REVISTA DEL CAMPO

Lunes 6 de Abril de 2015

Raúl Cáceres Urtubia
Poco ruido, muchos triunfos

Dos veces campeón nacional de rodeo junto a Pablo Quera, dos vicecampeonatos y un tercer lugar del Champion de Chile, y un ojo clínico para desarrollar caballos con potencial lo transforman en uno de los grandes arregladores del país y leyenda viviente del rodeo, que lo hicieron acreedor al Premio a la Trayectoria 2015 de Revista del Campo.  
Arnaldo Guerra Martínez Hace dos años participó -y era el más antiguo en la pista- en el rodeo que reunió a los ex campeones nacionales de la historia en la Semana de la Chilenidad de 2013. Junto con Claudio Hernández protagonizó una de las corridas más comentadas del encuentro. Hicieron una carrera perfecta de 13 puntos, y a él le correspondió marcar en dos atajadas. Dicen que después, de la emoción, no se podía bajar del caballo, pero él lo desmiente rotundamente. Admite que en 1970, cuando ganó el primero de sus dos títulos nacionales junto a Pablo Quera, que fue el mismo día en que le entregaron el premio al Mejor Deportista del Rodeo, ahí sí que le temblaron las piernas.

Acaba de cambiarse de casa en el sector de Porvenir, en Chimbarongo, y está a punto de cumplir 89 años, pero con una vigencia que sorprende. Todos los días va a ver a sus caballos en las pesebreras y picadero que comparte con algunos amigos, y si no hay petisero, bueno, él mismo los atiende sin problemas. Los camina y galopa, e incluso sigue arreglando caballos y, de hecho, hubo algunos que salieron de sus manos que participaron en los últimos clasificatorios. Como si fuera poco, llega a buscar a Revista del Campo manejando su propia camioneta para indicar el camino. Todo un ejemplo.

Raúl Cáceres Urtubia con su técnica y precisión marcó una época en los años 60 y 70. Se le reconoce como un caballero del rodeo, y un maestro como jinete y arreglador de caballos. Esas condiciones, que él se ha encargado -con su vigencia- de que sigan en la memoria corralera, lo hicieron acreedor al Premio a la Trayectoria que todos los años entrega la Revista del Campo a un corralero legendario durante el encuentro de la Legión de Honor del Rodeo, que organiza en la medialuna rancagüina.

Cáceres es toda una leyenda viva del rodeo, o reliquia corralera viviente, como lo reconoció la Asociación Curicó en 2013, al hacerle un homenaje junto a otro encumbrado corralero, Hugo Cardemil, con quien también formó collera.

De sus comienzos, recuerda a Antonio Acevedo y Gustavo Ramírez, como los que lo impulsaron a seguir con los caballos. También a su padre que lo hacía mover en rienda. Pero fue Jesús Regalado Bustamante, otra leyenda del rodeo, de quien dice haber aprendido muchas de las cosas que después puso en práctica.

Los hombres quietos, le decían a la dupla ganadora que formó con Pablo Quera. El nombre se los puso el dirigente Raúl Pavez, porque atajaban sin que se les moviera un pelo y, además, no hacían mayor aspaviento una vez obtenido el triunfo. Claro que los corraleros de la época cuentan que el apodo más bien estaba dirigido a Raúl Cáceres.

"Es un tremendo maestro del rodeo, que tuvo un estilo muy propio, muy elegante, que marcó una época con una forma diferente de correr. Junto a Pablo "Perico" Quera hicieron una collera inolvidable. Un hombre de mucha calma, de mucho estilo, de gran elegancia y una manera de correr inimitable. Además, como arreglador, excelente. Un hombre que hizo muchos caballos e incluso compró algunos que en manos de otras personas no habían funcionado. Tenía mucho ojo, los compraba, los encachaba y los llevaba al estrellato", señala Benjamín García-Huidobro, director honorario de la Federación de Criadores y jurado de exposiciones de caballos chilenos.

Para otro corralero que está en la historia del rodeo, como Ricardo de la Fuente, tres veces ganador del título nacional, Raúl Cáceres es ante todo una buena persona. "Como corralero, muy tranquilo. Igual como uno lo ve actuando en el día a día, así mismo corría. No se le movía un pelo, siempre de la mitad de la guata del novillo, corriendo muy parejo. Con esa misma tranquilidad arreglaba todo lo que le ponían delante. Representa un tremendo aporte para el rodeo, como jinete y como arreglador", señala De la Fuente, quien destaca que lo vio en las dos ocasiones en que ganó el título nacional.

"Siempre era igual. Se ganaron el champion y se quedaron igual. A lo más, Raúl Cáceres decía: 'Muchas gracias, muchas gracias, le agradezco mucho', y nada más. Ningún aleteo ni señas de celebración. Lo más seguro es que después, al día siguiente, Raulito estuviera trabajando caballos nuevos, sin armar ninguna alharaca", agrega De la Fuente.

De su carrera como arreglador, García Huidobro destaca a Malagueña, Limonero -uno de los regalones de Cáceres-, Barquillo y Salteador III, caballos que compró y que hasta ese momento eran mediocres y algunos llegaron muy arriba.

Amarrado al caballo

De muy niño, como a los cinco años, su papá, Francisco Cáceres, lo empezó a familiarizar con los caballos. Le amarraba las piernas a la montura para que no se cayera y así le enseñó a cabalgar y a topear. Bueno, así se usaba en esos años. Lo que no debe haber pensado don Francisco es que el lazo nunca se cortó, y su hijo Raúl quedó amarrado para siempre a los caballos.

"Siempre vivió en el campo y a la siga de los caballos. Observando a los grandes de aquella época y sacando lo mejor, y luego aplicando lo que él creía que era correcto para sacarle partido a sus caballos", comenta una de sus hijas, María Gabriela.

Después, como a los 12 años, empezó a participar en los rodeos. "En esos años no eran tan profesionales como ahora, en que el caballo tiene que ir bien puesto si no, no le dan la atajada. Era un poco más al lote, pero me acuerdo que había muchas colleras participando. En un rodeo de Rancagua llegaron 145 y a la semana siguiente había 95 en otro", recuerda Raúl Cáceres.

Durante su trayectoria tuvo varios compañeros en las quinchas. Luis Sepúlveda, Perico Villalobos, pero los de más renombre fueron Guillermo Barra, que se transformó en su yerno, y Hugo Cardemil. Pero fue con Pablo Quera que armó la mejor collera ganadora y de amistad. Pero tiempo después de ganar el segundo título su compañero murió tras un accidente en la medialuna de Los Niches, Curicó.

Los hombres quietos

Nacido y criado en Romeral, a Raúl Cáceres nunca le gustó correr como empleado. Siempre corrió con amigos.

"Trabajaba, le hacía empeño y tenía mis caballos", dice, mientras recuerda que siguió arreglando caballos y las dos actividades le permitieron comprar el campo de Teno en el que llegó a tener medialuna.

Era el tiempo en que corría con Hugo Cardemil, mientras que Pablo Quera hacía collera con Óscar Bustamante.

"Vivíamos cerca en Curicó y nos conocíamos. Y como a veces suceden las cosas, ellos no andaban muy bien. No se entendían mucho y yo con Hugo andabamos ahí no más también, a pesar de que nos había ido bien. Un día nos encontramos con Pablo y me preguntó, tras una conversación sobre caballos, por qué no nos juntamos a correr. Le dije que bueno", recuerda.

La collera de Quera-Cáceres tenía los astros alineados, porque de inmediato les empezó a ir bien. El mismo año que partieron juntos empataron el Champion de Chile, que se disputó en Talca, en 1969. Empataron nada menos que con Samuel Parot y Santiago Urrutia, que corrían en Huachipato y Barranco. Nada mal un segundo lugar en el primer año de participación montando a Barquillo y Chinganero.

"Nos hicimos muy amigos con Pablo Quera. Era una persona muy atenta, un caballero", destaca Cáceres.

Al año siguiente les tocó correr el Champion de Chile en Osorno y hasta allá fueron a buscar la gloria. Durante la final, Curicó estaba pendiente de la radio. Al día siguiente, con lluvia, los fanáticos los salieron a esperar a Aguas Negras, a la entrada de Curicó, y los acompañaron hasta la plaza donde les tenían una recepción.

Cinco años después vino el segundo campeonato nacional, con las yeguas Malagueña y Taquilla, disputado en Rancagua. Esa vez, en tres semanas anduvieron paseando su calidad de jinetes por varias medialunas y en todas ganaron. Fueron a San Vicente con dos colleras, Don Miguelo y Arroyito, y Malagueña y Taquilla. Y también estaban invitados a correr en Santiago. Pero ocurrió la trágica muerte del general Óscar Bonilla y la final se tuvo que postergar para la semana siguiente. Se corrió el viernes y la ganaron con Don Miguelo y Arroyito y de ahí partieron a Las Barrancas con las yeguas, a 15 días del Champion de Rancagua que terminaron ganando.

"Nosotros no éramos espectaculares como ahora, que se corre a todo tiro para ojalá marcar cuatro puntos. Antes andábamos en los dos y tres puntos, y cuatro solo cuando salía o se necesitaba ponerle. Éramos cuidadosos y callados. No hacíamos aspaviento de nuestros triunfos. Después de los champion nos quedábamos a compartir, pero no nos desbandábamos ni andábamos con trago delante de la gente. Contentos, pero hasta cierto punto no más", recalca.

El agricultor

La agricultura fue la otra cara de Raúl Cáceres. Su fuerte fue la engorda de ganado, lo que se combinaba muy bien con el gusto por el rodeo. En su campo Las Casas de Teno, a la orilla de la línea del tren, llegó a tener su propia medialuna y allí recibía la visita de muchos corraleros del país. Algunos sureños hacían escala en su campo, con sus caballos, camino al Champion de Rancagua.

Pero también cultivó trigo, maíz, porotos y papas, aunque su fuerte fue la remolacha.

"Producía mucha remolacha. Me gustaba hacer las cosas bien y llegué a sacar en Teno de promedio 105 toneladas por hectárea. Eso dejaba plata en ese tiempo y como la plata lucía, después me compré otras parcelas y tuve 50 hectáreas en el camino a La Montaña. Mi campo de Teno al final lo tenía plantado con manzanos, pero estaban de tres años cuando lo tuve que vender, así que no alcancé a ver una cosecha", dice Cáceres.

En ese tiempo murió su esposa, María Mercedes Leyton, con quien tuvo cuatro hijas, una de las cuales está casada con el ex campeón nacional Guillermo Barra. Posteriormente, se casó de nuevo con Gladys Martínez.

Pese a que se siente bien y con ánimo, tiene una queja. No le parece que a los mayores de 85 años no les den el carnet de la federación con seguro. Lo encuentra discriminatorio. "En los laborales, a los mayores se los dan con 80% de cobertura, o sea, solo pierden el 20%".

"La vida ha sido buena conmigo. He conocido mucho y he viajado bastante", dice, mientras cuenta que tiene algunos caballitos nuevos a los que les ve posibilidades... Raúl Cáceres sigue atado a los caballos.

"En esos años me gustaban mucho, y a la mayoría, los hijos de Salteador. De los de hoy, me siguen gustando de Estribillo y el Reservado, Talento y Escorpión. Son fáciles para trabajarlos".

"Tengo un caballo nuevo. Lo compré chúcaro. Se llama Próspero, es atajador, ligero y muy rápido".

"A Acacio yo lo trabajé. Lo corre Pablo Campos. Clasificó a Rancagua".

"Segundo Zúñiga fue el mejor jinete que vi. Bien sentado en la montura, bueno para correr y que espueleaba muy bonito".

"Hay que tener paciencia con los caballos y saberlos guiar. Antes, cuando participaba la Comunidad Darío Pavez, por ejemplo, los corrían doblados para atrás".

"Los jinetes deben ser constantes. Este deporte es de largo plazo. Hay que dedicarse y ser cumplidor".

 


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<p>Sin ninguna ayuda, Raúl Cáceres acomoda su indumentaria y está listo para subir al caballo. Al lado, recibe la felicitación de Gonzalo Vial.</p>

Sin ninguna ayuda, Raúl Cáceres acomoda su indumentaria y está listo para subir al caballo. Al lado, recibe la felicitación de Gonzalo Vial.




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