EL SÁBADO

Sábado 17 de Noviembre de 2012

 
La huella de una diva

Alicia Quiroga se instaló en el inconsciente colectivo al interpretar 15 años "El hombre de la Mancha". Con 50 años de actividad teatral, hoy está en una casa de adulto mayor tras sufrir un accidente vascular. Su hermano la postulará por sexta vez al Premio Nacional de Teatro.  
Claudio Gaete A principios de 1968, Alicia Quiroga estaba estudiando en la prestigiosa academia de música y canto Julliard School, de Nueva York. Como estudiante, tenía pase para ver todos los espectáculos que quisiera. Un día fue al Teatro Martin Beck, en Broadway a ver El hombre de la Mancha. Richard Kiley representó a Don Quijote, Irving Jacobson a Sancho y Joan Diener interpretó a Aldonza/Dulcinea.

Desde ese momento soñó con cantar ese rol. Sentada en su butaca pensó: "Si yo quisiera algo en la vida, sé que jamás lo voy a poder hacer, pero si tuviera esa oportunidad única de lograr ese milagro, me realizaría con eso y después, que se acabe el mundo".

Así lo contó en 2005, en el programa "Vuelan las plumas" de Radio Universidad de Chile en una de sus últimas entrevistas.

No sólo logró su sueño imposible, sino que gracias a su magistral interpretación de Aldonza/Dulcinea en El Hombre de la Mancha, logró instalarse en el inconsciente colectivo del país desde que la montó en 1974 junto a José María Langlais y Fernando Gallardo. Este trío hizo otras cuatro versiones del musical y lo representaron hasta el año 1989. Además se editó un disco doble y se grabó un especial para la televisión.

Y lejos de acabarse el mundo para ella, este rol la consolidó como una de las mejores y más completas actrices chilenas. En 1974 ya tenía 20 años de teatro en el cuerpo por su trabajo en el Teatro Nacional Antonio Varas. Con Aldonza/Dulcinea abordó la comedia musical, poco explorada en Chile y donde ella navegó con comodidad.

Dotada de un histrionismo casi incontrolable, según cuentan sus colegas, Alicia enfrentaba con igual facilidad el drama y la comedia. A ello se une su formación musical que comenzó con estudios de piano a los 6 años y una voz de amplia tesitura, capaz de abordar el rol de una soprano lírica y también manejarse con soltura en la cuerda de mezzo. Lo hizo en El hombre de la Mancha, donde la ruda Aldonza oscurece su voz para reírse de las palabras de don Quijote y le explica con dureza "Yo soy Aldonza, ¡la puta!". Pero también es suave y meditabunda, cuando reflexiona sobre las acciones del hombre que la idolatra y canta una de las canciones más lindas del musical: "Qué es lo que quiere de mí".

Hoy tiene 84 años. Los cumplió el 11 de febrero. Hace siete años sufrió un accidente vascular que la dejó con una parálisis facial y dificultades para caminar. Su hermano, Alberto, cuenta que "quedó con un problema de lenguaje, pero logró superarlo. Ella puede mantener lentamente una conversación, pero se le va un poco la memoria. A mí sí me reconoce. Además se ayuda con un bastón para caminar", afirma.

En el año 2003, enviudó de su marido, Alejandro Misle. Su única hija, Alejandra, es publicista y vive en Carolina del Norte con su marido norteamericano.

La actriz se quedó los primeros años tras su enfermedad en su casa en Las Condes, cerca del Estadio Español, con una acompañante que servía de nana y enfermera. "Pero hace menos de un mes la trasladamos a un hogar de adulto mayor porque ya está convertida en una persona semivalente y necesita más cuidado. Su hija estuvo acá para hacer todos los arreglos hace un par de semanas", cuenta Alberto Quiroga.

Como hermano se ha preocupado también de que el talento de la actriz sea reconocido. La ha postulado en cinco ocasiones, desde 2003, al Premio Nacional de Teatro. Y espera hacerlo el próximo año. "La fascinación de su vida ha sido el teatro. Es una mujer que goza con el teatro y la música y ha dedicado su vida a eso", asegura.

A escondidas de papá

Alicia es la mayor de tres hermanos. Su padre, Bernardo, era un constructor civil chapado a la antigua. Los hijos debían estudiar profesiones liberales y las mujeres alguna pedagogía, nada de teatro y esas cosas.

La madre, Nolfa Vázquez, era una dueña de casa que pensaba diferente. En su familia había muchos cultores de la música y ella era una entusiasta pianista de música clásica. Es por eso que inscribió a su hija en el Conservatorio Nacional de Música a los 6 años además de contratar a un maestro para que le enseñara en casa.

La familia la completan el hermano del medio, Bernardo, quien murió de un infarto, cuando tenía 59 años y Alberto, de 71. Nacieron en la calle Ramón Cruz, en Ñuñoa y luego se cambiaron a otra casa en la misma comuna.

Los hermanos estudiaron en el Instituto Nacional y Alicia en el Liceo 1 de Santiago.

Cuando egresó de las Humanidades, ella entró a estudiar Pedagogía en Inglés en el Pedagógico. Pero se dio cuenta de que esa no era su vocación. Había visto algunas obras de teatro y el escenario le llamó más la atención que las salas de clases. Sin que su padre lo supiera, pero bajo la ayuda cómplice de su madre, comenzó a tomar algunos cursos en el Teatro Experimental en la Universidad de Chile. Allí conoció a Pedro de la Barra, su mentor y además uno de los fundadores del Instituto de Teatro de la misma universidad. Cuando se titula de pedagogía y además termina los cursos de Teatro la llaman para estelarizar Noche de reyes, de William Shakespeare, la obra con la cual se inauguró la Sala Antonio Varas en la calle Morandé. "Ahí ya no se podía esconder más el asunto a mi padre así que hubo que decirle. Para él fue acabo de mundo. Además, cuando Alicia se tituló de profesora de inglés, fue donde su padre y le dijo: 'aquí está el cartón' y luego le dice que ahora se va a dedicar al teatro".

Cuenta Alberto que para el padre fue una sorpresa muy grande y le costó recuperarse. Tanto, que se negó a asistir a la noche inaugural de la obra, donde sí fue su madre, sus hermanos y muchos miembros de la familia. Y también un público que coronó su actuación con una ovación de pie. La obra contaba con un elenco de lujo: Roberto Parada, María Maluenda, Domingo Tessier y Marés González, quien intercambiaba roles con Alicia los fines de semana.

"Alicia se llevaba todos los aplausos", recuerda Mario Lorca, quien también estaba en el elenco. "Fue la primera vez que actuamos juntos. Era muy fácil trabajar con ella. Era una actriz muy responsable, estudiosa, muy preocupada de los detalles", señala el actor.

Después del shock inicial, al padre se le pasó la rabia y finalmente la fue a ver. Le gustó, así que continuó yendo al teatro.

Por aquel entonces, las compañías de teatro trabajaban de martes a domingo y con un repertorio de unas tres obras al año. Alicia Quiroga era del cuerpo estable y su nombre era incluido en las principales producciones.

En general, compartió escena con los grandes del teatro nacional: Franklin Caicedo, Héctor y Humberto Duvauchelle, Bélgica Castro, Roberto Parada, María Canepa, Agustín Siré, Tennyson Ferrada, Carmen Bunster, Sonia Mena, María Teresa Fricke, Mario Lorca y Shenda Román.

Algunos años después, hizo uno de los clásicos del teatro chileno: Mama Rosa, de Fernando Debesa, que se estrenó en 1957. Allí interpretó a Margarita Solar, una de las hijas de misia Manuela, rol a cargo de Carmen Bunster. Bélgica Castro encarnó a Mama Rosa, papel que años después interpretó Nelly Meruane.

Sonia Mena recuerda con especial cariño esos años. Dice que gracias a Alicia Quiroga se convirtió en actriz. "El año 1954 fui al Teatro Antonio Varas a ver Noche de reyes. Yo era una adolescente y eso me abrió el camino. Me dije: 'yo tengo que ser actriz después de haber visto a Alicia'. Después fui a ver la obra de nuevo, con Marés González y ambas me dejaron impactadas. Creo que han sido las mejores actrices de este país. Yo era alumna del colegio y tuve que esperar para postular a la Escuela de Teatro. Lo hice en 1958. Me impresionó tanto Alicia que cómo iba a saber que con el tiempo yo iba a ser su amiga", recuerda la actriz.

Su primer trabajo juntas fue en una pieza de Tennessee Williams. Eran tres monólogos y fue dirigida por Eugenio Guzmán en 1963.

El segundo trabajo juntas fue en Marat-Sade. La obra de de Peter Weiss causo estupor en todos los lugares donde se estrenó, por su fuerte temática, la fuerza de sus diálogos y los desnudos en escena. En Chile se estrenó el 25 de noviembre de 1966 con Franklin Caicedo y Tennyson Ferrada en los roles centrales y Alicia Quiroga como Charlotte de Corday. La dirección estuvo a cargo del norteamericano William Oliver, quien también era académico de la Universidad Carnegie Tech (hoy Carnegie Mellon) de Pittsburgh. La Universidad de Chile había firmado un convenio con dicha entidad para el intercambio de estudiantes. Alicia Quiroga fue una de las beneficiadas, y pasó una temporada allá gracias a una beca Fullbrigth.

Sonía Mena estuvo en ese montaje. "Alicia hizo algo maravilloso con la Charlote de Corday, era lindísima, emocionante todo lo que hizo".

Entre los espectadores, una joven Schlomit Baytelman fue a una de las funciones y quedó maravillada. Hoy la recuerda como las persona que le dio "el empujón" "y pude estar con la actriz que me motivó a ser actriz", afirma.

En su crítica sobre Marat-Sade, El Mercurio escribió que era una obra "Insólita en su forma teatral, extraordinaria, compleja y vigorosa de fuerza dramática". Y la crítico de espectáculos Yolanda Montecinos la consideró en La Segunda "El mejor estreno del año".

La huella de Víctor Jara

En los años 60, las protestas por la guerra de Vietnam sacudían a Estados Unidos. El mundo teatral no se quedó callado y la dramaturga norteamericana Megan Terry escribió en 1966 lo que se consideró el primer musical rock Viet rock. Alicia Quiroga tradujo la pieza y Víctor Jara la dirigió en el Antonio Varas en 1969. La coreografía fue obra de Joan Turner, quien fuera pareja del cantautor nacional.

"Fue genial", recuerda Sonia Mena, quien hacía el rol de una locutora que saludaba todos los días con un cálido "Hanoi hana". "El negro Jara estaba metido con todo en esta cosa de la guerra. Había que hacer de bailarines, cantantes, acróbatas. Todos estábamos vestidos iguales para poder hacer todas esas piruetas. Fue una revolución en el teatro", recuerda.

La crítica la llenó de elogios.

Un año antes, ambas actrices hicieron Comedia de equivocaciones, de Shakespeare. La obra fue un éxito y realizaron una gira por todo el país. Fue ahí que surgió una gran amistad entre ellas. "Yo le enseñé a tomar vino -recuerda entre risas-. Ella tomaba un pisco sour de vez en cuando y yo un día le dije: 'Alicia, tenemos que tomar vino con la comida'. Después de eso ella preguntaba ¿qué vino vamos a tomar hoy con esta comida?".

La vida social es un capítulo aparte en la vida de Alicia Quiroga. Ella vivía en una casa en Providencia con un gran jardín, lleno de estatuas y flores. Solía invitar amigos para Navidad y Año Nuevo y le encantaba mezclar gente de diversos intereses, actores, escritores, sicólogos, intelectuales. Pero lo que muchos recuerdan es que ella jamás dejaba de ser actriz. El director de teatro y dueño de la academia que lleva su nombre, Fernando González, recuerda que en una ocasión estaban todos reunidos y de repente aparece ella, en el patio, en un gesto teatral y con una indumentaria muy teatral, en medio de los árboles. "Su marido, que tenía mucho sentido del humor le dijo: Alicia, por favor... ¡es lunes!"

Es que a ella le costaba salirse de sus personajes. Si iban a la playa, permanecía frente al mar, meditabunda, mirando al horizonte.

Uno de los roles que más la sacudió emocionalmente fue el de Liubov Andréievna en El Jardín de los Cerezos, de Anton Chéjov, en 1971. Sonia Mena y Mario Lorca y Shlomit Baytelman estuvieron en esa producción de 1971. El rol era muy intenso y Mena recuerda que en una ocasión ella le dijo: "Este personaje me comió el calcio y me siento adolorida de los huesos".

Ese año, el 8 de julio se produjo un terremoto 7.7 Richter que afectó la zona norte centro del país. Fue a las 11 de la noche. En el Antonio Varas se realizaba el ensayo general de El Jardín de los Cerezos. "Se cortó la luz en el teatro. Nos quedamos todos en el escenario. La Alicia gritaba ¡mi hija, mi hija! Tratamos de buscar nuestras cosas en la oscuridad. No sabíamos lo que nos íbamos a encontrar, las calles estaban a oscuras, y Alicia tuvo la gentileza de llevarnos a la casa a la mayoría. En esa época eran muy pocos los que tenían auto así que ella acarreó a toda la gente que pudo", afirma Sonia.

Después de Chejov vino Rosencrantz y Guildenstern, de Tom Stoppard, donde compartió roles con Diana Sanz, quien también estudió en la Carnegie Tech. "Alicia tenía esa virtud de ser muy estudiosa, muy profesional. Todo lo abordaba con cariño. Hay una expresión en el medio que la describe muy bien: era una bestia de teatro. Era capaz de ensayar 20 horas si era necesario hasta que las cosas estuvieran como quería. Era exigente con ella y con los demás", afirma Sanz, quien actuó en cuatro obras junto a Quiroga.

Fernando González lo comparte. "Era metódica, lograba olvidarse de lo que sabía y entregarse al calor de la interpretación, capaz de crear situaciones hermosas arriba del escenario".

Eran años convulsionados, pero Alicia nunca demostró interés por la política, según cuenta su hermano.

En 1974 dejó la compañía de la Universidad de Chile y asumió su papel más importante: Aldonza/Dulcinea. El éxito fue tal que tuvo sucesivas temporadas hasta 1989, hizo giras por todo el país y esta obra musical la instaló en el pináculo de las grandes del escenario del país.

También fue la fundadora del teatro Galpón de los Leones y se dedicó a la producción y dirección de obras, además de protagonizarlas.

Hasta ese entonces su formación internacional era impresionante. En los años 60 tuvo la oportunidad de estudiar en las más prestigiosas escuelas de Londres: actuación, voz y dirección en el British Drama League; comedia musical en el Dancing Center y dirección teatral con Clifford Williams en el Royal Shakespeare Company. Trabajó en el teatro Aldwych y Strattford on Avon y estuvo contratada por la BBC.

Entre los 70 y 90, junto con El hombre de la Mancha, protagonizó Gabriela, pieza escrita por Jorge Marchant Lazcano; El cepillo de dientes, de Jorge Díaz; Amarga dulzura, de Noël Coward; y Shirley Valentine, un monólogo con el que hizo gira por el país y representó durante 10 años.

También participó en la compañía de José Vilar y fue una de las pioneras en enseñar y realizar doblaje en Chile, especialmente de telenovelas brasileñas.

El año 2005, en el que sufrió su accidente vascular, fue uno de sus más prolíficos. Ese año participó en cinco producciones al mismo tiempo.

Dadas sus capacidades artísticas e idiomáticas, muchas creen que ella pudo haber hecho una carrera en el extranjero. Oportunidades no le faltaron. Cuando estaba en la Julliard le dijeron que siguiera una carrera en la ópera. En Londres pudo haber seguido haciendo Shakespeare, pero William Oliver la llamó para venir a interpretar Marat-Sade. Y, según cuenta su hermano, en 1959 estuvo en una pasantía en el famoso Actor's Studio. "Se hizo amiga de Paul Newmann y Joanne Woodward y ellos le dijeron que se quedara y podían hacer cine y teatro juntos". Pero su novio, Alejandro Misle la fue a ver, le propuso matrimonio y se casaron en Nueva York.

La razón principal de no querer incursionar en el extranjero la dio la propia Alicia en su entrevista a la radio Universidad de Chile. Dice que su mentor, Pedro de la Barra, le enseñó que era muy importante salir por el mundo. "Y yo he vagabundeado bastante, como Gabriela, pero uno siempre tiene que volver a sus raíces".

"Hay una expresión en el medio que la describe muy bien: era una bestia de teatro. Era capaz de ensayar 20 horas si era necesario"

"Se hizo amiga de Paul Newmann y Joanne Woodward y ellos le dijeron que se quedara y podían hacer cine y teatro juntos"

 


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