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Viernes 5 de Mayo de 2000

El último show de Enrique Maluenda:
A Doña Gladys no hay quien la consuele

El domingo pasado, después de 40 años en pantalla, Enrique Maluenda dejó la televisión. "El Príncipe" sólo se reservó tres minutos para la despedida final. Este es el relato de lo que pasó antes, durante y después de esos últimos tres minutos del día en que todo acabó.
Sigan riéndose. Son muy amables, se los agradezco. Pero el asunto es que estoy aquí. Mañana sabrán que no bromeaba y creerán que me volví loco. Pero lo pensé de esta manera: más vale ser rey por un día que tonto toda la vida.

-Rupert Pupkin en "El rey de la comedia"

Falta poco para las 13 horas de ese domingo 31 de abril y el cielo de Santiago Oriente está parcialmente cubierto por nubes altas y blancas. Enrique Maluenda contempla el paisaje de pie, rígido como una estatua, desde la ventana de la pequeña habitación asignada por la producción del programa Fiesta de Millones, en la sala de vestuario del Estudio 3 de Chile Films. Maluenda mira la hora en su reloj y sonríe sin mucha convicción.

"Se acerca el final", dice mientras se arregla su inmenso jopo café-rojizo, "el último día de todos".

Afirmación tan cierta como definitiva. Después de considerar sus opciones, Héctor Enrique Maluenda Meneses, el único hombre que ha sido capaz de desestabilizar el poder omnímodo de Don Francisco, el rey de la hora de almuerzo y de las tenidas palm beach, tomó la decisión de abandonar la televisión para siempre. Tras pasarse 38 años metido en la pantalla y no muchos menos enquistado en el corazón de las abuelitas chilenas, Maluenda prefiere decirles adiós a su manera. Antes de ser confinado al más ingrato de los olvidos.

"De alguna forma sé que no tengo demasiadas opciones", reconoce. "Mire, Príncipe, es la nueva sangre que reemplaza a la vieja. Y esta generación tiene un nuevo lenguaje. Se ha chilenizado el vocabulario, sobretodo el garabato, y yo ya no tengo cabida. No puedo cambiar a estas alturas."

Pero Maluenda está con suerte. Se va tal y como siempre quiso irse: en vivo y a las 13 horas. Como en su Festival de la Una. No importa que sea domingo y el programa trate sobre los números ganadores del Kino. Da lo mismo que esté rodeado de un pequeño número de seguidores y que a esa hora tenga que competir contra Alf, Slam Dunk o un documental sobre Internet. Para Enrique Maluenda lo realmente importante es estar en el set, recibir el calor de las luces, un par de aplausos obligatorios y hacer lo que mejor aprendió a hacer en su vida: animar un programa de televisión.

Cómo está mi príncipe saluda Maluenda a Giovanni Canale, su coanimador.

Lo más bien, maestro responde Canale. Veamos la pauta. La última.

Tres minutos necesito, y eso.

¿Para despedirse?

Nada más. Usted, príncipe, necesitaría todo el programa.

Alguien grita "a escena". Son las 12 horas y 58 minutos. La música está sonando. Canale se pone una eléctrica chaqueta verde y Maluenda un vestón cruzado en tono rosa. El locutor en off hace la presentación: Esto es Fiesta de Millones de Lotería. Damas y caballeros, con ustedes... ¡Enrique Maluenda! ¡Que comience la función!

El animador sale de la pequeña salita e ingresa al set. La cámara uno lo toma en plano medio y Maluenda, rígido como estatua, sonríe en su ancestral estilo acartonado. Sabe que el fin ha llegado. El programa Fiesta de Millones, última estación en la carrera televisiva del animador, ha decidido hacer algunos cambios. Se va de Megavisión a Chilevisión. Y a la conducción del espacio llegará Cristián Velasco, la "nueva sangre" a la que se refería Maluenda.

El último Don

Casi todos los programas que animó el Príncipe fueron monumentales. Acordes a la realidad del país, pero monumentales. Con escenografías llenas de luces, varias horas de transmisión y premios pequeños, pero surtidos. Enrique Maluenda encarnó la televisión circo pobre de los años setenta y ochenta. Fue el gran Señor Corales de la pantalla chica. El tipo que presentaba a los payasos en el centro del escenario con uno de los brazos en la espalda y regalando golosinas a la concurrencia.

Pero la tele y la gente ya no están para ese estilo. Durante los años setenta Maluenda fue el portador de la alegría mal habida, el representante más fiel de lo que entonces ocurría en el país. En el Festival de la Una decía "ayúdeme usted compadre" cuando el PEM y el POJH eran la solución al desempleo galopante. Y regalaba sabrosalsas Deyco en cantidades que parecían industriales (aunque en realidad no eran tantas), además de cera y betún Virginia que con una pasadita bastaban.

Después de casi 45 minutos sacando bolitas ante notario, presentando a nuevos millonarios y luciendo las chaquetas más fluorescentes de la televisión chilena, Maluenda y Canale se preparan para el momento crucial de la tarde. A la vuelta de comerciales, Enrique Maluenda se va a despedir. Sin vuelta atrás.

"Sabe que cuando hice Sábado en el 9, a principios de los setentas, tuvimos tanto éxito que Sábados Gigantes estuvo a punto de acabarse", cuenta antes de volver al aire. "Toño Freire, uno de los directores del programa, se encontró en la Gran Avenida con Mario Kreutzberger y él le dijo: me tienen frito, el canal me avisó que el show se reducía a dos horas y eso significa que en dos meses me van a cortar. Tuvo suerte Mario, porque al mes yo recibí una oferta de Puerto Rico y me fui. Así sobrevivió el programa más importante de la televisión. Y Mario lo ha reconocido: al único que respetaba en el medio era a este animador."Vuelta de comerciales. Canale hace la introducción y se acerca a Maluenda. Tomado en plano medio revisa su vida, da las razones de su retiro y agradece. Sentada en la teleplatea, Gladys, una mujer de canas teñidas que ha seguido al animador desde que partió con Dingolondango, deja caer una lágrima.

Llegó el momento de decir adiós a la televisión. Pero me voy absolutamente feliz con lo hecho. Me voy realizado como hombre. Hoy me comienzo a despedir. Y un aplauso muy cariñoso de ustedes, que es lo último que estoy pidiendo.

El público se pone de pie. Gladys lo observa. Los bravos retumban en el Estudio 3. El plano es ahora general y las luces se apagan lentamente.

"Estoy triste, pero sé que volverá", susurra Gladys, "no nos puede dejar así".

Maluenda se abraza con sus colaboradores. En pantalla ya están apareciendo los créditos finales y como si nada, el director comienza a hacer un lento fundido a negro. Son los últimos segundos de Maluenda en la TV.

"Estoy segura de que volverá", repite Gladys.

Pero ya es muy tarde. Maluenda dejó de estar en el aire. Son las 14 horas. El cielo, curiosamente, está más nublado. La carrera televisiva de Enrique Maluenda acaba de terminar, aunque la señora Gladys aún no se convenza.

Luis Miranda Valderrama


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"Estoy segura de que volverá", repite su seguidora más fiel, la señora Gladys.
Foto:Viviana Morales


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