VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 28 de Abril de 2012

 
De noble pasado

El palacio Ariztía de Viña del Mar mantiene intacto el carácter señorial y ecléctico que le imprimió a comienzos del siglo XX el arquitecto italiano Ettore Petri Santini, autor además de los palacios Vergara y Ross y del Club Social.  
Texto, Jimena Silva CubillosProducción, Paula Fernández T.Fotografías, Viviana Morales R.  Por la misma escalera de caoba rubia tallada que Susana Molfino Alzola bajó vestida de novia en 1992, hoy caminan decenas de alumnos de la sede viñamarina del Culinary, Escuela Internacional de Artes Culinarias y Servicios. El que por años fuera el escritorio de su padre, el agricultor y rentista Silvio Molfino Valle, hoy se usa como sala de clases, pero aún conserva el cielo y los muros forrados con maderas nobles, además de un imponente lamparón, libreros hechos en obra y una caja de fondos antigua. "Mi nonno Juan Molfino Solimano, empresario genovés, compró esta propiedad a fines de los años cuarenta, a la sucesión de don Rafael Ariztía Lyon y de doña María Teresa Brown de Ariztía, fundadores de la Universidad Católica de Valparaíso. Él se trasladó desde Valparaíso junto a mi nonna, Ketty Valle Lértora, y a mi padre que fue hijo único, atraído por la calidad de la construcción y su ubicación privilegiada dentro de la ciudad, justo frente a la línea férrea, donde estonces se habían edificado numerosas residencias con un carácter especial", recuerda Susana, la menor de los tres hermanos Molfino Alzola, actuales dueños del palacio Ariztía. -Llegamos a vivir ahí muy chicos, desde el campo familiar de Los Andes, en el verano de 1972, poco después que mi nonna enviudara. Y tuvimos la suerte de hacerlo durante veinte años hasta que nos fuimos casando. Aún recuerdo que como buenos italianos, los domingos nunca nos parábamos de la mesa antes de las cinco de la tarde y que todos los días, al volver de clases, nos instalábamos con mi mamá en la pieza de costura mientras hacíamos las tareas. La casa construida luego del terremoto de 1906 que asoló Valparaíso, incorporó las nuevas técnicas de construcción y por ello ha resistido casi incólume los siguientes sismos que han afectado a Viña del Mar. Rafael Ariztía, connotado empresario, agricultor, industrial minero y senador encargó el diseño al afamado arquitecto italiano Ettore Petri Santini, el mismo que hizo el Club de Viña del Mar y los palacios Vergara y Ross, entre otros distinguidos inmuebles, porque en la zona encontró muy buenas condiciones para ejercer su profesión. La obra tiene 1.277 m2 construidos, en un terreno que bordea los dos mil. Lorena Brassea, encargada del Archivo Histórico Patrimonial de Viña del Mar, entrega detalles: "Se enmarca en el periodo historicista porque reúne una buena mezcla de estilos, algo muy propio de esa época. Se trata de un inmueble gótico veneciano con amplios salones distribuidos en dos pisos y un subterráneo; una clásica villa italiana, que integra arcos y vanos de medio punto, ojivales y adintelados, además de una galería de acceso con columnas y un vistoso torreón que en algún momento fue intervenido porque en los registros de mansiones antiguas de la ciudad se aprecia que su techumbre era bastante más aguda y que uno de los aleros tenía un quiebre". -En el terremoto de 1985 -recuerda Susana- se cayó gran parte del cielo porque era muy pesado, tenía doble capa de cemento con mallas de gallinero. Entonces fue reemplazado por una estructura mucho más liviana y convencional, y quizás entonces se rebajó un poco la torre. En el año 2000, poco tiempo después de que murió Silvio Molfino Valle, la Junji arrendó la propiedad para instalar su oficina regional, pero a partir del 2003 la administración de la casa quedó en manos de Culinary. "Nosotros llevábamos algunos años funcionando en dos construcciones muy pequeñas, de carácter bastante discreto, y nos pareció que tanto la nobleza como la ubicación de esta casa podían transformarse en un plus para la escuela", explica Marcelo Sifaqui, director de la sede viñamarina. Concientes de su valor patrimonial y de la mano del arquitecto Jaime de la Fuente restauraron el histórico volumen para sacar a relucir sus atributos estéticos. También construyeron otros dos idénticos, de unos 400 m2, en la parte posterior del sitio, entre una columnata de estilo jónico que durante años sostuvo a un parrón. "Limpiamos el sitio, cuyo jardín entonces evidenciaba poco cuidado, y construimos dos módulos, tipo mecano, con acero y mucho vidrio, para poder habilitar los talleres de cocina, pastelería y las salas de clases que no cabían en la casona. En caso de ser necesario esta estructura de dos niveles se puede desmontar y trasladar a otro lugar", recuerda el arquitecto, quien conectó los volúmenes mediante una rampa de hormigón y mantuvo intacta la pequeña gruta que la nonna de los Molfino Alzola levantó a mediados de los años 50. "Ellos han hecho un trabajo muy respetuoso ya que si bien generaron una obra contemporánea, ésta es bastante purista porque tiene tamaño y forma discreta", valora Susana Molfino Alzola. 

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Gracias a la doble altura del hall central, este espacio que era el living de la casa se relaciona visualmente con el corredor perimetral del segundo piso. Todos los parqué son distintos. 
Gracias a la doble altura del hall central, este espacio que era el living de la casa se relaciona visualmente con el corredor perimetral del segundo piso. Todos los parqué son distintos. 


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