VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 27 de Mayo de 2006

Grabado en la memoria

Taller 99 acaba de cumplir cincuenta años y por él han pasado más de cien artistas.
Texto, María Cecilia de Frutos D. / Fotografías, Gonzalo López

Como esas personas que se niegan a envejecer, conscientes de que la evolución y renovación constante son la clave para triunfar, el Taller 99 de grabado se mantiene jovial y vigente a sus cincuenta años. Lo logra gracias al continuo ingreso de nuevos artistas que traen sus, a veces, inexpertas pero frescas miradas, generando un ambiente intergeneracional lleno de creatividad, trabajo colectivo, intercambio de opiniones y mucha amistad.

En 1956 Nemesio Antúnez creó el taller en torno a una prensa que trajo de París y que instaló en su propia casa de Guardia Vieja 99, con el propósito de difundir el grabado en Chile. Desde entonces han pasado muchas cosas. Sus socios hablan de "la historia y geografía del taller", un relato que demuestra que hacerse de un espacio en el ambiente nacional no les ha resultado fácil.

Por eso, celebrar este significativo aniversario con una exposición resulta trascendental para ellos. "Es bien particular porque vamos a ver en conjunto el recorrido y la historia del taller, a partir de sus resultados, de su obra. Esto puede ser muy riesgoso, un verdadero desastre, pero a la vez muy interesante", señala Rafael Munita, quien lleva 18 años haciendo grabado en el taller. Partió de grande, cuando ya era profesor de la Escuela de Arte de la Universidad de Chile.

El Museo Nacional de Bellas Artes será la sede de la muestra "50 años Taller 99" que se inaugura el 22 de agosto. De los casi cien artistas que han pasado por él se podrán ver al menos dos obras: litografías, xilografías, además de calcografías inéditas y algunas pertenecientes al archivo. Paralelamente se verá una selección de grabados de "Nemesio", como le dicen con cariño sus amigos, recientemente donados por su viuda Patricia Velasco.

Luego de varias mudanzas y algunos recesos, desde 1990 que el Taller 99 funciona en la antigua casona de Melchor Concha y Toro 20, en Bellavista. Basta atravesar el acceso para darse cuenta de que aquí el trabajo es acompañado de placer y amistad: risas, conversaciones, mucho café, cigarros por montones y almuerzos comunitarios. Es un lugar donde florecen estilos personales y se estimula la creación individual por sobre cualquier otra cosa, pero bajo la condición de estar expuestos a la crítica y a compartirlo todo con el del lado.

- El artista es intrínsecamente egoísta, pero acá estás obligado a lo contrario. Se comparte todo y todos opinamos del trabajo del resto... no hay espacios privados- , cuenta Carmen Valbuena, una de las fundadoras y vicepresidenta del Directorio que preside Ricardo Yrarrázaval.

Hay un espíritu y una mística especial que los rige, aseguran, y los artistas que ingresan a él de inmediato lo captan. "Aquí nunca se pierden los códigos de trascendencia, trabajo, compañerismo y ayuda. Esto se traspasa por sí solo a la gente que viene llegando, así como el respeto hacia los que llevan más tiempo", comenta Carmen.

Las clases son un buen modo de captar gente nueva, pero la mayoría ingresa como artista libre primero para luego asociarse activamente al taller. El que no se siente a gusto o no logra encajar con este método colectivo, se va sin que nadie le diga nada, "acá no echamos a nadie", dicen sus miembros.

Recién egresada de Arte de la Universidad Católica, Magdalena Ludwig llegó a Melchor Concha hace cinco años en busca de un lugar establecido para hacer grabado. Hoy, a los 28 años ya es jefa de taller: "significa que debo encargarme de la coordinación, de los recados, de abrir y cerrar, etcétera", porque acá no hay secretaria ni quien haga el aseo. Cada uno es responsable de mantener limpio y ordenado su espacio de trabajo mientras que los cinco integrantes de la directiva toman las decisiones más importantes.

- Todos estamos acá porque nos gusta el trabajo colectivo. Yo creo que mi obra no sería lo que es, o lo que puede llegar a ser, si no fuera por el aporte que he recibido de mis compañeros- , dice Magdalena.

Museo vivo

Paralelamente a su creación personal, el sueño de todos los que trabajan en el taller es hacer un museo del grabado. Su fin va más allá de enriquecer la cultura nacional o difundir la técnica, más allá incluso de la docencia. "Es como una extensión natural de nuestra obra, una necesidad de tener una vitrina donde poder transmitir un ejercicio de vida y creación", relata Munita.

Sería un lugar donde la gente podría ver arte y al mismo tiempo aprender en directo cómo se produce, "como un museo vivo", explica Margarita Smith, también de la directiva.

Agrandarse sería lo ideal para poder lograrlo. El actual espacio ­colmado de mesones, prensas, piedras para hacer litografía, y grabados colgados de los muros­ se les hace poco para su deseo de exhibir las obras como se merecen. Material hay de sobra. El archivo está lleno de los trabajos que cada año realizan en conjunto y bajo un tema común desde los tiempos que estaba vivo Nemesio.

Sin embargo, como dice Munita, "somos buenos para la investigación y creación, pero no para conseguir plata". La que obtienen de las clases, cuotas de los socios y venta no les alcanza para financiar el proyecto del museo. "Esto lo tiene que arreglar Nemesio", ríe.

Aún así, el taller cuenta con personalidad jurídica que le permite postular a concursos, donaciones y proyectos. Desde 1994 ­un año después de la muerte de Antúnez­ recibe el nombre de "Corporación Cultural Taller 99 de Grabado, Nemesio Antúnez" (teléfono 777 6181).

Bodas de oro

Los inicios del Taller 99 no fueron tranquilos. Lograr que el grabado se instalara en la conciencia de las personas era el objetivo principal, pero la convicción con que trabajaron su fundador y los artistas que lo siguieron en esta empresa fue más que suficiente para conseguirlo. Tanto así que incluso se lo considera como "la base de la creación de grabado en Chile", afirma Munita.

Personajes como Delia del Carril, Roser Bru, Florencia de Amesti, Ricardo Yrarrázaval y Dinora Doudtchitzky fueron los primeros que llegaron a la casa de Guardia Vieja para trabajar en la prensa. Hacia 1958 el grupo aceptó la invitación de la Universidad Católica para cambiar la casa de Nemesio por las dependencias del cuarto piso de su Casa Central, con el beneficio de poder funcionar de manera independiente.

Esta permanencia fue muy beneficiosa también para la casa de estudios ya que fue uno de los impulsos para crear en 1959 su propia Escuela de Arte. La circulación de artistas desde el Taller 99 hacia las salas de clases fue considerable y finalmente hacia 1967, recuerda Rafael Munita, "el taller entró en un sueño que duró casi veinte años", fundiéndose en la universidad.

Sólo Nemesio podía volver a darle vida. Luego de una larga estada en Europa, y al no encontrar en Chile espacio para trabajar en otro centro de grabado, decidió refundarlo en 1984, pero esta vez en La Casa Larga, una galería que pertenecía a Carmen Waugh en Bellavista. A ese lugar llegaron muchos artistas que hasta ahora forman parte del taller: Rafael Munita, Beatriz Leyton, Adriana Asenjo, Isabel Cauas, Eduardo Garreaud, Teresa Gazitúa, Lise Moller, Ángel Santisteban, Urbano González y muchos otros.

Sin embargo, el gran salto sólo lo dieron en 1989, cuando Nemesio encontró y compró la casa ubicada en Melchor Concha y Toro 20, la definitiva y actual sede del Taller 99. Si bien su fundador murió cuatro años más tarde, logró ver parte de su sueño concretado al firmar el decreto que lo convertiría tiempo después en Corporación Cultural.

Actualmente son cerca de 35 los miembros estables, los que aún recuerdan, admiran y mantienen el cariño por Antúnez. Quienes tuvieron la suerte de conocerlo e integrar el taller desde sus comienzos le han transmitido a las nuevas generaciones esa misma energía que los hace sentirse unidos a quien dio vida a este colectivo y reivindicó el grabado en el mundo del arte chileno.

Todos coinciden que "es un lugar hecho muy a pulso, que presta un servicio al enseñar y difundir el grabado, pero a veces es muy poco apoyado. Gracias a esta exposición se volverá a hablar del Taller 99", comenta Rafael Munita.


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1- En 1989 Nemesio Antúnez compró esta antigua casona de Melchor Concha y Toro 20, donde hoy funciona el Taller 99.
1- En 1989 Nemesio Antúnez compró esta antigua casona de Melchor Concha y Toro 20, donde hoy funciona el Taller 99.
Foto:Gonzalo López


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