela, Synco, Jorge Baradit insiste en escribir al alero del subgénero de la ficción cibernética, con elementos de narrativa negra, del cómic, del disparate literario, como si el texto mismo fuese una especie de recipiente de recursos, palabras, imágenes, con el aire de una película de Terry Gilliam (Brazil), o de Jeunet y Caro (Delicatessen), pero sin renunciar a toques de utilería mágica, a recursos de historia chatarra con clara identidad latinoamericana y chilena. Esto, que puede sonar a la descripción de una escritura desechable y fallida, constituye, en las manos de Baradit, un ingenioso y eficiente recurso narrativo que le permite crear relatos entretenidos y de contenido inquietante, de esos que obligan segundas lecturas, que instalan en el lector escenarios y reflexiones de una complejidad e inteligencia poco habituales entre nuestros tímidos narradores.

Si bien es una novela llena de guiños, parodia histórica y del género de ciencia ficción, es también un relato muy bien construido, con una aguda mirada sobre el poder y la política. Synco es una ucronía: la imaginación de la historia bajo los efectos del cambio de uno o más hechos. En este caso, es el Chile después de 1973. Pinochet, nombrado por Allende en reemplazo de Prats, detiene el golpe militar y el gobierno socialista se consolida y crea el primer estado cibernético, un ejemplo universal, la verdadera tercera vía, un milagro. Sólo con esta premisa, y concediendo que Baradit conoce las posibilidades y limitaciones del material que utiliza, esta novela debería venderse como pan caliente. Interesante explorar la historia que no fue, articulando escenarios, diálogos, hechos imaginarios, mezclando personajes ficticios con otros que toman los nombres -y algo más- de personas reales. Allende, Pinochet, Fernando Flores, el propio Ricardo Lagos, Altamirano, por mencionar algunos, están aquí como una extrapolación de los sujetos reales que, por momentos, tienen inquietantes similitudes con ciertas esencias, con el alma imaginada por este escritor.

La ucronía del socialismo democrático -con los compañeros de Allende en pleno ejercicio del poder, bajo el imperio de Synco, la cibernética red informática desarrollada por Flores- es perfecta, pero sólo en la medida en que la perfección nunca llega a ser más que una perversión de lo posible: un extremo, un fanatismo, la imposición de algún tipo de mentira. La historia y la ucronía son la cara y el sello de una misma moneda, una manera de entrar en los intersticios de la historia para desmenuzar sus mecanismos y entender la forma en que finalmente se comportó.

En un esquema político de derechas e izquierdas, el texto de Baradit podría catalogarse como reaccionario. El imaginado socialismo de Allende ha llevado al país a un estado de cosas -distinta de la dictadura del proletariado imaginada por el Pinochet real- que en alguna forma se parece al estado militar y ordenado que se instala en la historia auténtica de la mano del general. Algo oscuro ocurre en ese espacio, secretos y ambiciones corren por la venas de esa red de ciber chatarra -Synco- que conecta al país con artefactos de un futuro tecnológico imaginado por George Orwell, en su novela 1984. Conspiraciones, eslóganes, control de la información, todo muestra un no fue que -como el juego del revés que monta Tabucchi en su cuento homólogo- se parece mucho, tristemente, a lo que sí ocurrió. Como en Synco Baradit escribe desde una mirada posmoderna, no comprometida, historia y ucronía son la gran metáfora del destino histórico, una cáustica ironía que parece afirmar que todo lo que nos ha pasado nos habría pasado igual si ciertos hechos hubiesen cambiado, bajo formas diferentes que nos son capaces de eximir a un pueblo de las lecciones que debe aprender.

De una u otra forma, Chile ha creído ser el ejemplo, el país único y distinto dentro de su vecindario: Allende lo intentó, Pinochet lo creyó y buscó convencernos y, en estos años de democracia y bienestar económico (cuya estabilidad se ve afectada por la recesión que acecha), hemos sentido que cumplimos un rol ejemplar y superior. Sin embargo, como plantea esta novela, a pesar de las apariencias hay algo que está más allá de ángeles y demonios, porque unos y otros comparten la misma naturaleza, y ese elemento común es lo que nos debe ocupar, quizá para entender dónde estamos y hasta dónde podríamos llegar. Historia o ucronía, en ambos casos no ha sido ni será más que el destino que se teje en la médula de lo que somos.

Synco

Jorge Baradit

Ediciones B,

Santiago, 2008, 304 páginas, $12.000.

Novela



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