REPORTAJES

Domingo 18 de Junio de 2006

Después de 15 años,
Las desconocidas gestiones de Sodano en Chile

Fue embajador de la Santa Sede durante el gobierno militar, desde 1978 a 1988. A su regreso a Roma se transformó en uno de los hombres más poderosos de la Curia.
Hoy tiene 78 años y los rumores advierten que muy pronto dejará su cargo. Angelo Sodano, Secretario de Estado del Vaticano, dejó profundas huellas en la historia de nuestro país. Hoy algunos asesores de Pinochet y miembros de la oposición de entonces recuerdan su influencia hasta en la consecución de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE), cuya reforma exigió el movimiento estudiantil que puso en jaque al gobierno de Bachelet.

Pamela Aravena Bolívar

Nombrado nuncio en Chile en diciembre de 1977 por el Papa Paulo VI y consagrado en su puesto el 15 de enero de 1978, Angelo Sodano llegó a un país aún revolucionado por la crisis desatada el 11 de septiembre de 1973.

Las altas esferas de la Iglesia local, comandada por el cardenal Raúl Silva Henríquez, se enfrentaban crecientemente con el régimen militar y miraban con expectación la llegada de este nuevo embajador.

"Se sabía que Paulo VI, al menos en un principio, había manifestado sus aprensiones respecto del gobierno de Augusto Pinochet y se entendió que Sodano sentía las mismas aprensiones", cuenta Francisco Javier Cuadra, ex embajador del régimen militar en el Vaticano, ministro secretario general de Pinochet y ex miembro de la oficina creada en 1978 para las relaciones con las iglesias y que estaba a cargo de Sergio Rillon.

Luego de las muertes de Paulo VI y de Juan Pablo I, en octubre 1978 asume Karol Wojtila, considerado por las autoridades nacionales como un pontífice más conservador. "Eso hacía previsible una mejor relación con la Iglesia", agrega Cuadra.

Pero según ex personeros del régimen, el ex nuncio y cardenal Sebastián Baggio, quien había estado en Chile durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva y quien ejercía en esos momentos como prefecto de la Congregación para los Obispos, apoyaba desde Roma el nombramiento en Chile de sacerdotes ligados a la Democracia Cristina para asumir como obispos.

"Para la mayoría de los obispos -recuerda Cuadra- el hecho de que estuviéramos en dictadura revestía un problema de carácter central. Eso pasaba a ser parte de la discusión en el ámbito público. Por eso, el gobierno militar comenzó a ser majadero en su reclamo ante monseñor Sodano y la Santa Sede por la politización de los obispos chilenos".

Sodano, Rillon y el concordato

Las versiones opositoras e incluso provenientes del propio régimen militar afirman que el gobierno de Pinochet solicitó innumerables veces a través de Sodano que algunos sacerdotes no ascendieran a obispos e infructuosamente también intentó sacar de puestos de influencia a algunos ya nombrados por el Vaticano. La idea era firmar un concordato que diera al Estado chileno la facultad de vetar y nombrar obispos a su antojo. Una y otra vez, Sodano se habría opuesto.

"Eso es falso -afirma Sergio Rillon-. Muchas veces se me ha atribuido la misión de gestar un concordato. Pero eso no fue así. Al gobierno de Chile sólo le interesaba que el nombramiento de obispos recayera en sacerdotes netamente pastores y ajenos a toda politización. Pero jamás dimos algún nombre específico. Los únicos nombres que presentamos -pero, al revés, para que no fueran nombrados- eran de sacerdotes que pertenecían a sectores del clero que en esa época se les consideraba como partidarios del gobierno militar, porque creíamos que no era prudente. Eso sí, sin presionar y respetando la autonomía de la Iglesia".

Rillon se explaya: "La Santa Sede sólo se allanaba a dar a conocer al gobierno de turno el nombre de quien sería nombrado Arzobispo de Santiago, para conocer su opinión, pero sin derecho a veto. El nuncio Angelo Sodano era muy respetuoso de mantener ese celo".

El nombramiento de obispos y las actuaciones de éstos durante el régimen militar -molestó particularmente al gobierno de Pinochet la carta pastoral "El renacer de Chile" (1982), donde los obispos exigieron directamente el retorno a la democracia- eran la piedra en el zapato en las relaciones entre el Vaticano y Chile.

"Independientemente de lo que se entienda por retorno a la democracia, dentro de la planificación que existía en el gobierno militar al respecto, sí podría pensarse que esa carta fue el 'vamos moral' a las protestas, que de acuerdo con esa planificación gubernativa eran injustificadas. Ya estaba fijado en la Constitución vigente el iter -para usar un término muy propio del cardenal Sodano- hacia la plena democracia, camino que se cumplió escrupulosa y oportunamente", afirma Rillon.

Pero según un concertacionista muy ligado a la iglesia católica, sí hubo el ánimo por parte del régimen militar de firmar ese concordato. "Pero ni Sodano ni la Santa Sede aceptaron nunca. No porque tuvieran una animadversión especial contra el régimen de Pinochet, sino porque el Vaticano no acepta intromisiones en esas materias".

Imagen negativa

Varios factores influyeron, explica Francisco Javier Cuadra, para que las relaciones entre Chile y el Vaticano entraran a un período de menor tensión y mayor consideración recíproca en 1983: la mediación papal, la abierta condena a la Teología de la Liberación, el término del arzobispado del cardenal Raúl Silva Henríquez y la salida del cardenal Sebastián Baggio de la Prefectura de la Congregación de Obispos, entre otros.

"A partir de 1983, asumió el cardenal Gantin en esa Congregación. Era un hombre de Juan Pablo II, sin sensibilidad política especial. Esto atenuó mucho los conflictos entre Chile y el Vaticano", cuenta Cuadra.

Lo cierto es que los nuevos nombres elegidos por la Santa Sede para asumir de obispos eran bien recibidos por el régimen. "Dios nos escuchó", dijo Lucía Hiriart cuando fue nombrado Juan Francisco Fresno en reemplazo de Silva Henríquez en el Arzobispado de Santiago.

En la opositora revista "Análisis" de abril de 1987 se afirmaba que "en lo que a nombramientos de obispos se refiere, se sabe que Sodano utiliza los resortes de que dispone para favorecer su línea claramente preferencial por una Iglesia conservadora".

Para probarlo, se afirmaba que el nuncio había influido para que al menos dos sacerdotes fueran ascendidos: Jorge Medina y Antonio Moreno.

Sin embargo, un influyente opositor al gobierno de Pinochet afirma: "Se ha construido una imagen de Sodano más negativa de lo que efectivamente fue. Él simplemente mantuvo la línea que el Vaticano tiene en estos casos: entenderse con los gobiernos, buenos o malos. Porque eso ayuda a la iglesia local a mantenerse viva. Aplicó esa política en la Polonia comunista, con Jaruselski a la cabeza y en Chile, con Pinochet. Si uno pudiera ponerlo de otro lado, nadie puede afirmar que Sodano haya entregado a alguien que requirió de ayuda de la nunciatura. Nadie que le pidió ayuda terminó en manos de la Dina. Para el gobierno de Pinochet, Sodano nunca fue un amigo. Él defendió a los obispos de la época y las posturas o estructuras de la iglesia local que el gobierno trató de aniquilar".

"No se puede decir que Sodano fue un pinochetista -coincide Rillon-. El actual secretario de Estado es un hombre eminentemente eclesiástico, con una visión de la Iglesia universal de la cual conoce profundamente su historia. Sodano fue un hombre equilibrado a quien le tocó trabajar en una de las épocas más difíciles, donde la bipolaridad de la guerra fría era una realidad tanto interna como externa".

Se recuerda, entonces, cuando un grupo de miristas que asesinaron al intendente y general Carol Urzúa, irrumpió en la Nunciatura en 1984 solicitando asilo. Sodano fue implacable al exigir al gobierno militar salvoconductos para permitir su salida del país. "La cancillería estaba de acuerdo en que no se debía entrar en conflictos con el Vaticano -agrega un ex colaborador de Pinochet- y había que entregar los salvoconductos. Pero Pinochet se oponía, principalmente porque le producía un conflicto interno en el Ejército. Finalmente debió acceder".

Agenda valórica común

Punto aparte son las negociaciones para el viaje del Papa a Chile. En su momento, las comunidades cristianas de base culparon a Sodano de intentar mostrar al Papa sólo el país oficial, acortar el tiempo de las intervenciones de los pobladores y vetar palabras, frases y nombres que se mencionarían en sus discursos. También se afirmó que monseñor conoció y aprobó las intenciones de Pinochet de salir al balcón junto al Sumo Pontífice, donde aguardaba una multitud por el saludo papal.

"Me consta que no es cierto -afirma un connotado DC-. Esa fue una avivada del equipo de Pinochet que Sodano nunca conoció".

Pero donde jamás hubo una discrepancia entre el gobierno y Sodano fue en los ahora llamados temas valóricos.

"Chile y el Vaticano coincidieron plenamente siempre en la agenda valórica", explica el ex embajador del gobierno militar en la Santa Sede Héctor Riesle.

Un ex colaborador del régimen afirma que si bien Sodano no era netamente partidario de Pinochet, sí tenía aprensiones de lo que podría suceder si éste perdía el plebiscito. De hecho, hay versiones de que monseñor -ya fuera de Chile desde mayo de 1988 y convertido en Secretario del Consejo para los Asuntos Públicos de la Santa Sede- quedó impresionado con su derrota.

"Su temor iba más bien por qué sucedería con los temas netamente eclesiales: como el aborto, el divorcio y la educación católica", explican.

Coincide Cuadra: "Sodano temía que con la llegada de la democracia, pasara algo como lo sucedido con el destape español. Por eso, el gobierno, que no tenía problemas con este tipo de temas, concedió un estatuto jurídico a las universidades católicas, lo que les permitió tener autonomía en su gestión, financiamiento público y pertenecer al Consejo de Rectores. La LOCE (Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza), tan de moda hoy, encarna también el interés profundo de Sodano. Cuando se aprobó, en 1990, un día antes de que Pinochet dejara el poder, el régimen militar estaba atendiendo a las preocupaciones de monseñor, quien consideraba que la libertad de enseñanza le permitiría a la Iglesia Católica mantener su influencia en el ámbito educacional".

Al gobierno militar tampoco le costó nada hacer feliz al nombrado Secretario de Estado del Vaticano, derogando la ley que permitía el aborto terapéutico.

"En todo caso, esto no se hizo sólo para agradar a la Iglesia, sino porque de verdad el gobierno militar coincidía con esas políticas", afirma Riesle.

Hasta hoy, nadie se explica el enorme salto que Sodano dio desde la nunciatura en Chile -una sede considerada menor- hasta el cargo del segundo hombre más importante de la Iglesia Católica después del Papa.

Algunos dicen que fueron sus grandes habilidades político-diplomáticas que demostró en su paso por Chile. Otros, que influyó el haber conocido a Juan Pablo II cuando era arzobispo de Cracovia mientras él era el encargado de las relaciones entre el Vaticano y la República Democrática Alemana y Polonia.


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Foto:EFE


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