REVISTA YA

Martes 26 de Octubre de 2010

Luz Granier:
La mujer de confianza del Ministro Golborne

Lo conoce hace 20 años y ella es a quien él dejó a cargo de manejar la crisis de los 33 en Santiago. La jefa de gabinete habla aquí de la capacidad de liderazgo de Laurence Golborne, de su angustia antes del rescate y de su potencial como presidenciable.  
Daniela Mohor W. fotografía: sergio lópez. A Luz Granier, la jefa de gabinete del ministro de Minería, no le gusta usar cartera. Por eso, cuando puede sólo lleva consigo el dinero que necesita, un par de billetes enrollados o una tarjeta de crédito que enfunda en su zapato, el revés de su manga o debajo del cinturón.-De repente se me pierde algo y después aparece - se ríe esta mujer de 45 años, de baja estatura, menuda y aparentemente acelerada. Esa costumbre le vino bien hace dos semanas, cuando partió a la mina San José para el rescate de los 33 mineros. Durante los días que precedieron a la operación, Luz Granier vivió literalmente en una camioneta. Una camioneta doble cabina que compartía con la jefa de prensa del ministerio y en la que guardaba poco más que la ropa que llevaba puesta, galletas y chocolates para mantener la energía al tope, agua mineral, un cepillo de dientes y una escobilla de pelo. -La camioneta era nuestro centro de operaciones -resume hoy. -En la camioneta dormíamos, nos lavábamos los dientes con agua mineral y guardábamos nuestras cosas: pinturas, polares, parkas, porque hacía mucho frío en las noches. Y dormitábamos de a media hora, porque estábamos en la mitad de todos los trabajos y pasaba gente, había ruido. Luz Granier no tiene problemas con definirse como la mujer de confianza del ministro de Minería, aunque reconoce que "tendría que decirlo él". Se conocen hace dos décadas, trabajaron diez años juntos en la empresa eléctrica Gener y, en marzo pasado, Laurence Golborne la llamó para que lo apoyara en su nuevo cargo. Después del derrumbe del yacimiento San José, Luz Granier se convirtió en una pieza clave de la gestión en Santiago de la crisis que mantuvo al ministro alejado de la capital durante varias semanas. Fue ella quien, entre otras cosas, gestionó máquinas de sondaje, coordinó ayuda internacional, supervisó la definición de los planes A, B y C, manejó la polémica en torno al Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) y asistió a las reuniones en La Moneda durante la ausencia del ministro y del subsecretario Pablo Wagner. Fue ella también, quien, una vez que se supo que los mineros estaban con vida, se hizo cargo de gestionar los requerimientos de empresas, medios e individuos que querían ayudar de alguna manera.-En esta crisis creo que fui el ministerio del ministro acá. Él estaba en la mina, preocupado del rescate y me delegaba las cosas a mí en Santiago. Obviamente estaba en permanente comunicación con él, le iba contando, pero no necesitamos grandes reuniones de coordinación, ni grandes presentaciones. Eran conversaciones de tres minutos -dice la jefa de gabinete.-Pero, ¿cuánto le delegó realmente el ministro? ¿Cuánto de la definición de estrategia fue suya?-Mucho. Él delega mucho cuando tiene confianza en la gente y nos conocemos hace 20 años. Él dice, y ésta es una frase suya, no mía, que tomamos las mismas decisiones en el 90 por ciento de los casos y que él asume el riesgo con el otro 10 por ciento. Doble liderazgo Luz Granier es ingeniero comercial de la Universidad de Chile. Llevaba poco tiempo titulada cuando le ofrecieron trabajar en Gener. La empresa eléctrica recién se había privatizado y ejecutivos como Bruno Philippi y Juan Antonio Guzmán estaban formando equipos nuevos. A Luz Granier le dieron el puesto de subgerente de inversiones internacionales: veía las empresas de Gener en el extranjero, se ocupaba de la compra-venta de firmas y le tocaba viajar mucho. Dos meses después de que entrara a trabajar llegó Laurence Golborne a hacerse cargo de la subgerencia de sistemas. Y casi inmediatamente les tocó trabajar juntos en la modernización de la compañía. Seguirían haciéndolo durante la década siguiente: al año, Laurence Golborne fue nombrado subgerente de finanzas y les tocó seguir desarrollando proyectos en conjunto.-Cuando lo conocí, me di cuenta inmediatamente de que tenía condiciones de liderazgo. Recuerdo que en el primer encuentro de ejecutivos que hicimos como grupo, en unas termas fuera de Santiago, al tiro se destacó. Fue el que agarró la guitarra en la noche, se integraba con gente de otras áreas...-¿Diría que tiene un liderazgo empático?-Sí, es que tiene los dos liderazgos: el profesional y el emocional. Es una persona que arma equipos, lidera equipos, que delega la toma de decisiones en la gente en quien confía, y eso en una empresa así o en un ministerio es importante. Ahora ha tenido que enfrentarse a situaciones que él no conocía y no me extraña que lo haya manejado bien, porque es una persona bastante completa, que tiene un manejo con la gente muy importante. Por eso, cuando dicen que necesita clases de política, yo digo que una persona que sabe relacionarse con la gente tiene la mitad del camino hecho para moverse en política. Además tiene una capacidad enorme de negociación, y lo ha demostrado. Luz Granier dice que en los diez años que trabajaron juntos en Gener, el ministro y ella funcionaron de manera muy complementaria. Y que muchas veces les tocó estar 24/7 en un proyecto, sin dormir. Fue en esas horas de trabajo intenso que aprendieron a conocerse y desarrollaron una manera eficiente de resolver los problemas. Por eso, no dudó en aceptar convertirse en su jefa de gabinete cuando él la llamó, aunque implicara renunciar a seguir trabajando de manera independiente como lo estaba haciendo y a tener una mejor calidad de vida. -Yo diría que a él le molesta mucho la flojera, la negligencia, la mentira. Si te pide algo y no lo has hecho por cualquier motivo y le tratas de dar una respuesta de que sí lo hiciste o que no lo has podido hacer por no sé qué, y sabe que es mentira, se indigna. No lo resiste. Con él, hay que ser súper directa. Es súper exigente como jefe, pero la gracia es que él entrega lo mismo. Frente a eso, una también se compromete mucho más.-¿Se lo imagina Presidente de la República? -Tiene la capacidad para serlo.-Él no ha dicho que no...-Yo creo que él está decantando todo esto. Para todo el mundo, no sólo para él, esto (de los mineros) no estaba en los planes del Gobierno y es un hecho bastante fuerte. Fuerte desde el punto de vista humano, político, tecnológico, mediático. Ahora hay que decantar todo eso.Sentido de urgencia Luz Granier estaba en su casa, la noche del jueves 5 de agosto, cuando la llamaron para informarle que tras un derrumbe en la mina San José, 33 mineros habían quedado atrapados bajo tierra. El ministro estaba de gira con el Presidente Sebastián Piñera en Ecuador. La mañana siguiente, el subsecretario de Minería, Pablo Wagner, partió a Copiapó, y para Luz empezó una carrera contra el tiempo.-Ese viernes, el ministro me llamó y me dijo: "Luz, necesito volver a Chile lo antes posible". Me puse a buscar pasajes, aviones privados, lo que encontrara para traerlo de vuelta. Había un gran sentido de urgencia. Finalmente logramos traerlo en un vuelo comercial con escala en Lima. Creo que el ministro tuvo que venir con las rodillas bien encogidas, ¡en económica por supuesto! De ahí me fui al aeropuerto, hice todos los trámites con policía internacional para poder sacarlo desde la manga del avión y llevarlo directamente al grupo Fach donde lo esperaban para llevarlo a la mina. Entremedio, me conseguí con su señora una maleta, una parka roja, zapatos de seguridad y todo el equipamiento que se necesitaba arriba.Rápidamente, en la mina se definió que la única solución de rescate era el sondaje. -Los primeros días era fundamental tener ahí las máquinas puestas. No en dos horas más, sino que ayer. La urgencia era clave. La maravilla fue que contábamos con todo el mundo. A mí me tocó llamar a organismos públicos y empresas privadas pidiendo ayuda para esto. Llamaba a las dos de la mañana y la reacción de la gente era "lo que necesites". -¿Usted fue la gestora de la crisis aquí en Santiago?-Absolutamente, a mí me tocó coordinar la ayuda internacional, la definición de los planes A, B y C, conseguir toda la maquinaria al principio, los contactos con el australiano y el canadiense que vinieron y traían una máquina de mayor definición.En esas semanas, hay noches en que Luz dice que le sonaba el teléfono cada media hora. Cuenta también haber tenido que salir de restaurantes, por las interrupciones telefónicas. El apoyo de su marido fue fundamental.-Una vez tuve que ir a las cuatro de la mañana al aeropuerto de Pudahuel para ver cómo cargaban unas máquinas en los Hércules y él fue conmigo y me ayudó. También me contestaba siempre los teléfonos, porque tengo tres. Decía: "Sí, ¡habla el jefe de gabinete de la jefa de gabinete"!- recuerda, entre risas.Aunque hoy mire este periodo con cierto humor, en los primeros 17 días de la crisis también hubo angustia. Se sabía que los mineros atrapados contaban con agua y oxígeno. Pero se sabía también que, de estar vivos, no resistirían más de 30 días sin alimentos.-¿El ministro le contaba lo que le pasaba desde el punto de vista humano, estando en la mina?-Sí, él tenía una desesperación gigante frente a la posibilidad de no ser capaz de llegar, de romper en el refugio. Me acuerdo que una de las veces que vino me dijo: "Luz, estoy preparado para cualquier cosa; puedo hablar con las familias y decirles que están muertos, puedo decirles que están heridos, pero ¿cómo les digo que después de 30 días no fuimos capaces de encontrar el refugio?". No llegar era su mayor angustia.  Los 33 Luz Granier fue tres veces a la mina. La primera fue poco después del derrumbe, la segunda a la semana de que se encontrara el refugio y se hiciera contacto con los mineros. Y la última vez, en los días que precedieron el rescate y cuando le tocó dormir en la camioneta. El ministro y su equipo estaban muy concentrados en prever todo lo que pudiera pasar en detalle para "no tener contingencia en el minuto". Y en eso la jefa de gabinete también tuvo un rol que cumplir.-Había que manejar toda la cantidad de prensa, que era impactante, el requerimiento de las familias. Habían conflictos porque los mineros elegían quiénes eran los familiares que podían subir a esperarlos, entonces para los que no quedaban seleccionados era complicado. Había que escucharlos, acogerlos, sin dejar de respetar la decisión del minero. Y las familias estaban muy ansiosas por la espera.Estar cerca de las familias fue importante para Luz Granier. Sobre todo, porque después del rescate tuvo la oportunidad de conocer a los 33 mineros. Fue parte del equipo que acompañó al ministro en su vista al hospital de Copiapó, sólo horas después de que salieran.-Estaban todos juntos en un pabellón, de buzo y algunos con batas. Me impresionó que muy pocos tuvieran los anteojos puestos. El oculista los había dado de alta. Ahí empecé a ubicar a los mineros cuyos familiares había conocido: Franklin Lobos, porque había estado con su hija Carolina Lobos; Raúl Bustos, porque había conversado mucho con su mujer, Carolina Narváez; Alex Vega, cuyo padre había estado enfermo y sido operado mientras él estaba abajo. Fue como juntar dos caras, dos polos distintos. Había conocido la familia sufriendo afuera y ahora los veía a ellos. Conversamos y me contaron cosas de abajo.-¿Qué cosas?-No... Nada importante.-¿Por qué tanto secretismo?-Eso lo han mantenido ellos. A mí me manifestaron también su intención de mantenerse como grupo, como los 33, porque yo había almorzado con los sobrevivientes uruguayos cuando vinieron. Compartimos algunas ideas de eso. Ellos quieren manejar la prensa, las propuestas de películas y libros y las miles de presiones que van a tener como grupo. Luz Granier dice haber tenido siempre una vocación de servicio público. Es militante fundadora de Renovación Nacional y asegura que su vocación le viene en gran parte de su madre, la abogada constitucionalista Luz Bulnes. -Cuando decidí entrar a trabajar al Gobierno, lo hice porque siempre he tenido sentido de servicio público. Es muy distinto trabajar en una empresa para cerrar un trato de compra-venta de una compañía a trabajar por personas, por vidas, por aportar algo a tu país. Y en este caso, esa situación se llevó al extremo. Aquí trabajamos para rescatar vida humana, por darles mayor confortabilidad a las familias en los minutos de crisis y eso es muy marcador y reconfortante. Hay una sensación de que estás pagada. Hay retribución sola. -Con esta experiencia, ¿cambió su relación con el ministro?-No, es igual. Yo siento la obligación de decirle a él lo que hace bien y lo que hace mal también. Y esa libertad la he tenido siempre.-¿Y cuáles son sus debilidades?-¡El azúcar!... No, es que es muy mañoso con la comida. Tendría que pensarlo, pero siento que mi obligación es no ser una yeswoman con él. Y si tenemos visiones distintas, lo discutimos con fuerza. Es parte de la relación de confianza. Creo que somos un buen complemento. "Si (Laurence Golborne) te pide algo y no lo has hecho por cualquier motivo y le tratas de dar una respuesta de que sí lo hiciste o que no lo has podido hacer por no sé qué, y sabe que es mentira, se indigna. No lo resiste. Con él, hay que ser súper directa. Es súper exigente como jefe, pero la gracia es que él entrega lo mismo". -¿Se lo imagina Presidente de la República? -Tiene la capacidad para serlo.-Él no ha dicho que no...-Yo creo que él está decantando todo esto."El ministro tenía una desesperación gigante frente a la posibilidad de no ser capaz de romper en el refugio. No llegar era su mayor angustia". 

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