EL SÁBADO

Sábado 19 de Enero de 2013

 
Misterio en el Estrecho de Magallanes

La dramática muerte de cuatro ciudadanos chinos el mes pasado en las costas de Punta Arenas dejó al descubierto el submundo y los abusos de la pesca en alta mar, donde los tripulantes cumplen agotadores turnos, siete  
por Rodrigo Fluxá, Desde punta arenas En algún momento entre las diez de la noche y las dos de la mañana, los cuatro dejaron sus pequeños camarotes, buscaron sus pertenencias, las empacaron, siempre contra el tiempo, contra la barrera que les impone la naturaleza en el Estrecho de Magallanes: la noche en verano dura poco más de cinco horas.El "Hong Da 2", pesquero chino de calamares, había llegado a Punta Arenas doce horas antes, a las 3 de la tarde del 1 de diciembre. La tripulación zarpó en el Callao el 9 de julio y tras cinco meses de tareas en mar peruano iniciaron la travesía hacia el Atlántico para pescar otro medio año en alta mar. Entrando a Punta Arenas, la autoridad los instó a fondearse a 1,3 kilómetros de tierra, al sur de la ciudad, a la espera de un piloto práctico chileno que los guíe por el estrecho.Se asume, se sospecha, se infiere que los cuatro miraron tierra desde la cubierta: a esa distancia las luces se aprecian perfectamente. Se asume, se sospecha, se infiere que tuvieron sólo unas horas para planearlo: no tenían cómo adivinar que el buque estaría estacionando ahí, esperando un piloto. Las condiciones meteorológicas eran de nublado a cubierto, visibilidad de diez kilómetros, viento de 280° a 270°, de 11 a 9 nudos y el mar llano a rizado.En algún momento entre las dos y las cuatro de la mañana tiraron una cuerda hacia el mar y sus figuras bajaron en la oscuridad con la cubierta manchada por la tinta de los calamares de fondo, que si se ve de lejos y seca, parece suciedad, y si se ve de cerca y mojada, se asemeja a la sangre.

El 18 de agosto de 2011, a las 4:40 de la madrugada, el buque pesquero de bandera coreana "Oyang 70" se hundió en aguas neozelandesas. Esa noche seis tripulantes perdieron la vida, pero otros 45, entre ellos indonesios, filipinos, coreanos y chinos, fueron rescatados por las autoridades locales. Los testimonios de los sobrevivientes destaparon un escándalo en ese país. El New Zealand Asia Institute condujo 144 entrevistas individuales que enumeraron los abusos que la tripulación había sufrido en alta mar: camas pequeñas, usualmente mojadas; piezas sin calefacción, sin ventilación; baños con agua de mar, siempre fría; comiendo sólo lo que pescaban; golpes para aumentar la productividad; multas de hasta diez mil dólares por querer abandonar el buque; dos años seguidos de trabajo sin días libres y turno de hasta 53 horas consecutivas que, en varias ocasiones, provocaron accidente luego que los trabajadores se quedaran dormidos.Daren Coultson, un ex capitán de buque pesquero, hoy preocupado de las condiciones laborales en alta mar, participó de esas entrevistas. "La situación es muy extendida en las flotas de todo Asia. Los contratos con que operan son muy abusivos, pero tras estos incidentes, las autoridades han tomado consciencia que esos acuerdos no son legales en aguas neozelandesas y han comenzado a fiscalizar. El año pasado planteé el problema en la reunión de Naciones del Pacífico y había mucha preocupación por la flota china; pagos muy bajos y sospechas fundadas de trabajo forzado", dice, junto con mostrar la traducción de un contrato tipo, firmado en Yakarta, Indonesia, dónde se leen cláusulas como esta: La segunda parte (el trabajador) se compromete a trabajar como miembro de la tripulación, completamente sumiso y obediente a las reglas establecidas por la primera parte (el empleador) o si el contrato termina estando en alta mar se extiende automáticamente hasta que la nave llegue a algún puerto.El hundimiento del "Oyang 70" fue la última alerta sobre las condiciones de trabajo en alta mar, pero no la única: sólo en Nueva Zelanda suman ya más de 500 tripulantes que tratan de escapar de faenas en ejercicios. Benjamin Skinner, investigador norteamericano que viajó durante dos años por el Sudeste Asiático, editó el libro Un crimen tan monstruoso: cara a cara con la esclavitud moderna y escribió una serie de artículos para Bloomberg que terminaron con el boicot de parte de grandes cadenas de supermercados y restaurantes de Estados Unidos sobre los productos provenientes de las pesqueras mencionadas en la investigación."La situación es intolerable, en muchos casos derechamente esclavitud, condiciones del siglo XVI. Muchos trabajadores dejan, para firmar sus contratos, sus casas como garantía de que seguirán trabajando, con sus familias en tierra bajo constante amenaza. En el buque los abusos son variados; hay testimonios de violaciones sexuales repetidas de los capitanes hacia los trabajadores. Entre los que quieren irse, suceden muchas muertes extrañas, sospechosas, que se hacen pasar por accidentes o por intentos de fuga. Y muchas veces sus familias no reciben ni siquiera el sueldo de los días trabajados".

A las cuatro de la mañana el capitán del "Hong Da 2", Rong Yuelun, procedió a despertar, como en todos los días de descanso, a su tripulación: en faenas pescan de noche. De los 33 en la lista, faltaban cuatro. El capitán le avisó a su armador en China, que a su vez le responde a la Zhoushan Ningtai Ocean Fishery, con base en Zhejiang, al sur de Shangai. El armador se comunicó con Agunsa, la agencia chilena contratada para coordinar el paso del buque por aguas chilenas.Recién cuatro horas después, a las 8:18, la gobernación de Punta Arenas recibió un mail desde Agunsa: hay cuatro desaparecidos.A las 8:20 de la mañana comenzó la búsqueda.

La flota pesquera de alta mar china es la más grande el del mundo, con 1,12 millones de toneladas y con actividad en todos los océanos. En la ITF, la asociación internacional de sindicatos que vela por los derechos de los trabajadores embarcados, recuerdan un incidente muy similar al del Estrecho de Magallanes: en septiembre de 2005 seis pescadores chinos huyeron de su buque en Samoa oriental. Llegaron a la orilla denunciando golpizas y amenazas de muerte.Juan Villalón es el inspector de la ITF en Chile, a quien debería llamar cualquier tripulación que sienta vulnerados sus derechos en aguas chilenas. "Es muy raro que los chinos lo hagan. En general es gente muy humilde, de aldeas pequeñas, con nulo manejo del inglés, y suelen estar muy asustados, tanto por lo que les pueda pasar, como por entrar en las listas negras tras hacer una denuncia y no poder conseguir trabajo nunca más. Los pesqueros en alta mar están muy desregularizados, a la deriva. Mucha gente ni siquiera tiene contrato, llegan situaciones realmente patéticas entre birmanos, filipinos y vietnamitas. Y si quieren irse, tienen que costearse ellos su pasaje, lo que en la práctica los tiene obligados trabajando".Los buques pesqueros pueden pasar años en faenas; cuando llenan su capacidad máxima descargan en otros de barcos de transporte, los que llevan los productos a su destino. Los rodea un secretismo total: Michael Field, otro investigador instalado en Nueva Zelanda, dice: "Acá han llegado varios reportes de tripulaciones perdidas o decesos en alta mar, pero siempre es imposible dar con un nombre, con los datos. Todo queda entre los agentes que las contratan y las compañías. Muchas veces las compañías ni saben los nombres de sus tripulaciones".En general, es imposible que alguien ajeno a la tripulación suba a los buques pesqueros. La excepción es precisamente el tramo del Estrecho de Magallanes, donde, por reglamentación, un piloto práctico chileno debe guiarlos.Rubén Olivares sólo esta temporada ha guiado a más de 20 buques calamareros chinos, del centenar que se calcula que pasa cada año. "Para alguien que lo ve de afuera puede resultar muy chocante: el olor, los dormitorios, los espacios, los tiempos seguido en alta mar o los baños: el tripulante tiene que hacer todo de pie. Pero es un tema cultural: en general, toda la industria se fue europeizando en temas laborales, salvo la asiática. Los golpes de los jefes a los subordinados son comunes y asumidos. A mí, una vez en un buque japonés, un tripulante que había cometido un error se ofreció para que yo lo castigara. Son otras reglas".Otros chilenos que han trabajado en alta mar lo confirman. Marco Aros suma tres viajes en buques pesqueros en el Pacífico Sur como tripulante y contramaestre. Uno de esos se alargó por ocho meses. "La reputación de los barcos chinos es la peor en alta mar, con sueldos demasiado bajos. Lo más cruel diría que son la alimentación y habitabilidad: no hay habitaciones, sólo una serie de colchones". William Caicedo fue capitán de un pesquero: "Entre colegas siempre se ha sabido que el tema de la disciplina es muy fuerte; las fugas tienen que ver con eso. Trabajan 24 horas seguidas y con sueldos muy bajos: en Talcahuano trataban siempre de vender cigarros o radios, lo que puedan. Siempre estaban necesitando plata, porque les solían pagar a la vuelta".

El fiscal marítimo de Punta Arenas, capitán de fragata Pedro Vargas, despliega un gran mapa sobre su escritorio en la Gobernación Marítima de la ciudad. En él se ven cuatro puntos en el mar, destacados con papeles pegados. El primero, más grande, corresponde al "Hong Da 2".El segundo es el punto exacto donde encontraron a Wang Hao, 23 años, procedente de Anhui, presumiblemente el último en lanzarse. Fue hallado a las 8:53 de la mañana, con un chaleco salvavidas puesto y con una mochila en la espalda. Vestía un pantalón de tela azul, con un short gris debajo, y guantes.-No deben haber sido demasiado experimentados -dice el fiscal marítimo-. Con la temperatura del agua en esa parte, deben haber durado menos de 300 metros a la deriva antes de que se congelaran.Hao flotó de espaldas. Los rescatistas lo encontraron sin sus globos oculares y con pérdida parcial del auricular derecho. Según la autopsia, todas las heridas eran compatibles con la fauna local: las gaviotas. En su bolso llevaba el equivalente en yuanes a cuatro mil pesos chilenos, una linterna, varias tarjetas de llamados telefónicos y un certificado de sus vacunas al día.El tercer papel es donde fue hallado Yan Cun Bao, 30 años, procedente de Hunan, según su pasaporte, emitido el 5 de julio de este año. Fue encontrado a las 9:10 horas, a 2.463 metros al norte de su compañero. Tenía chaleco salvavidas y vestía de negro. También flotaba de espalda, con idénticas consecuencias: al momento del rescate, sus cuencas aún sangraban.El cuarto papel es Jung Chang Man, 39 años, oriundo de An Hui. No tenía chaleco salvavidas, pero estaba amarrado a una bolsa de enseres con la que se había lanzado. Por estar casi completamente bajo el agua, su cuerpo quedó intacto y fue el que más lejos del buque llegó, gracias a las corrientes submarinas: 6.660 metros. Su cuerpo iba justo en dirección al puerto de Punta Arenas.El equipo de la Armada encontró otros dos bolsos sueltos y un salvavidas circular, grande.No hay en el mapa un quinto papel. El cuarto tripulante nunca fue encontrado.En el muelle, personal de la PDI y el fiscal del Ministerio Público de Punta Arenas, Felipe Aguirre, tomaron la arista judicial del caso. Rápidamente se descartó la participación de terceros: no había golpes, heridas de arma blanca, ni disparos. Se hizo una lista con todos los efectos personales que se habían encontrado en las bolsas y mochilas; en el fondo, todo lo que habían empacado los cuatro chinos para comenzar una nueva vida. Eran 96 artículos, entre ellos un frasco de vitaminas, una libreta, un espejo, un MP4, una máquina de afeitar, 16 barras de galletas, dos latas de comida en conserva, un laptop viejo envuelto y plastificado y una billetera con tres fotos de uno de los fallecidos y otra del fallecido con una mujer. Había además documentos en chino, que no pudieron ser traducidos.Para corroborar las identidades, más allá de la lista presentada por el capitán de la embarcación, el fiscal le solicitó al cónsul chino en Chile, Cai Luquan, la posibilidad de acceder a la base de datos de huellas digitales en China, pero le dijeron que eso simplemente no existía.El capitán y su segundo a bordo fueron al Servicio Médico Legal a reconocer los cuerpos: asintieron con la cabeza, ya que ningún tripulante del "Hong Da 2" hablaba inglés ni menos español. Para la toma de declaración, se contactó a la única persona en Punta Arenas con conocimientos de chino, Viviana Miranda. Aún así, previo a la declaración, ella dejó por escrito que no entendía buena parte de lo que el capitán hablaba, ya que se trataba de un dialecto regional. Así, la toma de declaración fue mínina:Fiscal: ¿Sabe los nombres de los tripulantes que faltan del buque?Declarante: Sí.Fiscal: ¿Sabe por qué se lanzaron al agua?Declarante: No sé por qué se tiraron al agua.Fiscal: ¿Sabe si dijeron en algún momento que querían abandonar el buque?Declarante: Nunca se les escuchó decir eso.Fiscal: ¿Tiene algo más que agregar que pueda ayudar a esclarecer los hechos investigados?Declarante: No, señor fiscal.El segundo al mando, según consta en la carpeta, declaró exactamente lo mismo.El cónsul viajó a Punta Arenas y pudo conversar un poco más con el capitán:-Dijo que estaba todo en orden con ellos, que todos en el buque tenían exactamente lo que se les prometió en el contrato al salir de China, que llevaban una vida normal a bordo, que nunca nadie se quejaba de nada.Con la confirmación de los decesos, Agunsa, la agencia chilena, se comunicó por correo con  la armaduría china. Jy Zhou, el agente a cargo, respondió lo siguiente, en un inglés primitivo:"Por favor enviarme fotos de los tripulantes muertos, incluido las caras. Pero hazlo antes de las 17 horas en hora chilena, no quiero ver algo así antes de irme a dormir. No podría".

El caso de los chinos en Punta Arenas es considerado por las instituciones y ONG preocupadas por el trabajo en alta mar, como el más serio del último tiempo, tanto por el número de víctimas como por el sector geográfico: África, Asia y Oceanía copan la mayoría de los incidentes.Daren Coultson, el ex capitán de buque pesquero: "Independiente de lo que digan las autoridades, ahí hay cosas lógicas; sería el primer caso de suicidio de gente que se lanza con sus pertenencias personales. Y tampoco tendría lógica adentrarse en aguas congeladas, de estar todo bien en el barco".La ONG Slave Free Seas se creó hace dos años, alertada por los casos en Nueva Zelanda. Craig Tuck es el encargado del área legal. "Es inaceptable que se usen elementos de decepción y violencia para lograr que la gente trabaje por poca o nada de remuneración, para que puedan ser tratados como de su propiedad o como bienes desechables. La situación ocurrida en Chile es exactamente igual que la que hemos detectado en otros países. La sucesión de hechos me sugiere secuestro, agresión y asesinato". Slave Free Seas ya contactó a sus delegados en China para que entrevisten al resto de la tripulación del "Hong Da 2" apenas regresen al país, cuando sea que eso ocurra.

La fiscalía marítima cerró su investigación la primera semana de enero.Se le asiste responsabilidad en los hechos a los propios afectados (...) su responsabilidad administrativa que se extingue con su fallecimiento y desaparecimiento respectivamente, por cual la presente causa debe ser sobreseída.La autopsia arrojó asfixia por sumersión como la causa de muerte. Ninguno había ingerido ni drogas ni alcohol en los momentos antes de su muerte. El Ministerio Público llega hasta ahí:-Sabemos que no actuaron terceros, sabemos la razón del fallecimiento -dice el fiscal Felipe Aguirre-. La gran pregunta es ¿por qué se lanzaron? Pero es un tema que nos supera, es de derecho internacional. Si se debe a las condiciones de trabajo, el encargado de fiscalizar un buque en aguas chilenas, me imagino, debería ser la Inspección del Trabajo.En la Inspección del Trabajo, sin embargo, dicen no tener facultades para hacerlo: no hay ningún dictamen sobre la materia.Juan Villalón, inspector de la ITF en el país: "Chile no ha querido suscribir al artículo 188 de la OIT que regula la certificación médica, horas de trabajo y descanso, alojamiento, instalaciones de esparcimiento, alimentación, protección de la salud, atención médica, bienestar y protección social de los buques pesqueros. En el gobierno de Bachelet intentamos que se discutiera, pero no hubo disposición. Hubo, incluso, una reunión con el gobierno y Chilepesca, pero los representantes de las empresas fueron sólo a la primera. Suscribir al acuerdo significa hacer grandes inversiones. Lo que pasó es muy grave: si los cuatro muertos fueran noruegos, hubiese quedado la grande. Ni hablar si fuesen estadounidenses, pero como fueron chinos no tuvo tanta repercusión. Hay un grado de racismo bastante grande en el mundo del mar".Hernán Winter, presidente de la Federación de Tripulantes de Chile, lo ve así: "Esto no es nuevo en Punta Arenas. La autoridad no puede limitarse a andar recogiendo muertos a la orilla de la playa. Si sigue pasando, es por algo. Hay que limitar el paso".El martes pasado, tres vietnamitas aparecieron, desorientados, en la Plaza de Armas de Punta Arenas. La PDI les hizo un control de identidad: habían huido de otro buque pesquero anclado frente a la ciudad. Le relataron al subcomisario Maximiliano Negrete que a bordo los trataban mal, que trabajaban 24 horas al día, que no les daban la comida prometida, que nos les cumplían el contrato y que ganaban 50 dólares al mes. Fueron formalizados por ingreso ilegal y serán enviados de vuelta a su país. Lograron llegar a la orilla en una balsa, lo que hubiese salvado a los chinos.El "Hong Da 2" dejó Punta Arenas el 9 de diciembre. Los cuerpos fueron enviados rumbo a China recién el 29. Uno fue cremado.Yin Xingqi, de 30 años, "un tripulante ideal", según el capitán le informó al cónsul chino, nunca apareció. Se asume, se sospecha, se infiere que saltó con el salvavidas redondo encontrado a la deriva y tras sufrir hipotermia, simplemente se hundió.La búsqueda oficial de la Armada duró siete días, tal como indica el protocolo. Hoy está la recomendación expresa para cualquier nave que navegue por el Estrecho de Magallanes: de notar algún indicio de él, por favor reportar.

Los cuatro ciudadanos chinos se arrojaron a las gélidas aguas del Estrecho de Magallanes entre las dos y cuatro de la mañana. "Deben haber durado menos de 300 metros a la deriva antes de que se congelaran", dice el fiscal marítimo.

 

 


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