REVISTA DE LIBROS

Viernes 19 de Agosto de 2005

Aforismos de Fernando Pessoa
La vida en Breve

La paulatina edición de textos que el poeta portugués Fernando Pessoa dejó inéditos confirman el lugar que ocupa en la literatura.
Carlos Iturra

Fernando Pessoa, el único exponente de la lengua portuguesa que Harold Bloom incluye entre los veintiséis autores esenciales de su canon de la literatura occidental, ha sido proclamado también por críticos de diversas lenguas como uno de los poetas esenciales del siglo XX.

En sus cuarenta y siete años de vida vio publicado sólo uno de sus libros, dejando inéditos abundantes manuscritos cuya paulatina edición no ha hecho más que confirmar su genio. Punto cardinal de la poesía moderna, se ocupó menos de intentar innovaciones formales que de proponer una percepción de la existencia y una sensibilidad frente al vivir nunca antes llevadas a las letras.

Es verdad que escribió bajo docenas de seudónimos - los famosos "heterónimos"- , según el estado de ánimo en que lo encontraba la inspiración, pero también es cierto que, salvo matices, sus poemas llevan siempre el sello de su pensamiento, no importa a qué nombre los atribuyera.

Los críticos suelen deleitarse con esa pluralidad de personalidades en que Pessoa se desdobla como autor, y se valen de minuciosa sutileza para consignar las diferencias que detectan entre Álvaro de Campos y Ricardo Reis, entre Bernardo Soares y el Barón de Teive...

Todos ellos, sin embargo, se parecen mucho, entre sí y con Pessoa, de modo que al leerlos reunidos en un tomo de poesías completas no provocan en absoluto la impresión de ser autores diferentes, más bien al contrario, revelan un espíritu común. No se los siente más disímiles que, por ejemplo, el Neruda joven del Neruda maduro...

Ya sea con exaltación, ya con serenidad, la obra de Pessoa expresa permanentemente un desolado pesimismo respecto al destino del individuo humano, así como un escepticismo radical ante cualquier amago de certeza. Las verdades apenas alcanzan a ser dichas cuando ya se desploman al verso siguiente por el embate de nuevas verdades no menos aparentes, a su vez desplazadas por otras. Y ni siquiera la duda resiste a su negación, que a su vez también es negada.

Los versos de Pessoa persiguen un sentido que nunca deja de ser inminente, pero que nunca se deja apresar. Las ideas se diluyen unas en otras hasta ser nada, o todo, proyectándose finalmente sobre un horizonte cósmico que supera la capacidad de comprensión.

El hombre, así perdido en el universo, lo está también entre sus semejantes, y al interior de su propia conciencia. Pessoa trae a la superficie el caos de incertidumbres sobre el que los individuos llevan adelante sus vidas, y lo hace sin piedad, aunque con elegancia intelectual y con suprema poesía. Pero no hay consuelo, salvo, quizá, el de saber que no lo hay. Todo esfuerzo es inútil, y no parece haber nada que valga la pena hacer más que alguna otra cosa...

No obstante, el baúl de preciosos manuscritos que dejó Pessoa muestra que para él hubo al menos una cosa valiosa de hacer: escribir.

A ese hábito infundado y obsesivo se debe la gran obra que lo ha hecho un clásico, compuesta ante todo de poemas, pero también de prosas inconclusas y de fragmentos. Entre estos últimos, el Libro del desasosiego, y ahora recién, Aforismos y afines (Emecé, Buenos Aires, 2005, 102 páginas), título que no concibió el autor sino sus editores, pero que se ciñe con exactitud al contenido. Se trata, en efecto, de una recopilación de ideas sueltas anotadas por Pessoa en cualquier papel, como si no les concediera mérito, y que sin embargo lo tienen tanto por su destreza aforística como por ser atisbos de su cosmovisión.

Ajenos a un propósito unitario, estos aforismos abordan variedad de asuntos, siendo de carácter especulativo los que mejor traducen la filosofía poética del autor. Sería una exageración decir que, sin la poesía de Pessoa, estos aforismos bastarían para conocer su pensamiento, pero algo hay de ello. Tienen un toque irónico que escasea en los poemas, pero no son menos pesimistas y escépticos, y pese a estar firmados por heterónimos, hablan de una obra homogénea. La ventaja de los aforismos sobre otros géneros es que pueden ser citados completos y hablar por sí mismos:

"El mundo no es verdadero, pero es real".

"Una opinión es una grosería, incluso cuando no es sincera".

"El mundo exterior existe como un acto en un escenario: está allí pero es otra cosa".

"El pesimismo es bueno cuando es fuente de energía".

"El universo es el sueño de sí mismo".

"El pensamiento todavía es la mejor manera de huir del pensamiento"

"No me remuerde la conciencia, sino estar consciente".

"Para cada filósofo, Dios es de su opinión".

"Todas las frases en el libro de la vida, si son leídas hasta el final, van a terminar en una interrogación".


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