NACIONAL

Sábado 21 de Septiembre de 2013

 
Un rincón nuevo en la Alameda

Miguel Laborde Es notable la capacidad de hablar de las ciudades, de hacer presentes otros tiempos que parecían borrados para siempre. Durante la construcción de un nuevo edificio en la Universidad Católica -sobre la Alameda, al poniente de la calle Lira- emergió la cava de vinos de Francisco Lira Argomedo, cuyos apellidos dejó de herencia en dos calles que abrió en su antigua propiedad.

Según el historiador Sergio Martínez Baeza, era "la chacra más tradicional de la vida santiaguina". En los altos de su casa, el famoso Mirador de Lira entregaba la vista de los campos al oriente -era un límite de la ciudad entonces-, y congregaba a personajes de la política y la cultura. Parlamentario (tres de sus hermanos también), continuó una tradición marcada desde el tío Gregorio Argomedo, el secretario de la Primera Junta de Gobierno.

Fue una chacra modelo, y no por casualidad; su propietario estuvo tras la creación de la Sociedad Nacional de Agricultura y de la Quinta Normal de Agricultura, ahí donde el sobrino pintor, Pedro Lira, organizaría sus pioneras exposiciones artísticas.

La aparición de la Cava de Lira obligó a pensar en un destino. Lo acostumbrado, por ser unos muros de ladrillo sin valoración histórica oficial, habría sido su demolición; pero era también una oportunidad de traer al presente ese trozo del pasado en una ciudad donde estos no sobran.

Como estaba justo en medio del proyecto de los futuros estacionamientos subterráneos del edificio nuevo de la universidad, se consideró dejarlo tal cual, como una curiosidad. Pero no habría tenido presencia alguna y, como observó el calculista Santiago Arias, la argamasa estaba seca, no había adhesivo alguno en esos muros. Igual había que desarmar y volver a armar.

Ahí surgió la idea de llevarlos a la superficie y aportar un rincón nuevo en la Alameda, al costado poniente del Centro de Extensión de la universidad. Ahí había un patio de faenas y servicios, sin interés. Invitados los arquitectos de la Dirección de Obras Municipales, por los necesarios permisos para construir en ese espacio, se convino que, al dejar la cava a nivel del piso zócalo, sobre ella podía crearse un espacio abierto; una terraza con vista al Santa Lucía, donde el restaurante del lugar podría colocar mesas y sillas.

Esta resolución puso a la vista la fachada que tiene el Centro de Extensión hacia Lira, la más antigua de la manzana (obra de Ignacio Cremonesi), la que se decidió restaurar e iluminar para así potenciar su imagen en el paisaje nocturno de ese costado, definido por una antigua y esbelta palma canaria. Debajo, en el café restaurante donde se instaló la cava, entre los muros de piedra originales y los trasladados de ladrillo -que conforman un cielo en arcos propios de las bóvedas catalanas-, se creó un ambiente contemporáneo que dialoga con la historia, lo que corresponde a una tendencia creciente en las ciudades de hoy.

Más sobre diálogos actuales con el patrimonio en www.ingurumena.ejgv.euskadi.net

 RescateLa aparición de la Cava de Lira obligó a pensar en un destino. Lo acostumbrado, por ser unos muros de ladrillo sin valoración histórica oficial, habría sido su demolición; pero era también una oportunidad.



Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
<br/>


Foto:HÉCTOR ARAVENA


[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales