REVISTA DE LIBROS

Sábado 11 de Mayo de 2002

Elisa Serrana
Una mujer que tomó la pluma por las astas

Como Juan Preciado descendiendo a Comala en busca de su padre, después de subir y bajar cerros por un sinuoso camino rural llegamos donde Elisa Serrana. Íbamos en busca de la madre... y de la escritora.
Michelle Prain Brice

A sus 75 años, doña Elisa (1927), culta y distinguida, de un cariño y sencillez fascinantes, vive en su parcela de Mallarauco, en la misma tierra que la vio crecer con sus ocho hermanos, luego de que su madre enviudara y se fueran a vivir al campo de su abuelo. Es la misma tierra donde los veranos se convertían en ocasión para inventar y donde Elisa y Horacio Serrano dirigían a sus cinco hijas - "las pestes", como las apodaban- , quienes interpretaban obras teatrales.

Probablemente muchos lectores recuerden a esta mujer - chilena, casada y con profesión- , que publicó varias novelas entre 1960 y 1985, retratando con agudeza la pasividad de la mujer chilena. Fue todo un éxito de ventas y, a juzgar por los resultados, caló hondo en sus lectores, contribuyendo, de seguro, a cambiar hábitos arraigados.

"¡Qué escándalo!..."

No era fácil ser una mujer de sociedad y, a la vez, develar ciertas sombras de su entorno sin ser criticada y acusada de inmoral. Elisa Serrana cuenta las suspicacias que levantó la descripción que hace de un burdel en Las tres caras de un sello, a propósito de Alicia, la prostituta con quien comete adulterio Alberto Palma, un hombre "de bien". Ella sólo conocía la fachada del local que se ubicaba cerca de su colegio, las Monjas Francesas, donde actualmente está el Campus Oriente de la Universidad Católica, y recuerda, con una gran sonrisa, cómo Manuel Rojas la sacó de una incómoda situación. Estaban en el Palacio Rioja de Viña del Mar, dando una conferencia junto a un grupo de escritores, cuando una dama comentó, irónicamente, cómo era posible que ella conociera tan bien un prostíbulo... "¿Cómo sabe usted que está tan bien descrito?", intervino Manuel Rojas sacándola del paso, y dirigiéndose luego a su amiga Elisa le aseguró - delatándose- que "estaba muy mal descrito".

Con especial cariño saca de su memoria también a Marta Brunet, mucho mayor que ella. "Fue muy 'dije' conmigo. Me apoyó mucho en mi camino literario". Del mismo modo recuerda a Hernán Díaz Arrieta, Alone, con quien iba a pasear a El Arrayán y compartían en las tertulias literarias de Trinidad Errázuriz, en la calle Mar del Plata de Providencia, que se desarrollaron por más de veinte años.

Elisa Serrana escribió desde pequeña cuentos, diarios y poemas, pero sin mayores pretensiones. Fue su esposo, Horacio Serrano, ingeniero del MIT (tal como Alberto Palma, el protagonista de Las tres caras de un sello) y escritor de temas económicos e históricos, quien la motivó profesionalmente. Serrano fue también ministro de Agricultura durante el gobierno de Juan Antonio Ríos, miembro del Consejo de Rectores y de la Academia Chilena de la Lengua, e investigador de la Unesco en India. Elisa, con una energía inusitada, acompañó a su marido, fue una madre multifacética y cultivó su vocación de escritora, aunque fuese entre los ajetreos propios del hogar.
Recuerda sus años en Zig-Zag, donde fue editora de las revistas infantiles protagonizadas por los célebres personajes de Walt Disney. Para entonces ya era muy conocida por sus primeros libros, pero este trabajo la convirtió en una verdadera ejecutiva debiendo viajar en numerosas oportunidades al extranjero.

En la lectura de sus novelas no es fácil trazar el límite entre la ficción y la intimidad encubierta. En el personaje de Teresa Alcalde, la protagonista de la segunda parte de Chilena, casada, sin profesión que transcurre en India, Elisa Serrana reconoce ciertos rasgos autobiográficos. Por ejemplo, en el anhelo de huir de la rutina, aunque - según confiesa- "tenía tantas obligaciones en Chile, que no podía sentirlo muy profundamente". Como Teresa Alcalde, quien casi opta por abandonarlo todo y quedarse en Nepal seducida por su misticismo, doña Elisa recuerda que hacía prometerle a Horacio que la enterraría en un cementerio de ese país. "¡Pero el impulso me duró tres días no más!...", dice.

De tal palo, tal astilla

Haciendo un seguimiento de su obra y de la de su hija novelista, Marcela Serrano (1951), se puede percibir una cierta continuidad, una relación literario-filial que parece ir de la mano con el cambio generacional que se produjo entre Elisa Serrana y su hija, y que refleja la transformación del rol de la mujer en la sociedad chilena. En los libros de la madre se ve la mujer chilena - "chilena, casada, sin profesión"- que depende de "su hombre", es decir, el tipo femenino que se dio hasta la incorporación masiva de la mujer a la vida universitaria y al mundo laboral. En las novelas de Marcela, en cambio, se retratan mujeres que se han desarrollado profesionalmente, pero que tienen grandes frustraciones familiares y afectivas a cuestas, es decir, más representativas de los años ochenta y noventa.

Al preguntarle a Elisa Serrana si siente, como escritora, un "cariño maternal" por los personajes y la obra de su hija, si la percibe como su continuadora en un contexto social transformado, ella contesta que el cariño maternal lo siente por su hija Marcela más que por sus personajes. "Es cierto que las dos escribimos sobre mujeres, pero yo me siento muy distante de las mujeres que la Marcela retrata. Yo escribí sobre chilenas, casadas y sin profesión y ella sobre chilenas exiliadas, separadas y con muchas profesiones. Tienen el desgarro de las mujeres que rompieron mundos. Yo prefiero a las mías, románticas y soñadoras, pero el mundo se parece más a las de ella", comenta.

Esta escritora se lanzó a la fama como novelista con Las tres caras de un sello (1960), Chilena, casada, sin profesión (1962) - que en 1980 había alcanzado ocho ediciones- , Una (1966) - la preferida de su autora porque, a su juicio, es la que posee mayor profundidad- , En blanco y negro (1968) y A cuál de ellas quiere Usted, mandandirumdirundá (1985). Marcela, en tanto, después de haberse dedicado a la plástica por varios años, comenzó a escribir. Siguiendo los pasos de "la Eli", como la llaman sus hijas, publicó en 1991 Nosotras que nos queremos tanto, obra que algunos creen estuvo inspirada en sus propias vivencias. Luego vinieron Antigua vida mía, Para que no me olvides (cuya protagonista sufre de afasia, enfermedad que tocó la puerta de Elisa hace ya varios años), El albergue de las mujeres tristes, Nuestra señora de la soledad y Lo que está en mi corazón.

Además, Elisa Serrana escribió muchos cuentos que aparecieron en la prensa de los años cincuenta y que esperan ser recopilados. También dos novelas que nunca fueron publicadas: Las casas de la hacienda y Un año en la vida de Rubén Álvarez, empleado. Ahora, inmersa en la paz de su casa de campo, se ve satisfecha de lo que hizo en su vida. "Gocé lo que publiqué y ahora gozo con las hojas de los paltos y con cada novela de la Marcela", dice. "¿De dónde habrá sacado tanto talento esta niñita para escribir tan bien?, me digo cuando me llegan sus ediciones en italiano y en griego. Es mucho para ser mío".

Tanto en las novelas de la madre como de la hija surgen personajes femeninos que aparentemente lo tienen todo para ser felices, pero parecen no lograrlo. Hay mucha frustración, mucha angustia en ellas. Es que "la angustia es inherente no sólo a la mujer, sino a la literatura", comenta Elisa Serrana. No obstante, junto a la angustia de estos personajes femeninos coexiste una gran profundidad sicológica, reflejo de un rico mundo interior. En este sentido, la crítica literaria de los años sesenta elogió la aguda capacidad de observación de esta narradora.

Tal vez ser madre de cinco hijas le ayudó a compenetrarse más hondamente con el alma femenina. Sin embargo, ella aclara que sus hijas nacieron después de sus personajes... "Creo que más bien el alma femenina la conocí en ese mundo de mis tías en el campo chileno, en las mamas y sus historias, en los secretos escondidos, en las chilenas mundanas y cosmopolitas que conocí en mis viajes y en mi vida social - reflexiona- . Mis hijas no fueron mi inspiración ..., fueron mi alegría".

Por otra parte, en su obra se ve el tópico de la maternidad frustrada. Teresa Alcalde, por ejemplo, pierde dos hijos. En Las tres caras de un sello, Luz Amalia, esposa de Alberto Palma, tiene un hijo distante, y Alicia, la prostituta, aborta. No deja de resultar curioso, habiendo sido una madre prolífera. ¿Tal vez fue un modo de remarcar que la mujer de los sesenta sin hijos se quedaba vacía, al menos, ante los ojos de la sociedad? "De los sesenta, de los noventa o de siempre
- responde doña Elisa- . Yo sentía un ímpetu de tener hijos que me daba la proporción de las cosas. Tenía una guagua por año y escribí entre mamaderas y pañales. Me impresionaban esas mujeres regias que se dedicaban sólo a ellas mismas, me daban envidia por un rato, pero por un rato muy corto".

Destacada por la crítica literaria

Así como los críticos de la época elogiaron la profundidad sicológica de sus personajes, también destacaron su técnica narrativa: Ignacio Valente entonces aludió a James Joyce y a María Luisa Bombal, y Alone destacó su manejo del tiempo subjetivo. A la vez, Ricardo Latcham se fijó en el sentido poético del mundo de la segunda parte de Soltera, casada, sin profesión, que transcurre en Oriente. De hecho, ella estuvo tres veces en India, y según reconoce, la marcó el contacto con "una vida tan diferente".

Elisa Serrana no se siente identificada con ningún movimiento literario en particular. "Yo escribí muy sola, no pertenecía al mundo de intelectuales, era sólo una gran lectora", confiesa, aunque reconoce que autores como Graham
Greene, Hemingway o Simone de Beauvoir le fueron especialmente queridos.

No obstante, Hernán del Solar la ubicó entre las grandes escritoras chilenas de los años sesenta, junto a Mercedes Valdivieso, Margarita Aguirre y María Elena Gertner, a quienes Hugo Montes y Julio Orlandi situaron en la Generación de 1957. Pero esta creadora defiende su independencia: "No sentía mayor conexión con ellas. Convivíamos muy bien en la vida literaria de las ferias del libro, de giras y en los primeros programas de televisión, pero no sentía que fuéramos una generación. Nuestras vidas eran muy distintas, ellas eran más rupturistas y yo más conservadora. Marta Brunet, aunque mayor, era a quien yo más admiraba".

Después de haber criticado sutilmente en sus novelas la dependencia de la mujer chilena de su hombre, no sería raro tacharla de feminista. Tampoco sería extraño interpretar que ahí se encuentra la inspiración de sus cinco hijas profesionales: Elena (abogada), Paula (sicóloga), Margarita (periodista), Marcela (escritora) y Sol (historiadora). Sin embargo, Margarita y Sol admiten que su madre nunca fue exigente en este tema, y que fue más bien su padre, Horacio Serrano, quien las alentó a estudiar. "Nos decía que ninguna se casara sin su "cartón" bajo el brazo", recuerdan.

Y al preguntarle qué significa para ella ser madre de cinco destacadas profesionales, contesta con verdadera sencillez: "Lo de 'destacadas' me sirve para que mis amigas lejanas me llamen por teléfono y me feliciten. Reconozco que me gusta, pero lo verdaderamente 'destacable' es cómo las gozo y me río con ellas y cómo disfruto a esos quince nietos que me dieron".

estudio de género

Su aporte literario

"En el momento en que Serrana escribe, y me refiero especialmente a sus primeras cuatro novelas, el discurso de las mujeres chilenas no constituye todavía
acto de denuncia o resistencia, ni lo motiva un afán rupturista".

"Desde una perspectiva del género (...), la novelística de Serrana contribuye de modo importante al cuestionamiento de las instituciones que regulan el tejido social de la clase burguesa chilena. Si bien (...), sus novelas no proponen rupturas, la plasmación crítica de un estado de cosas que afectan adversamente a un importante sector de la población chilena avanza la causa de la liberación de la mujer. Resulta difícil comprender, entonces, por qué las novelas de Elisa Serrana han recibido tan escasa atención por parte de la crítica literaria feminista que se ha desarrollado en Chile en las últimas dos décadas".

Patricia Rubio

"Escritoras chilenas, Novela y Cuento".

Editorial Cuarto Propio, Santiago, 1999.


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Junto a su marido, Horacio Serrano.
Junto a su marido, Horacio Serrano.
Foto:El Mercurio


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