ARTES Y LETRAS

Domingo 13 de Octubre de 2013

Restauración de una joya patrimonial Su libro de visitas incluye retratos, versos, dibujos y dedicatorias de destacados artistas nacionales:
El tesoro escondido de Isidora Zegers

Un valioso álbum de visitas, de 170 años de antigüedad, pasó años guardado en el clóset de Olga Lindholm, tataranieta de Isidora Zegers, debido a su frágil estado. La Biblioteca Nacional supo de su existencia y decidió restaurarlo, en el marco de las celebraciones de su bicentenario, a cambio de los derechos de reproducción. Esta semana, el álbum llega a librerías en una edición de lujo, totalmente fiel al original, y con aportes de Mauricio Rugendas, Ignacio Domeyko, Jotabeche y Andrés Bello, entre muchísimos otros.  
Camila Ortiz Miranda El salón de doña Isidora Zegers siempre estuvo lleno de gente. Familiares, artistas e intelectuales se citaban por igual en su casa, parada obligada para todo aquel que formara parte de la escena cultural del Chile de mediados del siglo XIX. Nacida en España en 1803 y educada en el bullente París decimonónico, tuvo una formación muy ligada a las artes y la música fue una de sus principales pasiones.

A Chile llegó cuando tenía veinte años de edad, acompañando a su padre, quien había aceptado un trabajo como funcionario del gobierno. Joven, sociable y llena de energía, no tardó en hacerse un lugar dentro de la sociedad chilena, a la que deslumbró con su conocimiento de las últimas tendencias europeas y de las óperas de Rossini. José Zapiola incluso calificaría su llegada al país como "una verdadera revolución en la música vocal".

En su cuadragésimo cumpleaños, alguien (probablemente su segundo esposo, Jorge Huneeus, o alguno de sus hijos) le regaló un precioso álbum de visitas, el que con sus 150 páginas en blanco, tapas rojas y letras doradas, se convirtió en una de las principales atracciones de sus tertulias. En él, amigos y familiares dejaban autógrafos, recuerdos, dibujos y dedicatorias que luego eran organizados por la misma Isidora, quien hacía las veces de "curadora" de este libro.

El álbum recorre tres décadas, desde 1843 hasta poco antes de su muerte, en 1869, y es un reflejo no solo de sus amistades, familiares e intereses particulares (hay, por ejemplo, una galería de retratos de los Bonaparte, con quienes su padre, que trabajó en el gobierno de José Bonaparte, tuvo un estrecho lazo), sino que también del mundo social y cultural de la época, abarcando a protagonistas de momentos tan significativos como la fundación de la Universidad de Chile, la generación literaria de 1842 y la visita de importantes personalidades.

En efecto, su salón vio el paso de figuras nacionales y extranjeras, y gran parte de ellos dejaron su estampa en aquel álbum. Entre ellos, Claudio Gay, Ignacio Domeyko, Mauricio Rugendas (quien conoció a su gran amor, Carmen Arriagada, en una de sus tertulias), José Joaquín Vallejo (Jotabeche), Andrés Bello, quien aparece varias veces en el libro, con un retrato a lápiz y también como el autor de unos largos versos dedicados a la dueña. También figuran el pintor Raymond Monvoisin y las estrofas dedicadas a la dueña de casa por Mercedes Marín del Solar, una de las primeras poetisas e intelectuales chilenas (" No me pidas Isidora/ para tu álbum dulces versos/ por que jamás de ti dignos/ podrá mi numen hacerlos..." ). Además de frecuentes fotos, dibujos y menciones de la numerosa descendencia de Isidora Zegers.

Luego de estar más de 150 años guardado como un tesoro estrictamente familiar, el álbum fue restaurado y reproducido en una edición facsímil para el acceso del público general, en el marco de las celebraciones del bicentenario de la Biblioteca Nacional, que se encargó del proceso de recuperación. Como señala Josefina de la Maza, historiadora del arte de la Universidad Alberto Hurtado, y quien trabajó en el proceso de investigación que acompañó la restauración del álbum, el valor del objeto radica en que "se trata de una pieza compuesta de múltiples elementos, cada uno susceptible de ser analizado en particular, con distintas voces, tonos y soportes que van dialogando. Lo que presenta este álbum son distintos puntos de vista, diversas miradas que registran y componen un universo cultural y socio-político amplio a partir de las dinámicas de la vida privada", explica.

El rescate del tesoro

Después de pasar por varias manos y herencias, el álbum original está hoy en poder de Olga Lindholm, tataranieta de Isidora Zegers (ver recuadro), pero fue su nieto, Jorge Ignacio Prieto, quien se decidió a restaurarlo. "Tengo recuerdos de haberlo visto varias veces cuando niño, pero era un objeto tan frágil que de solo mirarlo se deshacía. Por lo mismo, eran tan pocas las ocasiones en las que mi abuelita lo sacaba de su escondite, que decidí hacer algo por recuperarlo", cuenta.

Sin tener muy claro a quién recurrir, se acercó a la Biblioteca Nacional, donde fue recibido por Rafael Sagredo, director del Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, que no esperaba encontrarse con un material tan valioso. Finalmente, la Biblioteca Nacional se ofreció a restaurar el material, sin costo para la familia, a cambio de poder hacer copias facsimilares luego del trabajo de conservación.

"Si bien se trataba de un objeto privado, decidimos restaurarlo de todos modos, por su gran valor patrimonial. Además, llegó en un muy buen momento, cuando preparábamos las celebraciones del bicentenario de la Biblioteca Nacional. En cierto sentido, este álbum es una metáfora de la misma labor de la biblioteca, ya que reúne recuerdos y memorias de una época, algo análogo a la misión de la biblioteca, de ser la encargada de recuperar memorias para ponerlas al acceso de todos, hoy y mañana", señala Sagredo.

Tras convencer a su abuela Olga, quien se mostraba reacia a apartarse del libro por primera vez en más de 70 años, Jorge Ignacio Prieto entregó el álbum a la Biblioteca, donde comenzó un largo proceso de restauración, el que estuvo liderado por la conservadora Marta Letelier, quien a finales del 2005 fue invitada por la dirección del Laboratorio de Conservación de la Biblioteca Nacional a hacerse cargo del proyecto.

"Cuando lo vi por primera vez, era evidente que estaba en muy mal estado y necesitaba estabilizarse de manera urgente. Entre otras cosas, la fragilidad del papel producía pérdidas en el material, sobre todo en los bordes, cada vez que se manipulaba. Por otra parte, el lomo del álbum mostraba diversas intervenciones que lo mantenían muy rígido, produciendo así una tremenda tensión en las hojas del álbum", explica Letelier.

El trabajo de conservación en sí se extendió por ocho meses en total, de enero a agosto del 2006. En este periodo, entre otras cosas, se desmontaron todas las hojas para realizar un proceso de limpieza, uniones de rasgado, injertos y eliminación de adhesivos para luego adherirlas a un nuevo sistema de encuadernación desmontable -en caso de que se necesite volver a intervenir el álbum-, se mejoraron las tapas, creando un lomo de lino, y se recuperaron los bordes de las hojas que el anterior sistema de encuadernación tenía atrapadas. Y si bien no se pudo recuperar del todo (algunas páginas fueron arrancadas hace varios años), la Biblioteca estima que al menos un 95% del material original se encuentra íntegro. "Yo creo que el libro quedó incluso mejor que como lo tenía la misma Isidora Zegers", bromea Prieto.

ÁLBUM DE ISIDORA ZEGERS DE HUNEEUS

Editada por Dibam, 2013

Precio estimado: 55.000 (disponible desde 19 de octubre en librerías, entre ellas la ubicada en la Biblioteca Nacional)

 La guardiana del álbum, desde que tenía 5 añosTras la muerte de Isidora Zegers, en 1869, el álbum pasó a su hijo Jorge Huneeus Zegers. No se sabe con certeza a quién se lo heredó él, pero la pista se recupera con dos hermanas de apellidos Rojas Huneeus, también descendientes de Isidora Zegers, quienes estuvieron a cargo del libro hasta que las dificultades económicas las obligaron a deshacerse de él. Se lo vendieron a su primo Jorge Huneeus Gana, abogado, y él se lo heredó a quien lo preserva hasta el día de hoy: su nieta Olga Lindholm Huneeus, que lo recibió cuando solo tenía cinco años de edad.

"En ese entonces yo vivía con mi abuelito y todos los días, apenas me levantaba, me iba a acostar con él para que me contara historias del libro de doña Isidora. Como yo era su regalona, antes de morir él dejó dicho que ese álbum me lo dejaba a mí", cuenta Lindholm.

Pero como ella era muy pequeña para hacerse cargo del álbum, este quedó al cuidado de sus padres (quienes hicieron las observaciones que se pueden ver en las páginas vacías, que dicen "Retirado sin autorización", como para dejar constancia del estado en que lo recibieron) hasta su matrimonio, cuando se llevó el libro a su nuevo hogar. Desde ese entonces hasta ahora ha sido una fiel guardiana del preciado álbum, el que mantuvo escondido durante años, entre mantas y sábanas, para evitar que siguiera deteriorándose.

Y a pesar de que hoy el libro se encuentra en excelente estado, las costumbres son difíciles de olvidar: "Yo prefiero que el libro se quede guardado. Además, ¿para qué lo voy a sacar ahora?", pregunta mientras señala un ejemplar de la nueva edición facsimilar del álbum, recién publicada por la Biblioteca Nacional.



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<b>Llama dibujada</b> por Ignacio Domeyko.
Llama dibujada por Ignacio Domeyko.


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