REPORTAJES

Domingo 17 de Julio de 2005

El secreto de Verónica

¿Qué tiene Verónica Michelle Bachellet Jeria que parece haber engatusado hasta la hipnosis al público, al extremo de que la mayoría parece ver en ella sólo virtudes y capacidades? ¿Cuál es ese secreto que querría copiar Piñera e imitar Lavín?

CARLOS PEÑA G.

Vicerrector Académico Universidad Diego Portales

Es integrante -mal que les pese- de la familia militar; políglota, no por haber ido a un colegio europeo, sino como consecuencia de las vueltas y los sinsabores de la vida; socialista de veras, o sea, laica y de izquierda; jefa de familia de esas que sirven el desayuno a sus hijos, hacen pan con palta, ponen el agua en un termo y dejan, cuando es necesario, a los niños más pequeños con esa abuela de lealtad insobornable; dueña de un departamento DFL 2; alguna vez exiliada, y no precisamente en París o en Washington; torturada por algunos de los mismos que se genuflectaban frente a su padre; capaz de resistir la adversidad sin ninguna estridencia; nada fashion, salvo la chasquilla; levemente resignada frente a los kilos de más; curada de espanto frente a los sueños excesivos de su generación; mezquina a la hora de las ideas; dueña de una sonrisa encantadora que, a veces, es sólo a medias, como si estuviera arrepentida de sí misma, y situada por los cielos en las encuestas.

Su nombre es Verónica Michelle Bachelet Jeria, mesocrática de origen (como se usa hoy día). Michelle a secas para sus amigos y para sus partidarios. Bachellet para todos los demás.

Si hemos de creerle a la encuesta CEP -ese inexplicable oráculo al que los analistas se acercan con respeto casi religioso y a cuya presentación asisten como si fueran a misa-, ella será la próxima Presidenta de Chile.

Gracias a ella las uñas de Sebastián Piñera están hoy día más cortas que anteayer. Por su culpa, él aguzará su imaginación y en su próxima entrevista, y para salir del paso, nos recordará que, según dijo Jesús, "los últimos serán los primeros".

Ella también es la culpable de que anoche Lavín invocara con fervor a su ángel de la guarda con más frecuencia que nunca. Más incluso de lo que sugieren los manuales de la Obra.

¿Qué tiene Verónica Michelle Bachellet Jeria que parece haber engatusado hasta la hipnosis al público, al extremo de que la mayoría parece ver en ella sólo virtudes y capacidades -sea que se trate de la hacienda pública, la educación, la justicia o la salud- y casi ningún defecto de los que, obviamente, tiene? ¿Cuál es su secreto, ese mismo que, como si fuera industrial, querría hacer suyo Piñera e imitar Lavín?

Hay un secreto. Pero ni Piñera ni Lavín, aunque se esforzaran frente al espejo una y otra vez con disciplina de estudiante de Harvard o de Chicago, podrían copiarlo.

Se trata de la vida de Verónica Michelle Bachelet Jeria.

La vida de Verónica Michelle Bachelet -me refiero a los aspectos públicos que todos conocemos- se halla enlazada como ninguna otra con la historia del Chile de los últimos treinta años. Esa historia parece haberse empeñado en dejar en ella una huella explícita o una seña, como si, por esa vía, quisiera ayudar a la porfía de la memoria. Su vida muestra que lo personal es político y que la vida de cada uno de nosotros (a pesar del mercado y las enseñanzas de la economía neoclásica) está tomada de la mano con la vida de todos los demás.

Esa vida refleja los traspiés, los sinsabores dolorosos, los éxitos y la posibilidad de redención de toda una generación de chilenos que fueron de izquierda, que vivieron la dictadura a salto de mata y con el alma en un hilo; pero que no integraron nunca el panteón ni de los vencedores, ni el de las víctimas. Esos que curaron sus heridas en silencio.

Y todo eso muy relevante si se atiende a los cambios en la comunicación y el liderazgo.

Mientras en la clásica política de masas el secreto del éxito consistía en cultivar, mediante escenografías y rituales, la distancia y el secreto para permitir así la ilusión de que el liderazgo era levemente sobrehumano, hoy día la política reclama de quienes aspiran al poder una relación límpida con sus electores, como si éstos, en vez de oír discursos, quisieran conversar o trabar una relación cercana, íntima y emocionalmente comprometida con sus candidatos.

Por eso -porque el respetable se reconoce en ella-, Bachellet, a pesar de todos sus defectos, alcanza esa relación cordial e íntima con las audiencias que parecen mirarla embobadas. Es obvio: se están mirando a sí mismas.

El secreto de Verónica es, a fin de cuentas, ser como usted o como yo, y no esmerarse en ocultarlo con frases bíblicas y citas de segunda mano o con ideas ingeniosas que entretienen, pero no identifican a nadie. Y la política -una maldición para la "public choice" y todos los economistas botados a cientistas políticos- todavía necesita apelar a esa dimensión de nuestra vida que reclama reconocimiento, ésa en la que usted y yo buscamos consuelo y algún motivo para creer que, en medio de tantos sinsabores, a veces espera un final feliz.


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir



[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales