DEPORTES

Martes 9 de Junio de 2009

Chita qué lindo


Felipe Bianchi Leiton.

Abrumados por las derrotas conceptuales sufridas en los últimos tiempos, los "potreristas resentidos" -que cada vez son menos, pero más lesos- han tratado de ningunear el triunfo de Asunción asegurando que no hay gran mérito en Bielsa, ya que estaríamos "frente a la mejor generación de futbolistas chilenos desde 1974". Vaya.

¿Cereceda, Jara, Beausejour, Estrada, Mancilla, Millar, Fuentes, Fuenzalida, Orellana, Carmona y Waldo Ponce la mejor generación en tres décadas? ¿Los mismos que Bielsa rescató porque no jugaban de titulares ni en sus propios clubes? ¿Más talentosos que la generación del 89, la de Roberto Rojas, Astengo, Basay, Zamorano, Rubio, Aravena, Yáñez, Letelier? ¿Más talentosos que la del 82, la de Osbén, Garrido, Escobar, Neira, Manuel Rojas, Caszely, Moscoso, Gamboa, René Valenzuela y Mario Soto? Esa sí que es pifia.

La gran gracia del actual momento futbolístico radica, justamente, en todo lo contrario. De hecho, los más dotados técnicamente no juegan: Valdivia, Vidal, Villanueva, Pizarro. Y tipos como Sánchez y Suazo sólo han podido entrar al baile porque entendieron que, sin sacrificio, se perdían para siempre.

Hablemos en serio: el enorme salto que ha dado Chile en los últimos dos años, la evidente revolución, no está basada en "el talento de un grupo privilegiado", sino en la capacidad de un técnico que consiguió meterle en la cabeza a un grupo de jugadores común y corriente que, sin disciplina ni esfuerzo, nada era posible. Que el fútbol, como la vida, siempre es justo y termina premiando a los más responsables y comprometidos. Que los deberes grandes no se satisfacen bien si no se cumplen antes los pequeños. Que a más trabajo, más suerte. Y que el camino más corto nunca ha sido la improvisación o la pillería.

Cuando escasea la materia prima, como ocurre en Chile, las grandes gestas tienen que ver, siempre, con la tesis del "80% mecanización-20% innovación" y con la aparición de grandes profesionales. En la dirigencia, en la banca y en un plantel que efectivamente es privilegiado, pero porque entendió que para ganar hay que estudiar, entrenar y correr como bestias, hacerle caso al jefe, jugar concentrados y exigir disciplina y colaboración a todos: a la corta y a la larga, lo colectivo no sólo es más efectivo, sino también más bonito que un par de cachañas inoficiosas.


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