DEPORTES

Viernes 8 de Febrero de 2008

Dupla de centrales


Es más una cuestión de tradición -traspasada en forma oral por el imaginario futbolero- que una verdad sustentada, el principio que indica que una buena pareja de zagueros centrales es la combinación entre elegancia y fiereza. Es decir, que para que exista pleno complemento entre los dos defensores, uno tiene que ser bueno para la pelota y el otro, bueno para meter la pierna.

Si bien hay casos en que tal situación se dio (siempre se pone como ejemplo en el fútbol chileno la pareja formada por Leonel Herrera y Rafael González en el Colo Colo de Luis Álamos), no alcanza para constituirse en una tendencia. Y para ello, una sola constatación: la mejor pareja de zagueros centrales que ha tenida alguna vez la selección chilena -la formada por Elías Figueroa y Alberto Quintano- no era para nada la simple suma de un talento y un aguerrido, sino que la amalgama perfecta de dos tipos que combinaban ambas cualidades.

El tema se puede actualizar en la medida en que en el balompié criollo se está viviendo un proceso de reactualización en cuanto a la conformación de las líneas defensivas donde, por cierto, la dupla de zagueros centrales a la antigua es un elemento central de análisis.

Como primer elemento a considerar para estructurar una dupla, los teóricos y entrenadores parten de una base: debe existir comunicación plena entre los jugadores, entendida ésta como la capacidad de percibir situaciones e intercambiar determinaciones.

Y es que a diferencia de lo que ocurre en una zaga conformada por un líbero y dos stoppers, donde la eficacia está centrada fundamentalmente en la mecanización de funciones, los dos defensores en línea, para cumplir con su misión, requieren tomar decisiones conjuntas ante situaciones que no pueden ser ciento por ciento previstas de antemano. ¿Por qué? Porque a diferencia de los líberos y stoppers, la pareja de centrales no tiene como objetivo prioritario atacar al rival que lleva el balón (ya sea con marcación personal o zonal), sino que cubrir de la mejor forma el sector donde se está gestando el ataque rival (esto se entiende porque se supone que serán los laterales y el o los volantes centrales los que deben ir al choque frontal).

Así, la comunicación se torna esencial entre los zagueros centrales porque uno de los dos debe salir a asistir -generalmente marcando al posible atacante receptor del balón- mientras el otro tiene que quedarse a cubrir la última zona para evitar la desprotección total ante una eventual cambio de frente de la jugada.

Lograr este grado de sincronización en la dupla depende más del diálogo que de la repetición de movimientos. Y quizás por eso es que parece más lógico estructurar una pareja de centrales en equipos que tienen la opción de hacer un trabajo de más largo plazo que en otros que eventualmente se forman para competir. O sea, más en un club que en una selección, por ponerlo en palabras simples.

La aventura de la formación, en todo caso, depende del grado de recepción del jugador y del convencimiento del entrenador. Y eso marcará siempre las diferencias en el fútbol.


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