ARTES Y LETRAS

Domingo 10 de Junio de 2007

EXPOSICIÓN. Pensar con los sentidos, sentir con la mente
La Bienal de Venecia: por un arte para siempre

Una mirada al famoso encuentro de arte, en el que Chile participa con una exposición individual de Claudio Bravo y la representación nacional de Mónica Bengoa. Además, Alfredo Jaar es parte de un alabado pabellón africano.

MACARENA GARCÍA
Enviada especial a Venecia.

Una monja se arrodilla en un pasaje veneciano y reza con la cabeza entre las manos casi tocando el suelo. Muchos se detienen a tomarle una foto. Nadie le cree que sea una monja. La desconfianza no radica en lo limpio de su hábito, ni en la inusual forma de orar, sino en que por estos días Venecia espera que le rompan el horizonte de expectativas. Como cada dos años, la ciudad de los canales acoge su bienal artística y tanto los asiduos asistentes como los venecianos están habituados a que las obras de arte y las performances se apropien de cualquier rincón de esa intrincada urbanización que se plantó en medio del mar. La religiosa no tiene un cartel que diga cuál es su título y nadie se atreve a preguntarle. Un hombre que asiste por séptima vez a este encuentro artístico explica que siempre "te perderás algo bueno", no sólo porque la oferta del programa oficial sea inabarcable, sino porque también hay muchas salidas de programa como, suponemos, es esta monja que en alguna parte debe tener a alguien anunciando su "religiosidad" artística.

El corazón de la muestra es siempre la curatoría oficial que se exhibe en el Arsenale, antiguo astillero veneciano, y en un pabellón en los Giardini, los tradicionales jardines venecianos ubicados en uno de los extremos de la principal isla del archipiélago. En esos jardines se han levantado también edificios de los países que han invertido en visibilizar sus propuestas artísticas y que hicieron de la arquitectura parte de su política exterior. Así, Estados Unidos construyó un pabellón que se asemeja a la Casa Blanca, Grecia da el tono de una iglesia bizantina y Australia opta por las líneas contemporáneas. Pero fuera de allí, el terreno sigue estando minado por el arte: los países que no tienen lugar en los jardines (como Chile) se han tomado otros espacios o palacios de la ciudad y una selecta agenda de museos, galerías e improvisados espacios de exhibición por todo el archipiélago, aprovecha la alta afluencia de público especializado para sacar sus mejores ropas. Eso, sin contar a los jóvenes que se pasean con carteles, los barcos artísticos que circulan por los canales y las monjas que se arrodillan en cualquier esquina. Pero vamos con la bienal "oficial", la que sigue soportando la frase de "más importante del mundo".

La antítesis de Storr

A principios de la década había intenciones de cambiar la historia del arte. La importante exposición Documenta XI, en 2002, restó importancia a las obras en pos de debates que se desarrollaron en ciudades del tercer mundo sobre temas como el sentido y lugar del arte en el mundo poscolonial. La bienal de Venecia respondió un año más tarde con una serie de exposiciones fragmentadas a cargo de once distintos curadores que intentaban esclarecer el futuro de la visualidad y el arte. Ahora, y si nos hacemos a la idea de que los principales eventos del hemisferio norte son los que marcan tendencia, las ideas vienen de vuelta. O de lado. En estos días se vuelve a apostar por las obras antes que por las tesis y así lo evidencia la bienal, su muestra principal, que se inaugura hoy en los jardines venecianos. Probablemente la línea que más concentra las miradas de los especialistas en la ciudad de los canales sea remarcada por la curatoría de la duodécima edición de la próxima Documenta que se inaugurará el próximo sábado en la ciudad alemana de Kassel.

"No importa cuán exitosamente hayan logrado los filósofos persuadir que esas categorías no eran sólo útiles analíticamente, sino inherente e históricamente verdaderas, los desafíos y el flujo actual de la existencia siempre acaban por exceder el poder de los sistemas y teorías que tratan de contenerlo", escribe Robert Storr, el curador de esta última Bienal en su presentación curatorial. Una forma cortés de barrer a la sociología, que ha pasado la última década coqueteando con el arte contemporáneo.

La bienal del 2003 fue el punto de quiebre. El curador elegido invitó a once comisarios que reunieron a medio millar de artistas. Después de tal mastodóntica iniciativa se dijo que la exposición bianual más importante y antigua del mundo había entrado en crisis. Sus fundadores se sentaron a pensar y tardaron en dar a conocer la primera medida: la bienal de 2005 sería dirigida por dos mujeres. Y casi como el parche antes de la herida que significaría armar un esquema argumental e invitar artistas a sólo un año del evento, anunciaron el hombre que las sucedería: Robert Storr. Entonces sorprendió el nombre de este norteamericano, conservador del MOMA y experto en pintura. Era una clara señal de que lo que no avanza debe, al menos, conservarse. Su muestra confirma las sospechas de quienes auguraban una baja experimentación, pero también da la razón a quienes esperaban un cuidadoso montaje.

En los pabellones del Arsenale y en los jardines venecianos, Storr reúne a 100 artistas bajo el título: "Piensa con los sentidos/ Siente con la mente". "(Esta muestra) fue hecha con la convicción de que el arte es hoy, como ha sido siempre, la forma por la cual los humanos toman conciencia de existir", explicó Storr en la rueda de prensa. El artista español Ignacio Aballí lo interpreta así: "Creo que la propuesta de él es para que entendamos que una obra puede ser poética y política a la vez, que la razón se puede complementar con los sentidos". La obra de Aballí se ajusta a la premisa con una serie de collages armados con titulares de diario ordenados según temas. Así, crea listas de cadáveres, de atentados y de medidas de tiempo. Lo que aparecen son cifras que por acumulación y descontextualización pierden sentido, pero nos dan la sensación de que alguien está advirtiendo que las cosas no andan del todo bien."Son críticos, sí", explica Aballí, y después concuerda que lo son de una forma bastante poética.

Ese espíritu sobrio recorre la exhibición, salvo excepciones como las llamativas y expansivas instalaciones de Jason Rhoades y Christine Hill. Lo que prima, en la mayoría, son las reminiscencias pictóricas, la cuidada visualidad de las distintas propuestas y en algunos casos, como señalaba Aballí, se acompaña de una poética postura política.

El horror estético

Un niño juega fútbol delante de un edificio derruido. Es el video de Paolo Carevari. En una siguiente escena se distingue la pelota que el infante intenta dominar. Es un cráneo. Es sólo una de las obras donde el hálito de la muerte aparece vestida a la usanza del arte contemporáneo. En una serie de fotografías -de Tomer Ganihar- aparece encarnada en muñecas ensangrentadas que son asistidas por instrumentos médicos en un hospital. Junto a una de ellas hay un soldado, real, que se seca una lágrima.

La guerra, probablemente a raíz del nuevo orden mundial post 11 S, aparece en varias obras. Sintomático de la curatoría de Robert Storr es el trato que le da la joven artista norteamericana Emily Prince. Ella ha dibujado en pequeñas tarjetas de colores, en la gama que va del beige al café, los rostros de las víctimas de la guerra: "American Servicemen and women who have died in Irak and Afghanistan (but not including the wonded, nor the iraqis, nor the afghans)". El título no deja lugar a dudas y con cuatro alfileres clava cada uno de estos bosquejos en la pared formando un memorial. Estética desde Norteamérica.

A diferencia de lo que se puede encontrar en los siempre disímiles y refrescantes pabellones nacionales, en la curatoría "oficial" no se aprecia gran experimentación en los materiales. Eso hace destacar más la obra del artista ganés residente en Angola El Anatsui, que crea dos gigantescos gobelinos usando tapas de botellas y restos de envoltorio de los corchos. En uno de los pabellones centrales del Arsenale cuelgan estas dos grandes texturas, iluminadas y relucientes, como si se tratase de pinturas clásicas. Así, con un material tan anómalo como precario, crea una obra visualmente conmovedora, en tono dorado, que contiene su propia ironía. En las paredes laterales se exhiben pinturas circulares de Guillermo Kuitka (presente en la bienal por partida doble, ya que también es el protagonista del pabellón argentino), telas en las que ha borroneado anotaciones y bosquejos.

Vanguardia de 100 años

La apertura de la exposición en el Arsenale no puede ser más elocuente. Un amplio espacio es intervenido por el artista italiano Luca Buvoli, quien hace una investigación, a ratos visual y a ratos documental en videos con entrevistas, sobre cuál sería el presente del futurismo. Su punto de partida es el manifiesto firmado por Filippo Tomasso Marinetti en 1909. "Sin un carácter agresivo no se puede hacer una obra maestra", dice Marinetti, y Buvoli se lo hace repetir a una persona con dificultades para hablar. Así dicha, la frase pierde convicción y queda clara la distancia de los cien años que nos separan de las vanguardias. Esta es sólo una de las piezas que conforman una instalación que tiene grandes aciertos como un video documental sobre la relación de las mujeres con el futurismo (un movimiento bastante misógino que, sin embargo, habría tenido la delicadeza de contemplar la existencia de una cocina futurista), entrevistas a quienes estuvieron cerca de los futuristas en esos años hablando de lo difícil que era sobrellevar a esos artistas que ensalzaban el movimiento y la guerra por sobre cualquier armonía. A esto hay que sumarle un pabellón pintado en tonos rosas y calipsos, la escritura de "Tomorrow" (mañana) en la pared con una M que se ha caído al suelo y está modelada en concreto. En suma, una obra multidisciplinar que invita a reflexionar sobre la posibilidad de ser coherente con las vanguardias y de creer en que una nueva y transgresora propuesta artística podría durar 100 años. Muy en la línea de Storr, quien advierte en su texto curatorial: "El presente del arte es el borde de un work in progress, pero en cualquier punto ese borde se puede volver tosco o irregular".

El tour del arte 2007

Con la bienal de Venecia se da la partida al así llamado "tour del arte", que este año coordina a los eventos artísticos del verano europeo. Venecia abre sus puertas al público hoy, la feria de arte contemporáneo Art Basel lo secunda el miércoles la principal feria de arte contemporaneo del mundo. Después es el turno de los alemanes, que inaugurarán la Documenta en Kassel el sábado y la muestra de escultura experimental en la ciudad de Munster.

Con la bienal de Venecia se da la partida al así llamado "tour del arte", que este año coordina a los eventos artísticos del verano europeo. Venecia abre sus puertas al público hoy, la feria de arte contemporáneo Art Basel lo secunda el miércoles la principal feria de arte contemporaneo del mundo. Después es el turno de los alemanes, que inaugurarán la Documenta en Kassel el sábado y la muestra de escultura experimental en la ciudad de Munster.

Sophie Calle, la estrella en el pabellón francés

Sophie Calle, la fotógrafa francesa conocida por la creación de irónicas narrativas a través de crónicas testimoniales donde las fotos son sólo uno de sus instrumentos, hace de las suyas en el pabellón francés. Saca carcajadas. El punto de partida de esta muestra -que, al igual que otras suyas, ya se transformó en libro- es un email escrito por un tal X, que hoy debe agradecer ese pequeño gesto de concederle el anonimato, donde le da sus razones de por qué quiere terminar su relación con ella. Calle, impudorosa y ácida como pocos, decide invitar a 107 mujeres seleccionadas por sus distintas profesiones u oficios, a reflexionar con ella sobre esa carta que terminaba con un "cuídate". "Ésta fue la manera que encontré de cuidarme", explica la francesa. La muestra está compuesta de fotografías de mujeres leyendo el email, de videos de algunas comentándolo o haciendo de él una canción o un baile. También se incluyen presuntas respuestas al tal X, comentarios intercalados con signos de exclamación ante las tópicas excusas de un hombre que deja así a una mujer y hasta análisis de personalidad a cargo de una experta en criminología.

"La carta es una historia banal, todo el mundo ha recibido una así alguna vez, lo interesante son las interpretaciones de las diferentes mujeres", explicó la artista francesa ante un pabellón atestado de visitantes y de periodistas, cual estrella de cine.

La presencia chilena

Mónica Bengoa, la artista chilena escogida por el Comité Asesor de la Dirección de Asuntos Culturales de Relaciones Exteriores, no tuvo suerte con la repartición de salas. De partida, Chile no es de los países que han construido su propio pabellón en los jardines, como sí lo hicieron Venezuela, Uruguay, Brasil y Argentina. A cambio, comparte un palacio en un sector un tanto alejado del centro con Bolivia, Colombia, Cuba, Ecuador, Guatemala y Perú, entre otros países latinoamericanos. Allí, al final de un corredor a una sala pequeña quedó destinada Mónica Bengoa. Y ella ya había decidido mostrar un mural construido con cardos teñidos, un formato que antes le ha dado buenos resultados porque cada flor seca hace las veces de pixel de una imagen que sólo aparece claramente alejándose unos cuántos metros. "Pensé que perdería en la traducción fotográfica que trata mi trabajo, pero podría ganar en crear una obra más instalativa". Así explica la artista la resolución de forrar las paredes de estas flores secas. Cuatro murales con una iluminación tenue y la imagen (de cerca, pixelada) de insectos que miran al espectador. A todas luces, una obra que se distingue de las expuestas en el Pabellón del Instituto Italo Latinoamericano y resalta entre las miles de propuestas que tienen sitio hoy en Venecia. Es envolvente, extraña y ya muy original desde la elección de sus materiales. "Yo sabía que quería hacer algo monumental -confiesa la artista-, y por eso tomé la decisión de usar la sala completa y aproveché de que tenía los techos altos". Esa altura de palacio veneciano construido para resistir el calor vuelve a los visitantes animales pequeños frente a los insectos. Y logra apreciar de cerca la extraña textura de esas flores que Mónica ha escogido para hacer obras difíciles de exhibir y comprar, pero seductoras a la vista. "En tres meses teñimos 30 mil cardos", cuenta la artista. Sólo los mejores llegaron a Venecia.

Como parte de los eventos colaterales de la bienal, eventos que coinciden con la muestra y son incluidos dentro del programa oficial, se presenta una exposición individual de Claudio Bravo en el Museo Diocesano, instalado en un claustro tras la Plaza San Marco. El jueves el artista chileno radicado en Marruecos inauguró una muestra de sus últimos trabajos con la presencia de las autoridades chilenas en Italia, reputados coleccionistas privados, artistas e intelectuales. Se trata de 13 codiciadas pinturas en las que representa los dobleces, luces y sombras, de paquetes y papeles arrugados. El hiperrealismo del chileno en su momento más "abstracto" o conceptual, aunque él augura que cambiará de tema.

La revelación africana

Ha llegado el turno del continente más pobre del mundo. Storr explica que le interesa África porque ve en ella el origen de un legado cultural que habría llegado, a través de los esclavos, a su natal Estados Unidos. Sea eso o sea la búsqueda de nuevos aires en un arte contemporáneo que ha sacado dividendos de explorar la creación joven en Asia, la decisión de incluir a un pabellón de países africanos en el circuito del Arsenale, uno de los lugares más visitados por el público de la bienal, sorprende. Con esta iniciativa, Storr ejerce un cambio en la siempre conflictiva relación entre centro y periferia. En este caso, menos paternalista, ya que no es él quien escoge a los artistas, como se ha hecho en otras ocasiones, sino una institución basada en Luanda, Angola. El resultado de esta "autorrepresentación" es "Check List Luanda Pop", una exhibición de 26 artistas contemporáneos del continente negro que forman parte de la Sindika Dokolo Collection, la primera colección privada de arte contemporáneo africano. Junto a ellos hay 5 artistas "amigos" de otras latitudes. Según explica Simon Njami, consultor cultural de la muestra, están allí porque en sus trabajos se aprecia una conciencia hacia África. Son Andy Warhol (con su serigrafía sobre Muhammad Ali), Jean Michel Basquiat, Miquel Barceló, el Dj del underground neoyorkino Spooky y el chileno Alfredo Jaar. "Fue algo muy lindo y generoso que nos hayan invitado, porque en todos estos años ningún pabellón ha invitado a un artista africano", opina Jaar, el artista chileno que participa con su película Muxima. Estos nombres occidentales comparten el espacio con un video sobre la difícil integración de los etíopes en la "libertina" Suecia y los pictóricos a la vez que transgresores bordados de la artista egipcia, afincada en Nueva York, Ghada Amer.

Otro reconocimiento para el continente olvidado es que el León de Oro a la trayectoria artística ha recaído por primera vez en un artista africano: Malick Sidibé, fotógrafo de Mali. "La fotogafía ha sido tal vez el medio más usado y más explorado en la África post colonial. Así también ha quedado demostrado que, sin duda, ningún artista africano ha hecho más para elevar la estatura de la fotografía en la región como Malick Sidibé", explica Robert Storr. Para la bienal Sidibé ha unido fuerzas con los organizadores del proyecto "África canta contra el SIDA", para tomar fotografías a los concursantes de un concurso entre cantantes de Mali que tratan temáticas y enseñan sobre los riesgos de la enfermedad.

Ha llegado el turno del continente más pobre del mundo. Storr explica que le interesa África porque ve en ella el origen de un legado cultural que habría llegado, a través de los esclavos, a su natal Estados Unidos. Sea eso o sea la búsqueda de nuevos aires en un arte contemporáneo que ha sacado dividendos de explorar la creación joven en Asia, la desición de incluir a un pabellón de países africanos en el circuito del Arsenale, uno de los lugares más visitados por el público de la bienal, sorprende. Con esta iniciativa, Storr ejerce un cambio en la siempre conflictiva relación entre centro y periferia. En este caso, menos paternalista, ya que no es él quien escoge a los artistas, como se ha hecho en otras ocasiones, sino una institución basada en Luanda, Angola. El resultado de esta "autorrepresentación" es "Check List Luanda Pop", una exhibición de 26 artistas contemporáneos del continente negro que forman parte de la Sindika Dokolo Collection, la primera colección privada de arte contemporáneo africano. Junto a ellos hay 5 artistas "amigos" de otras latitudes. Según explica Simon Njami, consultor cultural de la muestra, están allí porque en sus trabajos se aprecia una conciencia hacia África. Son Andy Warhol (con su serigrafía sobre Muhammad Ali), Jean Michel Basquiat, Miquel Barceló, el Dj del underground neoyorkino Spooky (parte de cuya obra fue animar fiestas disjoqueando desde un hotel con vistas al Gran Canal) y el chileno Alfredo Jaar. "Fue algo muy lindo y generoso que nos hayan invitado, porque en todos estos años ningún pabellón ha invitado a un artista africano", opina Jaar, el artista chileno que participa con su película Muxima. Estos nombres occidentales comparten el espacio con un video sobre la difícil integración de los etíopes en la "libertina" Suecia y los pictóricos a la vez que transgresores bordados de la artista egipcia, afincada en Nueva York, Ghada Amer.

Otro reconocimiento para el continente olvidado es que el León de Oro a la trayectoria artística ha recaído por primera vez en un artista africano: Malick Sidibé, fotógrafo de Mali. "La fotogafía ha sido tal vez el medio más usado y más explorado en la África post colonial, como se ha visto en exposiciones recientes. Así también ha quedado demostrado que, sin duda, ningún artista africano ha hecho más para elevar la estatura de la fotografía en la región como Malick Sidibé", explica Robert Storr. Para la bienal SidibE ha unido fuerzas con los organizadores del proyecto "África canta contra el SIDA", para tomar fotografías a los concursantes de un concurso entre cantantes de Mali que tratan temáticas y enseñan sobre los riesgos de la enfermedad.



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El curador de la Bienal, un norteamericano de Yale, tiene por lema:
El curador de la Bienal, un norteamericano de Yale, tiene por lema: "Piensa con los sentidos, siente con la mente".
Foto:AFP


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