ARTES Y LETRAS

Domingo 17 de Diciembre de 2006

AUDIOVISUAL. Muestras
Medios múltiples

Interactúa en Matucana 100 con Lotty Rosenfeld. Los británico-chilenos, en MAC. Y Guadalupe Valdés, en Las Condes.

WALDEMAR SOMMER

Espacio y tiempo, imagen y movimiento, teatro e instalación, cine y video, concentración y desplazamiento permanente del espectador. Todo eso para el retrato de un infierno terrenal. Es el actual aporte de Lotty Rosenfeld. En él se desplaza por pantallas y muros del apaisado recinto de Matucana 100 una acción visual y verbal, capaz de entregarnos, simultáneamente, el objeto escénico y su propia filmación, el detalle y la visión general, la monocromía y el pleno color. Enmarcan la obra los más justos treinta minutos de duración. Una ambigüedad trágica, memoriosa, impregna relato y palabras, de Diamela Eltit, mientras sus personajes se recriminan, se agreden, se odian sufrientes, desorientados. Un entorno opresivo encierra a estos verdugos, que lo son unos de otros. La comunicación con el exterior, además, se clausura con una escalera, una rejilla y la furia canina. Si el público asistente pretende introducirse de veras en la compleja trama, seguir cada gesto de sus protagonistas -Gloria Laso-, la menos declamatoria y la más natural, está obligado a moverse constantemente. Así, el dinamismo de la imaginería y de los conceptos que la articulan llega a envolverlo, convincente. Otra vez Rosenfeld consigue obtener, entre nosotros, el más interesante aprovechamiento de la sucesión temporal de imágenes. Sólo la imperfección circunstancial del sonido no lo acompaña.

Británicos

Un grupo de autores británicos ofrece, en el MAC del Parque Forestal, no piezas únicas, sino producidas con copias numerosas y, en ocasiones, hasta facturadas por terceros. En formato pequeño, felizmente se unen a trabajos similares de artistas chilenos. Es que, de un modo global, las obras de los ingleses lucen impersonales, frías, con escasa médula y demasiado cercanas al diseño. ¿Qué destacar de ellas? Sin duda, la bonita manipulación de Demian Hirst con colillas de cigarrillo, Fluxus -los primeros en hacerlo-, y un bello cromatismo. Añadamos la camiseta de Tracey Emin, cuyos texto y dibujo le otorgan personal calidez humana. También está Sarah Staton. Mediante bolsas, mapa y cuadrito con signo, todo en blanco y negro, sabe ser elegante. Asimismo, cierta elegancia marca la caja de cartón con arcaicas herramientas de madera, de Peter Liversidge o los cuerpos geométricos de Fiona Banner. Enseguida, si una fina ironía impregna las huellas y los zuecos de Abigail Lane, un humor más evidente revela la metálica cáscara de plátano de Paul Hodgson.

Mucho mejor se dan las cosas dentro del conjunto nacional. Aquí sí hallamos compromiso existencial y logros hermosos. Está, en primer lugar, el magnífico aporte de Victoria Martínez. Ahí, coherencia conceptual y belleza formal se dan la mano, además de vincularse con aquella notable instalación suya, expuesta meses atrás en el mismo museo. Otros participantes muy atractivos resultan Nicolás Grum, con su encanto miniaturesco y su fluidez temática; el imaginativo, el genuino manejo geométrico de Virginia Errázuriz; el mordiente camuflaje de Víctor Hugo Bravo; el kitsch irónico y bien facturado de Pamela Cavieres. Tampoco dejemos de mencionar los productos de Andrés Vio -precioso objeto-, Camilo Yáñez -contraste dadá-, Magdalena Atria -arquitectónica-, Bruna Truffa, Rodrigo Canala, Nury González, Patrick Steeger y las desconocidas Paola Moreno y Francisca Yánez.

En la Corporación Cultural de Las Condes, un fotógrafo y una pintora jóvenes resultan promisorios. Esta última, Guadalupe Valdés, exhibe cinco extensos paisajes recogidos como a vuelo de pájaro. En ellos, campos, cerranía y cielo unifican sus densidades, adquiriendo una corporeidad parecida: muelle, cálida, sedosa. El color, de intensidad fauvista, aparece bien administrado, sobre todo en "Vuelo de colores", "Campo en rojo final" y en la interesante visión con reminiscencia germana "País bajo".

A través del blanco y negro, las fotografías de Luis Flores son instaladas dentro de un entorno de piedrecillas crujientes y de focos de luces, que abovedan el primer tramo de su trabajo. El segundo, en cambio, decepciona. La mujer y no el mar es el gran personaje. Lo mismo ocurre en su exposición de Apoquindo 3300.


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La muestra con objetos múltiples en el MAC.
La muestra con objetos múltiples en el MAC.
Foto:B.Council


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