EL SÁBADO

Sábado 22 de Abril de 2000


Carmen Puelma: Recuerdos de un torbellino

Hace catorce años, un accidente cardiovascular dejó a esta legendaria periodista en silla de ruedas. Su historia es un poco novelesca. Y bastante triste. Sobre todo porque es irreversible.
por Mili Rodríguez V.

Consideraba que los maridos ideales son los que juegan golf a la hora de la siesta y que al irse definitivamente no dejan cuentas pendientes. Hablaba en el fondo (en una conversación con Luis Alberto Ganderats), de un episodio amoroso de algunos años atrás, que le había dejado el ala rota.

La historia es un poco novelesca. Y bastante triste. Sobre todo porque es irreversible. Desde hace casi catorce años, la periodista Carmen Puelma vive en una silla de ruedas. Lee el diario, juega dominó, recibe las rosas que le envía el director de la Asociación Chilena de Seguridad, Eugenio Heiremans, y las visitas semanales, puntuales "como un reloj", de su hermano Álvaro.

Carmen Puelma tenía 52 años cuando, el 14 de julio de 1986, sufrió un accidente cardiovascular, con todas las secuelas, esperanzas y operaciones de un shock de esta naturaleza. En la Clínica Alemana estuvo cuarenta días en coma. Salió de allí con un 75 por ciento de su cerebro dañado.

A las seis y media de la mañana habían comenzado las transmisiones de la radio Cooperativa y ella comentó con dolor el atentado a los jóvenes quemados durante las manifestaciones. Después, su hermana Beatriz estaba con ella al teléfono cuando sucedió.

"La sentí caer", recuerda.

De las perplejidades de su primer matrimonio, turbulento y breve, se impuso una nueva Carmen Puelma: hablaba de su ex esposo como si perteneciera a una existencia anterior. Como si fuera un ectoplasma. La chica incandescente la mirada verde, la sociabilidad total que había estudiado enfermería y decoración en la Universidad Católica, se había convertido además en una periodista arrasadora, carismática. Aunque apasionadamente partidaria del gobierno militar y de derecha, en los años ochenta luchó a brazo partido por el derecho a existir del diario La Época.

"Yo sigo siendo la misma de siempre y haciendo lo mismo", dijo a Ercilla cuando, en 1983, recibió el importante premio Lenka Franulic. "Cumplí mi servicio militar y digo hoy todo lo que me parece bien y lo que está mal. Creo que al gobierno no le hace daño que se manifiesten opiniones, propias o ajenas, que disientan. En lo personal, soy absolutamente libertaria y no podría aceptar una tuición ideológica".

Pinzas para espárragos

Trabajaba mucho; si no, jugaba bridge hasta las horas más extrañas. En los días felices, en que la jornada comenzaba a las cinco de la mañana y terminaba después de la una de la tarde, era una fumadora imparable y una trabajadora compulsiva, que ponderaba sin ponerlo mucho en práctica, el dolce far niente y se consagraba a refinadas materias gastronómicas. Llegó incluso a viajar a Europa con el solo propósito de hacer un curso de gastronomía. Igual odiaba los cócteles, las pinzas para espárragos y la impuntualidad chilena.

Su hermano Álvaro abogado, el segundo de una familia de siete hermanos, en la que la mayor es Carmen cuenta que la suya fue una infancia de "gente rica, de gente bien".

Estudió en el Villa María y en el Universitario Inglés. "Fue líder toda su vida, presidenta de todo lo que podía haber". Tenía diecisiete cuando recorrió Europa durante un año con sus padres y sus hermanos. En las fotos quedaron los museos, las nostálgicas palomas de la plaza San Marcos, un halo de madeleines en Saint-Germain; las góticas gárgolas de Barcelona. Vivía en lo alto de los sueños y los bibelots de una sociedad isla pobre y colonial.

Su padre era un poderoso comerciante, aunque esa fortuna no tuvo un final feliz: en el pánico financiero de los setenta, su padre casi se arruinó por vender gran parte de sus propiedades a precios "ridículos".

El estudio de Álvaro Puelma refleja aún ese pasado poderoso: no solo una biblioteca desmesurada, también un lujo de buen diseño. El abogado se declara democratacristiano, con cierto énfasis, aunque agrega que colaboró durante los dos primeros años del gobierno militar.

Carmen trabajó como agregada de prensa en Washington y luego en París. Le comento a él que esas dos embajadas son vistas como "premios" en el mundo diplomático. Lo niega. Dice que fue un destino extremadamente complicado: el embajador era un general de aviación de origen alemán que tuvo intervenciones desafortunadas y Carmen tenía que trabajar lo suyo para limpiarle la imagen. Fueron años duros, asegura.

Pasadita de kilos, con sus magnéticos ojos verdes, la voz ronca, durante años estuvo en el aire y en la conciencia colectiva. En el programa Las mujeres también improvisan con Patricia Guzmán, Silvia Pinto y Raquel Correa, primero en la radio Cooperativa y luego en el canal de la Universidad de Chile, la mañana ardía: las ondas radiales lanzaban fuego. Nada tan distinto de lo que se pasaba en la angosta faja de tierra. En una secuela de años dramáticos, cargados de electricidad, Carmen Puelma fue para la izquierda una adversaria desagradable. Se dice que Allende la insultó en persona, o por lo menos que se lanzaron unas cuantas pesadeces. Y bueno, el clima político no era ninguna laguna.

Aburrirse en pareja

Odiaba las telenovelas y preguntaba sobre cuál de las rutinas matrimoniales es la más mortífera. Aseguró: "No alcancé a conocerlas en detalle, pero creo que el matrimonio perfecto aprende a aburrirse en pareja".

Entrando en detalle, el primer matrimonio, con un auténtico príncipe azul de la época, el guapo arquitecto Gustavo Krefft, un ser que parecía caído del cielo de los novios, terminó mal. Duró tres años, con dos hijos en el intertanto. El veredicto familiar fue: carácter demasiado fuerte, incompatibilidad total. Krefft consideraba, como Marmaduke Grove, que "con las mujeres, mano dura y triunfaremos".

Catorce años después del primer desastre matrimonial cuando sus hijos eran adolescentes, Carmen tuvo la audacia de reincidir. Este segundo matrimonio duró cuatro años, con el industrial Pablo Grand, y no se conocen mayores pormenores. Es decir, se puede suponer una de esas segundas historias de amor que, cuando tampoco duran toda la vida, no merecen ser registradas. Pero se supone que en verdad ella no nació para la vida en pareja: vivía rodeada de amigas y amigos. "No era dedicada al cuento romántico, era demasiado independiente, demasiado suficiente", cuenta una amiga.

En 1990, la Asociación Chilena de Seguridad (Carmen fue relacionadora pública de esa institución hasta el día del shock) instituyó el premio al periodismo Carmen Puelma Accorsi. Desde entonces lo han recibido, entre otros, Patricia Guzmán, Inés Marina Cardone, y en 1999, Bernardo de la Maza.

La distinción, otorgada por el director de la Asociación, Eugenio Heiremans, resalta los valores positivos del periodismo (una vez fue entregado en lo alto del cerro Santa Lucía) y alguna vez ha asistido ella misma, sonriente, conmovida, en su inevitable silla de ruedas.

En la punta de un cerro

Gustavo Krefft Puelma es arquitecto, tiene 41 años y hacía tres meses que se había casado cuando su madre enfermó. Tres meses de matrimonio, sonríe, con una ternura especial. Porque desde entonces vive con ella. "Vivimos en la punta de un cerro cuenta, en La Dehesa".

Carmen tiene una enfermera y sus propios dominios en esa casa, y sostiene limitadas pero auténticas conversaciones con toda su familia. Juega damas y dominó, hojea los diarios, ve los noticiarios.

Yo digo que tiene poca batería y después se desconecta comenta Álvaro.

Nunca la he visto con verdaderas ganas de volver a la vida normal... sugiere su hermana Beatriz.

No me siento tan bueno ni tan malo: nunca la voy a mandar a vivir a una clínica de reposo: ella no molesta, tenemos una gran comunicación agrega Gustavo.

De su infancia, Gustavo recuerda una madre-torbellino, una sensación de dieciocho horas de radio, televisión, revista. A los doce años tomaba una micro para ir a verla a la radio Cooperativa. Ella siempre tenía un tiempo para estar con ellos, para llevarlos a comer afuera, y viajó con sus hijos a Europa cuando eran adolescentes, repitiendo la tradición familiar.

Tenía una energía impresionante Gustavo hace un silencio: A mí me carga la cosa fúnebre, mejor reírse. Tenemos caracteres distintos: yo racional, frío; ella emotiva. Pero concordamos en ser creativos, en saber lo que queremos.

El segundo hijo es Gonzalo, de 39 años. Estudió dos años de comunicación y como el páter familias, Álvaro, consideró que Carmen no era suficientemente enérgica con este hijo menor, hizo que Anacleto Angelini lo pusiera en las pesqueras de Eperva y después lo mandó con el Fra-Fra Errázuriz a las minas de oro.

"Mi mamá nos regaloneaba tanto... y era tan vital dice Gustavo. El tipo de persona que se hacía amiga del dueño del restaurante, al tiro. Yo habría pasado un año diciéndole apenas buenas tardes".

Cuando Carmen dirigió la revista Eva, contrató a su hermana Beatriz que había estudiado tres años de derecho y dejó la carrera por casarse para escribir historias de amor. "Escribía cuarenta carillas semanales se ríe. Era la Corín Tellado chilena". Su endulzado seudónimo era Solange Trouvé y sus heroínas, todas sofisticadas.

"Carmen era una periodista de alma cuenta Beatriz. No le tenía miedo a la verdad. Tenía amigos en los dos lados. Católica observante, temía la amenaza marxista... Pero, sobre todo, creía en la libertad de prensa. A ella no la mandaba nadie".

"Las mujeres también improvisan"

La periodista (y actualmente pintora) María Angélica de Luigi tiene sus propios recuerdos, con un tono de encanto, divertido, exagerado. "Carmen Puelma era una mujer buenamoza, irónica más que agresiva", dice. Recuerda el programa Las mujeres también improvisan como uno de los fenómenos de comunicación significativos de la época. Era un equipo de periodistas de primera línea contra la Unidad Popular.

"Carmen era muy bonita, con una sonrisa muy linda, esas personas que se ríen con los ojos rememora Angélica. Y era hiperkinética, de una hiperkinesis atroz. Saltaba de un tema a otro. Y era muy paltona (cuica, en esa época), de esas personas que no tienen ningún problema en mandar a la punta del cerro a un diputado, y se echan al bolsillo a todo el mundo. Tenía una agenda gigantesca y cuando organizaba sus ceremonias, no faltaba nadie. Por cierto, desde las rosas a las ostras, todo venía de producciones tipo Errázuriz", cuenta Angélica.

Y bueno: no se puede negar que era muy momia: era como para caerse muerta. En el programa de televisión, Silvia Pinto, por ejemplo, argumentaba, planteaba las cosas con tremenda solvencia y seriedad. Carmen, en cambio, se lanzaba "a sangre de pato", supiera o no. La pasión la desbordaba agrega.

Naturalmente, se sabía todas las copuchas de todo el mundo. Definitivamente, era todo un personaje.

Se contaba que cuando ella recién estaba saliendo de periodismo, un académico de alto vuelo la dejó en vergüenza delante de un grupo de alumnos por no saber determinado tema. Indignada, la señorita Puelma tomó su grabadora y le hizo la misma pregunta a decenas de profesores de la escuela (todos particularmente famosos): nadie supo contestarla. A continuación, hizo un programa de radio donde el profesor aquel quedaba francamente como un tarado.

"El diálogo"

Un golpe seco en la mesa y la voz de Carmen Puelma llenó el micrófono: "No digamos las cosas a medias, las cosas son cómo son. La Armada se sublevó y van a derrocar al gobierno de Allende".

El 11 de septiembre de 1973, el programa radial El diálogo, conducido por la periodista y el entonces diputado Luciano Vásquez, transmitía por última vez. Con el anuncio del golpe de Estado, el espacio que de lunes a viernes acompañó, más bien espinudamente, las mañanas del Chile de la Unidad Popular, cerraba su ciclo.

Luciano Vásquez recuerda que el estilo combativo y fresco de su compañera de trabajo le ocasionó más de un dolor de cabeza al gobierno de Allende: "Ella fue la primera que denunció que los ministros de la época se valían de resquicios legales para funcionar".

Los quince minutos diarios de este programa hicieron que los nombres y las voces de la dupla Vásquez-Puelma se grabaran en la memoria de muchos. Ya por esos años generaban rencores y adoración.

El ex diputado busca entre los recuerdos: "Afuera de la radio Agricultura no había estacionamientos, por lo que Carmen llegaba en taxi. Una vez le tocó de chofer un admirador que estaba muy preocupado por llevarla a tiempo hasta la radio. Como iban atrasados, él dejó su taxi botado para ayudarle con el montón de papeles que ella traía. Al final se quedó todo el programa con nosotros, pasándonos los apuntes. Una vez que salimos, el hombre tenía un parte en su auto".

Vásquez cuenta que además de ser aguda, Carmen era muy amena, lo que le ganaba el cariño de los radioescuchas y de él mismo. La gente los tenía asociados, creían que donde iba uno, el otro iba también, que eran pareja. Él estaba en Suecia cuando Carmen Puelma decidió irse a Estados Unidos. La periodista mandó a buscar sus muebles, pero el personal de la aduana chilena no estuvo de acuerdo. Creían que alguien se había equivocado, porque no se explicaban que la dupla estuviera separada. El resultado: los muebles de Carmen Puelma llegaron hasta Suecia.

S.M.


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Dicen que la periodista Carmen Puelma fue líder toda su vida, presidenta de todo lo que podía haber, desde sus años en los colegios Villa María y Universitario Inglés. En la foto, durante su primera comunión.
Dicen que la periodista Carmen Puelma fue líder toda su vida, presidenta de todo lo que podía haber, desde sus años en los colegios Villa María y Universitario Inglés. En la foto, durante su primera comunión.
Foto:Juan Ernesto Jaeger


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