ESPECTÁCULOS

Domingo 9 de Marzo de 2014

 
La ruta de Joan Baez en 1981: El registro de una visita fugaz por Chile

Solo fueron 3 días. Con la excusa de conocer el país y retratar su contexto político, la cantante norteamericana estuvo de visita y entonó canciones de esperanza y protesta cuando existía prohibición de hacerlo.  
EQUIPO ESPECTÁCULOS Carlos Mecklenburg tenía 16 años cuando escuchó la noticia. Lo conmocionó. Desde su casa ubicada en el barrio Bellavista y con dos amigos del colegio, partieron rumbo a lo que sería un recuerdo mítico. No se sabía demasiado. Era un secreto a voces. Radio Chilena informó en ese entonces lo que ocurría con la visita de cortesía de Joan Baez al país y avisó que la cantante se presentaría en una iglesia de Ñuñoa.

Era el 15 de mayo de 1981 y luego de un accidentado paso por Argentina, donde no pudo tocar en recintos públicos y fue amenazada con bombas, Joan Baez aterrizó en Chile junto con su comitiva. Ahí la esperaba Domingo Namuncura, quien fue uno de los encargados de gestar su visita al país, como iniciativa del Servicio Paz y Justicia de Chile, Serpaj-Chile.

Namuncura, uno de los fundadores de la organización, rememora que la gira de la cantante pasó por varios países que vivían bajo regímenes militares y que, en conjunto con el premio Nobel de la Paz argentino, Adolfo Pérez Esquivel, se decidió a traerla a Chile.

Pese a que no había motivos para prohibir su ingreso al país, el organizador recuerda que el gobierno de la época prohibió la realización de cualquier concierto, lo que ya había ocurrido en Argentina y Brasil.

"No obstante, nosotros ya habíamos preparado una intensa agenda de tres días: encuentros con amigos en la sede nacional de Serpaj-Chile en el barrio Matta; visitas a la Vicaría de la Solidaridad y a la Comisión Chilena de DD.HH.; encuentros con estudiantes en la Parroquia Universitaria y con artistas nacionales agrupados en el Ceneca (Centro de Indagación y Expresión Cultural y Artística), además de conversaciones con algunos medios de prensa", cuenta el fundador de Serpaj. Sin embargo, comenta que el broche de oro fue el recital gratuito que se organizó en el salón parroquial de la Iglesia Santa Gemita, ubicada en la comuna de Ñuñoa.

Con parlantes en la calle

"Tomé la primera micro que subiera hacia la cordillera por Providencia. Ni siquiera sabía dónde quedaba, caminamos por Simón Bolívar y llegamos al salón parroquial, que estaba al lado de la iglesia. Cuando entramos había gente sentada afuera, apoyada en las rejas", recuerda 33 años después Mecklenburg, uno de los testigos de aquel hito.

El local, que solo tenía capacidad para 300 personas, se vio sobrepasado y más de 3.000 personas, según calcula, tuvieron que escuchar a Baez a través de unos parlantes. Esto, pese a tener muy poca publicidad y a que la gente se enteró principalmente de la noticia de boca en boca. "Nunca pensamos que la convocatoria sería tan masiva, especialmente porque los medios de prensa, en su mayoría controlados por el régimen militar, casi no ofrecieron cobertura. Hubo uno que otro anuncio en la radio", explica Namuncura.

Tocó solo 45 minutos. El público la escuchaba un poco sorprendido y también exaltado con lo que ahí se vivió: recordó a Víctor Jara y emocionó cuando se aventuró a hablar y a cantar en un precario español.

En su última canción, cuando entonó "Balada de Sacco e Vanzetti", algo cambió en el público, que hasta entonces había estado contenido. Al final, casi terminando su presentación, los asistentes comenzaron a gritar a coro y a tono con el contexto político: "El pueblo unido jamás será vencido".

La artista norteamericana, conocida por ser la "reina de la canción de protesta", dejó su guitarra y terminó diciendo: "Sí, es verdad", aludiendo a la proclama. Salió caminando, mientras la siguió un público ferviente.

Eduardo Yentzen, director de la revista La Bicicleta, recuerda ese concierto como una instancia muy enérgica. Con un local desbordado, con personas sentadas en el suelo o reunidas en torno a la capilla, y en los patios: "Fue muy emotivo. Por todo lo bello que es su repertorio, sus canciones, su forma de estar en el escenario y también porque había una carga muy fuerte, emocional, por la cosa política".

Namuncura recuerda que, cuando las autoridades se dieron cuenta de la masividad del evento, llegó la policía. Aunque solo pudieron ejercer un control periférico, con grupo móvil y fuerzas especiales. "Al poco rato de iniciado el recital, aparecieron funcionarios de la CNI que sacaban fotos de la gente, pero a las personas les importaba poco porque se sentían amparadas en la música y la masividad del evento".

De visita en visita

Joan también participó de una misa en la Parroquia Universitaria. Esta organización, durante toda una década, realizaba la eucaristía cada domingo a las 11:30 de la mañana. Se ubicaban en un galpón al lado de la Parroquia de la Anunciación. Allí Baez fue parte del coro, que lo integraban figuras como Tati Penna, Eduardo Peralta, José Luis Ramaciotti, el actual presidente de la Democracia Cristiana, Ignacio Walker, y la cantante Cecilia Echenique, entre otros.

Esta última, quien entonces hacía dúo con Peralta, recuerda: "Fue un encuentro en donde cantamos, guitarreamos y después hicimos una misa en la parroquia con ella, que fue memorable. Todos cantamos un poquito, al final ella cantó una canción de Bob Dylan". Además, agrega: "El lugar estaba lleno. Imagínate, era un mundo clandestino el que ella visitaba. Muchos no la querían aquí. Ella vino a visitarnos para hacer un registro de lo que estaba sucediendo en Chile en esos tiempos".

Según Yentzen, ese fue uno de los momentos con mayor emoción de la visita de Baez: "Luego de la misa contó que, desde la época de los sesenta, no se había sentido tan emocionada en una iglesia". Así también lo recuerda Walker: "Casi llorando, me recordó que desde un encuentro con protestantes en Estados Unidos que no sentía algo parecido".

Fueron tres días intensos en los que Baez no solo hizo conciertos, también se reunió con músicos chilenos de la época en un encuentro con figuras de la oposición. En el Ceneca se juntaron a conversar y analizar el "nuevo canto" en el contexto latinoamericano.

La despedida

Antes de partir, la cantante norteamericana sufrió un último desaire. Ya en Pudahuel, personal del aeropuerto revisó todo su equipaje, requisándole todas las cintas de video donde documentó cada paso que dio en el país y en el resto de Latinoamérica.

La asistente que acompañaba a la artista alcanzó a dejarle un poder simple a Ignacio Walker, que ofició de abogado, para que interpusiera un recurso de amparo para recuperar el material audiovisual. Pero el alegato nunca llegó a buen puerto y del material registrado poco se supo.

Tras una ajetreada visita, el único registro que quedó fue el seguimiento fotográfico realizado por La Bicicleta y un disco que años después publicó el sello Alerce. "Lo tengo, pero es un casete que en su diseño pasa muy desapercibido. De hecho, su portada no tiene ninguna indicación de dónde fue grabado. Solo los que estuvimos ahí sabemos cuándo se hizo".

 


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<p><b>Cerca de 300 personas</b> se reunieron dentro del auditorio de la iglesia Santa Gemita, en Ñuñoa. Afuera escucharon otras 3.000.<br/><br/></p>

Cerca de 300 personas se reunieron dentro del auditorio de la iglesia Santa Gemita, en Ñuñoa. Afuera escucharon otras 3.000.


Foto:REVISTA LA BICICLETA


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