DEPORTES

Lunes 3 de Junio de 2002


Esta película se repite

Osvaldo Pirles y Luis Westermeier reiteraron en la Cuarta Región el triunfo que obtuvieron hace un mes en Concepción. Como se sabía, Luis Rosselot no corrió por motivos reglamentarios, restando el único ingrediente sabroso a una etapa carente de emoción.
Marcelo Palomino M.

Enviado especial a La Serena

Temprano por la mañana, Luis Ignacio Rosselot concurrió al Parque Cerrado levantado en la Avenida del Mar de La Serena, donde estaba guardado desde la noche anterior su Nissan Primera número 10. Le correspondía presentarse a las 8:18 horas para largar diez minutos más tarde, como líder de su serie, la segunda etapa del rally serenense.

Rosselot, quien había sido impugnado el sábado por usar una caja de cambios fuera de reglamento, hizo todo lo que corresponde hacer cuando se está en competencia, salvo correr. La noche anterior, su padre y jefe de equipo, Gerardo Rosselot Mujica, había decidido retirar el auto de su hijo antes de que fuera excluido de la carrera, pero lo hizo con clase: mandó a Rosselot y a su navegante, Ricardo Rojas, a salir de Parque Cerrado como es debido, pero luego no enfilaron hacia los primes del Valle del Elqui, sino que pusieron marcha de regreso a Viña del Mar.

De inmediato apareció el comunicado del Team Rosselot, donde en cinco puntos se reconoció la falta en que se incurrió y el retiro del automóvil. Sin embargo, luego se cuestionó fuertemente la reglamentación vigente (con calificativos de absurda) y se anunció una proposición formal a la Comisión Nacional de Rally para que se aplique en forma íntegra el reglamento de la FIA (Federación Internacional de Automovilismo).

Así se cerró el más polémico entredicho del Rally de La Serena, que nació el sábado luego de que Luis Rosselot rompiera su caja de cambios y la reemplazara por otra que tenía una relación de piñón y corona distinta a la que había inscrito para la carrera (lo que está prohibido).

El choclo no desgrana

Rosselot no defendió el liderato en la N3 que había ganado en la ruta y dejó la puerta abierta para el tercer triunfo consecutivo del puertomontino Luis Westermeier.

El hombre de Nissan Marubeni, a quien apodan Choclo, inició la jornada compuesta de cortos ocho primes con más de un minuto de ventaja sobre el Hyundai de Ramón Ibarra, y con dos y medio sobre el Chevrolet de Cristóbal Geyger.

Con las categorías N4 y N2 sentenciadas por anticipado (en la monomarca de los turbo ampliaba su ventaja Osvaldo Pirles sobre Dino Innocenti, y en la de los 1.600 cc se mantenía la gran brecha entre Ricardo Concha y Marcelo Yáñez), la única lucha que se veía interesante ocurría por el cuarto lugar N3 entre Alberto Pirola (Chevrolet) y Rolando Soto (Ford), pero una tempranera falla eléctrica y la rotura de la suspensión trasera del Focus acabó con la entretención. Los lugares estaban oleados y sacramentados.

Pero en el mundo tuerca nunca se confía en los fierros porque son traicioneros. Ibarra sabía que no daría alcance a Westermeier pero igual metió fuerte. Y el Choclo respondió en la ruta en lugar de regular su ventaja. Así se llegó al prime definitivo, el último de La Serena, entre El Molle y Quebrada de Talca.

El argentino Pirles corrió sólido y terminó victorioso una vez más, con una ventaja casi tan amplia como la que tuvo en Concepción (2:50 aquella vez, 2:18 ahora). Esta vez compitió con un auto enteramente dentro de reglamento, tapando la boca a aquellos pilotos que insisten en atribuir sus propias falencias a las supuestas ventajas mecánicas del hombre de Bariloche.

Vicisitudes varias

Detrás de los Impreza Turbo venían los N3. A Westermeier le bastaba con regular su ventaja, pero poco después de largar, entró a una poza demasiado rápido y se encontró con piedras que destrozaron su rueda delantera izquierda. No quiso parar y terminó el PC lento y en la llanta.

Pensó que Ramón Ibarra le había descontado el tiempo y que el triunfo se le había ido, pero al hombre de Hyundai le falló la mecánica. Le pusieron luz verde justo después de Westermeier y soltó el embrague en un auto muy revolucionado. La primera no aguantó, la caja tampoco, y ahí se acabó su carrera, con 173 kilómetros recorridos y con 9,7 por realizar. Un Geyger que ya estaba demasiado relajado aprovechó el regalo para entrar segundo y meter a Chevrolet en la lucha por el título de constructores.

No fue una buena fecha para quienes venían a matar chunchos, a sacarse la mala suerte o a descontarles margen a los líderes. Por el contrario, se encontraron con que en las peores condiciones hay algunos que nunca mueren.

Soluciones turbopropulsadas

Los de la N4 están cansados pues perdieron protagonismo en manos de la N3. La resolución introducida para 2002 de correr con auto estándar, sin los vericuetos de la electrónica, no sólo les restó velocidad, sino buena imagen.

Algunos dicen que sus autos no rinden por debajo de las cuatro mil revoluciones por minuto. Tenemos poco torque en baja y vamos peor que los N3 de calle, dice Dino Innocenti.

Más encima, el cuento de que por culpa del antilag (o centralita electrónica) se rompían los motores quedó desahuciado en Viña del Mar, cuando quedaron botados Sandro Peppi y Javier Fernández. Según (el preparador argentino) Fabián Barattero, se rompían por la calidad de la bencina y la bomba de bencina, agrega Rolando Biénzobas.

Por eso y ante la iniciativa del Equipo Metrópolis (Biénzobas y Peppi), los N4 solicitarán a la Comisión Nacional de Rally volver a la condición de electrónica libre, antilag y, además, autobloqueante en las ruedas. Eso implicará mejorar la calidad del combustible y usar una bomba que llegue a las 60 libras de presión.

La idea es hacer una importación directa para que nos salga más barato, pero también lo dejaríamos como resolución personal de cada piloto, pudiendo adoptarla o no de acuerdo a sus recursos, comentó Biénzobas.

Escuché que un par de auspiciadores se pondrían con todo, pero si nadie nos financia, será imposible hacerlo porque es demasiado caro. Ya nos metimos antes en gastos similares y la categoría terminó mal. ¿Opcional? De ninguna manera. O vamos todos o no va nadie, respondió Dino Innocenti, quien apoya la moción pero con las condiciones mencionadas.

A ver si con electrónica pueden alcanzar al súper ganador Orlando Pirles, porque hasta ahora, así no hay cómo darle.


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EL PARQUE CERRADO. Ahí se guardan los autos antes y después de cada etapa. Es una zona donde no pueden ser trabajados ni manipulados por nadie, y a donde se debe ingresar y salir de acuerdo a una cronología preestablecida.foto
EL PARQUE CERRADO. Ahí se guardan los autos antes y después de cada etapa. Es una zona donde no pueden ser trabajados ni manipulados por nadie, y a donde se debe ingresar y salir de acuerdo a una cronología preestablecida.foto
Foto:Jorge Jouanett


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