REVISTA YA

Martes 21 de Septiembre de 2010

 
Marcela Trujillo la mujer maravilla

Es la Frida Kahlo chilena. Bueno, no. Es la Marcela Trujillo, Trukillo, Truki; la chica de Avenida Matta que veraneaba en El Quisco.
Por Sergio Paz. Fotografías Carla Pinilla.  Marcela. Hola. ¿Cómo están tus trompas de Falopio? -le pregunto a Marcela, haciéndome el cool, el creativo. Intentando ponerme a la altura de esta artista que, con sus locos cuadros, no pocas veces sexy/liberales, una y otra vez ha remecido la plástica local.-Muy bien, gracias. O eso espero. Por ahora en plena acción. Todavía no me llega la menopausia. Pero, chuta, me hiciste recordar que debiera ir al ginecólogo y hacerme exámenes porque ahí salen tumores -diceMarcela, la bióloga/pintora, a través del mail.Esta es una entrevista gmail.Después de todo a Marcela la conozco. Bueno: un poco. No me voy a agrandar tampoco. Sí sé que es intensa, loca, romántica, a veces densa como el álgebra de Baldor. Una vez, para un artículo en la Zona de Contacto, sobre la explosión del rock en SNBK (San Bernardo) el editor encargó a Marcela la ilustración de la portada.Ella hizo un óleo gigantesco que no cabía por la puerta de la micro. Me encargaron llevar el cuadro en el techo de mi auto.Poco después supe que se había ido a Nueva York. Lógico. Al menos en ese tiempo los jóvenes/artistas partían a Nueva York. Ahora se van a Yingo. Y es mejor.Las mujeres son como los autos: se sueltan. Pero uno se pone adicto al cacharro. Al final, da igual cómo suena,cómo se ve, cómo se siente. Uno lo quiere y ya. Mientras ande.¿Por qué lo digo? No sé: es lo que me queda después de leer, de madrugada, las respuestas de Marcela:largas, intensas, desenfadadas.Supongo que de eso es lo que se trata todo: de querer. Supongo que también es lo que queda tras recorrer, imaginariamente, el gran piso/taller en Avenida Matta donde hoy trabaja Marcela Trujillo: la Lady Gaga de la plástica chilena. Una artista gruesa, intensa, que ahora acaba de publicar (vía Feroces Editores) un potente cómic que no habla de súper héroes, con capas y calzoncillos rojos, sino de su propia vida.Ya a principios de los 90, Marcela Trujillo fue figura. A excepción a la corriente expresiva de la época, su trabajo destacó por sus demenciales dimensiones y, además, porque no sólo era pop sino también realista. Mala cosa; en esa época el realismo=Bravo se pensaba siútico.Pero Marcela Trujillo era especial. Por la fineza, perfección de su pintura, en el medio la llamaban "Truquillo". Hoy recuerda que su primer trabajo consistente fueron edificios de Santiago, incluidos varios cines; el Santa Lucía, el Teatro Baquedano, el Normandie. Marcela los pintaba e inventaba carteles de películas falsas con artistas que sólo existían en su cabeza: Maran Bulla, Malva Mora, Tayfa, Lebianosky, Kai Arkadas, Pepa Decasco.Tras Galería de Famosos, partió. Volvió el año 2003 para exponer en la galería Stuart de la plaza Mulato Gil.Ahora se acaba de ganar un Fondart y prepara, para marzo, una exposición con superheroínas, pura ciencia ficción femenina. Lienzos grandes, acuarelas grandes. Es lo suyo. Es el arte de Marcela, de Maliki, su seudónimo en el cómic. A ella siempre le han gustado los nombres raros.Al día siguiente, preguntas y respuestas siguen ahí en el computador.-Respecto al cómic, escribes en tu blog: no me gusta la ciencia ficción, los temas épicos, los superhéroes, la aventura y toda la sartalada de temas masculinos que ensalzan valores irreales e inalcanzables; el poder y la gloria. ¿De verdad no te entusiasma Superman? ¿No te excita el Hombre Araña?-Superman y el Hombre Araña son gays. Con tanto músculo y tanta malla están lejos de excitarme. No me gustan los músculos ni los hombres con dotes circenses. Me cargan los hombres tan apuestos, tan perfectos, no puedo con ellos, son muy vanidosos. Todas los quieren y no me gusta lo que todos quieren. A mí me gusta lo mío: me gusta ir al Persa a comprar revistas antiguas, a San Diego a comprar libros de los años 40. Me gustan las películas de Miyazaki, pero las que pocos han visto. Me gustan los cómics independientes que los escribe y dibuja la misma persona y que hablan de individuos que se equivocan y entonces se ríen de eso. Me gustan muchas cosas, menos Superman y El Hombre Araña.-En el 95 viajas por primera vez a NY. Lo haces con la plata que obtienes vendiendo tus inolvidables Venus:las Venus de Marcela Trujillo. ¿Qué tienes de Venus?-Es mi planeta regente astrológicamente: soy tauro ascendente tauro y se supone que tauro es regido por Venus y Venus es el planeta con que la mitología griega representaba al amor romántico. Cuando hice las Venus trataba de comprender, racionalmente, por qué a una mujer con sentido común, responsable y trabajadora, lo que más le importaba al final del día era el amor romántico. Sentía que era tan ridículo ser tan enamoradiza e idiota por querer ser deseada todo el tiempo. Me martirizaba la idea porque de verdad sufría por eso. Y era bien absurdo estar siempre pensando en hombres, el amor, los pololos, me quiere, no me quiere, me pone el gorro, ya no lo quiero. Entonces, comencé a investigar por qué las mujeres se consideraban diosas, minas poderosas que maldicen a quienes se ríen de ellas. Dios era hombre y las mujeres vírgenes lastimeras, lloronas y cagadas de onda. Fue muy entretenido meterme en ese tema que, además, es el tema del psicoanálisis y de la cultura pagana, no cristiana. Y yo, criada en colegios católicos, que conocí el Universo de las diosas griegas y las religiones que veneraban a las mujeres por su capacidad de dar vida, comencé a liberarme de un poncho viejo y deshilachado que me habían puesto las monjas y los curas por 13 años. Esas pinturas me liberaron de verdad. Las vendí muy caras (para esa época) y con esa plata fui por primera vez a Nueva York por dos meses.-Después de tantas idas y venidas, ¿en qué está tu pintura? ¿Prefieres las grandes telas o las pequeñas hojas de un cómic?-Mi pintura está en su punto más productivo y creativo y lo digo porque cuando dejé de pintar en NYC, en el 2002, tenía una especie de desazón con la pintura. Esperaba algo que no podía darme: cercanía con el espectador y agilidad de producción. Entonces dejé de pintar y vi en el dibujo una manera de hacer arte mucho más práctica; yo soy tan práctica que he llegado a pensar que no tengo espíritu. La cosa es que recién volví a pintar cuando me enamoré. Y ahora mi situación es diferente. Tengo un taller enorme y muy cómodo aquí en Santiago, con espacio para pintar, enseñar, dibujar, comer y hasta dormir la siesta.-¿Cómo ves la escena local?, ¿la plástica local?-Muy movida, muy ágil, hay muchos jóvenes que son increíblemente buenos y productivos. Esto de venir de una generación con una nube negra como es la de los 80, llena de resentimientos y con razón, prácticamente me obligó a irme de Chile para encontrar todo lo que nos habíamos perdido en aquellos años. En Nueva York, en las galerías de Chelsea, pude ver gente joven con desbordes técnicos y plásticos que llenaban las salas de color y quedabas con tercianas de la impresión. Todo sin temas complicados, sin dolor, sin triples lecturas, sin facilismos, pintura pura y power. Algo así es lo que está pasando ahora en Chile. Claro que hay que guardar las proporciones. No es lo mismo. Eso era NYC en los 90 y esto es Chile en el 2010. Lo que pasa, creo, es que Chile antes del 73 era muy cultural y la cultura era poder. Los intelectuales de la escena de avanzada siempre han querido recuperar la cultura para el poder, pero no sus temas, sus atmósferas. Por lo mismo la pintura política chilena de los 90, con toda su intención crítica, es finalmente depresiva, gris y fome. Hoy en día, casi toda la pintura sustanciosa en Chile la hacen jóvenes que están en proceso de convertirse en mejores, sin tener que ser pobretones o alcohólicos. Ellos carretearon cuando tenían 13 años y ahora están en otra.-¿De qué mujeres te gusta su trabajo artístico?-Bruna Truffa sigue siendo una muy buena amiga y colega. Nos vemos poco porque las rutinas familiares son muy demandantes, pero considero que lo suyo es muy creativo y meticuloso, divertido, de buena factura. Ella se esmera en cocinar un producto sabroso. Bruna es como una cocinera de la pintura. Pero una cocinera de alta cocina, de un restaurante cinco estrellas. Claudia Peña es una de las mejores pintoras de mi generación, nos conocemos hace muchos años y soy testigo de la evolución positiva que ha tenido su trabajo. Entre las pintoras jóvenes que confío ciento por ciento en que llegarán a ser aún mejores están Daniela Kovacic y Paula Salas.Otra artista que va en ascenso es Daniela Santa Cruz.-Tus colores siempre fueron saturados, intensos. Hasta el blanco y negro, en tus cómics, es megapower. ¿No te aburre ser tan intensa?-Me agota, sí. Ahora mismo estoy muy resfriada y debe ser por eso; he tenido mucho ajetreo con el lanzamiento del libro, con los resfríos de mis hijas, con las clases de la universidad, con que me adelantaron la exposición del MAVI para marzo y eso me pone aún más intensa y mis defensas bajan, porque se me funde el motor y quedo hecha polvo. Pero es mi personalidad y he tenido que aprender a vivir con ella. Y a ella le agradezco la capacidad que me da para andar inventando cosas. Ahora, por ejemplo, trabajo en una serie de superheroínas para la expo de marzo. La exhibición es sobre ciencia ficción y todo ese tema que me carga de los cómics y de la cultura pop masculinizada del poder y la gloria, pero reconstruido desde el imaginario femenino. Estoy de cabeza pintando y dibujando naves espaciales orgasmoecnotrónicas, superheroínas con trajes altiplánicos en paisajes futurísticos tecno-orgánicos. Estoy mezclando imágenes húmedas y asquerosas del interior del cuerpo humano con objetos metálicos y brillantes de la tecnología súper avanzada, la nanotecnología, los microchips y todo eso. Igual que cuando joven quería amar a mis pololos, ahora lo hago con mi trabajo. Hay que dejar a los hombres tranquilos en algún momento.-A propósito, en el cómic de Maliki, tu vida en clave cómic, dibujas a un montón de ex pololos: punks, rockeros, ingenieros del MIT. ¿Con qué tipo te quedas a la hora del balance?-Claramente los punks dejaron de ser una opción, porque ya no me gustan los hombres que tienen rabia. Prefiero a los que saben qué les gusta y lo que no y toman sus propias decisiones sin tener que descalificar al resto todo el rato. Los rockeros originales son muy jóvenes para mí, a estas alturas prefiero ex-rockeros o adultos con alma rockera; eso significa que tienen buen gusto musical, que la música les marcó la vida o que a través de la música pudieron comprenderse a sí mismos. Ojalá, claro, que no sean ex rockeros progresivos o de heavy metal. Esos son a la larga muy machistas y en extremo masculinos: no puedo con ellos y a ellos les gustan las mujeres obedientes. Los tipo MIT son un caso perdido. Una simple ilusión que tuve alguna vez, pero la verdad es que la camisa celeste a rayas con puños blancos me da mucha desconfianza. Especialmente después de ver el documental de Michael Moore "Capitalism, a lovestory". La cuenta abultada en el banco es algo que me gustaría tener a mí, más que tener a un hombre con una.-Escribes en tu página/blog que buscabas un hombre trabajador, creativo, caliente, labios gruesos, con plata, que amara sin condiciones. Dime la verdad: ¿Encontraste alguna vez a un hombre así?-Aún no. He estado cerca, pero siempre falla alguno de los puntos. A veces pienso en reducir la lista, pero después me arrepiento porque si ya sé lo que quiero ¿para qué perder el tiempo? Además no me llueven los hombres, ni me gotean: aunque caen del cielo cuando menos los esperas. Quizás lo de "labios gruesos" no sea tan necesario; lo que sucede es que me cargan los hombres que no saben dar buenos besos y los labios gruesos ayudan mucho. Caliente también lo podría sacar porque por regla todos los hombres lo son. Sin mucho esfuerzo. Lo de la plata se queda: no me refiero a que sea un empresario exitoso, ni que tenga sueldos de esos que ninguno de mis amigos tiene, pero sí su platita, que sea independiente y que me regalonee de vez en cuando. "Trabajador, creativo y que ame sin condiciones" son un MUST. Porque un flojo, un personaje lleno de lugares comunes y un egoísta no me interesa ni de conocido.-Qué será ¿ah? Para las mujeres, el matri, al menos el evento, sigue siendo lo más cercano a estar un día en Hollywood.-Jajajaja, debe ser. Aunque es más bien el "compromiso" lo más soñado por las mujeres; ese compromiso por el cual logras que un hombre te prometa que se quedará contigo por el resto de su vida. ¡Y eso es Hollywood! ¡Un final feliz!-Tan, tan.-Las mujeres debemos tener ese deseo incluido en el ADN, estamos hechas (biológicamente hablando) para procrear y necesitamos al macho para que nos insemine y para que proteja a sus crías de las bestias que acechan el hogar. Ahora bien, no queremos que nos inseminen por toda la eternidad. Sólo cuando estamos fuertes y tenemos energías para criar a nuestros hijos. Así es que tampoco necesitamos muchos machos para eso, con uno basta. Uno solo tiene tantos espermios como para procrear un pueblo entero, así es que las mujeres desde sus orígenes no hemos necesitado muchos hombres. Con uno basta.-Seamos honestos. Al final todas las mujeres quieren o desean que un hombre las mantenga. Mientras más maduras, más infantiles ¿no?-¿Y que cuando viejitas nos pongan pañales? Las mujeres necesitamos a un hombre a nuestro lado por razones distintas a las que el hombre necesita a una mujer. Y no creo que la una o la otra sea más madura o más infantil. Las mujeres en algún momento necesitamos PROCREAR y los hombres DAR. El hombre pone su espermio y el resto de la procreación la hace la mujer. En este sentido, cuando una pareja decide tener hijos, el hombre debe cumplir su parte, porque la mujer también cumple la suya y eso las mujeres lo tenemos súper claro. Un hombre sin plata es un cacho. La mujer además del embarazo, el parto y la crianza ¿tiene que trabajar para mantener a sus hijos, mantenerse a ella, al hombre y a cambio el perla quiere que su mina sea linda, servicial y muda? ¿De verdad crees que eso es ser cabra chica? Yo creo que es al revés.-Hablemos del deseo sexual. ¿Qué diablos pasa con el deseo sexual de las mujeres? En tu cómic dices que se va. ¿Pero dónde se va? ¿Existe el más allá del deseo sexual de las mujeres? Hasta la materia oscura es más fácil de entender.-Antes de parir a mi primera hija el deseo sexual era abrumador. Mi vida entera estaba regida por un deseo sexual atarantado e irrefrenable. El sexo lo veía como un placer total y me hacía inmensamente plena. Por eso lo buscaba y necesitaba tener relaciones sentimentales largas. La cosa es que después de tener a mis hijas tuve, con suerte, la mitad del deseo sexual de antes. Lo peor fue justo después del parto, el año que siguió, cuando el deseo sexual desapareció por completo y tenía otro set de hormonas conduciendo mi vida; las hormonas de la lactancia que convierten a las mujeres en seres de puro instinto, casi animalescos, que tienen el oído agudo y no duermen y lo hacen todo y no se equivocan en nada. Es alucinante estar en ese estado. Las mujeres nos empoderamos con la maternidad casi tanto como un hombre al mando del Universo. Sentir que de nosotras depende otra vida es otra onda. ¡Qué sexo ni que ocho cuartos! En todo caso hay muchas variantes, claro que las hormonas existen o no existen. Y la vida es orgánica, así es que estamos fritos.-Tras regresar a Chile, uno de tus primeros montajes fue Familienkern; una ironía de la nueva familia. ¿Qué dices? ¿Hoy las familias son de generación espontánea o son lo mismo que antes?-Cuando quise volver con mi marido fui a una sicóloga. Ella me preguntó qué imaginaba cuando pensaba en él. Yo le respondí que imaginaba el día en que nos reencontramos en Hamburgo después de 15 años de no habernos visto desde que teníamos 20. El momento en que se me tiró al dulce, cuando hicimos el amor y cuando pensé que estaba embarazada y él me dijo que le encantaría tener un hijo conmigo. Entonces la sicóloga me preguntó: ¿Tú crees que las cosas podrían volver a ser como eran antes, justo ese instante? Yo le respondí que sí, que me gustaría. Y ella me dijo: "Marcela, si encuentras un libro donde diga que las cosas pueden volver a ser como eran antes te lo compro. Nada puede volver a ser como era antes. La vida va para adelante, no para atrás". De todos modos, aunque estemos separados, los cuatro seguimos siendo la familia. Las familias de generación espontánea no existen. Para que exista una familia se necesita una mujer y un hombre que quieran estar juntos y compartir sus vidas. Las familias ahora son mucho más simples que antes, más abiertas, con menos secretos, menos demandantes, más elásticas, más tolerantes, menos aprehensivas, pero muchísimo más frágiles.-En Familienkern los enumeras. ¿Cuáles son los tres principales conflictos familiares?-No lo sé, estuve casada muy poco y no me he vuelto a casar y no soy especialista en el tema. Pero algo básico es el tema de la economía familiar, cómo se gana y cómo se administra el dinero. Otro tema es la falta de deseo sexual ya sea de la mujer o del hombre. La pareja que sigue unida por mucho tiempo debe lidiar con ese tema porque la rutina es el principal enemigo del deseo sexual. Y la crianza de los hijos también es un clásico, el conflicto entre los padres de las maneras cómo se cría; si con las tradiciones de la familia de la madre o del padre. Los árboles genealógicos comienzan a importar de verdad con los hijos, antes de eso uno ni pesca. Pero de que la sangre tira, tira.-¿No has pensado en hacer un kamasutra chileno con monitos?-Ese tema lo he explorado mucho. Tengo muchos libros de arte erótico sobre todo asiáticos, porque era mitema favorito y en la muestra China Boukevard en el CCPLM, a fines del 2009, hice cuatro acuarelas eróticas y otras tres más usando imágenes de manuales sexuales chinos. El tema sexual es muy popular ahora, pero a mí dejó de interesarme tanto como antes. Ya no me da terror estar sola como cuando era joven, no tengo esa ansiedad irrefrenable de estar al lado de un hombre para que me haga sentir que mi vida vale la pena en este mundo. Mis hijas me lo dejan claro a cada minuto. Yo creo que el tema más complejo en la adultez no es el sexo, porque ya sabemos cómo hacerlo, tenemos mucha experiencia y menos vergüenza. El problema es el amor, qué calidad de amor somos capaces de dar y cuánto queremos recibir. El amor es lo más importante.

 

"A mi personalidad le debo la capacidad de andar inventando cosas. Ahora, por ejemplo, trabajo en una serie de superheroínas".

 


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir



[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales