REVISTA YA

Martes 24 de Julio de 2012

Actriz, Dramaturga, Directora:
Elisa Zulueta No tengo la ansiedad de hacerlo todo

Luego del éxito de "Gladys" y de "Dama y obrero" en TVN, salta a la pantalla grande por partida doble en el Sanfic con su obra teatral "Pérez" y como actriz en "El incontrolable mundo del azar". Aquí habla de sus obras, del teatro y la televisión, de su generación -30 años- y de por qué todavía no será madre.  
Tania Araya. Fotos: Simon Pais. Producción: Bernardita del Solar. Maquillaje y pelo: Vero Mónaco. Sobre la silla de ruedas hay un par de polerones y un bolso. Elisa Zulueta, delgada, pelo negro ondulado, pantalones verdes, beatle morado, se pasea con su iPhone por el estudio de grabación y se ríe con sus compañeros, mientras las cámaras, los cables, las luces, los micrófonos van y vienen. Van y vienen. Le gusta hablar, reírse, poner caras, moverse. "Me traen la silla de ruedas, por favor", dice una de las coordinadoras a través de su micrófono inalámbrico. Alguien saca los polerones, el bolso, y lleva la silla al set. Elisa la mira y se desploma sobre ella.

Mireya Ledesma es el personaje más protagónico que le ha tocado a Elisa Zulueta en una teleserie. A sus 30 años, esta actriz, directora y dramaturga, ha escrito tres obras de teatro aclamadas por la crítica -su primera obra "Pérez" fue adaptada al cine y se estrenará en el Sanfic, y "Gladys" volverá a las tablas una vez más a fines de agosto-, y ha actuado en todas las plataformas: teatro, televisión y cine. Tuvo un personaje secundario en la serie "Soltera otra vez". Hoy, su prioridad es la teleserie "Dama y obrero", donde interpreta a una mujer humilde y minusválida.

A Elisa le duele un poco el cuello. En la escena, apenas se ve su cabeza entre los demás actores que están de pie. Su personaje sufre harto, no la quieren, se la pasa llorando. Asegura que no le cuesta nada llorar. Y a mares.

Parece tener una energía inagotable. Si no es actuando, dirigiendo, escribiendo; realiza clases y locuciones. Aunque por ahora está en stand by.

-Estoy dedicada a la teleserie porque no tengo tiempo. Y me gusta tener tiempo para estar con mi pololo y su hijo, me gusta mi familia. Antes las hacía todas, pero me enfermaba de todo. Ahora paré y estoy concentrada en esto.

-¿Pasó algo que hizo que cambiara de switch?

-No colapsé, pero el cuerpo empieza a no tener energía. Te enfermas, te bajan las defensas, empiezas a hacer todo mal y es mejor hacer una cosa bien. Empiezas a darte cuenta de que tienes abandonada a tu gente.

-¿Por el exceso de trabajo?

-Sí, porque casi todas las energías de mi cuerpo las usaba en mi cabeza. Sólo tenía mal repartida la energía, descuidando todo -precisa la actriz de rasgos definidos, sombra en los ojos, y labios pintados que resaltan por su piel clara-. Uno cree que es todo ahora y que después no va a pasar. Pero no es así, si uno hace bien la pega.

A pesar de ello, mientras grababa esta teleserie, terminó la película "El incontrolable mundo del azar", dirigida por Fernando Lasalvia y que también se estrenará en el Sanfic, y la película de Nicolás López "Qué pena tu familia", que se estrena en diciembre.

Confiesa que la teleserie le ha significado más trabajo que nunca en televisión, graba de lunes a sábado, casi diez horas por día. Elisa tiene poco tiempo libre, "pero trabajo como todos, o menos. Los actores no son gente especial". Tampoco le gusta que sólo se reconozca a los actores por el éxito de una teleserie. "Hay todo un equipo que trabaja mucho, todo el día, el triple que yo, pero uno queda como una persona muy especial, como un héroe, y no lo es".

***

Lo que ya se sabe de Elisa: estudió en el colegio Juanita de los Andes (becada), sus padres se separaron cuando ella era joven y él falleció hace pocos años. Vivió en La Reina, en Concón, y hoy en Providencia. Entró a Bachillerato en la Universidad Católica y luego siguió Actuación. Fue el dramaturgo Guillermo Calderón quien la inspiró a escribir y dirigir. Le apasiona la actuación, la dramaturgia y la dirección por igual. Su pasatiempo favorito es leer.

Lo que no se sabe de Elisa: Le tiene miedo a las gallinas y a los terremotos. El gluten le hace mal y es vegetariana -aunque sí come pescado-. Le encanta la tecnología. Nunca ha tomado alcohol en su vida. Dejó de fumar apenas una profesora le dijo: "Tú podrías cantar mil veces mejor si dejaras de fumar". Las ideas que tiene sobre sus futuras obras. No quiere ser madre todavía; si es que quiere.

-No tengo intenciones de casarme ni de tener familia, la cuestión es estar tranquila, no tener ansiedad, y eso es maravilloso.

-¿A qué tipo de ansiedad se refiere?

-Que hay que hacerlo todo, que hay que ir a todos lados. Cuando te calmas, cuando te das cuenta de que vas haciendo las cosas una a una, que priorizas tu familia. Lo paso muy bien con mi pareja y su hijo, nos queremos mucho. Soy súper guaguatera, me encantan los niños. Ahora no quiero ser mamá, yo creo que uno siente cuándo tiene que serlo y cuándo no, y yo siento que ahora no.

-Porque está dedicada sólo al trabajo.

-Porque sería una irresponsabilidad, estoy con la cabeza en esto. Tú ves ahora niños abandonados, descuidados, no solamente por madres que se van, sino por madres o padres trabajólicos. Y para eso no me interesa traer un hijo al mundo -asegura, tajante-. Me gustan los niños, pero eso que la mujer por ser mujer tiene que tener hijos, y que uno vino al mundo a ser mamá, yo no me lo creo.

Su madre, Laura Yáñez, arquitecta, que hoy canta, hace yoga y es gerenta de márketing, jamás le preguntó a su hija "cuándo te vas a casar, cuándo vas a tener un hijo". Siempre le dio plena libertad, nunca alguna presión. Ella las crió con su ejemplo:

-Mis padres eran separados, y mi mamá salió a buscar trabajo, aprovechó todas las oportunidades que tuvo. Y eso yo y mi hermana lo vimos. Nunca voy a estar en mi casa echada, "ay, esperaré a que me llamen para trabajar". Jamás. Yo salgo a buscar las oportunidades. Nosotras entendimos que si no hacemos las cosas, nadie las va a venir a hacer por nosotros. Nosotras buscamos las oportunidades.

Debido a su situación económica, Elisa siempre trabajó. En el colegio tenía muy buenas notas, y cuando entró a la universidad hacía clases particulares y preuniversitario de historia y de matemáticas. Todo era su fuerte, todo le gustaba: Periodismo, Literatura, Ciencias Políticas. Bachillerato en Humanidades era la mejor opción. Cuando tenía 21 años, su madre se fue a vivir a Paine, y junto a su hermana Florencia decidieron quedarse en Santiago.

Hoy a Elisa le gusta la tranquilidad de los 30 años, no tener que ir a discoteques, irse a la playa con su pololo -quien la acompaña, la apoya en todo, y que ha visto "Gladys" unas veinte veces- y su hijo, ir a comer, jugar trivium y acostarse. Eso le fascina: juntarse a comer y conversar.

-Los tiempos cambian, ahora a los 30 años eres una guagua. Hace veinte años, si no tenías pareja a esta edad eras una loser. Ahora no. Tienes 30 años y te queda todo. Yo siento que en mi generación nadie se siente solterona; se sienten libres.

Por premisa, le cargan las generalizaciones, así que sólo habla de su círculo de amigas:

-Son personas que se desarrollan profesionalmente como prioridad. Que también le dan un lugar a la maternidad mucho más dedicado. Es distinto. Cantidad no es lo mismo que calidad. Ahora hay mucha conciencia de lo importante que es educar a un hijo, de los riesgos que corren frente a, por ejemplo, la pedofilia, que ahora se habla y antes no. La gente que decide tener hijos es súper responsable. Mis amigas se sienten realizadas, no están frustradas porque no hicieron algo que no pudieron hacer.

-¿Y tú sientes frustración por algo que no hiciste?

-No tengo la presión de hacer lo que hacen todos, que es casarme, tener una familia y dejar de lado algo que... Me quedan diez años para ser mamá, para hacer familia. Si es que quiero, quizás no quiero. Yo veo a mis amigas y ninguna está frustrada profesionalmente, y esa frustración es súper fuerte, de no poder desarrollarte, no poder ser independiente, no tener tu casa sola.

-¿Es un tema llegar a los 40 años?

-Lo que me pasa a mí no es lo mismo que le pasa al resto. Lo que sí sé es que estamos en una ciudad súper ahogada. Si vienen depresiones o angustias, vienen porque te subes al metro y no cabe ningún alfiler, no hay aire, lo mismo la micro, y sales a la calle y el aire te contamina. Si tenías un poco de vista, te construyeron un edificio al frente; si me levanto feliz, voy a la pega en auto, y hay un taco infernal. Eso sí siento que da depresión, más allá de la edad. La edad no es una condicionante de ningún tipo de depresión.

***

En el set todo es rápido, todo se repite, todo se mueve. Luces, micrófonos que persiguen a los actores, peinetas que persiguen a la gente. En un segundo están todos dentro y todos fuera. Detrás de cámaras, desde la oscuridad, se ven cabezas con audífonos, hablando solos, hablando todos, páginas de guiones que dan vueltas una y otra vez. Aquí adentro el tiempo pasa inadvertido.

Elisa, en la silla de ruedas, come unos canapés que hay sobre la mesa del estrecho set. Está más seria, habla menos, escucha más. La luz está perfecta, se ve la sombra morada de sus ojos, el delineado negro, los labios marcados. A veces la realidad se mezcla con la ficción y uno no sabe si se ríen espontáneamente o si es parte del ensayo.

A Elisa le entretiene hacer la teleserie y le ayuda a mantener su training actoral. Pero no lo compara con el teatro.

-El teatro es un espejo social. Está en esa búsqueda permanente. El teatro es denuncia, es información, es un ente político. Ése es su objetivo máximo. Tú lees la historia del teatro chileno y puedes entender la historia de tu país.

-El realismo es algo presente en sus obras de teatro.

-Me encanta. Por el tema de la identificación. Yo siento que una persona se emociona o comprende o se sensibiliza a medida que se identifica lo máximo posible. Y uno trata de que eso ocurra. De generar al máximo identificación con el espectador. Y el realismo lleva a eso. No hay distancia. Hay teatros más distanciados, por opción estética. El realismo es más cercano, reacciona como tú, comen comida como tú.

-¿Las teleseries logran esta identificación?

-La teleserie es un género que no decae, y eso es por la identificación, absolutamente. Si no, el género estaría obsoleto.

Elisa dice que tiene otro proyecto de película en carpeta y miles de ideas en la cabeza para alguna obra, siempre. Todo el rato le llueven ideas: "Digo, esto lo tengo que decir en algún momento. Me despierto de repente y escribo, o me escribo en las manos, me mando mails. Siempre estoy anotando. Siempre registrar", concluye, como si estuviera dando un consejo.

-¿Cuáles son los temas que quiere poner en relieve hoy?

-No te lo voy a decir porque son para mis próximas obras.

-Pero qué es lo que quiere que la gente se dé cuenta.

-Me importaba, por ejemplo, que se conociera el Asperger, que no se conocía mucho. Me importaba mostrar que las estructuras familiares heredadas de la dictadura son súper rígidas, donde se esconde todo, donde uno crece sin saber lo que pasa. En Mía quería hablar de los trasplantes, y mira lo que pasó con la niña que murió luego de uno. El teatro sí es reflejo de lo que está pasando. Se murió Daniel Zamudio y nosotros estábamos haciendo Gladys y tú dices ésta es una obra de discriminación, exilian a una mujer de su grupo por su condición (Asperger), y pasa esto. Entonces pones temas y la contingencia te lo potencia y adquiere otro sentido.

Homosexualidad, discriminación, el abuso de poder, los prejuicios. Esos temas le interesan a Elisa, pero más que temas, le interesa lo anecdótico: "Si alguien me cuenta una historia y me interesa esa historia, voy a contarla. No hablo sólo de un tema en general. Quieres hablar de muchas cosas a la vez, círculos de significados".

Pérez, Gladys, Mía: un nombre o un apellido. Escoge el nombre de sus obras así porque "se trata de personas, de historias de personas", cuenta la dramaturga -escribió las tres pero sólo dirigió las primeras dos-. "Hablas de esa persona o su historia, no del amor o de un gran tema. Todas esas cosas que me quedan grandes me ahogan. Yo hablo de lo mínimo, y de ahí se hace un reflejo", cuenta Elisa.

Por ahora sólo ha sido directora de sus propios textos. Al momento de escribir el guión, ella siente que ya está dirigiendo, porque el lenguaje le da forma.

-Siempre he creído que las personas son lo que dicen. O lo que no dicen. Pero que en el lenguaje está la personalidad. Cómo hablan, si hablan poco. Las personas se definen por el lenguaje. Entonces cuando lees tu personaje, ya está definido. Mi metodología es leer, leer, leer, y después montar las escenas. Pero tú lees Gladys y es igual a lo que ves montado.

Dice que es relajada al dirigir, deja libres a los actores, pero para ella es clave que ellos confíen: en ellos mismos y en ella. "Tienes que estar segura para darles seguridad a ellos. Tenerla clara. Muéstrate segura y todo va a resultar, ellos van a confiar en ti. Sobre todo actores mayores que están confiando en una pendeja".

Elisa no fue al rodaje de Pérez y aún no ha visto la película, dirigida por Álvaro Viguera y producida por Antonia Santa María, amigos y compañeros de trabajo de Elisa. No quiere. Entregó el texto con un par de modificaciones y listo. Lo mismo hizo con Mía, entregó el texto y no vio la obra hasta el estreno.

-Dejé en plena libertad a Álvaro. Yo soy directora, y si iba para allá y decía no, esto no es así... no le estoy entregando el mando a la persona en la que confié.

Ella tiene una personalidad fuerte. Una vez le dijeron: "Tú puedes convencer a cualquiera de que lo que tú estás diciendo es verdad, aunque sea mentira". Por eso no se inmiscuyó en la grabación. Hace poco vio un corte y se muere por verla entera.

-¿Va a quedar mejor que la obra?

-Ojalá, me encantaría. Me encantaría que fuera mejor, que la crítica dijera Álvaro Viguera mejora la obra Pérez.

Dice que mucha gente se identificó con esta obra porque es común ver a padres que se desentienden de su responsabilidad, no sólo por abandonar una casa, sino que también muchos se pierden en los trabajos. Y eso, a cierta edad, despierta una tristeza y rabia profunda en los hijos: el eje central de Pérez. "Un país de muchas figuras fuertes masculinas, a cargo de todo, empresas, gobiernos, pero lejos de sus hijos", concluye.

De piernas cruzadas sobre la silla de ruedas, Elisa se pone la punta del pulgar sobre los dientes mientras escucha las indicaciones que le dan a los demás. Primero ensayan la escena. Antes de grabar, la maquilladora se acerca, le pone rubor en las mejillas con una brocha, le pasa el delineador negro sobre sus párpados, y luego el labial rojo. Pestañea, se junta los labios, descruza las piernas, y ¡grabando!

"Si vienen depresiones es porque te subes al metro y no cabe ningún alfiler, no hay aire, y sales a la calle y el aire te contamina. Eso sí siento que da depresión, más allá de la edad".

 


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"El teatro es un espejo social. Está en esa búsqueda permanente. El teatro es denuncia, es información es un ente político".

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