REVISTA YA

Martes 28 de Febrero de 2006

Japonesas en Chile:
Adiós a las geishas

La recién estrenada película "Memorias de una geisha" se ha encargado de revivir la imagen de sumisión con que se asocia a las mujeres niponas.
Texto: Pamela Alarcón, Magdalena Andrade y Paulina Illanes Producción: Jesús Echenique Fotografías: Ulises Nilo.

Motoko Kondo (29), secretaria:

"Ustedes son más sumisas que nosotras"

Desde que cumplió su mayoría de edad, Motoko ha ido en contra de todo lo que tradicionalmente se espera de una joven japonesa. Si sus padres querían que tuviera una carrera y trabajo convencionales, ella los sorprendió entrando a la universidad a estudiar español, y luego marchándose de su hogar para probar suerte, literalmente, al otro lado del mundo.

"Me vine hace cinco años, por mi cuenta, sin nada de plata. Quería probar, conocer, vivir otra vida", recuerda. Tenía 24 años, y su gusto por la música andina latinoamericana la hizo elegir Chile como país de destino. No conocía a nadie aquí, ni tampoco tenía la certeza de que podría encontrar algún trabajo para vivir.

A través de internet, Motoko consiguió su actual puesto como secretaria e intérprete en una institución bancaria japonesa, donde recibe un sueldo que le permite vivir cómodamente en un departamento en Providencia, "pero este mismo sueldo, en Japón, no me alcanzaría para nada. Por eso me gusta la vida aquí", reconoce. En sus ratos libres, participa de un grupo de música y ballet conformado mayoritariamente por chilenos. A través de esta convivencia, dice, ha aprendido a conocer y comprender la idiosincrasia nacional, y especialmente a las mujeres chilenas, a las que considera "muy abiertas, activas y directas para decir las cosas. Nosotros las japonesas somos bastante más observadoras y reflexivas. Ustedes son más impulsivas, y también más desinhibidas".

Si los padres de Mokoto alguna vez se ilusionaron con que su hija saliera del hogar casada, también se equivocaron. Estando en Chile se enamoró de un japonés, con quien comparte casa. Han hablado de matrimonio, pero ella valora altamente su independencia: "En Japón, desde siempre el matrimonio ha representado para muchas mujeres la seguridad en todo sentido, pero eso, con el divorcio, está pasando cada vez menos. Aunque todavía quedan mujeres que se casan y dejan de trabajar, la mayoría tiene la idea de estudiar, especializarse y optar por el trabajo en vez de la familia y los hijos", afirma.

Motoko discrepa de muchas de las convenciones de la sociedad japonesa, pero hay un punto en el que, al igual que la mayoría de las mujeres niponas, no transa: sentir que familia y trabajo no son compatibles. Por eso, ha optado por aplazar la maternidad. "Nunca he pensado en dedicar mi vida a ser ama de casa. Pero si tengo niños, me gustaría dedicarme 100% a ellos. Lo que yo he visto aquí en Chile es que las mujeres quieren tener hijos y trabajar. ¿Cómo lo hacen? Dejan a los niños con nana, y yo creo que eso es peor, porque al final nunca ven a su mamá".

Ése es su único resabio tradicionalista. En el resto, Motoko busca despegarse de los cánones occidentales que asocian a la mujer japonesa con el paradigma de la geisha, sumisa y preparada para cumplir deseos ajenos. "Yo no creo que nosotras seamos más sumisas que ustedes. ¿Qué es para las chilenas ser sumisas? ¿ser más calladas, reservadas? Para mí sumisión tiene que ver con sometimiento, y yo he visto varias chilenas que viven sólo para sus maridos", observa. "El otro día un hombre me gritó ¡geisha, geisha! Qué ignorante, tiene un concepto muy equivocado. Además, las geishas son artistas, no tienen nada que ver con lo que ustedes entienden".

Yuko Moriya (38), profesora:

"Lo que quiero decir, lo digo"

Yuko vive en Chile desde 2004, cuando el gobierno de su país la envió para que trabajara aquí como profesora de japonés. Era una oportunidad que no podía dejar pasar, aunque el costo fuera separarse de su marido durante los dos años que duraba su beca. Contraria a los cánones de la tradicional sociedad japonesa, Yuko viajó sola para seguir sus aspiraciones, "aunque si mi esposo no hubiese estado de acuerdo, yo no hubiese venido", reconoce. "Pero él no es machista. No parece japonés en su forma de ser".

Una vez en Chile, el proceso de adaptación fue fácil, a pesar de su escaso dominio del español. "Tengo un carácter extrovertido, entonces ha sido entretenido. He encontrado muy buenos amigos, japoneses y chilenos".

Ha quedado sorprendida con la locuacidad de los hombres, sobre todo en la calle cuando la ven. "En todas partes me pasa. Los maestros, los taxistas me dicen cosas como, qué linda, entonces me siento con el ego enorme", dice, mientras hace el gesto de respirar hondo e inflar el pecho. "En Japón eso no sucede, los hombres no lo dicen, pero lo piensan. De hecho, esto podría ser considerado acoso sexual, porque el hombre no acostumbra a expresarse".

Cuando analiza cómo ha cambiado la sociedad japonesa, Yuko es categórica: las mujeres han evolucionado más que los hombres, y están lejos del arquetipo de la geisha. "Actualmente, acá y allá, las mujeres estudian, trabajan y se casan más tarde. En Japón no hay una situación totalmente opuesta a la época de las geishas, en que la mujer era muy sumisa, pero sí es una situación distinta. Antes la mujer dependía mucho del hombre, ahora no; se complementan".

A diferencia de su madre y su abuela, que estaban atadas al conservadurismo de la tradición japonesa, Yuko considera que tiene más libertad. "Antes todo era predeterminado, la edad en que te casabas, con quién, pero ahora no. Digo lo que quiero decir, y hago lo que quiero hacer. Puedo elegir entre diferentes caminos". No considera que la mujer japonesa esté evolucionando hacia un estilo más occidental, "porque en occidente también hay machismo, incluso más, yo creo. La mujer de aquí parece liberal, pero a la vez es sometida", explica, y da un ejemplo: "En Japón el hombre entrega todo su sueldo a la mujer y ella lo administra. Aquí no, el hombre entrega un poco para supermercado, otro poco para ropa, y así. Está limitada".

Para Yuko, la vida en Chile ha sido agradable, pero a pesar de tanta distracción, no ha sido difícil estar lejos de su marido. "No estamos contentos de estar separados, pero la vida es larga; entonces 2 años era un tiempo razonable para vivir esta experiencia. Además, no tengo niños y por eso pude venir". Yuko está consciente de que a sus 38 años no puede seguir postergando la maternidad infinitamente. "Si lo hice, fue por razones personales que nada tienen que ver con mi trabajo", asegura. Quiere tener hijos y piensa ponerse en campaña "el próximo mes", dice riendo, en alusión a que en marzo vuelve definitivamente a Japón para reencontrarse con su marido.

Tomoko Yamashita, (26):

"Me encantaría ver a una japonesa en el poder"

Tomoko, hija única de una tradicional familia nipona, ha seguido un camino muy alejado del estilo de vida de su madre y abuela. De partida, ha vivido en Japón, Canadá y Chile, y habla tres idiomas. Dejó su casa a los 18 años para irse Canadá a estudiar inglés y relaciones internacionales. Allá estuvo hasta 2002, y al año siguiente se vino a Chile a aprender español. Luego de un año aquí, se fue de vuelta a su casa y comenzó a trabajar en un aeropuerto japonés.

Cuando sus padres pensaban que su única hija se había establecido en su país, Tomoko les comunicó que volvería a Chile para encontrar un trabajo donde pudiera practicar el español. A su padre no le parecía motivo suficiente para volver. Tal vez porque él aún no sabe que Tomoko está enamorada de un chileno con quien tiene un noviazgo de dos años, una relación que ha soportado las diferencias culturales, idiomáticas y las distancias. "Fue complicado, porque al principio no quería tener un pololo que estaba tan lejos, pero el corazón dice otra cosa", cuenta sonriendo.

Guiada por sus sentimientos, volvió a nuestro país recién en diciembre pasado. Consiguió un trabajo en una agencia de viajes, en donde puede practicar todos los idiomas que conoce, y vive sola en un departamento en la comuna de Providencia.

De Chile, le ha llamado la atención el liderazgo femenino que ha comenzado a imponerse, al contrario de lo que pasa en Japón, donde las mujeres todavía están relegadas a un segundo plano en materia política. De hecho, cree casi imposible que en Japón gobierne una mujer como ocurrirá aquí. "A mí me encantaría ver a una japonesa en el poder, pero los candidatos son hombres muy viejos y a ellos no les gustaría". De todas maneras, cree que esta tendencia poco a poco se está revirtiendo, al menos en el plano doméstico. Prueba de ello es que el patrón que ha visto en su casa no es el mismo que el que ve en las parejas más jóvenes. "En el caso de mis padres, por ejemplo es mi papá quien tiene más poder y mi mamá lo ayuda. Ella obedece lo que él dice", asegura, "en cambio, en las parejas jóvenes la mujer está teniendo más poder de decidir, a veces por sobre el hombre".

Tomoko quiere casarse, tener al menos dos hijos, pero no quiere dejar de trabajar para dedicarse a la vida de la casa, como la mayoría de sus congéneres. Reconoce que les ha costado tanto hacerse un espacio en el mundo laboral, que ahora les es muy difícil arriesgarse a perderlo. "Antes no era tan común que las mujeres trabajaran, pero ahora en Japón hay muchas mujeres que trabajan, y a mí, que estoy en Chile, también me gusta hacerlo. No quiero parar".

El trabajo, cree, es una de las muestras más palpables de que las mujeres japonesas están dejando atrás el estigma que las caratula como sumisas y dispuestas a sacrificar su realización personal por el egoísmo de sus maridos, como le pasó a su propia madre. Ella trabajaba en un jardín infantil, pero cuando se casó con el padre de Tomoko, debió dejarlo. "Una debe tener trabajo aún estando casada", es su reflexión. Y sabe que hoy muchas de sus compatriotas están pensando como ella.


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