REVISTA YA

Martes 28 de Junio de 2011

Andrés Allamand y Marcela Cubillos:
Tenemos hecha una vida juntos

El ministro de Defensa no estaba convencido de hablar de su vida personal ni menos ahora siendo parte del gabinete. Marcela Cubillos, por su parte, dice que ya está alejada de la política activa, por eso advierten que ésta será la única entrevista que darán juntos, luego de cinco años de relación. "Somos una pareja normal, como muchas de este país". Sobre cómo se encontraron, la relación con los hijos de ambos y qué aprecian en cada uno hablan en estas páginas.  
Por Karim Gálvez. Fotografías: Pin Campaña. Producción: Catalina Domínguez y Paula Salinas.  Quizás el culpable es Eduardo Frei. Sí, porque fue él, hace cinco años, en su calidad de presidente del Senado, justo cuando Marcela Cubillos iba cruzando hacia la Cámara, dispuesta a sentarse a escuchar la exposición de Andrés Allamand, quien dijo por el micrófono:

 -Se cierra la sesión.

Y a la entonces diputada por Ñuñoa y Providencia no le quedó más alternativa que llamar por teléfono al senador Allamand.

Ella estaba trabajando en la acusación constitucional que su partido le haría al entonces ministro Martín Zilic y su amigo, el senador Andrés Chadwick, le había sugerido que escuchara la intervención que haría Allamand sobre educación. Pero hubo un problema en la distribución de tiempos, y el senador Frei no dio oportunidad a la intervención.

-Llámalo -le insistió Chadwick.

-Y, bueno, hasta hoy nos seguimos llamando -se ríe Marcela, sentada en el sofá color camel del departamento de Andrés Allamand.

Sin embargo, el actual ministro de Defensa prefiere darle el crédito al Presidente Sebastián Piñera. "Francamente, él todavía se ríe. Nos tocó trabajar juntos con Marcela, él y Andrés Chadwick intensamente en el equipo de educación en temas complejos a los que dedicamos mucha energía...". "Y de repente se empezaron a dar cuenta de que había cierta complicidad entre nosotros que ellos no manejaban...", dice Marcela Cubillos.

Recuerdan que cada vez que la ex diputada cruzaba hacia el Senado se producía cierta curiosidad. Había expectación sobre si le hablaría o no al senador Allamand. Una curiosidad que dura hasta hoy. En estos cinco años como pareja, cada cierto tiempo, les han pedido que hablen de su relación. Se lo volvieron a pedir a Marcela el año pasado, cuando juntos publicaron el libro "La estrella y el arco iris", y luego en enero, cuando Allamand fue nombrado ministro. A pesar de eso, dicen que han asumido su relación con la mayor naturalidad posible. "Somos una pareja normal y corriente, como muchas de este país", será una sentencia que repetirán varias veces.

-Al comienzo de nuestra relación fue más complejo, porque estábamos los dos en el Congreso, pero lo hemos manejado tratando de no vivir expuestos. Tal y como somos; además, todos nuestros cercanos lo tienen muy asimilado -dice Marcela.

Se conocían desde hacía muchos años. Andrés Allamand fue muy amigo del padre de Marcela, el canciller Hernán Cubillos.

-Era un hombre extraordinario, a quien yo le tenía mucho cariño; un hombre muy respetado y que tuvo un rol que yo siempre admiré mucho, cuando le correspondió enfrentar quizás la circunstancia más difícil que vivió Chile en el siglo pasado, la guerra inminente con Argentina. Conocí a Marcela siendo muy joven y bueno... la vida separa y junta. De pronto, las personas se encuentran en una etapa y se reencuentran en otra.

Reconocen que no ha sido difícil enfrentar un camino juntos.

-Hemos vivido lo que viven muchas parejas que ya aprendieron que no todo es como se imaginó cuando se tenía 15 años, pero que tal vez es incluso mejor que esa vida perfecta que se pensó cuando niño. Uno ha aprendido y se encuentra con otro en un momento en que disfrutas, te acompañas. No somos una excepción -dice Marcela.

Están en un living con vista clara a la cordillera luego de los días de lluvia del fin de semana. Se ven relajados, ella sin zapatos con los pies arriba del sofá y él a su lado, junto a un mueble-biblioteca, donde se ve enmarcada una fotografía de ella y algunos objetos de él en diversos momentos de su vida política: un retrato en sus tiempos de dirigente estudiantil del Liceo José Victorino Lastarria, placas de su paso por el Senado y un rincón con varios libros firmados especialmente para él por personalidades como Raúl Castro, Vargas Llosa y el mismísimo Nelson Mandela, cuando, en 1995, lo invitaron a formar parte de la selección Resto del Mundo durante un campeonato de rugby en Sudáfrica.

A Andrés lo conoció como dirigente político, cuenta Marcela. Lo vio algunas veces en su casa, pero se le quedó grabado un hecho puntual que sucedió muy poco tiempo después de que ella se separara. Estaba partiendo en política y vivía un momento personal complicado cuando se publicó un artículo "feo" sobre ella en un diario.

-Yo estaba en mi casa y sonó el teléfono. Era Andrés. Me dijo: "No tengo idea de si es cierto o no lo que se dice en ese artículo, y me da lo mismo, pero quiero decirte que no debieran haber escrito eso". Para mí fue muy sorpresivo. Me llamó mucho la atención, pero hoy, que lo he conocido, siento que una de las cosas buenas de él es que, por muy dura que sea, la política no lo ha endurecido.

Ella recuerda un gesto que tuvo el Presidente, cuando a Allamand le ofreció el ministerio de Defensa, durante una gira en Valdivia.

-Me llamó y estaba preocupado por si yo alcanzaba a tomar un avión, desde Santiago, para acompañar a Andrés durante la ceremonia. Fue un lindo gesto.

En ese momento, Andrés Allamand sintió que se completaba una etapa.

-A veces me hago un test y me pregunto: si tuviera que enfrentar una tarea verdaderamente compleja, ¿con quién me gustaría formar equipo? Elegiría a Sebastián Piñera, porque tiene mucho carácter y una tenacidad sólo comparable con su porfía, pero tengo la certeza de que reacciona bien.

Si, en cambio, Marcela tuviera que escoger con quien formar equipo, su elección es absolutamente personal:

-Creo que ya elegí. A uno le toca vivir momentos difíciles, y para mí, los años que he pasado con Andrés han sido tremendamente importantes, no sólo por lo que hemos logrado juntos, sino por cómo nos hemos apoyado.

-Yo me integro con facilidad al mundo familiar de la Marcela, y ella a mi mundo familiar con completa normalidad, como imagino sucede con la inmensa mayoría de parejas que rearman sus vidas -dice Andrés.

No sería raro, entonces, pensar que como parte del proceso natural terminaran viviendo juntos en una sola casa, embarcados en un proyecto matrimonial. Sin anuncios oficiales y ojalá con la mayor reserva posible. Pero, por ahora, siguen viviendo en casas separadas.

-Tenemos hecha una vida juntos, y quizás aún en dos casas. Hasta ahora, por cosas circunstanciales. Yo tengo todavía niños más chicos; Andrés vive también con la Olivia. Vivimos el día a día -dice Marcela.

-Nosotros hacemos una vida en común muy intensa, veraneamos juntos, nuestras casas se llenan de amigos, mis niñas van y vienen, subimos cerros, trotamos, hacemos paseos, somos una pareja muy normal, fluye naturalmente -agrega Andrés.

Los hijos y el ADN político Olivia Allamand, pintora, se despide. Aunque va saliendo algo apurada, se detiene un par de minutos para conversar sobre lo que hará en el día. Lleva un bolso grande, el pelo suelto, unos jeans pitillo y unas botas australianas algo deshilachadas. Luego, Andrés muestra algunos cuadros de su hija; hay uno en tonos rojo, firmado en 2001, en el muro de entrada. En otras épocas ha sido Ignacia, la hija actriz, quien ha vivido con el ministro. Marcela las elogia. Dice que son mujeres modernas, exitosas, entretenidas, especiales, y también habla de Raimundo, que tiene 21 años y estudia en la Escuela Naval, con quien tiene un contacto más cotidiano. "Se incorpora muy bien con mis hijos, a nuestros paseos, salidas".

A Marcela le emociona la relación que Andrés ha construido con sus hijos: Cote, 16; León, 13, y Baltazar, de 11. "Tienen en común un enorme gusto por la vida al aire libre y el deporte". Y aún no se reponen de la derrota de la Universidad Católica para el campeonato de apertura. El día del partido él venía llegando de un viaje a Buenos Aires, pero igual llevó al hijo menor de Marcela al estadio. "Baltazar ha concluido que Andrés sabe más de historia del fútbol y ellos más de la contingencia deportiva", dice Marcela. Y el jueves siguiente, Andrés, desde el ministerio, les envió los últimos ejemplares de El Gráfico que compró durante el viaje, y que los niños esperaban ansiosos.

-Me impresiona la cantidad de información que los adolescentes tienen hoy y que transmiten -dice Andrés.

Discuten en completa horizontalidad los temas, a la par.

-El pensar que los adolescentes de hoy no tienen interés por los temas públicos dura exactamente hasta que uno se reúne con ellos un rato y es objeto de una verdadera interpelación. Yo, de repente, termino explicando sobre HidroAysén, las protestas, el crédito fiscal universitario.

-Los adolescentes tienen además una apertura mayor frente a las minorías sexuales. ¿Cómo lo conversan con sus hijos? Porque una cosa es proponer un proyecto de ley y otra es abordarlo puertas adentro.

-Ellos obviamente tienen una mirada diferente. Cuando Andrés les ha hablado dentro de la casa el proyecto que propuso, lo que más debe explicarles es por qué no se legisla el matrimonio homosexual, más que por qué se está regulando la convivencia. Los niños tienen una mirada más progresista, igualitaria y abierta. Le preguntan derechamente por qué no se pueden casar; van en una etapa más allá -comenta Marcela.

Andrés agrega:

-Hay más tolerancia, menos prejuicio y más respeto en las nuevas generaciones. Me extraña cuando algunos de mis colegas en el Parlamento no advierten que el Acuerdo de Vida en Común o legalizar las uniones civiles es una iniciativa que, al menos numéricamente, a quienes más va a beneficiar será a los millones de parejas heterosexuales que hoy conviven al margen del matrimonio. Quizás los que creen que no hay que legislar y desean seguir tapando el sol con un dedo debieran hablar con la gente joven; tienen una visión de alto respeto por las orientaciones sexuales de las personas. Cuando uno tenía 15 años, en cambio, reírse o estigmatizar a las personas que se intuía pudieran tener una orientación sexual distinta era pan de todos los días. Eso, en buena hora, ha desaparecido. En esta materia, el Parlamento y la ley chilena van muy atrás de la sociedad.

Andrés Allamand reconoce que ninguno de sus hijos sacó su ADN político.

-Quizás porque les ha tocado vivir de cerca las penas y las alegrías de la política, y son más las primeras que las segundas. No sienten una vocación hacia los partidos. Con Raimundo, quizás, que está en la Escuela Naval, se da una aproximación algo similar, porque así como la política es una forma de servir al país, las Fuerzas Armadas es tal vez la que conlleva la mayor entrega, incluso hasta el heroísmo. Solamente en el juramento a la bandera se promete servir fielmente a la patria hasta rendir la vida si fuese necesario.

-¿Siente alguna deuda, culpa, por no haber estado más con ellos?

-Uno siempre siente que podría haberlos acompañado más. Durante muchos años tuvimos a Juan Andrés luchando contra las secuelas de su grave accidente, entonces uno piensa que podría haber acompañado más a su familia, pero mis hijos también saben -y particularmente en los momentos difíciles- que han contado y cuentan conmigo. Saben que la política, en el buen sentido, es un servicio a los demás, y yo la veo como una oportunidad. Así como digo que la política es sin llorar, también siempre he pensado que la política no es para que a uno le den las gracias; lo he hecho porque he querido. Entonces no tengo sentimientos de culpa, pero sí me hubiera gustado que los días hubieran tenido 30 horas en vez de 24 para acompañarlos más.

La lucha de Juan Andrés terminó finalmente en 2003. ¿Cómo se sobrelleva la muerte de un hijo? es la pregunta. Con voz apenas audible, dice: "Apenas se sobrelleva, nunca se supera".

Muchos silencios. Largos silencios se producen mientras piensa qué ha aprendido de esa experiencia. Demasiadas cosas... Pero en particular, a valorar lo que uno tiene. Y lo más importante que uno tiene, son las personas cercanas.

-No me gusta mucho mencionarlo, pero uno nunca está preparado para la pérdida ni siquiera de los padres; mucho menos se está preparado para perder un hijo. Todos quienes hemos perdido un hijo somos hermanos. Tenemos un dolor intenso que a veces se transmite en el fondo de los ojos... No hay que decir nada, no hay que expresar nada, pero uno se da cuenta de que la otra persona está sintiendo lo mismo que uno. Y de pronto, la vida lo pone a uno en circunstancias con personas que han sufrido lo mismo, lo que genera cadenas muy fuertes.

Quizás una de las cosas más difíciles que le ha tocado como ministro ha sido participar en el ceremonial de Antuco. Para él, fue un esfuerzo sobrehumano poder hablar en esa oportunidad.

-Les dije una sola cosa: que estábamos hermanados en el dolor, que yo sabía lo que estaban sintiendo, porque había sentido lo mismo, y también que debían estar orgullosos por la manera noble en que habían sacado adelante su vida en medio de la tragedia. Ni yo mismo sé cómo lo hice.

 Ya son casi las tres de la tarde. En el living se ve un ejemplar del libro "La estrella y el arco iris", que probablemente alguien estuvo hojeando, y que Andrés y Marcela publicaron en 2010 para contar la historia de cómo la derecha llegó a gobernar, luego de varias décadas. Les gusta la foto del libro, en que salen abrazados, caminando por la playa. También les gustó trabajar en pareja, porque, como dice él, "afianza las relaciones".

-Al final del día, permite conocer a la pareja en un plano no solamente afectivo, sino en lo intelectual. Mi impresión es que mientras más conexiones existen con la pareja, la vida en común es mejor. Marcela es muy inteligente, lee a una velocidad supersónica y además es muy buena con los números... Si tuviera que decir qué aprecio en ella es cómo con su alegría de carácter impregna los ambientes, y su inteligencia; entonces de ahí a estar juntos fue un proceso casi natural -dice Andrés.

Cuando lo publicaron, Andrés era senador por la Región de los Ríos y Marcela había decidido no repostularse como diputada, luego de ocho años en el Congreso. Reconocen que la aproximación a la política de ambos es diferente. Marcela quería salirse del fragor parlamentario para seguir un camino universitario, que hoy la tiene como directora del Centro de Gestión Pública de la Universidad Mayor.

-Me gusta la política, quiero aportar lo más que pueda, pero no me gusta ejercerla para mi vida personal. No sólo por la exposición, sino por carácter; no sirvo mucho para vivir en situaciones de conflicto y valoro los equilibrios en la vida; el poder trabajar intensamente en un proyecto profesional, pero llegar tranquila a mi casa y disfrutar en paz mi vida familiar. La política tiene una carga de agresividad y adrenalina con la que yo no convivo bien.

Andrés dice que para él sería muy difícil desempeñar sus responsabilidades estando con una persona que no comprenda los códigos políticos, pero siendo una persona con una veta tan marcada desde muy joven, también ha podido hacer cosas distintas. "En períodos relativamente largos de vida, he estado lejos, y eso da una cierta perspectiva".

-Es sabido que usted quería estar en la gestión del Gobierno desde el primer momento, pero no fue así. ¿Qué proceso vivió a nivel de sentimientos?

-Yo efectivamente quería estar en la gestión del primer gobierno de centro-derecha después de medio siglo, pero a estas alturas de mi vida sé las veleidades de la política, de modo que, por decirlo de alguna manera, sobrellevo bien las adversidades. He vivido triunfos y fracasos, he estado en situaciones negativas y situaciones positivas; por lo tanto, también tengo una mirada de distancia con respecto de las cosas que a uno le toca vivir.

-Pero la frustración, ¿es inevitable?

-Bueno... me la trago. Lo que intento decir es que uno aprende. Siempre he estado cerca de la política, y uno sabe que ésta tiene aspectos de transitoriedad. Los fracasos no son eternos y los éxitos no son permanentes ni en la vida ni en la política, entonces me lo tomo con la libertad y la distancia que da saber que hay cosas que dependen de uno y hay cosas que no, y que uno lo que tiene que hacer es cumplir con todas sus capacidades la tarea en que uno está.

"Si tuviera que decir qué aprecio en ella es cómo con su alegría de carácter impregna los ambientes, y su inteligencia; entonces de ahí a estar juntos fue un proceso casi natural", dice Andrés Allamand.

Maquillaje y pelo: maria Gracia Echeñique para minata. Ella:  Chaleco sin mangas,adolfo Domínguez; Polera beige,Adolfo Domínguez; Botas café, hush puppies.

En portada: Ella: Poncho, Saville Row; Camisa blanca, Saville Row; Jeans, Penny Black.

 


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