EL SÁBADO

Sábado 2 de Abril de 2005

Los secretos del Principado

El príncipe rainiero Recibió un país en ruinas que hoy es uno de los más prósperos de Europa.
por Constanza López G.

1. El glamour puede ser un buen negocio

La del 8 de enero de 1297 era una noche tormentosa. Bajo la lluvia torrencial, un hombre vestido de monje franciscano se dirigía hacia la fortaleza en la cima del peñasco de Mónaco. El pirata genovés François Grimaldi tenía un solo objetivo: apoderarse del territorio que estaba en manos de sus enemigos, los gibelinos. Disfrazado como iba, burló a los guardias diciéndoles que buscaba refugio. Una vez dentro, los acuchilló y abrió las puertas del fuerte para que entraran los suyos.

El joven príncipe Rainiero adoraba leer ese capítulo de la historia de sus antepasados, el del inicio de la dinastía Grimaldi, cuando con poco más de 11 años, lo mandaron a un internado británico en el cual lo prepararían para convertirse en el gobernante de Mónaco. Terminó el colegio en un exclusivo establecimiento suizo y se recibió de cientista político en París. Tiempo después se alistó como voluntario en el ejército francés, en plena Segunda Guerra Mundial.

El camino seguido por el heredero se ajustaba a lo planes. Hasta que le presentaron a la actriz Giselle Pascale y se enamoró perdidamente. Desoyendo todo tipo de recomendaciones, se fue a vivir con ella con la esperanza de que las aguas se calmaran y pudiera casarse algún día. Pero no fue así. Antoinette Grimaldi, su hermana mayor, encabezó la oposición a esta actriz de poca monta. Y aunque Rainiero siempre se mostró muy firme en su amor por ella, tiempo después de que circulara un supuesto informe médico que aseguraba que Giselle no podía tener hijos, la relación se terminó.

El heredero tuvo poco tiempo para llorar su pena. El mayo de 1949 murió su abuelo Luis II y él, con 29 años, asumió el trono. La tarea que tenía por delante no era pequeña: recibió un país en pésimas condiciones económicas, cuya imagen pagaba los costos de haber colaborado con Mussolini. El casino de Montecarlo, que debía generar el 90 por ciento de las ganancias del principado, estaba quebrado. En una medida muy controversial, Rainiero le vendió el 50 por ciento a Aristóteles Onassis, con lo que consiguió dinero fresco para impulsar otros negocios.

Visionario y ambicioso, el príncipe impulsó tres frentes: el turismo, la banca y los negocios inmobiliarios. Rainiero intuyó que una cosa acarrearía a la otra: si potenciaba el glamour de esos dos kilómetros cuadrados en plena Costa Azul y además flexibilizaba el sistema tributario, los turistas y los grandes inversionistas llegarían solos. Y así fue. En pocos años la economía había iniciado su repunte.

Ya era un gobernante observado con respeto por sus pares cuando conoció a Grace Kelly en el Festival de Cannes de 1955. Ella tenía 25 años, era una de las actrices favoritas de Hitchcock y una de las bellezas más famosas del mundo. La prensa de la época consignó que el flechazo fue inmediato. En Alta Sociedad, su última película, ocupó el anillo de compromiso que el príncipe le había regalado.

Al matrimonio de Grace Kelly y Rainiero no asistió ninguna figura de la realeza europea (una manera de manifestar su rechazo ante este enlace con una plebeya), pero fue un acontecimiento mundial. La combinación entre el brillo de Hollywood y la magia de la realeza europea resultó irresistible. Cientos de periodistas estuvieron en la Catedral de Mónaco el 18 de abril de 1956.

Diez meses más tarde, la pequeña Carolina, a los pocos días de nacida, ocupaba la portada de Paris Match. El 23 de enero de 1957, 101 cañonazos celebraron la llegada del heredero, Alberto, y el palacio recibió siete mil cartas de felicitaciones. La familia se completó en 1965 con el nacimiento de Estefanía, que desde ese mismo momento se transformó en los ojos de su padre.

Rainiero había construido más de lo que nunca soñó: un principado próspero y una familia unida. Grace Kelly se había transformado, además, en la mejor relacionadora pública imaginable para Mónaco. El glamour, efectivamente, era un buen negocio.

2. El príncipe y el padre gobiernan juntos

Desde su adolescencia Carolina mostró aires de rebeldía, que se acrecentaron cuando empezó a ser sujeto de interés para los medios de comunicación, que llevaban detallado registro de sus trasnoches y sus acompañantes. Pero los problemas de verdad llegaron cuando inició su idilio con el playboy francés Philippe Junot. Ella aún no había cumplido 20; él tenía 37 y era un cazafortunas. La joven no escuchó razones. Sabiendo que la Constitución le exigía la autorización de su padre para casarse, les anunció que se iría a vivir con Junot. A Rainiero y a Grace no les quedó más que aceptar el matrimonio. Los recién casados se instalaron en París.

Para Rainiero fue un golpe duro, pero nada comparable con lo que vendría meses más tarde, cuando la prensa comenzó a hablar de las infidelidades de Junot. Al principio eran comentarios en voz baja y él mismo se encargó de que muchos no vieran la luz pública. Pero durante el verano de 1980, se publicaron unas fotografías en las que se lo veía saliendo de un departamento, muy temprano en la mañana, en compañía de la modelo Giannina Facio. Carolina telefonéo a sus padres y les anunció que volvería a Mónaco, que su matrimonio estaba acabado. Ellos la recibieron con los brazos abiertos y la impulsaron a solicitar la nulidad eclesiástica.

Sin embargo, lejos de tranquilizarse, volvió a su vida de soltera. A seis meses de su separación, se la veía esquiando con su ex pololo Robertino Rossellini, a quien dejó tiempo después por el tenista Guillermo Vilas. La discreción para vivir sus romances no era una de sus preocupaciones en esos días.

Tuvo que ocurrir una tragedia para que ella cambiara de vida.

Fue dos años después, tras un fin de semana que la familia completa pasó en la residencia de Roc Agel, a diez kilómetros de Mónaco. El lunes por la mañana, Grace decidió manejar ella misma su Rover 3500 verde y viajar de regreso con Estefanía. En una de las cerradas curvas que separan esa localidad de Mónaco, perdió el control del auto, chocó con una de las barreras de contención y cayó al precipicio.

Aunque el primer informe médico hablaba tan sólo de una fractura de fémur, a las pocas horas un escáner reveló que Grace había sufrido un extenso derrame cerebral, probablemente el causante del accidente. Al día siguiente y tras una operación infructuosa, estaba en estado vegetal irreversible. Rainiero, Carolina y Alberto debieron tomar la decisión de desconectarla.

Grace Kelly murió el 14 de septiembre de 1982.

"Esta muerte ha sumido al príncipe Rainiero en un profundo impacto, ni siquiera puede hablar. Su única preocupación en este momento es su hija menor", declaró esa tarde Nadia Lacoste, la vocera del palacio. Cuatro días después la princesa fue enterrada en el mausoleo de los Grimaldi en la Catedral. Rainiero estaba devastado. Caminando apenas, flanqueado por su hijos y con el rostro demacrado por el dolor, se había convertido en un anciano.

Dicen que el príncipe nunca volvió a ser el mismo, pero superó la depresión inicial y, mucho más rápido de lo previsto, volvió al trabajo y encontró allí un refugio. Carolina asumió como primera dama y fue como si hubiese vuelto a nacer. Serena, responsable y sofisticada reemplazó a su madre en todas las obras sociales y culturales con el mismo encanto y similar belleza.

A ese equilibrio contribuyó su nuevo amor, el empresario italiano Estefano Casiraghi, con quien se casó en una ceremonia muy sobria en 1983. Rainiero estaba fascinado y recuperó su alegría a medida que fueron naciendo sus nietos: Andrea (1984), Charlotte (1986) y Pierre (1987).

Pero la felicidad estaba solo de visita entre los Grimaldi. Casiraghi murió trágicamente en 1990 mientras competía en su lancha off shore. La tragedia se instalaba nuevamente en el principado y, al poco tiempo, Carolina decidió mudarse a la Provenza. Rainiero, como siempre, la apoyó, a pesar de que la decisión lo dejaba sin su mano derecha en un principado que vive y respira de las relaciones públicas.

En esos días la salud del príncipe comenzó a pasarle la cuenta por décadas de tabaquismo y penas. A sus continuas afecciones pulmonares, se sumó una obstrucción coronaria que lo obligó a someterse a varios by-pass. Sin embargo, el príncipe no pensaba rendirse: tras unas semanas fuera de circulación, volvió al trabajo con renovadas energías.

Mónaco resintió la ausencia de Carolina. Estefanía no sólo mostraba nulo interés por las actividades oficiales, sino que su vida amorosa era crecientemente escandalosa. A fines de 1991 se había ido a vivir con el guardaespaldas Daniel Ducruet y un año después nació Louis. Rainiero, a pesar de lo duro que le resultaba, cortó relaciones con su hija menor. Ducruet nunca le gustó, le provocaba la misma desconfianza que años atrás le producía Junot. Sólo cuando Estefanía estaba embarazada de Pauline, el príncipe aceptó el matrimonio. Era la única alternativa si quería evitar un nuevo escándalo.

No se había equivocado el príncipe en su intuición hacia este yerno. Un año después de la boda, la prensa publicó unas fotografías en las que se lo veía teniendo sexo al borde de una piscina con una ex reina de belleza. Una vez más, Rainiero acogió a una humillada Estefanía que sin embargo rápidamente buscó consuelo en los brazos de otro guardaespaldas: Jean Raymond Gotlieb, con quien tuvo otra hija en 1998, Camille. Después vino, Franco Knie, empresario circense con el que convivió por casi un año. Hoy, está casada con un acróbata portugués diez años menor.

Rainiero ha dado todas las batallas; las del principado y las de sus hijos. Pero la última, contra su deteriorada salud, no pudo ganarla. Ingresó al Centro Cardiotorácico de Mónaco el 7 de marzo pasado con una de sus habituales infecciones respiratorias. Pero a los pocos días comenzó a registrar una falla orgánica generalizada. Ni su corazón, ni sus riñones ni sus pulmones funcionaban ya.

3.Visión a largo plazo: Andrea en la mira

En enero pasado, para el tradicional Festival Internacional del Circo que tanto le gustaba presidir, se lo vio débil y pálido; caminaba apenas, sujeto a su bastón. Cuando el público lo aplaudió para saludarlo, el príncipe no pudo contener las lágrimas. Quizá intuyó que ésa sería su última aparición pública tras casi 56 años en el trono.

Rainiero no sólo consiguió la prosperidad económica para Mónaco ­con un PIB anual per cápita de 27 mil dólares y un crecimiento de 6 por ciento- sino que también hizo cambios políticos, como la Constitución de 1962 que introdujo el sufragio universal para elegir a los miembros del Consejo Nacional (una suerte de Parlamento) y la incorporación de Mónaco a la ONU como estado soberano en 1993.

Perdió tempranamente a la mujer que adoraba y sus dos hijas han sufrido más de lo que cualquier padre quisiera tener que enfrentar, pero para Rainiero el gobernante, la soltería de Alberto siempre fue una preocupación mayor. La dinastía de los Grimaldi, con sus más de 700 años, es una de las más antiguas de Europa y la sola idea de que se acabara le quitaba el sueño, porque el Tratado de 1918 con Francia establece que si se extingue la dinastía, el principado se convierte automáticamente en territorio francés.

Para precaverse en 2002 Rainiero reformó la Constitución. El primero de los cambios le otorgó a Andrea Casiraghi la mayoría de edad a los 18 años, y al segundo lo hizo subir varios peldaños en la línea de sucesión. Porque si hasta entonces la norma señalaba que el heredero debía ser un hombre, hoy establece que los poderes del Estado se transmiten "a la descendencia directa y legítima por orden de edad, con prioridad, pero no exclusiva, de los descendientes varones". Con ello, queda abierta la posibilidad de que Carolina acceda al trono. Pero como ella tiene el rango de princesa alemana por su matrimonio con Ernst de Hannover, se supone que abdicaría en favor de su primogénito.

Desde que se promulgaron estas modificaciones, se vio cada vez con más frecuencia a Andrea en actos oficiales y en muchas ocasiones en compañía de su abuelo. Rainiero siempre fue un partidario de abrirle camino a las nuevas generaciones y consideraba muy inteligente y criterioso a su nieto mayor.

Alberto tiene ya 47 años y hace un buen tiempo que maneja las relaciones internacionales y un par de años en que ha estado conduciendo el principado a la par con su disminuido padre. Y aunque no tiene el encanto ni el carisma de Rainiero, está bien preparado para el cargo. Además de seguir impulsando la banca ­en Mónaco hay 45 bancos con depósitos por 56 mil millones de euros­ y la industria ­laboratorios, equipos electrónicos, plásticos­ se ha dicho que quiere impulsar la ecología y las acciones humanitarias y convertir a Mónaco en un centro de encuentros empresariales.

Además, gracias a la reforma constitucional podrá gobernar tranquilamente sin tener encima la presión por la descendencia, ya que sabe que Andrea podrá sucederlo y que hay tiempo de sobra para formarlo. En Europa, cuando se habla de los futuros monarcas, Guillermo de Inglaterra y Andrea Casiraghi figuran entre los que provocan mayores expectativas.


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